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viernes, 29 de julio de 2011

La victoria en la derrota

Echaron el otro día la segunda semifinal del concurso taurino para novilleros que retransmite Canal Sur. Seis novilleros e jugaban el apse a la final y, claro, echaban el resto en el poco rato que tenían para lucirse. Al final d ela retransmisión hablan con el último de los novilleros. Sale Sonia, la niña como la llama el mestro, micro en mano a preguntarle al chaval que qué tal. Ella allí está, con la melenita esa estupenda que lleva, un poco bricopija versión taurina, y trata de preguntarle, peor el pobre está desencajado, a punto de echarse a llorar, visiblemente emocionado, o sea. Cuansdo consigue darle el berenjenazo, el novillero, Lama de Góngora se llama, reconoce sin paños calientes que le ha ido fatal. Que venía a tope de moral, el día antes dos orejas y rabo en otra ovillada, con ganas y con fuerza. Pero reconoce que no le ha salido nada bien, que el novillo iba, peor que çél no, Y casi se le empapan los ojos de lágrimas, porque sabe que ha perdido una fantástica oportunidad y que él es el responsable de su fracaso.

La verdad es que estuvo mal. No se si serían los nervios, la presión, el cansancio, la mala pata, la mala uva. La cosa es que el novillo le desarmó seis veces lo menos, le dio buenos pases pero de modo irregular con tanto deasrme, mató de mala manera y el público, en un arrebato de generosidad le premió sólo lo bueno -oljo, muy bueno- con una oreja hecha de cariño. En la vuelta a
l ruedo, que es cuando se colgó la imagen, le aplaudieron con ganas.

Cojo la foto de aquí

Luego me he acordado del llorón de Fernando Alonso, que pierde por culpa de todos y gana porque él es muy bueno. O del caradura de Messi, que o juegas para él o te condena al ostracismo, o hasta del poco acertado Contador, que tuvo la oportunida de decir estuve mal al principio y louego he hecho lo que he podido en lugar de esconderse en calendarios, durezas previas y preparaciones mejorables. Pues en lugar de malprepararte para el Tour, podías haber descansado hasta la Vuelta, que aquí al menos no te insultamos, majo. Pero ya lo ha arreglado: el año que viene no vuelvo al Giro.

Pienso en estos y veo aún más grandes las lágrimas del pobre Lama de Góngora. Un aspirante a matador que se responsabiliza de sus fracasos. Eso si que es una victoria. No creo que pase a la final. Pero a un tipo con esa actritud y esa limpieza hay que seguirle.

miércoles, 8 de septiembre de 2010

Las fresas salvajes

Un tipo con su camiseta del Chelsea, que para el que no lo sepa, que es cualquiera un poco sensato, a ver si no, quiénes son los ociosos que no tienen nada mejeor que hacer que andar estudiándose los vestuarios deportivos de los equipillos de la pérfida, o sea, decía, para quien no sepa, es así blanca mayormente con tirajillas y escarapelas más bien azuladas, donde pone clarísimamente Chelsea, si node qué iba a saberlo yo.
El Chelsea es uno de los vete tú a saber cuántos equipos de Londres. Pero tiene nombre de chiclé. De fresa. De menta no. ¿Me da un duro de chiclés? El chiste del Cheif. ¿Cheif o Chelsea? Chelsea, de fresa, claro. Chelsea también es nombre de hijorra de presidentón, pero no en pla chunga siniestra sino boba con los dientes para afuera. Oye, pero qué bien hemos casado a la niña, con un judío de esos elegantes, gente seria, no como su padre, digamos. Si es que tambien por allí cuecen habas, siniestras o no. Y de gato. Es nombre de gato. Le voy a cortar las uñas al Chelsea. Y el tío que respira, que la gente es muy aficionada a cortarle los colgajos a los mininos, que luego van y se ponen fatalmente cilíndricos, lo pobres, como los fans del Chelsea del fútbol.

El tipo, así como recién llegado de algún puerto de mala mar y peor nombre, embutidas las lorzas y las cervezas en su camiseta elástica, se pasea con la churri que es una especie de pelirrojona de esas que en medio viaje te planta como sin querer en la Fackland o Malvinas, por meterle sel dedo en el ojo. Y me digo yo si no tendrá ya edad el mamarracho para dejar de disfrazarse como los chavalines que se ponen la camiseta cuando el equipo gana y lloran apesadumbrados cuando pierde.
El fútbol es un horror estético.
Pero lo de los pobres gatos, eso si que no tiene nombre.

domingo, 15 de agosto de 2010

Los no astronautas

Dicen que son estrellas que se caen, y que como están que arden, parecen llamitas en el cielo. Además cuentan que se llaman Perseidas, que era una historia rara de Zeus y de Perseo, y me recuerdan al cine de Pumares, de cuando aún no estaba como una regadera y le oíamos de madrugada en el piso y un día escuchamos a Antonio León que echaba pestes de él y que le llamó y que no le rugió nada, más bien se acurrucó como un minino cobardillo, y al día siguiente nos reímos con el gran Carlos en el Manolo y luego estuvimos tomándole el pelo a Antonio, que no sabía dónde meterse, el pobre.


Pero yo no me creo nada. Son las lágrimas. Y de Zeus, nada. San Lorenzo. Y lo demás, para los astronautas.
Pero para viajes espaciales, la sala noble.

lunes, 5 de abril de 2010

El encuentro


¿Lo veis?, ¿lo veis?

Y lo vieron, tal y como las mujerucas aquellas les habían dicho. Tal y como había contado que pasaría. Entonces lo entendí, dejó escrito. Y mira que lo había dicho veces. Pero nadie le comprendió. O casi.

Al encuentro fueron, y respiraron con alivio.


Y eso todos los días.

Feliz Pascua a todos.

jueves, 1 de abril de 2010

El olivo


El árbol no veía porque los árboles no tienen ojos. El árbol no escuchaba porque los árboles no tienen orejas, hasta ahí, lo normal. El árbol, de haber tenido ojos y orejas le hubiese visto y le hubiese oído, claro. Y, si hubiese tenido boca le habría podido decir que él estaba allí. Claro, dirá un mala uva, eso es cosa de las raíces, que donde estás, te quedas. Siempre hay un mala uva cerca, pero hay que quererle, no me digas a mi que eso no es padecer.

El olivo tiene las hojitas pequeñas y sencillas, pero fuertes, duras. El olivo y sus hojas le abrigaría, le cubriría, le protegería. Ya me dirás, ¿qué pueden hacer mis tristes hojitas para apartarte de ese tormento?

El olivo cumple diez, veinte, cien, mil, todos los años que sea y le sigue dando el nombre al monte y el jugo al que lo recoge, y el sabor y el color, ese color que es verde y es amarillo, la vida y la luz y es el recuerdo del Hombre que estaba solo y que le pedía a su Padre que si podía ser, no le hicies e pasar por aquello, y que luego le decía, sea, porque esos cuatro cafres dormilones se merecen eso y mucho más. El Hombre solo y un árbol que, si tuviese boca y orejas, piel y palabras, le decía que siempre seguiría a su lado. Y sin dormirse.

domingo, 28 de marzo de 2010

Ramos


Me lo figuro ahí, que a lomos del pollino, hola, eo, viva, ya estás aquí, por fin, miraría y pensaría que vale, pero que dónde estáremos todos. Que dentro de nada, cuando mire, habremos hecho mutis por el foro, oye, que conmigo no va la cosa, tirulí, tirulá, galileo ¿yo? ni harto de vino, mirando para otra parte, que no me quiero meter en líos, no sea que me cojan ojeriza y la vayan a liar.

A lomos del pollino, más que el eoeoe, lo que tenía que escuchar era el silencio de la soledad. Y se preguntaría que por qué le ibamos a hacer eso.

Me lo figuro y me sobrecoge lo poca cosa que somos.

martes, 11 de agosto de 2009

Refritos

A mi, esto de "tonto el que lo lea" siempre me ha hecho mucha gracia. Es que es verlo en una tapia y ponerme a reir como un tonto, claro está. Para mi que tiene un poco de insulto pero en buen plan, majete, un poco irónico y simpático a la vez. Y si lo pinta Mingote, pues más. Porque a la broma le une el náufrago, claro. Los náufragos dan mucho juego, a ver si no, desde Robinson Crusoe -que es nombre como de marca de relojes, el tiempo perdido y tal- hasta el doctor Shepard, la buenorra de la Kate y toda la trouppe, que ahora andan echando en una tele de esas. Tiene su gracia la pasta que le shabrá costado la cosa y todos viéndola por el interné. Hala Teddy, que tú si que te has hundido en ese mar de pasta gansa.
Pues eso, refritos agosteños.

sábado, 27 de diciembre de 2008

aquí sus Tito le saluda


. Haconocida. La ola real y en lo más que he concebido es esta fotografía que la verdad no entiendo mucho. Se la el ordenador no funciona así que llegados a este. A este punto, le pido a los Reyes magos majestades aquí sus Tito le saluda, su Tito citó deletrear esto, un fiel sirviente le saluda le saluda a los tres Melchor Gaspar y Baltasar, es cimentada en un teclado aunque sea nutre de 2000 pelas del que ha dado. Aunque sea de de 2000 pelas. Bol. Corro.
Haber que me apunten al además del helicópteroel portaaviones la caja de misiles tierra aire ojo, un teclado favor vale hasta lo majestades nos vemos hasta luego ya les dejaré los Morones Morones es igual y eso es algo refiero la botella de Chinchón y todo lo demás venga hasta la vista.

miércoles, 22 de octubre de 2008

Más o menos


Ahora iba a escribir tres cosas pero me he liado con la cuenta atrás y he echado el rato que le iba a dedicar por alto. Bueno, ante lo cual, mejor no ser pesado.
Si os apetece un paseo por el sórdido mundo de los bajos fondos, sabed que habrá que caminar hacia atrás. Un modo muy efectivo para protegerse las espaldas. Mientras, las cosas se van cociendo.

Un dibujo de Miguelanxo Prado, nada que ver, pero es bonito

Una cuenta atrás menos, o más, según se mire, lo de siempre.

viernes, 8 de agosto de 2008

Acertijos

Las siete diferentes

Venga, que hay premios.
Paupérrimos, que no estamos para tonterías, jolines, pero premios al fin y al cabo.

PD: Si, vale, parco, pero es que estoy trabajando en textos algo más largos (y si cuela, cuela).

lunes, 12 de mayo de 2008

El futbolero que nunca fui


Futbolero nunca he sido, claro. A ver, que estando donde estamos, es complicado no haber pateado algún que otro balón, pero con más que entusiasmo que sentido, más por lo circunstancial que por convicción o sea, echando el rato en lugar de viviéndolo apasionadamente. Supongo que, aún sin saberlo, me atrajo la elegancia y un poco la pereza del portero, allá al fondo, viendo los acontecimientos de lejos, pasando bastante y luego, resignándose ante la derrota. Hermosa la estética del perdedor, lo único bueno de la derrota. Ganar es de horteras.

A mi me gustaba ver saltar a los porteros, pero de ahí a hacerlo yo, un trecho. Eso de arrastrarse como una lombriz no era para mi, con lo cual, por alto iba bien y hasta donde me llegaban las piernas también, pero tirarme al suelo, eso si que no. Y mi trayectoria se fue truncando salto a salto que no daba. Pero mantuve mi egregia dignidad. Eso ante todo.

A ver sino tengo razón: un señor de negro, con gorra, como un campeón d ela elegancia, aunque sea enseñando los muslos, pero sin tirarse por el barro como si tuviese vocación de lombriz o de croqueta. La elegancia del arquero que permanece perpendicular al suelo.

Claro, ante ese sentido tan, digamos, estético del fútbol, fui sobrepasado por algunos desaprensivos que no tenían ningún problema para ir dando brincos de punta a punta del área. Y, dada mi poca pasión por la idea, me tuve que reciclar en lo más descansado que quedaba en aquél extraño juego. Me reconvertí en defensa leñero, central, para correr podo y fácilmente regateable, esa es la verdad, las pocas veces que iba al trote a enfrentarme contra los atacantes. Pero eso fue después.

En los partidos del cole, me quedaba con mi amigo Paco bajo los palos. Paco era de esos que he comentado, un loco que se tiraba al suelo y todo. Con los años, siguió jugando y rompiéndose los dedos cada dos por tres por balonazod mal chutados, pero bien parados. Bueno, pues nos quedábamos en uan de las porterías, superpobladas, en el patio, que los Jesuístas nos animaban a compartirlo todo y salir entero del pario era un modo de instrucción como cualquier otro. Allí se podían jugar simultáneamente seis partidos o más, con sus seis porteros, seis pandas de atacantes y de defensores, seis balones que se cruzaban entre ellos, que a veces hasta chocaban y que causaban cada día alguna baja entre los despistados jugadores que renunciaban a la visión periférica para fijarse en su pelota. Enonces, como surgido de la nada, un balón de cuero gastado, hinchado a punto de reventar les impactaba, con suerte en la mejilla, con mala suerte, en plena cara. Caían como fulminados. Oye, y cada día uno. Tipo diez negritos. Una vez, en el baloncesto, que pasaba parecido, a una amiga de lieron tal castañazo que se fue al suelo y del coscorrón, conmoción cerebral. Todo se arregló, porque andar entre Jesuítas curte y sirve para los combates del cuerpo y del alma. Pero el chichón no se lo quita nadie, pobre.
Paco y yo charlábamos, esquivábamos goles ajenos, hasta a veces disimulábamos para paráselos accidentalmente a metas amigos y solíamos detener los nuestros. Era jugar con portero y medio, ya digo. Pero aburrido, un rato. Hasta que un día me dio por innovar.

Supongo que sería a la salida de un córner, que pide mucho el jugar por alto. Paco, me aburro, le dije, Esto es un rollo, no tiene emoción. Te voy a hacer penalti, ¿vale? ¿Qué cómo?, un momento, un momento... Y zas, despejo de puños de modo impecable. Los malo que gritan penalti, penalti y Paco que chilla, no, no, el portero es él, es él, Nodisparenalpianista eres un... y no sigo que puede haber niños. Yo, en una esquina, partido de la risa, los de mi equipo que si estaba loco, los malos diciendo, pues es majo este chaval.

Claro, me lo perdonó, porque es un buen tipo, pero de vez en cuando se lo iba haciendo, y pasaba lo mismo, despeje excepcional, el portero es él, Nodisparen eres un... penalti y gol. Y nos echábamos unas risas.
Con el tiempo nos hartamos del fútbol, lo normal, y nos pasamos al baloncesto. Y aún nos reímos más, porque formamos dos equipos que siempre jugábamos igual: los serios contra los del pachangueo, que, además de reirnos más, terminábamos ganándoles. Estaba mi tiro de piedra, el tiro de espaldas de Pedro, Puny atacando a carcajadas -qu-e tío, a veces se paraba, dejaba el balón solo y se doblaba de la risa, Paco diciendo "estáis locos" mientras hacía el loco y Risitas, que era el mejor de los buenos, mosqueándose porque les vacilábamos y les ganábamos. Un día se liaron a tortas él y Pedro. Cosas entre amigos. Pero esa será otra historia.

martes, 15 de abril de 2008

Aquella serie

Un tema recurrente con el que suelo dar la murga a propios y extraños -jaja, graciosillos, ademas de la güep, que es que tenéis unas ganas de broma que pa qué- es la serie misteriosa.


La serie misteriosa es una que echaban los viernes por la tarde, diría yo, aunque no me acuerdo, a la hora del café con leche y las galletas de la merienda, lo que os contaba la semana pasada, creo. Era una cosa así como fantástica pero tengo lagunas, ya digo. De eso hace ya un tiempo, porque a ver, en mi tierna infancia ya existía la tele, que tan carcamal no soy, ojo, peor era de la tele aquella cuando sólo había os y encima eran razonablemente buenas. Que tiene tela la paradoja capitalista: a menor oferta, mayor calidad, como si fuese el mejor sueño de un soviet de la campiña checoslovaca, y si emnbargo ahora, con una cierta saturación controlada y otorgada del espectro el producto es una castaña sin posibilidad de remisión. A ver qué día a algun gobernantillo o gobernantilla le da por echarse al monte y permitir que todo aquel que tenga pasta y ganas monte una tele, una radio o lo que le de la gana, con la única condición de cumplir con la Seguridad Social y el Código Penal. Ahora me he ido de la idea.





Ésta no era. Es Espacio 1999, una serie increíble. En el cole usábamos los transportadores, que era lo más parecido que había a las pistolas de los aventureros de esa serie. Ahora que me fijo, tenía pita de bicharraco esas naves...



Resulta que era una serie de jovencitos de todo pelaje y colorín, un negro, una sueca, un gordopilo, tomo muy multitodotal, ya digo, una cosa de ciencia ficción, unos adelantados a su tiempo, que parecen jipiosos de los de ahora. No se qué les pasaba, pero había una cueva, se metían y aparecían en una especie de nave espacial, o algo parecido. Y de allí intentaban volver a sus casas o algo parecido. Luego estaba el puente de mando de la nave que era un sitio tremendo, con manivelas, bombillas y cartón piedra, o sea, como la vida misma en el espacio. Luego uno que veía desde la cueva o desde no se dónde el cottage o como le llamen por esos lares -los británicos, no los marcianos- al chalé de Benalmádena o por ahí.


Hace unos días estuvimos hablando de esto una cuasi compañera de generación y yo y algo nos sonaba, aunqe no fuimos capaces de precisar ni medio dato con sentido. Todo era me suena, me suena, pero ni idea de algo seguro. Bueno, la cosa es que con la tontería echamos el rato y que con esa misma tontería, os he colocado la entrada de hoy. Si es que alguien ha llegado aquí. Si es así, recordad, ojito con meterse en las cuevas que tienen luces raras, que o son una nave espacial o una discotecha chunga. Y si a alguien le suena, que lo comparta. Lo de la nave espacial. O lo de la disco chunga.

jueves, 21 de febrero de 2008

Geranios

Bueno, pues a ver, Mamádelpianista, que yo iba el otro día por la calle y vi en una floristería unos geranios la mar de majos, para que renovases ls del balcón y tal. Primero les pegas un tiferetazo alos otros a ver qué pasa, que luego espabilan y se ponen como la zarzamora, pero sin llorar, a lo bestia que terminan tapando media calle.


Pues eso, que pensé en lo de la Operación Geranio, que suena a asalto paracaidista de la villa de verano del Führer por fuerzas de la RAF coordiunados con la resistencia local -joer, qué pelis me monto-, cuando me vino a la mente lo del pisito de soltero que se ha montado el ministrón. Que oye, a lo tonto a lo tinto, empezó por cambiar los apliques, que si el portarrollos del papel higiénco, que es cosa fea de comentar, pero oye, a ver quién no lo usa, que si cambiamos el perchero del abuelo requeté por una cosa moderna y minimalista que luego no se sabe si es un colgador o un trozo de viga que está escupiendo la pared y ponemos una mesita con la espada toledana para abrir la correspondencia, que desde que sólo escribe ienegé y matracas por el estilo, ha perdio un interés que pa qué. Y el macetario. Eso es fundamental, cambiar la macetas. Y claro, a lo tonto, cuando el ministrón echa cuentas, se le ha puesto por un pico. Por un pico de pasta, digo, no de la obra. En un quilo s ele ha puesto la broma al pobre hombre, por ponerle una réplica de ánfora de esdas de colorines, con símil calamar petrificado y restos de mejillones paelleros. Y claro, el ministrón tiene su dignidad faltaría más, joer, pero no menos que el menda y mucho más la Mamádelpianista a ver qué va a pasar aquí. Y claro, yo que iba a regalarse unos geranios, pero viendo lo que le ha pasado al prócer, pues claro, si se me pone en un quilo, pues me cruje el presupuesto, no se si me explico.

Total que, Mamádelpianista, si quieres ponemos unas guirnaldas navideñas y a correr.

Porque claro, lo que no me puedo plantear de ninguna de las maneras, por favor, por favor, es que el minstrón nos esté metiendo una bola, que ese esté arreglando el picadero a costa del personal y que nos tome a todos por idiotas. Eso nunca, no jorobemos.

Mamádelpianista he visto en los chinos un ficus de goma. ¿Hace?

lunes, 14 de enero de 2008

El loquileto

Y ¡zas!, la Mamádelpianista que mira el escaparate que estaba señalando este Nodisparenalpianista que ahora le da a la tecla -bueno, entonces en su versión reducida y lenguatrapense- y ve el objeto de deseo en cuestión: el loquileto.

Porque resulta que la memoria es traicionera, y claro, desde entonces ha llovido un rato, poco, pero ha hecho bastante sol, y tal vez por eso, las insolaciones y tal, sustituyeron en mi neurona el sitio donde culminó la anécdota que os relato. La Mamádelpianista que me dice "oye, que fue en las Galerías Maldá". Bueno, vale, pues eso. Que enfrente de la cristalera de la juguetería esa tan estupenda, tanto, tanto que, aún ahora, si paso, no puedo evitar dedicarle unas miradillas absortas, me quedé, pegando saltos cercano al éxtasis ante la visión de aquella maravilla

El loquileto.

Supongo que en ese momento, la Mamádelpianista debió de alucinar. Porque lo que señalaba no era ni un coche de bomberos, ni un parchíis de aquellos que tenían los dados dentro de un cubilete antitrampas que giraba con una teclita, ni con los escaléstrics, ni los monigotes varios, ni el disfraz de Supermán, o Espiderman, o Bricomán, o lo que fuese. Lo que señalaba era, ni más ni menos que...


(redoble de tamor)...


un helicóptero.



No se si sería a partir de ahí lo de mi afición a los aparatos voladores. En realidad, probablemente me gustan más los aviones, aunque supongo que la experiencia de volar en un helicóptero ha de ser mucho más intensa. Y en planeador. Bueno, o en ala delta, pero ya es cosa de zumbados, como los que se tiran por un puente. Los que lo hacen atados con una cuerda, digo, los del viaducto son otra película. Bueno, cortísimometraje, el último vuelo.

O sea, que allí estaba el loquileto de marras. Supongo que al final se lo pediríamos a los Reyes, claro, pero ellos me dejarían lo de la chapa de chérif, la canana, el chaleco, el revólver y todo aquello. Un chérif en helicóptero no pega nada. En loquileto menos. Los Reyes Magos, además, sabios.

Un año, ya con la lengua en su sitio y el tamaño aproximadamente como el de ahora, crevezas más, cervezas menos, padeciendo unas rebajas o así, o turistas de todo pelaje, olímpicos, no se, se me ocurrió que en la siguiente Navidad les pediría a Sus Majestades un helicóptero Cobra con doble cañón antitanque o un Apache con los cohetes bajo las alitas para dar algunas pasadas por el centro de la ciudad, con sus tienditas y así. Yo iba insistiendo, pero ya casi me he cortado la coleta.



Ahora hace un año o por ahí, en eso que conectaba justo encima de aquí, salía lo del helicóptero y pensé que para este año, contaría lo del loquileto. A Peter, en lo suyo y en lo mío, le insistí y le di un poco la tabarra con los helicopteros. No se si fue allí o aquí que un día estuvimos a punto de dar el paso de atracar un banco o no se qué, con mi próximo helicópero y el propio Peter, además de J (punto) descolgándose por una cuerda. Esta juventud... Un plan un poco en pañales, pero que apuntaba muy buenas maneras. Hay que retomarlo cuanto antes.

Pues eso, que pensé en lo del loquileto para explicarle a Peter por qué me ponía yo tan pesadito por lo de los helicópteros. Pasó lo que pasó, ya sabéis. Y como era buena fecha, pues lo pegué el otro día. Y hoy termino de desvelar un misterio, para que el resto de lectores, que como Peter, honráis con vuestra presencia mi garito, supiéseis toda la verdad sobre esta cuestión.

Espero que os haya gustado. Y si alguien se anima a regalarme un helicóptero... o un loquileto...

sábado, 5 de enero de 2008

Queridos Reyes Magos (II)

-Dime, Nodisparenalpianista, qué le vas a pedir a los Reyes Magos -preguntó la Mamádelpianista, sabiendo que su hijo, joyita entre las alhajas, aún no lucía las artes del escribir entre sus ya abundantes e incipientes virtudes.

-Un loquileto

Y se lió, claro.
Porque a ver, listos y listas, quién me sabe decir a mi, a estas alturas del telediario, lo que es un loquileto.

Cuéntame, me preguntó la Mamádelpianista, que es eso del loquileto. Y yo que le cuento, en medio lengua de trapo, aunque ya un tanto barroca o conceptista, y por qué no decirlo, un tanto arretruecanada. El loquileto, ese verde. Vale.

A base de perseverancia, virtud propia de las madre, claro está, concluye que vi uno un día en casa de mi primo. Un día jugando con él, descubrí los secretos misterios del loquileto y sus inponderables maravillas de la técnica y por qué no decirlo, de las artes más refinadas. Sibarita cuasi desde la cuna, lo admito.
En casa del Quique, le cuento, estuvimos jugando con uno, pero claro, mi torpeza infantilona, pero que muy infantilona, me impide aclarara más datos. La Mamádelpianista que llama a mi tía Enriqueta, a la sazón madre de Quique, mi primo, el que, con lo años, se ha parecido al Bardem ese, pero en guapo y majo y mejor gente -ojo, no mucho mérito vencer en estas tres lides al tío ese, opinión, pero justa- y le pregunta que con qué jugaron los críos el otro día.

-Pues ya sabes, sacaron los coches, las cosas y todo y en medio minuto aquello era una leonera.

Bueno, igual mi tía Enriqueta no dijo leonera, pero a mi siempre me lo decían. Mola leonera. ¿A que si?
Total, que con la duda se quedó. Y ahí, dando la matraca a ver si resolvía la cosa.

Porque la cosa era, ya he dicho, que uno ya, pianístico, no sabía pegar dos letras seguidas, con lo que tenía que delegar lo de la carta a Sus Majestades los Reyes Magos de Oriente a la Mamadelpianista, así que la cosa estaba peiaguda, o se resolvía el dilema del loquileto o me quedaba con uan tanda de calcetines granates, que, dicho sea de paso, es un regalo que tiene un mal rollo que no veas. A ver si no, vulgo, a quién le apetece que le regalen tres pares de calcetines granates de canalé, pongamos por caso. Nada, ni es que a los gafapastas del fredperry.

Bueno, pues en esas estábamos, que la Mamádelpianista que no resuelve las dudas, mi tía Enriqueta a por uvas y mi primo Quique creciendo por todas partes hasta hacerte un tiarrón de campeonato, la envidia de todos los del lugar. Y el loquileto por ahí.

Las cosas de la Navidad de por aquí. Que en una calle, llamémosle avenida o Vía grande, que montan una feria los jugueteros, para que los críos viésemos las cosas y puiésemos pedir, con conocimiento de causa, a Sus Majestades. Y para allá que vamos, con las ganas de ver trenes eléctricos, cosas de mayores, puzles incomprensibles -siempore he sido poco paciente para esas cosas- y Airgam Boys, que molaban más que los clics, unos negados que no movían ni las manos ni los pieses. y llevaban peluca.
De pronto, en aquella tarde de color gris claro, frío e ilusionado, con olor del naranja del boniato tardío, rosa del algodón de azúcar ese que ahora no me acuerdo de cómo se llama y gélidamente claro como el neón ese que va del azul al verde, que se me corta el aliento mientras tiro de la mano de la Mamádepianista y grito mientras señalo, o señalo mientras grito:

-¡Un loquileto!







PD: Peter, te debía esta entrada. La pensé para los Reyes de 2008, o sea ahora. Luego, pensé en adelantarla, para que la leyeses. Luego, volví a pensar, te la escribiré cuando toca, o sea, para Reyes de 2008.
Luego me manda un mensaje Regi y me cuenta. Pobre Peter. Y pienso: tenía razón, era para Reyes de 2008. Hoy la cuelgo. Espero que te guste. Supongo que ahora entenderás mi pasión por los loquiletos. Casi literaria.
Hasta la vista, amigo.

sábado, 15 de diciembre de 2007

Tiempo


Rápido, rápido, que me parece que era una peli de Saura, o así, o de Camus, que tiene una que se llama Taxi, pero que no es Taxi Driver, que es una de un señor que mira a un espejo y le dice cosas, que me recuerda a Borges, no el señor que dice cosas, sino los espejos, que ya ves tú como teniendo nombre de aceite puedes llegar tan lejos en las letras, que un buen aceite te alegra la vida y suena muy bien cuando esá muy caliente y echas el huevo y te sale con puntillitas y que se lo pones a un crío y te dice "con esas cosas marrones no lo quiero" y tú alicinas porque has estado a punto de abrasarte la mano para sacar los ajos, porque si antes fríes un diente de ajo picadito le da un gusto que no veas y a mi me gustan las espátulas de madera, de madera de boj mayormente que es un arbustillo verde y amarillo -vaya me salió una rima- que siempre me ha resultado simpático, porque hay cosas raras que me despiertan la simpatía como el boj, la madera de boj, el número cinco, el color naranja o la gente que se ríe sola cuando camina por la calle en la Gran vía, pongamos por caso, que antes se decía frenopático que es palabra lúgubre pero simpática como la propia palabra lúgubre y como las telarañas, que si no fueran una gorrinada serían estupendas, porque un rosal con telaraña grande, limpia y brillante l sol, con un poco de olor del primer humo de la madera aún húmeda me trae los inviernos antiguos.

Rápido, que no tengo tiempo de guepear.

Hasta luego.

lunes, 26 de noviembre de 2007

Jugando a los dados

Bueno, pues aquí aburriéndome un rato. Anduve viendo algo en la pantalla y echñé mano del Google, que es una cosa útil según cómo, porque tanta información termina por contaminar. Nada de cambio climático, ojo, pero al final, si no vas con cuidado, terminas frito igual. Pero no multimillonario. Bueno, no era eso.



Era que, ya decía, estaba un tanto aburrido. Y comencé a juguetear a ver qué sacaba del Google. Y estas tontadas fueron las que recopilé después de jugar un poco a los dados con las letras.


Yo me figuro una excavación en un yacimiento en el que uno busca información de los antiguos. De pronto, un investigador que se escaquea y le trincan. Y va el tío y suelta la excusa más tonta que se le ocurre, para no dejar la nintendo:

O leo o goleo.

Como es un moderno un poco torpe intenta irse con viento fresco acusando su derrota:

Eolo le goleó, olé.

Pero en realidad miente como un bellaco, puesto que cuenta con la colaboración de un italiano que también anda excavando algo y que leda ideas para confecionar su equipo de fútbol, desde el nombre al escudo:

El egeo le legó el logo.

Finalmente su jefe se mosquea y le plantea un últimátum:

Geologo lego, o lee o le goleo.

Con lo que concluyo o que Google es tóxico o que yo necesito vacaciones.Voto vacaciones.

Pero antes, me quedó tiempo para una postdata antes de terminar, sin duda con una victoria, porque...

martes, 20 de noviembre de 2007

Mortadelo y Rompetechos

Echo cuenta de los libros que tengo firmados y resulta que el primero que tengo es uno de Mortadelo y Filemón. Francisco Ibáñez, el dibujante, veraneaba en la misma urbanizacón que la familia Pianista. En la fiesta mayor, solía donar algunos tebeos para que fuesen entregados como premios para las competiciones de los chavales, no se, una copa, una medalla y un tebeo. Yo nunca participaba, porque me daba bastante vergüenza y porque no me iba mucho la cosa deportiva. Jugaba al fútbol, como todos los chavales, pero no en los equipillos de competición, sólo en pachanguitas y así. Me gustaba la bici pero no las yincamas ni la llamada Subida en Cuesta, que era, como si dijéramos una contrarreloj que consistía en subir una calle en una pendiente muy pronunciada, bajarla por el otro lado y terminarla empalmando con la siguiente calle, otra cuesta aún más burra que la anterior. Anda ya iba a subirla yo, con este espíritu que siempre he tenido de gentleman. Si aún hubiese sido a caballo...

No, no es mala calidad de la foto.
Es que tiene la tira de años y solera, el pobre tebeo.
De hecho es el que peor ha conservado el color de la tapa.
Qué cosas...

Y además había trampa. la familia Pérez, con sus dos hijos participando y los papás haciendo trampa, que una vez pillaron a la madre, cronometradora de lo de las bicis, parando el reloj a media cuesta cuando llegaba su hijo, para que pillase medalla. Se lio un pollo tremendo, claro. Un hijo que tuvo catorce años lo menos un quinquenio seguido, para no cambiar de categoría de manera que siguiese vapuleando a sus infantes rivales. Qué tramposos. Yo era amigo del pequeño, que era un poco pesado. Sus papis pasaban de él, pobrete. Pero tramposo era, si.

Una vez participé en el concurso de redacción. El tema era el de los Juegos Olímpicos. El jurado era el cura de la parroquia y mi madre, que no leyó mi redacción para que nadie insinuase pucherazos o tráfico de influencias o cosas de esas. Ese año gané y me dieron una copa estupenda. Copa de trofeo, quiero decir, que yo tenía nueve años o así. Me felicitaron porque daba muchos datos como que en los Juegos antiguos, se paraban las batallas mientras se celebraban. Algún tebeo o algún libro me darían también. Ese año también participé en el de dibujo y fracasé con estrépito. Es que me sacan de los monigotes y estoy abocado al fracaso más absoluto.

La cosa es que sería ese año, sería otro parecido, por allí andaba Ibáñez, como la estrella de la urbanización que iba a ver las cosas y tal. Luego le liaban creo, y daba un premio y se volvía a ir a su casa. No era lo más sociable del mundo, tampoco. No me extraña, trabajando como trabajaba para los negreros de Bruguera, grandes divulgadores de las letras pero chorizos como pocos. Como aquí uno es mayormente timidillo y vergonzoso, pues me quedaba parado cuando llegaba por allí el papá de Mortadelo, Pepe Gotera y el Botones Sacarino. Ibañez es como Rompetechos. Él lo dice, y es que es verdad: cegatón, calvorota, despistado y simpático desde su extrañeza. Venga va, me decía la Mamádelpianista, acércate que te firmará un tebeo. Yo, pequeñajo tontorrón, escondido en un rincón. Qué pareado más tonto. Es que se me sale la poesía por las costuras. Total, que me dio me llevó de la mano a rastras y me puso delante de la gran estrella. Camino de casa, era posible ver a la gran estrella en camiseta imperio cavando las petunias o los tomates, con lo que el mito olímpico, del Olimpo de las estrellas literarias, digo, era fácilmente derrumbable. Así que al final me firmó cariñosamente un ejemplar y me fui de allí más contento que unas castañuelas.
Luego me han firmado algún que otro libro más, pocos, la verdad, porque mi mitomanía tampoco llega tan lejos, aunque les tengo especial cariño, como es normal.
Lo que me he reído leyendo Mortadelos. Y lo que me río cuando, de ciento a viento los repaso. Un monumento a Ibáñez, ya.

martes, 30 de octubre de 2007

Aún hay clases

Teníamos, además del libro de inglés, una especie de revistilla, impresa en un papel malucho que olía fatal, con reportajillos, pasatiempos y cosas así para hacer actividades y tal. O sea, como fichas pero en forma de revista, para hacerlo un poco más entretenido. Los lectores-usuarios ya un poco polloperas, no estábamos para fichitas y para chuparnos el dedo, jolín.
La cosa es que en una de esas revistillas de colorinajos llevaba una pequeña información sobre el nuevo grupo que encabezaba un tal David Coverdale. Al parecer, el melenudo de la foto cantaba en un grupo, pero se medio fue o le medio echaron y ahora había montado otro que se llamaba Whitesnake. Serpiente blanca, Menudo repelús.






Tanta laca, tanta laca, media capa de ozono refrita cada vez que actuaban. Os pilla el Gore y os da dos tortas que pa qué.


En realidad todo era un rollo para que hablásemos en inglés. ¿Crees que con su nueva banda David Coverdale tendrá el éxito que tuvo con su grupo anterior? Yesaidú. ¿Güai? Joer, pues no se. ¿Porque no se peina? ¿O porque se peina demasiado? Porque, claro, de Whitesnake no teníamos ni idea los pipiolos que allí estábamos sudando la gota gorda para hacernos entender.El inglés es raro. Bueno, puede que el inglés no, pero la forma de enseñarlo si. Aquello de que no hubiese una gramática para consultar, que todo fuese lisen and answer, que no hubiese reglas que aprender, pues no se, era raro. De una gente que enmoqueta los retretes no se puede esperar nada bueno. Y sin embargo, empezábamos a saberlo todo sobre David Coverdale.

También me acuerdo de aquel profe que jugaba a la ruleta rusa. Un turno de preguntas y respuestas para toda la clase. Si errabas, te saltaba el turno hasta la vuelta siguiente. Sacaba un llavero de esos de anilla que van tan bien aunque estén un poco demodés. Cogía la llave amarilla gorda aquella, que parecía de puerta de claustro lo menos, y cliclic. ¿Jagüaryú? ¿Um? ¡Cliclic! ¿Jagüaryú? Em...¿yes? ¡Cliclic! ¿Jagüaryú? !Fainzacs! Y hala, ese adelantaba. A mi me ponía malo. Un día se lo dije, que me ponía de los nervios. ¡Venga aquí! Uy, más nervios aún. Me acerco a la mesa, frente por frente. Saca la llave de marras y empieza a preguntarme. ¿Duyulaictí? Y le contesto. ¿Güay? Y le vuelvo a contestar. ¿Guatduyuprifer, tiormilc? Y sigo. Lo ves, me dice. No son nervios, es que no te lo sabes. Si te lo sabes, contestas bien. Acabas de hacerlo.


Bueno, si, vale, pero siempre me he puesto de los nervios con esas cosas y he terminado trabucado. Pero la ruleta rusa estaba bien: te obligaba a responder casi sin pensar, o mejor dicho, sin traducir; directamente, mejor o peor pero siempre directo, en inglés.


A pesar de todo, sigo si verle la conexión a David Coverdale y a la gramatica. Cosas del Continente.

martes, 9 de octubre de 2007

El bautizo de Marc

¿Os acordáis de Marc? Os lo recordaba el domingo, precisamente el día en que celebramos su bautismo.

Bueno, fantástico, estuvo la mar de tranquilito, con un pequeño conato de bronca transformado en dulce sueñecito en brazos de su papi. El personal, que le miraba, todo estupendo. Raimon, el eterno bautizador de la familia, ofició estupendamente, nos recordó el valor de los símbolos en el rito, nos fue explicando el por qué de cada cosa y se le vio lo que sabe después de toda la vida enseñando. Para los bises, como si dijéramos, cogió al bebé Marc en brazos y le dió las gracias por ser señal de la presencia de Dios, por la reunión de la familia y amigos, ypor ser promesa y esperanza de futuro. Me gustó lo que dijo sobre los papis, que son optimistas, porque ponen hijos en el camino cara a un futuro que esperan mejor. Bueno, más o menos, porque Raimon de vez en cuando se merece unos subtítulos, que va a su aire y, o hace veinte años que le conoces, o no le sigues.
Memorable fue el momento en que avisó a los del fondo de que había sitios libres a su alrededor. Y allí que nos fuimos sus exalumnos aguantándonos la risilla viendo que los años no pasan y que Raimon sigue dispuesto a sacarnos los colores con tal de tenernos cerca. Y encima a las chicas les quita años: "tú tendrás... veinticuatro, ¿no?" Todo un caballero.
Marc ni lloro con el agua, todo un crac. Los papás y las nenas nos dijeron unas palabras, le echaron fotos, les aplaudimos -a instancia de Raimon, inédito, el cura animando a la claque- y nos emocionamos un ratito. Todo estupendo. Y cuando termina, me dije Joan: "ahora, antes de que bajen, yo me escapo a ver el cole". Bueno, vale. Y Helena me dice algo parecido. Total, que formamos un comando de cuatro, con Cristina y este Nodisparenalpianista que les cuenta, en busca de las aulas perdidas. Y comienzan las batallitas.

Que si yo sólo me se los pisos desde el tercero hacia abajo, porque llegué en sexto, que si los cristales de las puertas los han cambiando, peor los pupitres siguen siendo estilo nigeriano, que si el voto de pobreza es lo que tiene ¿os acordáis de la calefacción que nunca tuvimos?, ¿alguien sabe forzar cerraduras para entrar en las clases?, allí estaba el museo, donde tenían aquel gorila disecado, asqueroso y feo, ¿no estaba allí? no, allí el de los pajarracos, ¿y la mesa de pinpón?, joer que eso era enfrente, en el edificio de BUP y COU, ay, yo es que de esto me acuerdo a trocitos, es que te haces mayor, guapa. Pues Raimon dice que tengo veinticuatro. El otro.
Joan que se pone a buscar la orla, todo un clásico en las rutas de exalumnos por el cole. Yo aún no entiendo por qué, pero para mi que juegan a las sillas musicales, pero con las orlas; así que de año en año las cambian de sitio. Total, que como para estas cosas es un hacha, Joan la encuentra en el pasillo del primer piso, en la zona de aulas de octavo. Recuerdo que aquel fue un gran año. Lo pasé muy bien, aquel año y los siguientes. Suena muy bien el piano.

Cosas de la tecnología, la vamos a liar: ¿nos hacemos una foto delante de la orla? Vale, ni uno con cámara. Pues con el móvil. Con un par. De móviles, digo. Y comienza la tontada, oye que no cabemos, hay que apretarse mas, que esto no se ve, tralará. Intentamos secuestrar a algún invitado, pero no cuela con el abuelo de Marc, que anda atrapado por su hermanita Blanca. Al final oigo que baja otro y resulta que son Marc y su papá Paco. Joer, les digo, este no nos vale, que va con niño y ha de salir en la foto. Al final le lio y nos metemos los cinco en la foto, apretujadillos y troceados, pero la cosa resulta divertida. Marc no sale en la foto, porque aún no es exalumno del cole. La veteranía, que es un grado, y al que no le guste, pues que se haga anarquista, jolín.

Lo del fondo es la orla, palabrita.

Los de delante, pues... los orlandos

Después de la sesión de fotos caótica, desmelenada y divertida, nos vamos a dónde la cosa alimenticia, y nos lo pasamos de miedo. Con un poco de suerte rehacemos una buena amistad, con otra, montamos un cenorrio pendiente y con otra poca más, se irán arreglando algunos problemillas que hay por ahí. Raimon dice que Marc dará fuerzas. Y yo me fío de los dos.