jueves, 18 de junio de 2009

Para falsos, los amigos

La amistad es lo que es. Lo malo es que la amistad sea mala. Aquí trataremos de amigos falsos, que no tienen nada de bueno.
Como Miguel Ríos ya va a hacer diez años que sigue teniendo sesenta o cincuenta y cinco o no se cuántos, que al pobre se le ha ido acartonando cada vez más la cara según le han ido repujando el pellejo, que hay sillas de montar toledanas menos trabajada, unos compañeros de profesión le van a agasajar con un disco en el que interpretan algunas de las canciones que ha llevado en su repertorio. Bueno, bien.
En un alarde de originalidad propio del estrellamen mencionado, titulan el disco Bienvenido o algo así. Será bienvenido al Club de Jubilados, una especie de aparta, carcamal, que aquí no hay cama pa tanta gente. Según c
ómo, yo me mosqueaba. Entre los que cantan lo de Vuelvo a Granada, El blues del autobús, Santa Lucía y el Rocanrol bumerán -tela también- están los de siempre. Pero qué tíos más pesados. Que si uno del Canto del loco -uf con el nombrecito-, que si el Pereza de Leiva -¿o era al revés?-, los cursis de Amaral -logopedas del mundo, a mi es que me sale Aramal sin poder evitarlo, para una vez que no es errata-, Quique Gonzálz e Iván Ferreiro -que son como compañeros de puputre de los que se sientan al fondo y lían bullanga con lo de los bics y el arroz-, y Loquillo y Bunbury, por darle un poco de lustre al tema.


Miguel Ríos haciendo air guitar, todo un maestro del género. Aquí, en plan elegante, porque lo suyo era cuando lo de las mallas aquellas a rayas, no se si a alguien más le persigue la pesadilla.

A mi, este tipo de discos, toda una tradición anglosajona que lleva un tiempo haciéndose por aquí también, me suena a lo mismo de siempre. Los artistas que versionean son siempre los mismos y suelen ser igual de aburridos y sosos cuandfo replican a los homenajeados. También es cierto que en ocasiones aparecen buenas adaptaciones, o bien porque el intérprete lleva a su terreno el repertorio del homenajeado -me acuerdo de una muy buena pieza de Aute retocada por Rosendo- o porque el versioneador, por así llamarle, se lía la manta a la cabeza -había una de Sabina, tal vez en ese mismo disco dedicado a Aute, u otro similar que resultaba muy interesante tambien- e improvisa algo completamente nuevo.
Aún no ha salido, creo, aunque igual ya rueda por ahí, ya nos entendemos, pero me temo, por la nómina de homenajeadores, que la cosa será como un karaoke de lujo en el bar del congreso de las juventudes sociatas, que a esytas antiguallas les sienta fatal que les recordemos cuando les contrataban los sindicatos verticales o así.
La caterva que le homenajea dice de Miguel Ríos que fue el introdctor del rock en castellano, pero se olvida de Enrique Guzmán, o que fue el primero que dignificó la profesión en directo, pero no recuerdan que fue Raphael la primera estrella que se negaba a actuar si en los pueblicos le metían en un camerino sin retrete. Miguel Ríos ha sido uno de los grandes animadores de la música moderna en español, pero no nos olvidemos de los demás, que también han hecho lo suyo.
En lugar de ese disco de mal llamado tributo -ahí está la sustancia de lo del falso amigo- uno le hubiese homenajeado publicando los extraordinarios dúos en vivo y en directo que hizo con lo más granado del rock y el pop español en aquel programa de dinosaurios que se llamó Qué noche la de aquel año. Imaginadlo: Miguel Ríos con Radio Futura, con los Pekenikes, con Enrique Guzmán, con la Orquesa Mondragón, con Los Salvajes -uy, esos no me acuerdo seguro si fueron- o con Siniestro total Obús y Barón Rojo. Hasta con Mecano, cuando aún les quedaba algo del primer disco. Esto suena a Abuelete cebolleta, pero entre esas momias y las Orejas de Van gogh y de los locos, pues no hay color.
Lo dicho: que perpetren el disco como les de la gana, pero que le llamen por su nombre: Tributo a Miguel Ríos es pagarle un impuesto, y como no se refieran al impuesto antirrevolucionario de la Esgae, pues es que no. Llamémosle "homenaje" y dejémonos de calcos cutres del inglés, que es que somos más de pueblo que las amapolas.

4 comentarios:

Néstor Aparicio dijo...

Bueno, es que queda muy bien titular amigos a quien se ponga de por medio. A estos además les une un mismo interés... Hum, quizá por eso son amigos (por el interés te quiero... Miguel).

Dulcinea dijo...

El problema es que no saben envejecer. No se han enterado que todas las edades tienen su encanto, y que es ridículo que tengan menos arrugas que sus nietos.

Aceptando el montaje de este disco, Miguel Ríos de pone la soga al cuello. Y la esgae, claro.

Le poinçonneur dijo...

Nunca fui muy de Ríos, así que conmigo que no cuenten.

Dura lex, sed lex.

Marta dijo...

¿Noto -quizá- cierto "desprecio" al mencionar a mi "jipi" González? Chssst... cuidadín, Pianista, con meterte en terreno pantanoso; que todavía nos pegamos :P ¡juas juas!

Marta