miércoles, 21 de octubre de 2009

Ya volvíamos


Ya volvíamos. Teníamos que pasarnos por el Navarro para comprar esqueletos y verduras para preparar un caldo. Pides un esqueleto y te miran con cara rara. Una carcasa, digo. Ah, vale. Veo al salir a una abuela. Cuando nos la vamos a cruzar se acerca y nos comienza a hablar. Anda un poco despistada. Se quién es.

La tarde, el paseo, que ha ido a comprar unas bolsas, nos las enseña, para ella y para su hermana, pues me parece que con tanto andar me he despistado un poco. Señora, ¿quiere que la acompañemos a su casa? Ella no me reconoce, pero yo se que es la señora de su cariñito, que vive al lado de la farmacia del Caracortada, donde el Tonino.
Pues es que yo vivo en Carlos I y con tanto andar me he despistado un poco. Lleva la cachava y las bolsas. Ande, señora, vamos que nos va de camino. Se cambia la cachava de mano y se me agarra del brazo. Y nos comienza a contar.


Es que he ido a comprar unas bolsas, mire, mire, y nos las vuelve a enseñar, para mi hermana y para mi. Me han costado diez duros, pues son muy bonitas, señora, de flores, y parecen muy resistentes. Pues si, me apañan. Pues ahora no hay que cargarlas mucho, que luego no hay quien las levante. Bueno, para mi sola, un litro de leche y alguna cosa más, no se crea. Es que hace dos años se me murió mi cariñito. Estuvimos casados más de... más de sesenta años. Porque el trabajaba en la Moritz, ya sabe y mire, nunca tuvimos lujos pero siempre hemos dicho que había que ahorrar por si uno lo necesitaba. Ahora ya no llora cuando habla de su cariñito.
Vaya, pues si que me fui lejos. Ahora si que se dónde estamos. He llegado hasta el puente de Marina. Llevamos andando media manzana. Es que yo vivo en Carlos I, ¿saben? Nena, ¿has visto qué bolsas he comprado. Y me suelta del brazo para enseñárselas. En un momento que ella no nos ve nos pasamos el mismo gesto, un tanto clandestino, ya sabemos. Pero yo no quiero molestarles, que ustedes tendrán cosas que hacer. No se preocupe, dice ella, que no es molestia. Si, además, ahora lo que teníamos que hacer era dar un paseo, así que no se preocupe. Tira de mi brazo y seguimos andando.
Pues mi cariñito trabajó en la Moritz, en la calle Casanovas y vivíamos en la calle de los Talleres. Pero luego le compramos el piso a un conocido que vivía en Carlos I y nos vinimos. Y le íbamos pagando a pocos, que íbamos a pagarle y nos decía, pero mujer, no se apure, pero mi cariñito y yo queríamos pagarlo para no preocuparnos, porque mi cariñito trabajaba en la Moritz de la calle Casanovas, ¿saben? Y siempre nos gustó guardar un poquito por si hacía falta. Pues eso está muy bien, señora y más en los tiempos que corren. Mire, en... sesenta años mi cariñito y yo nunca nos faltamos al respeto mi cariñito y yo, y enfatiza levantando la mano, como cuando los indios saludan a tramperos como Daniel Boone. Se le entristece un poco el gesto. Y es que hay que ver, con las cosas que pasan ahora, con tantas mujeres que las matan. Pues si, señora, un desastre. ¿Y ustedes conocen esta zona? Pues si, señora. Y yo la conozco a usted. Me mira con cierta sorpresa. Usted y yo nos hemos visto en el Chatico, cuando come con su sobrino, que un día nos lo contó. Ah, si, ese sitio me gusta mucho Mire, viene mi sobrino y vamos a comer y comemos allí los tres, porque nos gusta como hemos guardado toda la vida un poco, pues ahora podemos hacerlo. Y yo le digo ¿a quién toca pagar hoy? Y él me dice a ti. Porque a mi me gusta pagar también algunas veces, que mi cariñito y yo siempre guardamos un poquito por si un día lo necesitas, que él trabajaba en la Moritz, en la calle Casanovas y nunca nos faltamos al respeto en... sesenta años que estuvimos casados, hasta que hace dos años se me murió el pobrecito. Porque yo tenía la comida hecha para cuando llegaba a casa, que desde la cinco imagínese cómo venía. Y me da un tirón del brazo para que nos paremos. Resulta que una vez, era verano y me levantaba para prepararle el bocadillo, en la calle de los Talleres, no se si sabrán ustedes dónde está. Pues él se marchó y en éstas que me doy cuenta de que se había olvidado el bocadillo, así que, ¿qué hice?, pues salir corriendo tal y como estaba, en camisón por las escaleras y me fui corriendo detrás, porque vivíamos en la calle de los Talleres, Jovellanos, y le seguí por Valdonzella hasta que le alcancé. Mujer, pero mira cómo has bajado, pero como era verano y hacía calor, ni me di cuenta, que eran las cinco pero ya era de día, y me había bajado en camisón, no se si sabrán por dónde está. Si, de hecho, trabajamos pro allí cerca, señora. Pues me dijo que no hacía falta tanto correr, que ya se habría comprado el bocadillo en el bar, pero fíjese, yo allí en camisón, y se ríe con timidez picarona, que porque era verano y eran las cinco. Yo vivo por aquí, ahora ya me oriento, si. ¿Y usted también va al Chatico? Pues si, señora, de eso nos conocemos, que un día estaba con su sobrino y su mujer y estuvimos hablando un poco mientras tomábamos los cafés. A, si, a mi es que me gusta tomarme un cafetito al terminar de comer. Pues eso está muy bien, señora, y nos contó que usted vivía donde la farmacia. La del Caracortada, pero eso no le digo. ¡Eso!, ahí es donde vivo, al lado. Porque me gusta ir a comer al Chatico, que le pregunto a mi sobrino, ¿hoy a quién le toca pagar? a ti, tía, porque a mi también me gusta pagar unas veces, que como mi cariñito y yo guardábamos pro si nos hacía falta, ahora podemos hacer estas cosas. Lo que no se es cómo se llama usted, señora. Ay, pues te vas a reír, me dice y parece que alarga un poco el misteriod e su nombre. Verás, yo me llamo, y me da su nombre completo. Nati, así que el mismo día celebraba mi onomástica, mi cumpleaños y el aniversario de mi boda con mi cariñito. Oiga, pues me parece un nombre muy bonito y me parece más aún haber nacido el día de la Navidad. A ver, tenía veintiséis años cuando nos casamos, vinimos aquí y estuvimos sesenta años, o sea que yo tengo ochenta y seis. Pero eso no lo cuente, señora, no diga la edad, y sonríe algo presumida. Yo soy de un pueblo de Zamora y mi cariñito era asturiano. A mi cariñito le gustaba mucho viajar, que hemos recorrido muchos sitios, porque él era de Asturias y yo soy de Zamora, y se ríe. Eso también nos lo explicó cuando el café.

Nene, ¿vienes del trabajo ahora? Si Yaya. Ah, muy bien. ¿Y has comido? Si Yaya, como en el trabajo, Así ahora tengo la tarde libre. Ah, pues eso está muy bien. Hoy he comido judías con chorizo. Mira, qué buenas. Y pocos minutos después, vuelta a empezar. Y ahora, Nene ¿vas a trabajar? No Yaya, ya he terminado. Ah, ¿y vas a comer? Ya he comido Yaya, en el trabajo. ¡Mira qué bien! He comido judías con chorizo. Ah, qué buenas. ¿Y ahora has de volver a trabajar? No Yaya, ya no, como ya he comido, me queda toda la tarde libre. Pues eso está muy bien, Nene, oye. Así, poco a poco se iba desconectando. A esa señora le está pasando lo mismo.


Pues mire, yo vivo aquí, en Carlos I, un poco más adelante, ustedes no se preocupen, que ahora ya estoy orientada y ya puedo llegar. Me da un poco de miedo que se vuelva a despistar, pero tampoco que se sienta aún más desvalida. Mire, le digo, nosotros vamos al supermercado, así que, si le parece bien, vamos con usted hasta allí, y le señalo su manzana, la ayudo a cruzar la calle -porque de la vista tampoco anda muy fina- y nosotros ya nos marchamos, ¿quiere? Bueno, muy bien. Oiga, nos dice así que nos hemos visto en el Chatico. Pues si señora. Pues a ver si nos volvemos a ver allí. Bueno, yo hace un tiempo que no voy, pero si, nos veremos por allí, claro. Es que con este despiste, me he ido allí tan lejos a comprar estas bolsas, y nos vuelve a enseñar las bolsas de flores fucsias y rosas, diez duros me han costado, que me he confundido. Nena, ¿has visto qué bien van estas bolsas? Si, si. Ya podemos cruzar, ¿no? Y cruzamos.


Pues en el Chatico nos vemos, porque voy allí con mi sobrino a veces y un día paga él y otro día pago yo. A ver si nos vemos. Señora, mire lo que haremos: un día que nos veamos en el Chatico o por ahí, nos vamos a tomar un café, si le parece. Venga, y se pone contenta. Nena, le tiende el brazo con el que no me tiene cogido, muchas gracias, y le da dos besos, por su ayuda que le she molestado este rato. y entonces me da otros dos a mi. Señora, ahora a cenar un poquito y a descansar, que ha estado dando un paseo muy largo, ¿vale? Pues bueno, si, o si no veré un poco la tele. Bueno, también, pero a dormir un poco, que ha sido un gran paseo. Bueno, si, porque en la tele no echarán nada, así que si no duermo, al menos descanso. Hala, hasta otro día. Adiós. Adiós.

Vamos al Navarro. Mientras compramos esqueletos -carcasas-, carnes y verduras le cuento. Otro día, el café.

10 comentarios:

Le poinçonneur dijo...

Gran post, Pianista. De verdad.

Nodisparenalpianista dijo...

Gracias Lepoin. Te echaba de menos por aquí.

Myriam dijo...

Lo mejor que has escrito Pinista para mi gusto por lo menos...

Un trocito de la realidad de muchos...

Nodisparenalpianista dijo...

Jo, Myriam, que llevo mucho escrito ya. Cierto, es impagable esa labor.

Dulcinea dijo...

Fuiste el ángel de la Guarda de esa señora.

Muy buena historia y muy bien contada.

Nodisparenalpianista dijo...

Nada de eso, Dulci. Es lo menos que hay que hacer. Es más ¿se comerçia el yogurcito? ¿Descansaría? ¿Qué tal andará ahora? Y gracias también.

María dijo...

pues yo he e confesar que yambién me ha gustado... que bonito esto que cuentas. Pero me reconcome una pregunta... ¿quien era la nena?? la que iba contigo de paseo, no la abuelilla... cuenta, cuenta...

¿¿qué me llevo por leer entre lineas?? jajajaja

El futuro bloguero dijo...

Esta serie de la etiqueta de Vidas paralelas, me gusta siempre, qué bueno, una vez más.

Hale, ponte colorado si quieres, campeón

Nodisparenalpianista dijo...

Gracias, María, maja. Te llevas la medalla a la Marujona de Oro. ¿A que mola?

Es la idea, FutBlo, y a veces hasta sale bien. Escondo la cabeza y listo!!!

Dulcinea dijo...

Pst, Marichunga, creo que es una sueca que localizó en la famosa agenda del Letrado.