El arbolito mide ya medio metro. Pero anda pachucho.
Resulta que el arbolito, que no es un arbolito, lo trajo un día, hace ya la tira de años, laHermanadelPianista cuando era una macetita de setenta pesetas, o doscientas, no se, pero aquí, chiquita, en plan cactus enanito, no se si me explico. La MamádelPianista cuidaba el maceterío con singular fortuna. Crecían las plantas con alegría excepto los potus, que no sabemos por qué, pero que los fulmina. Y mira que el potus es lo más resistente, gitanorro, con perdón, que se cae al suelo y prende, Pues nada, que los dejaba tiesos. En fin.
el arbolito no era arbolito aún, pero crecía con alegría, olé, olé. Hasta que un día hubo que trasplantarlo, en plan bricomán, y nada, que siguió creciendo. Una vez estuvo muy pachucho que le alía una especie de cosa blancuzca a modo de rebabilla, asquerosita y pegajosona que se iba a los brotes más tiernos, anda que no sabía el virus mutante extraterrestre. Total que se quedó medio pelado y ya hacíamos planes con el macetero pero por si acaso, lo dejamos a ver. Y el tío revivió.
Tres bricomanes podando la macetita que les trajo su Tata. Por desgracia al de enmedio se lo comió el arbolito. Carnívoro,a ver si no, con esa bocaza.Con los años echó dos pedazo de ramas tremendos. Un día me decidí a apañarlo. Con una sierra de marquetería le corté la rama baja y chunfa, le repelé los esquejes que replanté en una jardinerita amplia y fea y le di forma de árbol a la otra rama, pelando todos los brotes hasta unos cincuenta centímetros y a partir de allí las otras ramas a modo de copa. De perdidos al río.
Y resistió.
Y con uno de los esquejes hice una macetilla para llevarme al trabajo, metida en una vieja taza de café reciclada en macetita -mucho tiempo libre, si, lo admito- que arraigó y que nunca llevé al trabajo, no fuese que palmase allí.
Llevamos desde octubre o así con obras en la fachada. Hay que vaciar los balcones, o sea que el bosque para dentro. Como la floresta se había quedado muy perjudicada, le hacemos un plan renove y nos quedamos la palmera, el árbol, la maceta de la taza, o sea, el hijito del árbol y le endoso a la MamádelPianista la jardinera fea con los restos del arbolito bonito.
Yo no se si por la humedad, el calor, el frío, el sustrato o las pijadas del bricomán del azadón, la cosa es que al arbolito se le han ido cayendo todas las hojas. Yo para mi que está triste por no estar en su balcón, por verlo desde detrás del cristal y por el barullo que arman los de la fachada, que son ruidosos y guarrotes, lo normal. La cosa es que se le han ido cayendo las hojitas, todas todas y apenas le rebrotan las nuevas. La Txispi dice que tururuú, que mejor lo tiremos, pero yo le conozco. Le conozco y se que no ha dicho la última palabra. La semana pasada le pude sacar cuando se fueron los paquis de la fachada, día y medio fuera y le rebrotaron algunas hojillas. Pero como van con retraso -para Navidad esto está terminado- ahora trabahan también el fin de semana y no puedo sacarlo. Deben de quedarle seis hojitas, pero yo creo que con ellas se basta y se sobra. Que es un campeón y que va a luchar hasta la extenuación. Le doy poca agua, no sea que le encharque o que le de flato. Mientras, a ver si terminan los de las obras. A mi no me da la gana rendirme, y a él tampoco, así que seguiremos. Porque yo no entrego un bosque así como así.
Y ya está.











