viernes, 14 de marzo de 2008

El tranvía (I): esperando

Nunca llevaba libros. No leía libros. No leía nada. El periódico le dejaba manchas de tinta, decía, y luego no podía ir a ninguna parte así. Pero estaba nerviosa. 14, 52, 33.

Anduvo buscando un poco, porque estaba segura de que llevaba uno. Dió con una agendita bastante estropeada que tenía las esquinas gastadas y un poco curvadas. A ella le daba lo mismo, porque casi nunca la sacaba del bolso, salvo para consultar el teléfono de alguna tienda, aquella vez del flemón que le pidió hora de urgencia a la dentista o para meter dentro papelitos y tarjetas que luego se salían y terminaba tirando cuando, cada tres meses hacía limpieza o le daba por cambiarse de bolso. Algunas veces anotaba cosas.

No tenía muy claro a dónde iba y se decidió a intentar descubrirlo anotándolo mientras esperaba el suyo. 28, 14, 33.


No estoy segura. Diría que, a veces, no todo tiene un por qué. Pero muy pocas veces.

Eso fue lo primero que anotó con el lápiz -que efectivamente llevaba- sin afilar al que le arañó un poquito la madera para que sobresaliese un poco más la punta. Claro, se manchó las uñas con el grafito, lo que ocurre en estos casos y le dió rabia. Por eso no leo la prensa, pensó, pero no quiso anotarlo porque no pegaba. 54, 33, 28.

Era 14, marzo, la hojita sobre la que escribía. El 14 de marzo no pasaría nada reseñable, puesto que la hoja aparecía en blanco. O no sabría usarla.

¿Eso será que no todas las preguntas tienen respuesta? Poco probable.
14, 28, 33.

Parecía nerviosa al escribir, encogida sobre la agendita, libretilla, gastada, un poco rijosa, el bolso lleno de bultos porque lo había desordenado todo buscando el lápiz y un mechón un tanto rebelde que se empeñaba en caerle, largo y aburrido sobre la mano izquierda con la que sostenía sus nerviosas dudas. Dentro del lapicero se escondían más aunque no sabía cómo hacerlas salir.

Entonces, ¿qué me pasa? Claro, que no encuentro el por qué... ¿Estoy hablando conmigo misma? Pues sí. ¡Qué pasa! Seguro que todos lo hacen.

33, 54, 52. Otra vez. Pero no sabía. Estaba distraída y ya no atendía a los números. Ni a un señor que le decía a su perrito que no que no, que hacer sus cosas a dónde la tierra. Y a un niño que le daba lametones a una piruleta y a la otra mano, con la que antes la sostuvo y que ahora estaba igual de dulce, inocente y colorada. O a uno con aspecto de vago que decía "no pasas, no pasas, no pasas, no pasas..." al ver cómo se aproximaba el 37 a un coche mal aparcado y que había terminado diciendo, "pues si que has pasado" al ver como la vía lo sorteó.

A lo que iba... ¿es posible que mis pensamientos se estén distrayendo de mis pensamientos? Me estoy liando. No me ha quedado claro... ¿Todo tiene un por qué o no? ¡Ah! Que más dará...

El lápiz y la agenda, al bolso
El cincuenta y cuatro.
Un salto a la plataforma.

9 comentarios:

Néstor Aparicio dijo...

Vale, igual es que estoy espeso, pero ¿por qué no entiendo nada?
Es el llamado síndrome Altea.

Dulcinea dijo...

Yo tampoco capisco demasiado. Pero la foto del tranvia es bonita.

Marta dijo...

"...y a la otra mano, con la que antes la sostuvo y que ahora estaba igual de dulce, inocente y colorada". Fenómeno.

A veces pienso que me debo -que todos nos debemos- más saltos de esos: hale, a la plataforma del cincuenta y cuatro. O a la del cuarenta y ocho. Qué sé yo... A tantas a las que no nos terminamos de animar. Por cobardicas, perezosos y tal.

Nodisparenalpianista dijo...

Ante los comentarios despsitados aclaro: leed la etiqueta de abajo, ¿o es que queréis que os lo de todo masticadito???

Jaja, Néstor, no seas malo, no te metas con la pobre Altea!!!

Viva los tranvías, Dulci!!

Un semi homenaje umbraliano, Marta, pero gracias. Si, hay que saltar a menudo.

Altea dijo...

Néstor, te he oído.
A la prota de esta entrada le pasa algo parecido a lo de María cuando nos contaba esto.
¡Si es que lo he entendido, claro! xD

Altea dijo...

¿Qué tal una encuesta nueva, aunque sea sobre Chiquilicuatre?

jsvico dijo...

Bonito, sí.

Ah, los tranvías...

Nodisparenalpianista dijo...

Uy, Altea a saber qué le pasaba a la pobre. Y lo que es más, lo que le va a pasar. Jaja, las leitras bailongas de María a lo Atxaga, ha llovido desde entonces. Qué memoria la tuya!!!!

Me has convencido, Altea: nada de encuestas.

¿Te ha gustado JSVico? ¿El tranvía o las letricas??

Mar dijo...

Para mi ese "qué mas da" es la clave de todo el texto...

Buena reflexión pianista!!


Saludos