martes, 18 de marzo de 2008

El canto el gallo


Simón Pedro le dijo:



- «Señor, ¿a dónde vas?»

Jesús le respondió:

- «Adonde yo voy no me puedes acompañar ahora, me acompañarás más tarde.»

Pedro replicó:

- «Señor, ¿por qué no puedo acompañarte ahora? Daré mi vida por ti.»

Jesús le contestó:

- «¿Con que darás tu vida por mí? Te aseguro que no cantará el gallo antes que me hayas negado tres veces.»


Cartagena

7 comentarios:

J. dijo...

Pero Pedro no es de los que se hunden. A pesar del gallo, qué grande es el humano Pedro.

Néstor Aparicio dijo...

Y gracias a Dios que no se hundió -siendo tan bestia-, porque sino no sé qué habríamos hecho los demás...

enrique dijo...

Y cantó...
La condición humana...

Dulcinea dijo...

Pedro entrañable, débil pero firme, grande. Sobre todo muy valiente al vencer el miedo y hacer frente a las consecuencias de su testimonio.
Yo también me lo imagino un poco bestia, Néstor, pero divertido.
Un cascarrabias entrañable.

Nodisparenalpianista dijo...

Y si se me permite, querido J (punto) gracias al gallo, que nos lo descubrió débil y cobardón, le pudimos ver sobrepuesto a su circunstancia cuando le llegaron pruebas aún más complicadas.

Jaja, Néstor, hombre, un pescador bregado y vaquerón no querrías que fuese una princesita. Un tipo duro al que embistió la debilidad y que segiro que le hizo aún más fuerte, tanto como para sostener sobre sus hombros a los que vinimos detrás. Entre nosotros, de los doce, siempre fue mi favorito.

Exacto, amigo Enrique. Somos capaces de dar un paso al frente para rebanarle la oreja a unoo y luego nos acurrucamos como ardillitas ante algo que nos asusta. Lo que supera esa mera condición es sacar fuerzas y seguir dando la cara.

Jaa, Dulci, cascarrabias no, yo le veo así como dices, pero además un pedazo de pan. A veces puede que pan duro, pero siempre pan, o sea, de buena pasta.

Me he acordado a propósito de vuestros sabios y cariñosos comentarios de la cárcel mamertina, donde, según la tradición, San Pedro fue encerrado y ofició misa la víspera de su martirio. Hay que ser fuerte, grande, bueno y temeroso como para pasar con dignidad ese trance. Un campeón.

Altea dijo...

Pero yo me imagino a Jesús cayéndosele la baba (con perdón) al oír a san Pedro decir que daría su vida. Sobre todo conociendo que, efectivamente, la iba a dar más adelente.

Nodisparenalpianista dijo...

Pues si, Altea, es un punto de vista muy hermoso y muy sensato.