sábado, 12 de junio de 2010

Majo

A mi de Cousteau me gustaba todo, creo. Hasta me parece que le perdonaba lo de ser gabachón, porque, uno era un tierno púber, ni sabría yo de esas cosas y de Galdós y los Episodios, aunque creo recordar de que era por entonces cuando lo de los camiones y las lechugas por los suelos de Canfranc y por ahí. Que ya que estamos, apunto tema, por si alguien quiere entrar al trapo: qué bonitos los nombres de los sitios fronterizos: desde Canfranc al Checkpoint Charlie, San Juan Pied de Port, Arnegui, Arneguy o Arnegi, qué tíos, qué lío, Niágara, con Marylin en deshabillé, los muslos, las pantorrillas y el oremus que se va, a ver si no, y aquella rehabilitadora que me contaba que en Vera todas las chiquitas trabajaban en las tiendas de los suvenires donde se compraba y vendía tabaco y alcohol de contrabando, qué cosas tienen las fronteras, o sea. Y Porbou, Porbú, como decían los mexicanos aquellos que conocimos en Roma, recubierto de manzanas leridanas, naranjas valencianas, pimientos murcianos, fresas almerienses y todo así, que siempre decíamos, joer, qué mala uva, saquéalo, pero no lo estorpees, pedazo de canalla, con la de gente que pasa hambre. Lo cual: peste de gabachos. La ingenuidad, si.


Del picaporte de los franceses se podría hacer tesis doctoral sobre los Astérix, así que dejaremos toda ironía. También sobre la cosa que hace al hombre, porque yo le veo un poco cara de pez. Así que voy a la sustancia: este me parece un gran retrato, una foto muy bonita que cuenta cosas del fotografiado con apenas detalles y datos. Y a ver quién es el guapo (o no) que resiste una foto de perfil casi policial. Fantástica, ¿a que si?

Cousteau y su mundo submarino fue como Félix pero con branquias. Lo de las esponjas de mar, los corales, los colorinajos que iluminaba por primera vez con aquellos armatostes, el casco aquel intregral que llevaba una lucecita encima, las bombonas que iban metidas en una mochila estupenda y los batiscafos. Ay, los batiscafos, que es una forma aún más bella
de llamarle a los submarinos. A mi submarino me recuerda a los alemanes que hundían los cargueros de armas en el Mar del Norte y a Isaac Peral con corbata de lazo paseándose por Cartagena entre Californios y Marrajos y un abuelo de Pérez Reverte subiéndose a un tanque o repartiendo mandobles a los erizos y las erizas. Con corbatín en un buque sumergible lleno de grasa y de goteras, la elegancia ante todo, si señor.
Del Mundo Submarino recuerdo la tele de colores. Una tía muy pijotera de este NDAP fardaba de tele de colores para ver el Mundo
Submarino y tal. Bueno. Eso en los libros ya estaba, en los atlas, por decir, aunque eso no lo había descubierto. Y ahora creo que tampoco, pero en fin. La tele en color es una chorrada, por mucho que insista la Sony y todos esos. Antes, hay que aclarar porque la legión de imberbes e imberbas que por aquí pulula es copiosa, las teles no eran en colorines. Incluso aún más antes, ni siquiera había teles, dicen. Pero vaya, que era lo normal, televisiones sin colores. Y me digo yo que para qué tanto avance. ¿Para ver verde del césped del fútbol? Menuda memez, si ya sabemos que la hierba es verde. Eso es reiteración absurda. Y si no lo es, nos lo cuenta mejor Boris Vian que cualquier Trinitrón o como les llamen ahora. El cine negro en una tele en color sigue siendo negro y se sigue viendo en blanco y negro, así que para cualquier otra cosa, sobra el avance. Y Liberty Valance sigue cayendo en blanco y negro, así que mejor no lo tocamos. Y quien quiera verle el color a Centauros del desierto, que lo disfrute en el cine y verá de verdad lo que es bueno. Otra cosa, los cines, qué tíos. Con lo de buen reestreno que habría y siguen con las mismas castañas, pero ahora en tresdé. Joé.

No me resisto a pegar esta otra estampilla. Cousteau o iba vestido de buceador, en plan superhéroe en el estanque o con el jersey aquél de cuello cisne y el gorrico de lana, en mitad del Caribe, que tenía que sudar lo suyo, aunque hay algunos tirillas que viven en el frío eterno, no se. Total, que he encontrado esta, de traje y corbara, que si no la pego no me creéis. Yo le veo un aire a Totó, como diciendo yenecomprenpás, le pedás de cachoglob se ha hundit dans le mer sur le primo piano, y non posso andare piu tan debassi del aqua, así que voggi a inventare l'escafandrone, moviendo así mucho las manos. Hubiese sido una mezcla total, en blanco y negro o en colorines.

Pues eso, que Cousteau muy majo, flaco como un espárrago y con la tacha en la boca, que parecía que siempre tuvo ochenta años, estupendo. El Calypso, que a mi siempre me suena a mito y luego no hay forma de tomarse en serio a Harry Belafonte cantando jimbolí y jimbolá o como sea la tonada. Me parece que el Calypso se hundió, en plena pugna por derechos o cosas del padre, entre hijos o herederos del oceanógrafo. Bella palabra, también, que de algo tenía que servir la fortuna de los golfos de Mónaco. A Jaques se le mató un hijo que tenía pinta de jipi y que trabajaba con él, cuando volaba por España buscando localizaciones o algo. Resulta que iban en la avioneta y se les estrelló el asunto. Pero es que en lugar de dar en la piel de toro, como si dijéramos, fueron a caer a un río, el Tajo, por decir uno y allí se quedaron los pobres. Le veo al mito lo de la muerte acuática, una suerte de Ícaro en tierra extraña que busca la tumba de sus olas. Allí que se quedó al fin el Jacques júnior, son sus melenas y sus barbas jipilongas, cuarteado del sol y la añoranza del mar y de la vida, menuda jugada. Pobre hombre. El Jaques sénior siguió en el tajo, en sus perpetuos ochenta y continuó filmándonos lo de las orcas y los tiburones, que, en parte de ahí me viene el terror y la fascinación por los escualos. Qué miedo.

Haría, según parece, cien años del nacimiento del perpetuamente octogenario Jaques Cousteau, probablemente el único hombre serio que no perdía su dignidad y credibilidad vestido de neopreno, que es la única forma profesional de vestir algo parecido a los pijamas de licra de los superhéroes. Y las siestas que les ha procurado a los que les desvela el Tour, que también habñia que decirlo. Un tío majo, don Jacques.

13 comentarios:

El futuro bloguero dijo...

Nunca me había fijado cuanto se parece Jacques Cousteau a Marty Feldman de El jovencito Frankenstein...

Curioso

maria jesus dijo...

Al menos, en tierra hay algo de variedad, lobos, aguilas y bichos de esos, pero los peces son peces, pianista, a lo mas que llegan es a pescados. Cousteau muy bien, pobre, pero sus programas bastante rollo

Nodisparenalpianista dijo...

Jo, pues ahora que lo dices, FutBlo... por cierto -y de buen rollo-, pero qué malo eres!!!!

Si, vale,MarñiaJesús, pero una buena fritada de pescaítos...

Dulcinea dijo...

Trasmitía buen rollo, el bueno de Jacques. Pero menudos tostones de peces feos y algas y corales y demás bicharracos.

En la primera foto se parece a doña Rogelia, de Maricarmen y sus muñecos.
El perfil es idéntico. Y lo de la nariz de los gabachos no es mito: donde veas un narizotas, ahí tienes un francés. Las francesas en cambio no lucen picaporte, qué curioso.

Atiza dijo...

Oye, pero no tengo muy claro porqué acera se movía, fíjate. Y la duda, me tira para atrás.

Nodisparenalpianista dijo...

Jo, Dulci, tu colmillo no tiene nada que envidiarle al de FutBlo. Ahora me lo imagino diciendo "¿mande?", en lugar de yenecomprenpás.

Joer, Atiza, ¿tú también derrocando mitos? Pues en el anuncio aquel d elas macizorras queaba bien claro: ellas buscaban a Jacques. Por algo sería... ¿para que les devolviese su rímel?

Atiza dijo...

Me temo que era al del anuncio, Pianista. Tú te refieres al de las truchas, hijo; o cachalotes, me da igual.

Atiza dijo...

Mejor, volvamos con los italianos, pianista. Me había olvidado de éste y perdiendo el tiempo con Cousteau...

http://www.youtube.com/watch?v=GZbAcFqaNeg&feature=player_embedded.

Dulcinea dijo...

Pobre Jacques, mira que cuestionar la acera por la que circulaba. De verdad, cómo sois.

Que si feo, que si narizotas, que si sus programas eran un rollo, que si posible monflorita. Menos mal que encabezas la entrada con "Majo" que si no...

Marta dijo...

Ya sé que al Pianista los "tigurones" no le molan un pelo pero los Costeau-documentales de escualos... molaban tela.

Y me he "acordau" del niño aquél que, de tan cabezón, llevaba un sombrero en el que cabía lo de "viva la Armada española y el Submarino Peral". Juro que no lo he soñado ¡jaja!

Ps.- Dulci, colega, has dado en el clavo con doña Rogelia. Ya estaba mi neurona a vueltas con el parecido de Messieur Costeau... :)


Marta

Nodisparenalpianista dijo...

Me parece que con tanto mundo submarino, Atiza, te has agarrado una buena merluza.

Jo, Atiza, a ver si aprendes a pegar los lincs en lso comentarios... Bueno, mejor me callo, porque yo no acierto ni a la de tres. Ay.

Dulci, mejor te callas, guapa, que tú has empezado llamándole Doña Rogelia!!

Juajua, Marta, no quiero decir en quién he pensado, porque no es cosa de faltar, pero hay cada cabezabuque por ahí que pa qué. Va, media crueldad: hay por aquí un argentino al que llamo así porque tiene cara de portaaviones visto de cara: barbilla estrecha y pista de aterrizaje (pero con pelo) en la azotea. Un espectáculo de tío.
Pero me refería a otro, juajua.

Atiza dijo...

Óyeme, Pianista ¿Has entrado en ese link? ¿Has visto al italiano? Ergo, la cosa a funcionado, ¿no?
El argentino se llama Dédalo?

Nodisparenalpianista dijo...

¿Qué argentino? ¿El portaaviones? ¡Qué lío, Atiza, paridiez!