miércoles, 27 de febrero de 2008

El genocidio de los cítricos

A la que llegaron los primeros fríos, la mesa se iluminó con aquellos colores que tanto me placían. Brillantes, frescos, alegres, saludables, líquidos, armóncis, en suma, placenteros. Su piel tersa, jugosa, tierna y perfumada, a veces con rabito y un par de hojas,a veces peladas sin más. En cuanto tuve ocasión, me zampé las dos mandarinas.

Y luego una naranjota de casi medio quilo, puro jugo.


Porque yo me creí las recomendaciones del ministro, o del colegio de médicos o de un frutero valenciano. Los de la salud, que cuando no se empeñan en darle matarile al personal, pues muy bien oye. Ya sabéis, miedo me da el tío del gatillo fácil que a la que te ve un poco gagá, te mete jeringazo y a tocar el arpa. Deja que mi mente se apague, déjame volver a ser niño cuando más lo necesito, déjame tranquilo despedirme como lo que fui, déjame amar las cosas como hay que amarlas, con sencillez, a golpe de risa, a golpe de lágrima, como hacen los críos. Déjame ser niño cuando estoy arrugadito como una pasa, pero calentito como un hogar de esos que tanto me gustaron. Pero eso hoy no toca y los idiotas son incapaces de entenderlo. Hay algo aquí que va mal.

Estábamos en las virtuosas cualidades de los cítricos, que además de irnos bien por los antoxidantes, las fibras, las vitamina no se cómo y el resto de la matraca, están para zampárselos sin descando. Ahora el chavalerío come pocas naranjas porque cuesta uno de aquello y la yema del otro pelarlas. Hay que ser vago, no me digáis que no. Pues eso, que a todas las virtudes saludabnles se le añade que están rebuenos los cítricos. Es que hasta el limón de los yintónics o las limas de las caipiriñas, que me parece que están muy de moda y que una vez me enseñó a hacer un cocinero colombiano mulatón de ojos azules que es que se me caía la baba verle trabajar entre pucheros y que tamnbién me explicó lo que es desgrasar. También hablábamos de Cartagena de Indias, de la cándida Eréndira, del estilo colonial. Cosas de cocina, digo.

O sea que por segundo invierno, por decir algo, que luego están los del cambio climático que si si que si no, me hice el propósito de zamparme al día al menos una naranja y alguna mandarina. Y si bien alguna que otra gripe traicionera y los días de jornada bocatil me han impedido manterer esa media inglesa, me he desquitado algún que otro día liquidándome varias piezas de una tacada y brindando con un buen ginebrazo para celebrarlo.

Un día pasearé por Valencia, por el pario d elos naranjos, por Córdoba, no se, y alguno de aquellos árboles me dirá "tus mondas son la memoria de mi dolor". Y yo le contestaré "si estoy aquí es gracias a vosotros". Y por eso os honro.

El genocidio de los cítricos.

8 comentarios:

a tiza y papel dijo...

ni que me acabaras de ver como las he pelado hoy...porque mira, a veces, los "títeres" tienen razón. Claro que viene otro y la fastidia con aquello de ¡muerte al esfuerzo! y... Las naranjas de Valencia...ya peladas, por favor y si es en vaso "Agua de Valencia".
Uf, lo de que si se le va la mano al de la bata blanca como si tal cosa y a "tocar el PIANO", qué quieres que te diga, que me duelen toditas las teclas. Porque ni irnos en paz, nos dejan...

Anónimo dijo...

A mi me encantan los limones. Me los como a bocados hasta con cáscara. Y no me dirás que no da pereza pelar las naranjas y las mandarinas... por suerte, mi yaya me las pela siempre. Así como cítricos naranjas un día a la semana.

Volveré a ser anónima. Anónima Lidia.

Pd. Me gustaría una entrada con tu valoración del no-debate.

Néstor Aparicio dijo...

Me encantan las mandarinas... De pequeño mi madre nos las compraba en cajas de cinco kilos, que apenas duraban unos días.

PD: cómo me censures el comentario te enchufo una querella de aupa.

El futuro bloguero dijo...

Mira qué bien, tomando vitamina C, de la más rica.

Naranjitas y limones
Lo que comen los señores...
A chu pe A chu pe
Sentadito me quedé.

Dulcinea dijo...

Pues yo quiero hacer un elogio a la monda de la naranja. La pobre, es buenísima. A poder ser, se come a mordisquitos. Deja un sabor fresco insuperable. Probad, probad.

Nodisparenalpianista dijo...

Bueno, Atiza, yo soy d esfuerzo. Y de amort a la vida. Supongo que, entre osas cosas, por eso me gustan las naranjas.

Eres una vaga, AnónimoLidia. un día nos vamos de yintonics. Con mucho limón, trato hecho.

Néstor, te merecerías censurazo, pero tu madre no. las mandarinas tampoco. Que lo sepas.

Juajua, FutBlo, me ha encantado la coplilla!!!!

Una vez, Dulci, mi amigo Ioseba se comió media cáscara de una naranja tipo melón por una medio apuesta tipo "¿a que tú no lo haces,...?". Como maracas, estáis como maracas.

txispitas dijo...

Yo conozco a uno que cuando come las naranjas les da besitos. Es un gustazo ver como se las come.

Nodisparenalpianista dijo...

Joer, Txispi, vaya conocidos más raros tienes. La peña está como ua chota, lo que le decía a Dulci.