martes, 19 de enero de 2010

De la calle, en la calle


Del sitio ya he puesto cosas otras veces. En una ocasión explicaba lo de los Cure, que siempre asociaré, a falta de Londres frío, gris, húmedo y hermoso a la zona de las tiendas de discos. Mapas de la memoria de cada uno, según.

Por allí deambulaba el que hoy es un pobre vagabundo, bastante más visible. A mi me recuerda con su cara de honda tristeza a Roger Hogdson, el de Supertramp. La ironía, que pasa serlo, ha de ser crudelísima. Es un hombre entristecido, pero su boca dibuja una especie de sonrisa. Ahora suelo verlo frente al ventanal de una franquicia de bocadillos. Pelo largo, sucio, raya en medio. Dreamer, parece que se podría poner a cantar en cualquier momento. El sueño y el despertar calamitoso de todos, legión, los que han dado con sus huesos en la calle.

Me suena su cara de verle una, mil veces, en las incursiones en busca de discos por la zona. De cuando desenterrábamos los piratas de los Floyd, grabados en casets, guárdame el Pompeya, que he de ahorrar, que es un pastón. Y a la vez siguiente, sigue guardándomelo que ya casi lo tengo, y así. Hasta conseguí el dificilísimo Wet dream de Rick Wright en vinilo, castigada carpeta y un poco maltrecho pero aún digno. Por todo eso, me lo dejó bastante rebajado. Seguro que ahora está en una página de esas que compras en Connecticut o Alabama o por ahí. Pero no es lo mismo, se entiende.

Por aquellas calles, por los bares, las panaderías, tenía visto yo a Roger Hogdson, lo mismo que al abuelo de la gorra y el bastón lleno de llaveros, a veces charlando con el dueño de Edison’s, que tiene pinta de ser un perla de mucho cuidado, pero que es amable en las ventas, lo que cuenta. Un día me fijé y me cuenta de que Hogdson había rebasado la línea. Ya no era un personaje de los de la calle, de los habituales, paseantes ociosos, mirones, un carajillo de prestado, hablar de fútbol o de Deep Purple, te doblo unos cartones y te presento a uno que viene de mi parte a vender unos vinilos, ahora era un hombre en la calle. Y cada vez que le veo, me da la sensación de que está un poco más deteriorado. Más sucio, más cansado, aún más triste y con esa mueca, casi sonrisa dibujada.

Me da miedo pensar que algún día le hagan algo malo los bestias que pueblan la noche –y el día- porque es un jipi vulnerable, una presa fácil para la basura, una gracia para los desgraciados, que de eso hay mucho aquí. Da asco. Cuando le veo, me da un poco de reparo mirarle, porque es el drama con sonrisa, el fracaso de la ilusión; es un poco lo que a veces nos debe de pasar a todos. Y me avergüenza pensar que todos –yo el primero- deberíamos de hacer algo más y que, cobardones y asquerosos, no lo hacemos. Hasta me daría vergüenza pedirle perdón. Porque estoy seguro de que me sonreíria, sonrisa jipilonga, y me perdonaría.

7 comentarios:

El futuro bloguero dijo...

Bravo Pianista, me ha gustado mucho compartir tu recuerdo, y tu presente, y no seas cobardón, regalale un día 15 minutos de tu agenda, y saludale, aunque te devuelva la sonrisa, aunque hableis de los viejos tiempos, o invitale a un café.

La vida da muchas vueltas dicen, pero para algunos las vueltas son de campana. (la frase es mía, improvisada ahora mismo)

Pobre señor de la calle, con su parecido a R.Hudson...

Dulcinea dijo...

Un amigo me contaba una vez que su padre, ya difunto, se hizo amigo de un mendigo. Charlaban un ratito cada día mientras uno iba al parque a tomar el solecito y el otro pedía en su trocito de acera.

Un día el mendigo invitó a desayunar al padre de mi amigo. Le dijo que le habían regalado comida y la quería compartir con el único amigo que tenía. Se emocionaron los dos.

También es cierto que una vez en Roma me acerqué a una anciana indigente con intención de socorrerla y le llevé una colección de escupitajos.

La calle no es buena para nadie.

Nodisparenalpianista dijo...

Pues por la mente me va, FutBlo. Y muy bien visto lo de la campana, afe mía. Roger Hogdson el jipi, no Rock Hudson, el bello!!!!

Jo, Dulci, vaya micro-macrorrelato te has marcado contándolos la historia del padre de tu amigo. Una maravilla, de verdad. La calle es muy mala y la viejecita cascarrabias pagó con quien menos culpa tenía. Muy mala ha de ser cuando la gente termina allí y así.

Olga dijo...

Te daría vergüenza pedirle perdón porque te perdonaría. Es una sensación que comparto.
Un texto lúcido y hermoso, se crea una especie de tensión por no convertir los sentimientos en falacia, pero se te nota triste el corazón.
Me ha gustado mucho.
Un beso.

Néstor Aparicio dijo...

¡Pianista! ¡Estoy de vuelta! Ya sé, ya sé que solo me merezco reproches, no sigas mirándome así, joer...
PS: me gustó lo que escribiste por cierto... Vergüenza... Hum...

Atiza dijo...

Yo no lo dudo ni un momento. A por él antes de que lo hagan otros, joé, pianista!

Myriam dijo...

¡Qué bueno! si puedes hacer algo yo te animo a que lo hagas quizas no obtengas ningún resultado o quizas sí...