jueves, 25 de febrero de 2010

Noticias de última hora

Palabras textuales del presidente de Gobierno de España:

Nadie tiene derecho a arrebatar la vida a otro ser humano.

En un plazo de cuatro meses, la nueva ley del aborto estará vigente en España, lo que entre otras cosas significa aborto libre en las doce primeras semanas de embarazo humano.

Significa esto, las dos cosas combinadas, que o el presidente ha visto la luz y ha decidido apostar por la vida (etarras, eutanásicos abortistas, criminales, vamos a por vosotros).
O significa eso o significa que en presidente es un mentiroso de tomo y lomo, un sinvergüenza con todas las letras y, que sin duda, no merece estar donde está, como decía su protector Rubalcaba, últimamente conocido como la X del Faisán.
Como uno le supone la bondad y la sinceridad al personal (lo de Summers, to er mundo e güeno), me limito a animar un poco. A trabajar, presidente, que ya toca.

miércoles, 24 de febrero de 2010

Abre Arco



Y total...

Un arco es abertura, como concepto, se podría decir. Vamos, me parece a mi, porque eso suena a cosa que anda a medio camino entre la geometría y la metafísica, así que la mitad de los arqueros a por uvas. !Qué mala uva! Ya puestos...
En fin.

Lo de Arco es un pestiño de impresion. Este año decian que le echaban el cierre, porque cuesta un pastón y la peña no compra. A ver, que tampoco está la cosa como para mantener a tanto cantamañanas. En Arco suele tener mucho éxito, a tenor d elas fotos en la prensa y los reportajillos d erelleno en la tele, las obras de cacaculopedopis y el hiperrealismo escultórico de macizorras. Luego está lo de señora de la limpieza que barre una instalación de un marrano y, a la pobre, en lugar de sacarla por la puerta grande, la llevan a la cola del Inem, que el otro dice que dentro del hundimiento, vamos bien. Este hace de Mr. Magoo un ojo de águila.

Esto si que es capaz de síntesis: arte, arco, dineritos. Y, en este caso, bonito y todo.

Leo que andan revueltos porque un idiota le ha metido el dedo en el ojo a los israelíes. Jolines con el arte contestatario y protestón. La embajada se ha quejado, lo normal. Y el memo ha salido con que si libertad de expresión y demás zarandajas tars las que suelen esconderse los cobardones. Mira, cruzo datos y me acuerdo de lo de las viñetas aquellas de los daneses. Que un día se le fue al jardín un tío con un hacha a hacer cachitos a uno de los dibujantes. Los tolerantes son así. La otra propuesta trangresora -uyuyuy, que me da el telele- es la de un jeta que propone al personal que grite lo que se le ocurra. Yo, que me veo allí, en plan barítono. Eres tonto y aún no te has dado cuenta. Y si me pagan, yo, feliz. Hasta gratis, oye.

domingo, 21 de febrero de 2010

50+1


El asunto es que hace cincuenta años y uno más que se nos murió Boris Vian. Lo de celebrar las fechas redondas y todo eso. Bueno. Boris Vian es un autor levemente conocido que gusta mucho a todo el mundo, mayormente de oídas. En un mundillo muy determinado, se le cita con mucha profusión, porque es una especie de artista a la page. Creo que se dice así, porque mi gabachuá sólo da para insultar de modo un tanto sicalíptico, del estilo es usted un lápiz y está en el tercer piso. Claro, la gente se queda a cuadros. Epatar es el único fin, y a fe mía que lo logro, yesuileruá. Total, que como les suena que iba dando la murga con una guitarra con lo de la Guerra de Indochina, se lo apropió la famélica legión cuando lo de Irak. Y hala, Vian por un tubo, que entre los culturetas del Babelia no paraban de citarle sin conocerle. Anda que si le hubiesen leído... en fin.
Un día va Boris vian y se muere, que es algo que suele pasar, así que yo toco madera. La leyenda cuenta que palmó según salía de ver una adaptación cinematográfica de Escupiré sobre vuestras tumbas, una novela que firmó con el seudónimo de Vernon Sullivan, en plan negra, tiros, racismo, macizas y negros. Esto ya lo he escrito, me parece. Pero ya que estamos, repito y así queda un poco más holgado. Resulta que Boris Vian padecía una enfermedad cardiovascular congénita que le tenía muy cascadete y que solía pasaportar a los afectados en cuanto estaban lo bastante maduritos. Al parecer si es cierto que murió después de ver la peli, pero fue un día o dos después. Que parece ser que muy buena no era, vale, pero que de ahí a acusarla de asesinar a su creador va un trecho. Más viendo -leyendo- la retranca que solía gastarse Vian. Ni harto de vino me lo creo yo. Una vez, hace unos cuantos años, en la Fnac se sacaron de la manga un minicilo de conferencias y cosas sobre Vian. El plato estrella era la proyección de esa película. Lo demás, cuatro chisgarabís que iban a repetir topicazos que habían leído en el Babelia, o sea. En fin, que suspendieron la película por problema scon la distribuidora o con la Esgae o con no se quién, que nos fuimos de cervezas los borisvianeros que habíamos quedado para el evento y que una medio loca con la que compartía ratos libres me montó un pollo por mensajillo de teléfomno porque decía que la vi y no la saludé. Sólo faltaba un perro que hablase para completar el homenaje-performance. Mucho ojo con los perseguidores.
A Boris Vian se le ha editado de pena por aquí. Incompleto, desordenado y muy mal traducido. Bruguera hizo lo suyo, expirmir todo lo exprimible, pero al menos lo intentaron. De ellos guardo el grueso de su obra. Luego, los modernos de Tusquets, pero mira que son modernos y estupendos, reeditaron con sus portaditas tan estupendas, su papel tan bueno y sus traducciones tan pobres. Creo que no añadieron ni un título a los de Bruguera, pero igual me despisto. Lo cual que algunas editoriales pequeñajas fueron sacando cosas. Hace no mucho, Hiperión ha publicado dos de sus poemarios. El primero lo tituló tan mal que da hganas de no comprárselo a ellos. Le pusieron "No quisiera morir", que resume una cosa que escribiré luego sobre sus dos obras mayores. En una serie de versos bastante jocosos, humor negro, va relatando un serie de cosas que le gustaría hacer antes de morir. El último verso le da un giro total de manera que la cara de tonto sonriente se te convierte, en seis palabras, en rictus serio y pensativo. Ese "morir", en castellano fetén es diñarla, espicharla, palmarla, estirar la pata irse a tocar el arpa, dejar de fumar, yo qué se la de maneras que tenemos para traducir no las palabras sino la idea que expresa el autor. Pues parece que a los de Hiperión no se les terminó de ocurrir una buena. Aunque la fama de ser editorial señera en la cosa de los versos se mantiene. El prestigio de la casa a tomar viento fresco. En fin. Las editoriales pequeñas. Tengo una de sus obras de teatro en gallego, menos da una piedra. Otra, fotocopiada. Ya digo, la piedra. Morcilla para los de Cedro, que es la esgae de los picaletras.
Pues resulta que ahora, Tusquets se ha descolgado con la traducción, esta vez bastante mejor que las anteriores, de la primera novela de Boris Vian. Se titula Trouble dans les andains y aquí le han puesto A tiro limpio. Ni una pregunta porque no se la pertinencia del asunto. Se trata de una novela corta muy desmelenada, que comienza con una fiesta, sigue por un robo, una serie de persecuciones, otra de crímenes tontorrones, un sapo gigante, una cueva, explosivos, un anticuario tuerto o cojo, ya no me acuerdo, y todo así.
Esto, que suena a chusco, lo es.
Pero eso es lo que uno espera de Boris Vian. Dentro de su obra hay una parte muy de ese estilo, febril, divertido descacharrante y con poca cabeza. Es una explosión de palabras raras y de personajes aún más extraños. En ocasiones el hilo argumental tiene algún sentido, en la mayoría. Es un espectáculo en si mismo, y dónde le lleve a uno no tiene ningún sentido. Es el puro placer de disfrutar con sus vertiginosas imágenes. Este texto meha recordado mucho a su segunda novela, "Vercoquin y el plancton", inédita en España, creo, pero si en Sudamérica. Se la compré por el interné a unos argentinos de la Argentina y me llegó en perfecto estado de revista. Media novela es excepcionalmente buena. La otra es un tanto cansina: en cuanto cede a la agitación y se calma la cosa, tiemblan las piernas.
Otra cosa son El otoño en Pekín y La hierba roja, sus obras mayores, que también aparecen en escenarios alocados y delirantes, en el que transcurren historias bastante más complejas y profundas de lo que uno s eimagina y lee a primera vista.
Total que un día hojeando por ahí, leo en el suplemento cultural de los jueves de La Nueva España, magnífico, por cierto, una reseña de este título. Esto fue hará un mes. El viernes compro el libro y me lo zampo en dos viajes. Desde entonces, ando pendiente de alguna reseña o de algún comentario más. Y ni uno. Está pasando completamente desapercibida su publicación, lo que no me entra en la cabeza. Se trata de un texto inédito hasta ahora, fácil de leer y de un autor citable. Pero nadie le está haciendo caso. Pero eso si, periódicamente, los letraheridos que se transmutan en vigorosos columnistas de opinión siguen haciéndoselo venir bien en forma de cita superficial, y periódicamente también unos cuantos montan teatrillos cabarés a propósito de sus canciones y sus anécdotas apócrifas en Sant Germain. Y siguen sin leerlo, los muy jetas. Y Tusquets sin promocionarlo.
Ya se apañarán. Mientras tanto, nosotros disfrutaremos del pianocóctel. Sobre la hierba roja.

miércoles, 17 de febrero de 2010

Epifanía


En Noche de Epifanía.
William Shakespeare.



Antonio

¡Oh! ¡Qué ídolo vil ocultaba ese dios! ¡Sebastián, has cometido una vergüenza desmintiendo tu bella fisonomía! ¡No hay otra fealdad en la Naturaleza que la del alma! Únicamente el malvado es deforme. La virtud es la hermosura. Pero una belleza inmoral es semejante a un cofre vacío ornamentado por el demonio.


Guardia primero

Este hombre empieza a perder el juicio. Llevémosle. Vamos, vamos, señor.

sábado, 13 de febrero de 2010

Una pausa


Vamos a hacer una pausa no musical, que últimamente estamos con las orejas a tope.

Venga, va, un cierto recreo para la vista, dentro de un orden. Y por aclamación y demanda, a ver si recompongo las encuestas. Las encuestas sin tongo no son lo mismo, eso es cierto. Ahora digo yo que son la sal de la democracia y ya la tenemos liada, pero como se que sois gente sensata, seguro que habéis comprendido la retranca de la cosa. Yo una vez voté tapándome la nariz al echhal la papeleta, cosa que me dejó hacer el presidente de la mesa. Echar el voto digo. Cuando vio que me agarraba con la otra mano el picaporte, que me tapaba las narices, abrió los ojos como platos y se quedó paralizado. Muchas gracias y que termine de pasar un buen día, le dije mientras le tendía para darle la mano. El señor me dijo gracias a usted o algo así y me fui un poco encampanado, como si dijéramos. Es que hay días que la urna está de hachazo, pero como no somos vikingos, lo más, cachondearse un poco del tema antes de que te frían a collejas.

Bueno, en fin, que encuesta nueva y más músicas y cosas en próximos capítulos.

miércoles, 10 de febrero de 2010

La vigencia de los clásicos


La vigencia de los clásicos, aquí expresada por partida doble. O triple. Porque Peter Gabriel lo es desde que tiene veinte años -porque aún recordamos su soberbia etapa en Genesis cuando tenía veinte y cómo se largó de allí a los veintipocos porque se le había quedado pequeño. Más, porque tirar de repertorio ajeno es encumbrarles. Y más aún, porque uno es como es, o sea.

Después de su mejor disco -ya sabéis, a este NDAP vuesto se le derraman las opiniones por las costuras- Up, de hace ya no se cuántos años, esperábamos los aficionados a ver si despertaba de su letargo Peter Gabriel y nos hacía algo que mantuviese el nivel. Yo sigo en lo mío: aquel disco estaba muy influido por la música de grupos como Massive Attack, que publicaron y giraron a la vez. Tuve la suerte de verles en esa gira, al uno y a los otros. El uno estuvo bien, los otros colosales. Pero los discos, que es de lo que tecleo, inconmensurables ambos dos.
Hasta ahora.

Resulta que se publica por ahí que Gabriel va a hacer un disco de versiones ¿Versiones? Pues si. A mi me encantan las versiones cuando aportan algo. Cuando son distintas, personales, variadas, nuevas, refrescadas. Que dicen que va a versionar con una orquesta. Y sin teclas. Ni guitarreo. Ni baterías. Menos mal, no habrá ni rastro de Phil Collins. Dicen que una reunión de Genesis (los primeros) no tendria precio. En fin.


Localizo el disco. Tedi, tío jeta, no sufras. En cuanto salga me lo compraré. Y te llevarás tu mordida, chorizo. Me lo cargo en el emepetrés y le pego una oída, un tanto temeroso, a ver qué pasa.
Y vaya lo que pasa. Lo que pasa es que Gabrie ha bordado un trabajo magnífico.

Arranca con
Heroes de David Bowie, que queda arreglado con unos aires minimalistas más cercanos a Steve Reich que al glam. No en vano en ese discazo de Bowie metió la mano Brian Eno, uno de los referentes en la música de aeropuertos, que tan emparentada está con el minimalismo, la música repetitiva y todo eso.
En
The boy in the bubble uno no sabe si está con Peter Gabriel o con los Soulsavers -un grupazo que recomiendo muy fervorosamente- y su desmenuzante contundencia soul, godspel, clásico método para entristecer al oyente.
Entre música incidental de peli de paisajes y un poco de Björk navegando entre volcanes, unos violines no cortan el mar sino vuelan en
Mirrorball, cuyo oleaje le permite a Peter Gabriel llegar con su voz a esos tonos altos y gritos tan característicos de su estilo. No es lo que más me gusta, pero resulta una buena transición.
En
Flume, navega, se deja mecer, se arrulla, se lleva, se encuentra el Gabriel tranquilo, reposado, baladista, si se puede llamar así, con un recitado que casi termina en oración, apenas acompañado por un piano que arropa la atmósfera sobre la que se desliza su voz. Es extraordinaria delicadeza.
En
Listening wind, las líneas de cuerda le tejen una red sobre la que el declamado, cantado se va desarrollando con creciente intensidad. en la línea de los crescendos de Arvo Part,
Convencional, con todos los respetos, es el tratamiento de
The power of the heart. Ese es, en cierto sentido, el estilo de Peter Gabriel cuando acomete sus canciones lentas, un poco en la línea del So, aquel disco tan hermoso casi siempre y a ratos un pelín excesivo. Esta canción encajaría perfectamente en él, en la parte hermosa. Me encanta que lo normal me parezca, en ocasiones, extraordinario. Eso es la sencillez, supongo. Añado una soflama un tanto incendiaria: esta canción sería perfecta para el Raphael post transplante, de ese que se sube al piano y canta sin micro, que susurra y grita "es la fuersa del coorasón" y que le deja a uno clavado en la butaca.
My body is a cage. Uno arranca con ese título y todo lo demás ha de ser desmesurado, sobrecogedor y bello. Ritmo lento, tono oscuro, apagado, marcado por un piano que suena a losa que impide volar a la voz, rebelándose en cuanto ve una brecha. Ese cling, cling que va remachando los barrotes de la celda. Uno que gusta de relacionar las cosas se acuerda de Birdy, aquella buena peli sobre un buen texto y que dió lugar a una fantástica banda sonora del reciclaje que, en mi opinión, llevaba al Gabriel post Génesis a su transformación en el artista eléctico y sinfónico de trabajos posteriores. Es la pieza mejor orquestada, con unos crecimientos que parecen torbellinos, violines voladores y caídas en picado. Es de lo mejor que le he oído nunca.
I think it's going to rain today preludia lluvia. Viene a ser como las brisas esas de las tardes anaranjadas de septiembre, suaves, calientes y grisáceas. Con dos copas más y la voz rota sería Tom Waits cantándole a las chicas de mala vida y muslos sospechosos en Mineapolis o sus alrededores.
La tormenta. La artillería de las trompetas rompe con
Apres moi. A mi me suena a Jeckyll y Hide, a cabareteo francés, a Sting cuando lo de la ópera de tres peniques, a aullido y a lamento de las oscuras calles de Jack el Destripador en Montmartre, el licor caliente y algo que se nos viene encima. Descriptivo, dramático, Poe y los sombríos cementerios, moho y miedo sobre los adoquines, no se si me explico. Creo que lo consigue mejor la orquesta, Sasha, Natacha.
Dudé sobre
Philadelpia. No en vano Peter Gabriel prestó o compuso algo para aquella película. Pero no, nada de autocitarse. O si. Se mantiene un cierto aire de canción de musical, muy descriptiva y narrativa al mismo tiempo. Es un lamento, un sollozo un tanto demasiado evidente para mi gusto. Como el musical, en suma, sin espacio para la insinuación.
Despedida y cierre, fundido a negro.
Street spirit cierra este disco de versiones que, en mi opinión, supera, con creces la mera adaptación al repertorio del artista que las interpreta. Esta misma canción es ejemplo de cómo ha sido Peter Gabriel capaz de llevarse ese repertorio a un estilo personal y cambiante.

No le detecto, por ejemplo, el tono de su último disco de estudio, el soberbio Up, una síntesis de rock atmosférico y nuevas tendencias, tal vez recogidas de su fructífera relacion con Massive Attack, que abren una vía para el desarrollo del sinfónico-progresivo con lo más interesante de la electrónica -pienso, por ejemplo en cómo Porcupine Tree están avanzando en ese terreno- que convertían a Up en revolución del género. Aquí Gabriel ha tirado de orquesta clásica y de, más que arreglos, reinstrumentación de los temas originales, para recrear todo el acompañamiento sonoro para su voz, que por cierto, lejos de parecer cascada, como en sus últimos directos, suena fantástica.
Ya se sabe lo que pasa en los laboratorios, pero todo sea por mejorar su trabajo. Para esas labores, leo que ha tirado de un viejo vaquero que anduvo por The Durutti Column -altísimamente recomendable-, un venerable grupo alrededor del sin par Vini Reilly y de Bob Ezrin, amigo de los Floyd de cuando The Wall y que participó muy activamente en su resurrección post Waters. O sea, oficio y calidad a espuertas.
Total, que atentos a vuestars pantallas, que sale pronto y que merece muchísimo la pena escucharlo. Que disfrutéis todo lo que os permita ese rascado de espalda.

PD: en una güep del vecindario (pinchad, jolines, que si no nos ayudamos ya me diréis que hacemos), leo que se prepara un disco con versiones hechas por los versionados en este disco sobre temas de Peter Gabriel. Me uno a la petición de Digggin' in the dirt, cantada por Young o por quien sea. Qué canción, qué enorme. Uf.

domingo, 7 de febrero de 2010

Al esprín

A ver, volando, que no llegamos y para dentro de unos días tengo material, pero si antes lo apaño un poco.

Me gusta:

Arpillera
Albúmina
Ferruginoso
Y para la ginebra, la tónica o elimón, pero siempre Kas, con o sin esprín


No me gusta:

Andamiaje
Urbanizar
Corticoide

A ver si cambio la encuesta, también.

martes, 2 de febrero de 2010

Ni pies ni cabeza

La marca Converse, que no es un animador de la conversación sino una cosa de alpargatas de esas que van bien para el baloncesto, pero mal para los charcos, ha lanzado unos diseños relativos a varios grupos musicales. A falta de discos, esa es la última novedad, creo relativa a los Floyd. No se, no me convence, pero es lo que hay. En fin.
Me diréisque es una chorrada gastarse un exceso de euricos para ponerte lo de tu grupo de cabecera en los pies, que es que es hasta v
erte memo redactándolo. Pero hay gente pa tó, y, en algunos casos, parece lo más lógico calzarse esas zapatillas.
Cuándo, me preguntaréis. Pues a ver.


¿Las mejores zapatillas para hacer el burro?
Las Animals, de Pink Floyd
¿Las mejores para buscar a quien echas de menos, en pleno ataque de cursilería?
Las Wish you were here, de Pink Floyd
¿Las mejores para astronautras frustrados por un mal día en el test psicotécnico?
Las Dark side of the Moon, de Pink Floyd.