jueves, 24 de abril de 2008

Dos horas (o menos o más)



En cosa de dos horas, menos, no se, igual una, hay que liberarse de la esclavitud de los relojes, de pulsera o esposas, en el móvil, como grilletes, hemos pasado de la cortina de agua al sol como secadero de charcos.

Se oía el repiqueteo, tictictic de los gotarrones sobre el tejadillo de la marquesina del autobús, la sirena de una ambulancia, uno que salta para subirse o para bajarse, que con el paraguas no entra -o no sale- y que se lleva un remojón de campeonato. Mucha gente se enfada. ¿No serán capaces de escucharla? ¿Nunca habrán sentido ese olor de hierba recién mojada, de piedras, grises, negras, adoquines cuando les dan las primeras aguas? Normal enfadarse si nunca lo has disfrutado, creo.

Hace unos días, hablando de no se qué -también me voy haciendo libre de la memoria-, a Rocíon le dije en un comentario que la lluvia hay que bebérsela. Una vez estuve viviendo en un sitio donde el agua de beber era de lluvia. A mi, que el agua no me gusta ni en hielo para refrescar el pacharán, os aseguro que me sabía mejor de lo que nunca, ni antes ni después me ha sabido. De eso si me acuerdo.





Me gusta la lluvia. Hasta cuando no se deja ni ver ni beber.

15 comentarios:

J. dijo...

A mi también me gusta. Mucho. Incluso cuando moja.

Abrazote de una víctima del laburo.

Nodisparenalpianista dijo...

Nos tenemos muy abandonados J (punto). Y eso no puede ser!!! Ante la lluvia, abrir la boca: para admirarla. Para beberla. Y para vivirla.

maria jesus dijo...

A mi me gusta desde mi casa, no en la calle, que vivo en Madrid. En el campo es otra cosa, da gusto salir cuando escampa. Me alegro de conocerte, he leido tus comentarios en otros blogs. Un saludo

María dijo...

A mi me gusta cuando toca, pero muchos días seguidos me cansa... me gustan más esas lluvias de verano que te tocan por sorpresa, vienen corriendo, refresacn y se van corriendo. Esas si que dejan un olor a tierra mojada especial!

enrique dijo...

La esclavitud de los relojes, las prisas y demás. Si ustedes observan el reloj que está en el Palacio Real de Madrid, en la Plaza de la Armeria, podrán comprobar que sólo tiene una aguja. La aguja de los minutos no existía en el siglo XVIII. No sabían qué era eso de "las cinco y doce minutos". Lo bien que deberían vivir con "son las ocho pasadas o casi las nueve".
Tanta precisión agota.
Y la lluvia no es que me apasione...

Altea dijo...

Mmmm! ¡Cómo mola! Yo tengo por ahí algo escrito sobre la lluvia. A ver si lo encuentro y lo planto aquí un día de éstos.
¡Me encanta lo de hacerse libre de la memoria! XD

Dulcinea dijo...

A mí me gustan los chaparrones pero desde casa. El ruido del agua cuando cae a lo bestia. Qué pasada.

En mitad de la calle y sin paraguas es otro cantar.

Anónimo dijo...

A mi me gusta el sol, mucho sol.

Lidia

Néstor Aparicio dijo...

Ah, la lluvia... La que yo me bebí este domingo, sabía a barro. Así que si hay que bebérsela, prefiero el Absolute.
El tiempo es un invento infernal. Sobre todo cuando te echan en cara que siempre llegas tarde.

Rocío Arana dijo...

A mí me gusta la lluvia para beberla y verla, para escribirla, pero odio detesto y aborrezco los pies mojados. Y el agua pa beber me encaaaaaanta, es mi bebida preferida. Gracias por citarme hasta con falta de ortografía, qué importancia. ¿Me dejas que te piratee la frase en un poema?

a tiza y papel dijo...

"Eu queroche tanto, que ainda non o sabes, eu queroche tanto, terra dos meus pais". Arriba a choiva e abaixo os paraugas.
Una licencia que el bueno del pianista permite a las amigas (en apuros), o no?

Nodisparenalpianista dijo...

Hola Maria Jesús. Bienvenidas a mi (hoy) remojada güep. Tu cara sonriente también me suena. Te visitaré, y Madrid bajo la lluvia es una delicia. Bueno, siempre. Vuelve pronto!!!!

Jaja, María, las que te pillan desprevenido, en calzón corto y sin preparación. Oye, con buen humor son tremendamente divertidas.

Buena historia, amigo Enrique. Y pruebe más la lluvia. Terminará por gustarle, se lo digo yo.

Según como da miedo, Altea, según como es un alivio lo de ir liquidando memorias. Espero ansioso tu entrada lluviosa. Te debo una en blanco.

En mitad de la calle y sin paraguas, lo mejor es cantar, Dulci. Y en bici, aún mejor, te lo digo por experiencia.

AnónimoLidia, hemos de ponernos de acuerdo en algo ya mismito. A mi, de hecho, el sol y la luz me encanta, así que ya he puesto la primera piedra. Oye, no recomendaste libro ayer!!!

Néstor, qué bien visto eso que dices del tiempo. Veo que tragar agua te hace más lúcido que tragar Absolut. Oye, pero que insensible, no has comentado nada de la bici!!!

Rocíon, no es una falta, es que eres enorme!!! Sobre autorizarte, pues... déjame que lo piense. Porque teníamos un negocio a medias y aún no me has dicho nadaaaa!!!!

¿Cómo que apuros, Atiza? Di a quién y le partimos las piernas en un pispas. Oye, qué chulo eso que has dicho en galaicoportugués. Arriba a chovia y morcilla a los paraguas.

El futuro bloguero dijo...

Hay un sabio refrán que dice...

Mira, está ahí tan tranquilo, como quien oye llover

Es que da gusto la lluvia, hasta desde detrás de la ventana...

Néstor Aparicio dijo...

Pero, ¿es tu bici? Pues me ha dejado alucinado. Tiene más años que el sol. ¿Dónde llevas los frenos, por cierto?

Nodisparenalpianista dijo...

Tiene su aquél el refrán, FutBlo, porque el que está como si oyera llover, o no se entera de nada o le resbala todo. O que, absorto por la música de las gotitas, se le vaya el oremus, que también.

Es mi bici, Néstor, la mismita, de la edad de las galaxias antiguas. ¿Frenos? ¿frenos? Los frenos son cosa de cobardes.