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lunes, 20 de febrero de 2012

El arbolito


El arbolito mide ya medio metro. Pero anda pachucho.
Resulta que el arbolito, que no es un arbolito, lo trajo un día, hace ya la tira de años, laHermanadelPianista cuando era una macetita de setenta pesetas, o doscientas, no se, pero aquí, chiquita, en plan cactus enanito, no se si me explico. La MamádelPianista cuidaba el maceterío con singular fortuna. Crecían las plantas con alegría excepto los potus, que no sabemos por qué, pero que los fulmina. Y mira que el potus es lo más resistente, gitanorro, con perdón, que se cae al suelo y prende, Pues nada, que los dejaba tiesos. En fin.
el arbolito no era arbolito aún, pero crecía con alegría, olé, olé. Hasta que un día hubo que trasplantarlo, en plan bricomán, y nada, que siguió creciendo. Una vez estuvo muy pachucho que le alía una especie de cosa blancuzca a modo de rebabilla, asquerosita y pegajosona que se iba a los brotes más tiernos, anda que no sabía el virus mutante extraterrestre. Total que se quedó medio pelado y ya hacíamos planes con el macetero pero por si acaso, lo dejamos a ver. Y el tío revivió.


Tres bricomanes podando la macetita que les trajo su Tata. Por desgracia al de enmedio se lo comió el arbolito. Carnívoro,a ver si no, con esa bocaza.

Con los años echó dos pedazo de ramas tremendos. Un día me decidí a apañarlo. Con una sierra de marquetería le corté la rama baja y chunfa, le repelé los esquejes que replanté en una jardinerita amplia y fea y le di forma de árbol a la otra rama, pelando todos los brotes hasta unos cincuenta centímetros y a partir de allí las otras ramas a modo de copa. De perdidos al río.
Y resistió.
Y con uno de los esquejes hice una macetilla para llevarme al trabajo, metida en una vieja taza de café reciclada en macetita -mucho tiempo libre, si, lo admito- que arraigó y que nunca llevé al trabajo, no fuese que palmase allí.

Llevamos desde octubre o así con obras en la fachada. Hay que vaciar los balcones, o sea que el bosque para dentro. Como la floresta se había quedado muy perjudicada, le hacemos un plan renove y nos quedamos la palmera, el árbol, la maceta de la taza, o sea, el hijito del árbol y le endoso a la MamádelPianista la jardinera fea con los restos del arbolito bonito.

Yo no se si por la humedad, el calor, el frío, el sustrato o las pijadas del bricomán del azadón, la cosa es que al arbolito se le han ido cayendo todas las hojas. Yo para mi que está triste por no estar en su balcón, por verlo desde detrás del cristal y por el barullo que arman los de la fachada, que son ruidosos y guarrotes, lo normal. La cosa es que se le han ido cayendo las hojitas, todas todas y apenas le rebrotan las nuevas. La Txispi dice que tururuú, que mejor lo tiremos, pero yo le conozco. Le conozco y se que no ha dicho la última palabra. La semana pasada le pude sacar cuando se fueron los paquis de la fachada, día y medio fuera y le rebrotaron algunas hojillas. Pero como van con retraso -para Navidad esto está terminado- ahora trabahan también el fin de semana y no puedo sacarlo. Deben de quedarle seis hojitas, pero yo creo que con ellas se basta y se sobra. Que es un campeón y que va a luchar hasta la extenuación. Le doy poca agua, no sea que le encharque o que le de flato. Mientras, a ver si terminan los de las obras. A mi no me da la gana rendirme, y a él tampoco, así que seguiremos. Porque yo no entrego un bosque así como así.
Y ya está.

lunes, 7 de marzo de 2011

La guerra franco-prusiana

De la guerra franco-prusiana recuerdo que a los alemanes les iba un poco mal hasta que un día cambiaron las tornas y se plantaron en París, se anexionaron la germanófona Alsacia- Lorena y dieron el empujón definitivo a la federación de los estados alemanes del sur, de modo que nació Alemania como, más o menos, es hoy en día. Además, tras esa fulgurante victoria, se constituyó la Triple Alianza, que le daba a la naciente Alemania la hegemonía en Europa. Como dicen los geoestrategas, quien domina los Sudetes, domina Europa. Eso, en las siguientes guerras europeas y mundiales fue extrañamente, casi de modo oculto, una afirmación cierta.

Ese triunfo le permitió a Alemania consolidarse como una potencia económica y política, industrial en pleno proceso de revolución continental. La transformación en Estado consolidado y la recreación económica en país industrial fue la base de lo que siguió siendo Alemania posteriormente hasta el día de hoy.

Para conmemorar aquella victoria, Bismark, el Kaiser, el Estado construyó un monumento conmemorativo construido con la fundición de los cañones franceses. Es la Victoria alada que, desde una columna, en el centro de Tiergarten, eleva el laurel de los ganadores a la vista de todos los berlineses. En la cosa icónica que nos toca vivir, esa Victoria alada es refugio de los ángeles que Wenders nos cuenta en Cielo sobre Berlín y que ahora ponen en muchas publicidades de viajes a Alemania. Al parecer, los berlineses, bastante irónicos y jocosos con lo suyo, se tomaban bastante a pitorreo ese símbolo de su unificación nacional ahora que las victorias –exceptuando las futbolísticas- están tan mal vistas. Sea como fuere, yo la encuentro preciosa.

lunes, 9 de febrero de 2009

Zero en Alexanderplatz

Esto fue en el cogollito del Berlín rojo, con los ecos de Franco, en Berlin Est, Alezanderplatz, aufbidersen, y habá nieve, pero no, porque era verano, poero me la imaginé, cerca de lo que queda de la iglesia aquella que resisitió, hecha trocitos, a los bombardeos del Ejército Rojo cuando entró a sangre y fuego en la capital del Tercer Reich. Ay de los vencidos, si.

Frente a la maltrecha iglesia hay un templo protestante, creo, que parece, desde dentro, una nave espacial. Las celosías como con cuadraditos de cristales de colores. Deja entrar muchísima luz, pero tamizada en color, ya digo, aunque el templo permanezca casi a oscuras. Hay un Cristo enorme y mucha, mucha gente, en silencio. Bueno, al menos cuando estuvimos. Claro, todo es invita al recogimiento, por tarugo que sea uno. Invitaba al recogimiento, al reencuentro, jolines, que somos seis y peleados, como tontos, pero a la hora de la verdad, estamos siempre juntos, que es que hay veces que parecemos idiotas, joer, y no nos lo decimos. Bueno, eso, o sea, hermoso.
Lo cual que íbamos por allí, caminando por aqule lío de aceras, carriles bus, ciclistas, peatones y turistas, vendedores de medallitas falsas y buscadopres de ayuntamientos rojos, pero por el ladrillo, no nos confundamos. Y una nena, una fraulein o como se diga, que nos extiende el brazo y nos da unas botellas. La HermanadelPianista, la MamádelPianista y yo mismo, que no entendemos, pero agarramos el frasco. ¿Y eso? Es como una botella de cocacola pero que se llama zero con zeta. Lleva una etiqueta negra muy bien diseñada y un logotipo sencillo y bonito. Lo simple, ya se sabe. Leemos la etiqueta y por si acaso le preguntamos a la fraulein si es sugar free o qué. Ya, ya, no sugar, ya, danke, danke, dice sonriente. Pues vale. Otra cosa no tendrán, pero es que estos doches son más majos que las pesetas.


Zero es nombre de avión japonés y de disco
-vaya cuatro perlas, ahora que uno les ve con perspectiva- post-rock, por así decirlo . Suena bien, si. Estos tíos saben mucho

O sea, como una light, pero con otro nombre.
Como la MamádelPianista no puede tomar azúcar, pues andamos con ojo, a ver si no. Y bueno, o de la cafeían, pero Mira, ya que el Pisuerga pasa por donde tiene que pasar y tengo sed, le doy unos tragos y a vivir. Oye, pues sabe a cocacola, buena y tal. Y muy bien. Y sigue el paseo vespertino por allí, camino del Checkpoint Charlie, que queda cerquita del hotel. Oye, lo grande que es y que es complicado perderse.
Sander me contó cuando cruzó el muro cuando aún había Berliner Mauer, una vez que iba a ver una especie de obra de teatro en un local social, una especie de garito ocupado, con guardias cacheando y preguntándoles por separado por si no iban a lo que iban, los muy jipis.
, mucho.Me lo imagino entre nervioso y chistoso y los otros con la metralleta contemplando que lo de la decadencia de la burguesía su aquel debía de tener, visto lo visto.
Y luego he ido aficionándome a la zero. Bueno, muy de cocacola no soy, esa es la vedad, pero me gusta, moderadamente, como a todo el mundo, poco más o menos. Así que si se tercia, me tomo una sin azucarín, que hay que cuidar el tipito. ¿Zero? Pues zero, buen hombre, lo que usted diga.
Y mira, con el tema me he acordado de la Alexanderplatz que no es mal sitio para dejar ir a las musarañas en esta tonta mañana laboral. A ver.

miércoles, 28 de mayo de 2008

La filarmónica

Hace unos días escribía sobre Hans Sharoun y el edificio de la Filarmónica berlinesa, que en aquel momento estaba en llamas. Según dicen, es uno de los espacios con mejor acústica del mundo. En su día, lo inauguró Karajan, y sigue siendo un lugar de referencia para los melómamos de todo el mundo.
Bueno, pues buscaba fotos mía spara ilustrar, pero por cuestiones técnicas, no las tenía amano, así que tiré de una de la Biblioteca Hans Sharoun que, dicho sea de
paso, luego cambié, porque era casi idéntica a la que ya puse tiempo antes en una entrada que dejé lincada allí. Lincada suena fatal. ¿Se os ocurre cómo podíamos decirlo? ¿referenciada? ¿encadenada? No se.

Pues he tenido medio tiempo, así que les pongo un poco de pegamento y os las dejo aquí.


Sigo pensando en Berlín, una ciudad fascinante. Otro día más cosas.


Esta es la entrada de la Filarmónica, con ese tremendo voladizo a modo de peculiar visera. Hube de retirarme bastante para meterlo en la cámara, incluso con el objetivo de 19 mm.

Desde detrás, otro alzado de la Filarmónica.Se ve que lo eliminar la simetría para coordinar los volúmenes no es cosa de los nuevos autores de museos. Puro talento arquitectónico para mayor gloria de la acñustica y del lacer musical. Arte llama arte.



La entrada de la Biblioteca de Berlín. El estilo es el mismo, el espacio. muy próximo. Tengo alguna foto más divertida frente a la Biblioteca, pero esas sólo las pegaré a partir del octavo cubata.

miércoles, 21 de mayo de 2008

Berlín en llamas

Hans Scharoun fue un arquitecto alemán, creo que judío, que nació a finales del siglo XIX. Tras la Segunda Guerra Mundial y en una Alemania devastada, confeccionó un plan para remodelar urbanísticamente el Berlín que aún estaba en pie a este lado del Telón de Acero y diseñó las grandes líneas de la nueva ciudad. De su ingenio surgió una isla de edificios al estilo de la de los museos, llamada Kulturforum, cerca de Tiergarten, el jardín de los tilos, en donde destaca la imponente Filarmónica de Berlín que, entre nosotros, vista desde fuera parece que esté recién recubierta de fibra de vidrio, ese aislante que tanto pica si se toquetea. Frente a ese edificio se erige la Staatsbibliothek, la Biblioteca del Estado en Berlín, que en su honor lleva su nombre y que acoge unos tres millones de libros, aproximadamente. La idea, al parecer era hacer una gran línea de edificios e instalaciones culturales más o menos a lo largo de la ribera del río Spree, desde la Isla de los Museos hasta allí, pero la construcción del nefasto Muro partió por la mitad ese proyecto. De todos modos, a partir de los sesenta y tantos, se fueron levantando los edificos del Kulturforum.
De esa biblioteca que tanto me fascina, escribí una vez sobre la aventura que supuso visitarla. Un sitio lleno de libros y de ángeles es buen lugar para perderse, aunque no dejen hacer fotos y pese a que no se entienda nada.


Estaba preparando un texto para la güep y leo que la Filarmónica de Berlín, obra maestra de Scharoun está ardiendo como una cerilla. Es una pena. Pero la visa es así y lo alemanes también: si han sido capaces de reconstruirse varias veces en los últimos siglos, la Filarmónica nunca arderá del todo.
Os recomiendo, una vez más el Cielo sobre Berlín. Y que la apaguen pronto.


Esta es una imagen del interior de la biblioteca, extraída de aquella manera, pero todo fue en aras de la estética. Mil perdones, mis admirados berlineses.

Como meta, la arquitectura debe proponernos la creación de relaciones nuevas entre el hombre, el espacio y la técnica, dijo Hans Scharoun

lunes, 16 de abril de 2007

Lo que queda del Muro


Porque viene a ser esto de lo que se trata. Del Muro original y que rodeó al Berlín aliado, se dejó en pie casi un quilómetro y medio en el barrio de Fredrichstrasse en una zona del Este profundo. Al parecer, por iniciativa de una especie de agitador cultural, el fragmento que ahora se conoce como East Side Gallery se restauró y se conservó como muestra de lo que había sido el muro berlinés y de la reacción popular (curiosamente por el lado no popular, sino federal, qué cosas) al pintarlo con todo tipo de grafitis alusivos en tono tragicómico al conflicto berlinés.
Hasta aquí todo estupendo, fantástico.
Y claro, uno se acuerda del beso aquel un poquito así entre Breznev y Honecker, del Trabant que hacía reventar la tapia, o de las caritas aquellas de colorinajos. Y bueno, del deseo a la presunta realidad, es lo que hay. Lo alemanes, siempre tan cuidadosos, tan limpios, tan detallistas, en esta ocasión parecen tan interesadamente olvidadizos y despreocupados como en algún que otro asunto.
La East Side Gallery es una vergüenza. El Muro lo han agujereado en tres sitios para dar paso a hoteles o a garitos un poco tenebrosos cerca de la playa artificial del Spree. Los dibujos y pinturas están llenos de garabatos y monigotes. Claudia ti amo, Osasuna Champions League 2006, cursiladas como “Nunca más muros” y demás idioteces, la mayoría de los cuales en alemán y otros idiomas incomprensibles. Claro, los dibujos originales están hechos papilla. Además, las inclemencias del tiempo los han ido deteriorando y sólo de vez en cuando se pueden apreciar los mejores trabajos originales o los nuevos con un poco de claridad.
La ciudad de Berlín trabaja en un proyecto de zona verde, paseo junto al río, o playa artificial en el que los resto del Muro serán la barrera que separa la zona verde de las calles y su ruidos tráfico. Estupendo. Pero al paso que va, o lo restauran pronto o van a tener que poner unas paredes de pladur. Cuesta creer que el mismo Ayuntamiento que reedifica media ciudad en diez años es incapaz de ponerle unos toldos y unas vallas de separación o unos cristales para tapar un Muro que continua siendo uno de los principales motivos turísticos de la ciudad.
Y por si fuera pequeño el número de catetos autóctonos, en la pintura de un autor que firma junto a su nombre “Catalunya, España” los carpetovetónicos se dedican a tachar el nombre de su fijación freudiana. Cada cual de la suya, por descontado, que en eso de la memez, el empate está garantizado.
Cada día que amanece, el número de tontos crece.

martes, 27 de marzo de 2007

Noticias de Eurabia


O algo así.

Saliendo del metro de Postdamer Platz vemos una concentración de coches de la policía y un grupo de gente mirando. Un cierto revuelo, turistas españoles preguntando que qué pasa. Puede que otros turistas también pregunten cosas parecidas, pero no se les entiende, claro.
Total, y yendo a la chicha del asunto, al parecer hay un bulto sospechoso en el metro y están abriendo un espacio de seguridad alrededor de la principal boca de salida. Por las otras, sorprendentemente, la gente entra y sale sin novedad. De hecho, acabamos de sdalir por una de ellas de un modo completamente ordenado y sin ningún control aparente, al menos.
Los Polizei se concentran y extienden, en sucesivas ocasiones, el perímetro de seguridad. Entre la gente que va y viene veo a unas mujeres tapadas de pies a cabeza, que sólo muestran sus ojos y que empujan cochecitos de bebés. Eurabia, como dice aquella, está perdiendo esta guerra.

El miedo, el terror (que es lo que persigue el terrorismo, más que la victoria; que les temamos siempre, incuso una vez vencidos) lo sufrimos nosotros, mientras esas tontas no son capaces de darles dos bofetadas al moro y de tomar las riendas de su existencia. Y por decirlo me llaman racista. O intolerante, o algo así. Curiosa paradoja que en el país donde probablemente cualquier manifestación intelectual contra los judíos está severamente castigada, están arraigando no sólo barrios árabes, islámicos o, para entendernos de moros, sino que esos pueblos de “culturas” tan profundamente antisemitas y anticristianas están consiguiendo que sus mocitas se sigan dejando esclavizar por mor de unas presuntas creencias que, encima pretenden que nosotros respetemos.

Pero estamos en la de siempre, que no todos sonn así, que unos son majetes, que los otros ponen bombas que unos bien, que otros fatal que por precaución, que cállate la boca o te meten una denuncia que te funden. Y claro, cuando uno piensa que estos son los más avanzados y siguen permitiendo a las nenas que vayan marcadas como el ganado por la calle, me hago cruces, con perdón de los progres escandalizados , de la que se nos viene encima. Y de la que se os viene a vosotras, majas.

Y los de la cosa nostra, y de la cosa suya, o sea, lo de los ciudadanos alemanes a sus asuntos, por supuesto.Y por su presupuesto.








Yo a esta foto le veo varias cosas raras, así, al detalle (espero que al colgarla de aquí se vea medio bien). Y no soy el único: el tío de la derecha, el de la camiseta inglesa, que está como unas maracas para ir de calzón corto en un día de verano de entre diez y quince grados, echando largo. La especie de Rossy de Palma del letrerón de publicidad. El desorden de la gente cruzando el semáforo, Alemania ya no es lo que era. El que el fotógrafo haya usado el blanco y negro, al precio que está.

¿Encapuchadas? Pero si teníamos que estar acostumbrados, aquí es un canto a la paz y al esclavismo, ¡quisquillosos!

miércoles, 21 de marzo de 2007

El letrero que hay sobre el Bundestag


En el friso sobre la puerta del Bundestag hay un letrero que reza algo así como “Para el pueblo de Alemania”.
(Nota fotográfica: se ve oscuro, lo se, pero es que quise jugar con el efecto de las nubes y de la bandera que cuando tenía que ondear, pues no ondeó lo suficiente. Claro, o te ponen un grupo electrógeno, o repites la foto quice veces o te quedas con lo que hay y lo resulelves de la mejor manera posible. Y yo, la verdad, entre una nube bonita y una chorradica en alemán pues estácclaro lo que escojo, a ver. Me suena que hice otra parecida con mejor bandera y peor lo demás. Cualquier día tonto la cuelgo)

Al parecer, en su día fue el lema del Parlamento, pero ahora ha sido reconvenido por el más políticamente correcto “Para los ciudadanos de Alemania”, un ejercicio de cogérsela con papel de fumar o simplemente de cobardía e idiotez a partes iguales. Esto de llamar ciudadanos a las personas tiene demasiado tufillo revolucionario y neomasónico. Por el peligro, por el terrible mal que puede significar dar carta de ciudadanía a unos y privársela a otros, por decidir que a partir de hoy los que llevan gafas se quedan fuera o que los circuncidados mejor terminan en forma de pastilla de jabón. Además, ¿qué hacemos con los de campo? De campo aldea, quiero decir.
Está pendiente de que lo cambien, me parece, por el nuevo, que estas cosas de los pedruscos, cincel y martillo también llevan su tiempo, por muy alemanes que sean los picapedreros.
Por otra parte, o tal vez por eso mismo, lo del cambio de la nomenclatura, es un peligroso ejercicio de intromisión estatalista en lo personal, que no debería permitirse. Ustedes legislan para las cosas públicas, la cosa nostra, la de todos. Lo que nos une y tenemos en común, esto es, Alemania, nestro pueblo. El suyo, vamos, su proyecto común identitario y de futuro. Lo demás, o sea, el color de mis cortinas, mis afectos, mis aficiones, el cómo decido perder mi tiempo o si saco humo o no por mis pulmones es algo personal, privado, propio, en lo que ni el Bundestag ni su cúpula tiene por qué meterse. Pero claro, es guapo, moderno, in, fashion, qué se yo, decir sin decirlo que los negros y los moros son así, raritos, con sus cositas, mira que monos y tal, pero como nosotros de alemanes, faltaría más.

martes, 13 de marzo de 2007

La biblioteca de los ángeles

De mi pasión por la película Cielo sobre Berlín ya he dado buena cuenta en estas güeps. Desde que la vi por primera vez la he buscado y he pedido que me la busquen en varias ocasiones. Al final terminé por comprarla cuando se editó en deubedé, pero la cosa no se quedó en eso: me hice con el libro de Peter Handke del que usó algunas ideas para su guión coescrito con Wenders, y conseguí la fascinante banda sonora, tanto por sus temas originales como por la recopilación de canciones que aparecen interpretadas en la misma película.
Pese a la circunstancia cambiante de la ciudad, visitar Berlín tenía como uno de sus muchos atractivos el ver los sitios donde fue filmada la película. Y de todos ellos, destaca la biblioteca donde se reúnen los ángeles.
Se trata de la Biblioteca Central de Berlín, diseñada por el arquitecto Hans Sharoun, un renombrado profesional judío al que le fue encargado el proyecto de reconstrucción urbanísrtica de Berlín, alrededor del año 1946. Sus obras se encuentran por toda Alemania, pero sobresalen las que realizó en la zona del Kulturforum de Berlín en donde se destaca el edificio de la Filarmónica berlinesa.
En el ciclo que organicé en la biblioteca de mi barrio (Núria, Marta: gracias) sobre Cine y bibliotecas, esta fue una de las películas que se trató. Pusimos algunos fragmentos y a la concurrencia parece que le gustó bastante. De hecho, la cosa fue que se quedaron con ganas de más, de verla entera. La verdad que eso habría sido lo ideal, pero ya se sabe que el tiempo es breve, sobre todo cuando se pasa a gusto.
Anduve buscando, antes de salir, información sobre la biblioteca en cuestión, pero lo que encontraba era bastante confuso, puesto que en algunas referencias aparecía como Biblioteca Estatal y en otras como Biblioteca Hans Sharoun. La cosa es que tiene esos dos nombres, es decir, la Biblioteca Estatal esta en el edificio de la Biblioteca Hans Sharoun. Dichosos nombrecitos.
Finalmente, una vez localizada intentamos visitarla, pero por cosa de unos congresos y seminarios, el paso estaba limitado a los estudiantes en cuestión y los miembros con carné de dicha biblioteca. Y claro, ni lo uno ni lo otro. Vuelvan a final de octubre. Ya, qué más quisiera yo.
Al final, a base de lloriquearle un poco a los de la puerta, venimos de Españafíjese usted qué lejos, viva Wenders, la ilusión de mi vida, tal, nos dejaron pasar. Fue un episodio divertido, porque uno de los bibliotecarios hacía de poli duro y la otra de poli maja. En realidad se lo tomaron de un modo muy simpático. Ella le decía, -un suponer- anda, si total son fans de la peli, y el otro que hacía gestos como de que con él ni iba la cosa y que ni nos miraba si nos dejaba pasar o no. Majos los dos. Y pasamos.
Qué sensación.
Berlín es un lugar silencioso. Hay ruidos, claro, como en todas partes, pero la gente habla bajo, procura no berrear y uno se contagia de ese ambiente rápidamente. Sólo gritamos los españoles, los italianos y algunos estadounidenses. Los más simpáticos, claro. Pero se agradece la serenidad, sobre todo en el transporte público, en los museos y en otros lugares de interés para el viajero.
Pues si en el metro el silencio es ejemplar, en la biblioteca es sobrecogedor. Estaba llena de gente, con sus libros, sus portátiles, sus apuntes, sus cosas. Los amable sporteros me dijeron que no, que no, cuando les pregunté si podía hacer alguna foto, without flash, of course. Que no, listo, que no. Bastante había hecho con el cuele, así que mejor no insistir. Pero claro, la tentación era demasiado fuerte como para no sucumbir.
No era plan montar el numerito de la cámara, los tres objetivos, el ruido de la peli al pasar. Ni con permiso hubiese hecho las foto, porque me parecía demasiado follonero hacerlo en aquel lugar. Pero la camarita de video es muy chiquita, no hace ruido y se podía disimular con facilidad. Así que conseguí grabar unos minutillos en aquel sitio tan increíble.



Me hubiese gustado hacerme una foto en la misma postura que Bruno Ganz en el descansillo de la escalera, pero no pudo ser. A cambio recordé como la subía renqueante y agrarrándose a la barandilla el actor aquel viejecito que se interpreta a si mismo al recordar los horrores que ha vivido en su viaje por la tierra y por su amada Alemania. Y allí estaba entonces, junto a aquella misma barandilla, recordando la Odisea, recordando la Polonia judía, soñando el sillón de tela viejo en mitad del páramo que fue Potsdamer Platz y tratando de imaginar cómo debía ser la ciuad del muro. Soñando ángeles, claro.
Buena arquitectura, su clave está en el espacio interior que se ha creado, paraíso y disfrute de los lectores. Hay un montón de espacios diferenciados, a distintos niveles, que permite parcelar temáticamente o como al gestor de turno interese, las áreas de trabajo. Se combinan las estanterías, fijas y móviles, con mesas de estudio de grupo e individuales, tipo cabina. Desde algunos extremos de las, por llamarle así, subsalas, se puede contemplar como si fuese desde un balcón, los niveles inferiores y superiores. Ya os digo, un deleite para los sentidos.
Al salir, cuando les damos las gracias a los que han dejado colarnos, el poli malo me cuenta que es la mayor biblioteca de Alemania y que tiene en depósito doce millones de libros o por ahí, en distintas sedes y circulando por otras bibliotecas.


También me acorde de la imagen del niño aquel de las gafotas y con signos evidentes de deficiencia mental que es el único capaz de percibir la presencia de los ángeles cerca de si. Como la vida misma, digo yo.


PD: Hay dos lincs, habéis visto, de interés. Me hubiese gustado ponerlos en castellano, peor no ha sido posible. La Biblioteca Estatal alemana tiene una versión inglesa para mejor comprensión de los no germanoparlantes. La Diputación de Barcelona sólo informa en catalán porque es muy suya. Qué cosas, ¿no?

domingo, 4 de marzo de 2007

Lo de los okupas

O Grunges. O escuáters, o guarros variados, para qué andarnos con chiquitas.
Están en el barrio que se apropiaron los de la patá en la puerta, que primero fue el barrio antiguo; que según lo fueron desalojando los enriquecidos, lo habitó la purria más pobretona del momento, o sea, los judíos; que tuvieron un triste final en la guerra (ojito a los imbéciles que se llenan la boca hablando de genocidios de medio pelo: de 115.000 judíos berlineses sobrevivieron solamente 5.000. o sea uno de cada veintitrés, un 0,23%); tras la cual terminó por caer en el lado soviético que, lejos de dárselo a la famélica legión para que mejorase su calidad de vida, lo despanzurró hasta convertirlo en un suburbio empobrecido y cochambroso.
Y zas, cuando se fue el muro abajo, llegaron los listos de la contracultura. Qué original, qué alternativo qué in, qué tal, pero está vietato di prendere stampi, las esculturas cuestan un ojo y la yema del otro y pese a lo integradores muy majos que son todos no dejan de mirarnos por encima del hombro a los que hemos procurado respetar esa curiosa y antigua costumbre, hoy cada vez más en desuso, de pegarnos una ducha, como todos los días y confiar en que Rexona, Sanex o quien fuese menester no nos dejase en la estacada y con cante en el alerón.





Al otro lado del solar, en la parte que no se ve pero que queda frente por frente del mural, está esa antigua fábrica tan famosa que fue reconvertida en centro de cultura alternativa. Todos los tontos que salen de ella con la boca abierta, además de papar moscas, se dan en toda la vista con los Romualdiños de la Nike. Qué cosas tiene la (anti)globalización.

Uno iba con la idea de que aquello era toda una zona de nueva cultura emergente, alejada de los canales oficialistas y subvencionados, una especie de reedición de la efervescencia berlinesa del primer tercio del siglo, o de la mitad y final de los ochenta. Pero no, los tugurios de tés medio morunos, los neorastafaris, lo DJ y los escultores de vertedero son los mismos que en cualquier otro sitio. Manuchaos y Hamparanoyas de Albacete o de Dusseldorf, fumadetes y si duchar, que pegan el pelotazo de su vida, cuando la firma esa de zapatillas les pide que les pinte el megamuralón estilo favela, que para lo del mundial del fúrbo queda mucho mejor que el burqguesito Beckham, dónde va a parar.
Creo, además, que las rastas crían pulgas. Lo menos.

jueves, 22 de febrero de 2007

La ciudad sin historia

Debería ir hoy aquí una foto del Sony Center. Cuando vayais leyendo vereis por qué. La cuestión es que en Sarajevo, el archivo de diapositivas ha quedado atrapado tras las líneas defensivas de las cajas de la limpieza por un lado y de los restos de muebles de cocina por otro, de modo que ni con una envolvente sería posible el asalto a dichos archivos.
En cuanto sea posible abrir una vía de comunicación, se colgará la ilustración que ahora se quedoó pendiente. A cambio, una perpectiva distinta de un edificio de la Mercedes, tal vez un museo o galeria de arte, diseñado al parecer por el arquitecto español Santiago Calatrava. Al fondo el edifico de los ferrocarriles alemanes (DB) en la Potsdamer Platz.
Uno anda por Berlín y se sabe los sitios. Debe de ser como dicen que es Nueva York o como San Francisco para los amantes del vértigo. Uno se la conoce. Y más o menos se conoce sus rincones y sus anécdotas. Que si el incendio del Reichtag, que si el Muro, que si la puerta de Brandemburgo,... ¿pero hubo alguna vez aquí romanos? ¿O normandos? O algún otro tipo de castro, murallita, campamentín anterior? ¿Restos medievales? ¿Qué hubo aquí antes del siglo XIX?

Berlín es un ejercicio de presente, inmediato, y reciente. De la guerra, la Segunda, poco se habla: a lo más, lo del ruso aquel subido a la Brandemburger Tor para colgar su bandera; del muro si, porque aún hay trocitos y tíos que te sangran por una postal con pedrusquillo incorporado, pero poco, muy poco más. Igual ahora, con lo del furbo, de estadios , pero tampoco demasiado, que los del Herta de Berlín deben de ser una castaña de cuidado.

Pero tenemos catetos a babor y a estribor de la Postdamer Platz con la boca abierta en el Sony Center. Que tiene tela, el emblema arquitectónico actual tenga nombre de video Beta, más antiguo que el Rigodón y para más inri, japonés, en pleno corazón de la capital del corazón de Europa. O del hígado, o de alguna otra tripa.

domingo, 11 de febrero de 2007

Sobre las camisetas dedicadas a la iconografía comunista

En las tiendas de recuerdos berlineses es fácil encontrar camisetas con estampas. Estampas de todo, como se puede comprender.

Por mor del veranillo en cuestión, abundan las del fútbol, sobre todo las de un gladiador alemán que ha de ser de campeonato y que gusta mucho al turista patrio. Al patrio nuestro, vaya. Al español, o sea.

Pero las que predominan en los sitios más emblemáticos de la ciudad, tipo Checkpoint Charlie o alrededores de la Puerta de Brandemburgo son las del Che Guevara, las estrellas soviéticas, el CCCP, tan del gusto de nuestros modernillos, o con escudos de la RDA. Incluso, en un paseo por la antigua zona de las embajadas se puede contemplar un busto de Lenin esculpido en una fachada de algo que parecería una escuela, instituto o centro deportivo.


Contrasta esta elevación como iconografía pop de los motivos soviéticos con la rigurosa prohibición de cualquier representación alusiva al Tercer Reich. En camisetas y demás productos de venta es evidente, pero tampoco se reseña en informaciones turísticas las alusiones históricas a monumentos y edificios erigidos durante el periodo nazi.
Sorprende esa curiosa doble vara de medir, por la que una simbología no sólo está permitida, sino que está más que muy bien vista; mientras que la otra pertenece o al ámbito del delito o al de la perversión moral más abyecta. Y claro, cuado uno tira de lo que hay que tirar, ¡sorpresa!, descubre que entre la lista de los principales genocidas, los que actualmente gozan de mayor permisividad social han sido ( son, algunos vivitos y coleando, otros un poco más comatosos) los que más crímenes han cometido.

Y claro, la caterva de analfabetos, que te llaman de todo para arriba cuando lo dices.

En Alemania hay campamentos de verano para los chavales en los que se les explica cómo funciona una excavación en campos de concentración y exterminio. Campos de aquellos que usaron los nazis. Y que a partir del 45, reciclaron los marxistas en campos de concentración. Y de exterminio. Camisetas letales.

Este edificio fue el antiguo Ministerio de la Propaganda, construido por Albert Speer y que actualmente se destina a algún tipo de oficina del land berlinés, o algo parecido. Por supuesto, en ninguna parte se encuentran referencias al uso anterior a la Segunda Guerra Mundial de dichas dependencias o al hecho de que fuese proyectada por uno de los principales arquitectos de la época. Foto con bici, cosas mías.

martes, 6 de febrero de 2007

Destino: Berlín


Me habían hablado muy bien de Berlín. Tampoco hacía falta, la verdad. Uno lee algo, ve otro poco, se interesa por el tema y entiende que es una ciudad con suficiente atractivo como para prestarle atención. Pero es que además, unas cuantas personas que me conocen y que me merecen el mayor crédito posible, o me habían hablado emocionados de esta ciudad o me había recomendado directamente ir a visitarla, y cuanto antes mejor, para observar cómo se estaba transformado.
Así, desde lo más próximo, mi madre, mi hermana, mis amigos visitantes o berlineses de adopción hasta los más alejado, Jesús Ferrero en una conversación irrepetible o Wim Wenders -desde mi cada vez mayor admiración-, me habían dicho, cada cual a su manera, que Berlín era un poco para mi.

La visión de Sander sobre el Reichtag.
Vuelve a la creación ya, por favor


He sido criticón contra el exceso de "yoes" en las bitácoras, pero en este caso tengo atenuantes. Lo que en sucesivos episodios contaré es parte de las reflexiones anotadas en mi cuaderno y algunas que he escrtio ahora desde la distancia y, por queé no reconocerlo, desde la añoranza berlinesa. Además intentaré ilustrar estas cositas con mis propias fotos, para solaz y deleite de todos aquellos que me pedís siempre que os las enseñe y que persisto en olvidar.


Que os sea leve este paseo por el parque de los tilos.