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jueves, 7 de junio de 2012

El verano en invierno

Ve llevo un disgusto tremendo cuando veo en la prensa esta mañana que se nos ha muerto Ray Bradbury. Ya he contado por aquí en varias ocasiones que soy un admirador irreductible de Bradbury. He contado lo de Crises y la Presupongamos, y hasta una cosa sobre el agua que tenía un poco olvidada. Eso como credenciales, a ver.
Lo cual que me he llevado un disgusto enorme. La cosa es que Bradbury siempre estuvo allí y de pronto un papelajo dice que ya no y así nos hemos quedado.
Hay quien dice, mucha gente, casi toda al glosarlo, que era un autor de ciencia ficción. Eso evidencia que no lo han leído. Como lo de la anterior entrada, los sefardíes raros y tal.
Hay que ponerse en situación.
Un cuentista vocacional, que a base de mucho ahorrar se había comprado una máquina de escribir siendo chavalito, que coleccionaba sus propias historias y que a base de esfuerzo, tesón, sacrificio, trabajo,  empezó a colocarlas en revistillas, concursicos y cosas. Y de una cosa a la otra, hasta que un día llegó a Hollywood, se aseguró la vida con lo de los guiones, John Huston le hizo unas cuantas pirulas con Moby Dick y con el riñón bien forradito pudo seguir escribiendo sus cosas. Croe que ha muerto allí, como vivía, tranquilo, a su aire, bien, lo normal.


Y ahí me pongo a imaginar.
Bradbury en calzón corto y con visera de visita a Méjico. Un californiano de vocación, una especie de Pepsi con patas en mitad de los secarrales, viendo los zopilotes sobrevolarle. Bradbury con la boca abierta viendo el universo de Juan Rulfo. Esto me lo imagino, pero basándome en lo que él contaba. Las momias aquellas de no se dónde, los desiertos, las piedras viejas y la naturaleza desbordante, la proverbial paz interior y exterior de los lugareños -por no llamarle pachorra, que vaya vd. a saber dónde leen esto y ojo, que me sabría muy mal dar morcilla a los vecinos transatlánticos-, el ser y el calor. El desierto marciano.


Y así todo.
Bradbury era un lírico con teclillas, un narrador con cohetes, un fantasioso con dinosaurios. Cuando explica aquel cuento de la habitación cuya pantalla se transforma en una jungla, no habla de la pijada de la realidad aumentada o de los mundos paralelos. Nos cuenta sobre niños abandonados por sus cuidadosos padres.  Y así todo, ya digo.



Busco en el anaquel -anaquel, jolines, pero qué preciosidad de palabra- las Crónicas Marcianas. Pero no las tengo aquí. En realidad las tengo en la cabeza, muy dentro. Muy, muy dentro. Como el calor del cohete que, al principio del libro, transformaba el invierno en verano. Eso es Bradbury: un tío capaz de convertir la vida en un estío. Desde 1984 he tenido la fortuna de ser su desconocido admirador y amigo. O sea, que hoy estoy triste, lo normal.

miércoles, 4 de abril de 2012

Los umbrales y los capmanys


Hace mucho, mucho un día, hablando de los monigotes de Mingote, descubrimos, ay, qué aburrido es el trabajar, que en realidad los dos vejetes eran un Umbral y un Capmany. Y así lo conté, creo, no s
e.


Por obra y gracia de la Fundación Umbral rescato esta carta que le dirigió Mingote con un hermoso dibujo,galantón y detallista para España.

He oído hoy una cosa muy interesante sobre Umbral y sobre Mingote.
Dijo un día Umbral que el ABC era Mingote y la grapa.
Y Mingote le respondió que gracias, en nombre de la grapa.

La que deben de estar liando.



viernes, 27 de enero de 2012

Juliet

En el apeadero del autobús, ayer, qué más dará cuándo, una mujer abrazada a sus papeles, una carpeta el cartapacio el ataché, algo, y un libro, Juliet, desnuda. La hermandad de los lectores, pienso yo. A mi me ha encantado. ¿Si? si. Lo devoré, porque Hornby me gusta bastante y en este libro lo borda. Pues si, es muy entretenido. Es más que eso. Me gastan bromas con el personaje. A la que me pongo a hablar de que si cuando a Roger Waters aquel tío le abucheó y el le echó un escupitajo, que si fue la idea primera para escribir El Muro, que si había pensado hacer el concierto entero detrás de una pared, que si Wright fue el único en ganar pasta en la gira, porque estaba como músico a sueldo, o que si hay una cita de Money en lo de los críos de la escuela, me dicen "Juliet, Juliet". Me encanta hasta el título, tan fascinante y tan evocador, Juliet, desnuda, un hermoso nombre para una cinta de caset. Sabe, ¿no?, las cintas de caset.
La mujer mira a la nada y apretuja el libro, los papeles, el ataché. Espero, pero no lee. Eso será que no le ha atrapado. Juliet y la indiferencia.
Saco mi libro, que es otro y leo. No lo entendería, creo.

martes, 15 de noviembre de 2011

Hace unas semanas, más o menos


O es que ahora nos vamos a poner pejigueros -pejiguero, hermosísima palabra- con lo de las semanas, que cuando empiezan o terminan, ahora que España es discutida y discutible y el sexo de los ángeles se decide según o seguna, erizos y erizas.


Que me termino de leer el libro ese que ha hecho Loquillo, porque le oí en una entrevista, en la que decían que escribía muy bien, que lo de crónica barcelonesa del tardofranquismo y que me gusta su aire de chulería fatal. Pero el libro es una pataleta de postadolescente, no demasiado bien escrita y fascinante en su candidez. Loquillo va de duro y se queda en entrañable y previsible como cualquier pandillero de imitación. Busco el equivalente de Sabino Méndez, pero está ya descatalogado. De ese tiempo y estilo, lo de Jiménez Losantos es mejor y lo de Boadella, su Adiós Cataluña es una verdadera maravilla. Pero qué bien escribe el tío. Dejad ya esto e hincadle el diente. Estupendo y estimulante.

jueves, 1 de septiembre de 2011

La brújula


Resulta que en una dedeté de estas que suelen ser un castañón de padre y muy señor mío, reponen desde el comienzo Perdidos. Me acuerdo de cuando reponían a cachos y en desorden Doctor en Alaska los agostos de gotarrón y tonel de cerveza fría, que aquello era imposible pero de verdad. Un día saía Chris Stevens con pelo corto y barba larga a manga corta y al día siguiente quitando con pala la nieve para llegar a la radio, afeitado y melenón. Será el calor que me está volviendo loco, te decías. Y al final ni sabías.
Lo cual que por el tiempo libre voy y me quedo.

La gente anduvo en Perdidos boquiabierta y enmudecida con tanta sorpresa y tal. Luego, con el final hubo decepción para muchos, casi todos, aunque yo, artista en lo de llevar la contraria quedé razonablemente satisfecho, y como este es mi garito, pues ahí queda. Oye, cada cual termina lo suyo como quiere y ya está.
Ahora, a propósito de una serie que comenzaban a echar, se está recordando lo de Twin Peaks, que también fue un poco como Perdidos, que al principio fascinaba a todo aquel que tenía oportunidad de verla pero que según avanzaba, parecía que se entendía menos. No se qué año corría, pero me parece que aún había algún que otro diplodocus por allí. Lo echaban en Tele 5, que ra un canalucho que ya apuntaba maneras. Se veía en Madrid, Barcelona y poco más. Yo andaba, en aquel entonces en Pamplona -Pompaelum, casi- y como me lo grababan en vídeo, cuando volvía de vacaciones o en algún fin de semana, veía los capítulos del medio tirón. Luego a los compañeros les contaba que era como una peli, pero buena, que aquello era una joya. Una vez un profe en clase nos puso el primer capítulo y el aire se cortaba. El personal estaba clavado a la silla. ¿Lo véis? ya os lo decía, es una maravilla.


Yo, como el algodón: no engaño.

Vuelvo a ver -tercera vez ya- los dos primeros capítulos de Perdidos. Bueno, es que son de traca. Anda que no hay información, anda que no tienen manteca, anda que no está ya todo pensado desde el primer minuto. Qué trabajazo, qué guionistas, qué nivelón, menuda Kate, pero esa es otra película. Bueno, es la misma, pero ya nos entendemos.
Bueno, que no se cómo iré de tiempo, peor que me temo que me perderé buscando entre las ruinas de la serie las piezas del puzle. Y también pillaré The killing, que dicen que es la nueva Twin Peaks. Por ahí tengo la vieja. El día que me ponga a verla, me quedo pegado al sofá. Como con Doctor en Alaska, sudando entre las nieves.

lunes, 6 de junio de 2011

Los gabachuás y los otros

Hace unos días le oí decir a uno que en lo de la tele, la cuestío no estaba en las noticias, sino en los programas. Se trataba sobre lo de los tiempos electorales, los porcentajes según votos y así, el questo del reparto, como si dijéramos. Pero uno introducía el argumento más interesante. En los informativos los trazos suelen ser muy gruesos y se ven bien de lejos, que cada cuál cojea de donde le toca y eso ya está bastante claro. Otra cosa son los contenidos de los programas y sobre todo de las series de fición, la que nos muestra el modelo de lo social que han diseñado los guinostas de la cosa, todo muy tal y como ya sabemos.

Esta mañana he visto las portadas de la prensa y me ha sobresaltado lo previsible. Cuando hay un acontecimiento deportivo, todos a tirar de la pelota. Pero es que a propósit
o de la proeza de Rafa Nadal ha habido una alineación de cabeceras altamente preocupante. Lo de que Nadal muerda la copa, la medalla, la cosa es un poco de cafre bantú pero como es majo, se lo perdonamos. Lo cual que por repetido, ya cansa, así que a ver qué nos da de nuevo la AP.

Las portadas se ven muy bien en esta serie de diapositivas.

Y entre las fotos, había unas con carga simbólica y estétticamente atractiva, las del jugador envuelto, embozado en una bandera española con la copa de los Mosqueteros, muy apropiado, sin lugar a dudad,. Además, porque a les gabachuás les debe de hacer la cusqui que Nadal siga ganado mientras ellos animan al otro, al que sea, todo por los pepinos. Bueno, pues toda la prensa ha tirado por lo de la bandera excepto El País y Público, que le tienen repelusqui. Y los editados en Barcelona, que le tienen más. Vade retro Satanás, un catalán de Mallorca disfrazado de españolazo, eso si que da grima. El As ha tirado por la bandera que el koljós de casaPrisa ya no es lo que era, y el Marca pues lo normal. Pero los que merecen que les señalen con el dedo por malos profesionales son los de El País y El Periódico, tanto monta, monta Montilla, que ponen un imagen de Nadal de canto en mitad de una arenilla que bien pudiera ser una playa del Índico a esa hora del atardecer encarnado, que no le dice absolutamente nada a nadie, si acaso, qué solico estaba el pobre Nadal. Vaya, justo lo contrario del Nadal que, bandera sobre los hombros, mantiene la afición nacional animosa y valentona. Justo lo que no gusta a los que no les gusta. A los gabachuás y los otros.

miércoles, 23 de marzo de 2011

Los enemigos


Veo en el metro, sentado, frente a mi, según he entrado un hombre leyendo. Hasta ahí, algo relativamentenormal, aunque ahora lo que más suele verse en gente con artefactos en las orejas para escuchar cosas que provienen se sus teléfonos u otros artefactos ruidosos.
PEro me llamó la atenciçon el hombre que leía. Y no por lo que leía, que yo soy de los que trata de fijarse en los títulos que el personal acostumbra más que nada por saber y por pasar el rato. Experimento sociológico o puro cotilleo, a ver. La cuestión es que no se veía la cubierta ni la contracubierta, donde los contratapeadores extienden su saber en la medida que el espacio les permite, esto es, hacen lo que buenamente pueden. Porque el caballeo en cuestión llevaba el libro forrado con un papel de propaganda del Carrefur. Los puristas me dirán que no, que es publicidad y no propaganda, pero eso ya lo sabemos todos y hay que decir propaganda, propaganda, propaganda en tiempo de tanta propaganda y tan disimuladita. 99 euros una tumbona con masaje o algo, o 9,90 los calamares, qué se yo, que hubo una vez que en Alcampo pusieron casi todo el catálogo de la EMI a seis euros o por ahí, que lo dijo eld e Discópolis de Radio 3 y allí que me fui. Al Alcampo, no a Discópolis. Y me parece que al final no me compré nada, pero no me acuerdo bien. O el Atom Heart Mother y el Meddle, que siguen siendo, tanto tiempo después tan maravillosos o más.
Pero esa no era la cuestión.


Hace dos semanas me estoy fijando con mayor atención en los lectorres que uno se encuentra por los vagones del metro. Tomé apuntes para dos, el señor que leía novelas del oeste y la señora del libro misterioso. También hubo un señor que me llamó la atención, pero sin libro. Llevaba un gorro de piel y lana, con orejeras y vestía elegantemente en su antigüedad. Me fijé en sus marcadísimas arrugas y en el solitario que lucía, que parecía un huevo. Estaba, más que serio, entristecido en el mirar, lo que le daba un cierto aire de veterano d ela marinería que si poco se acostumbrço al retiro en tierra firme, peor aún debería llevar lo de ir metido en una lata de sardinas y bajo tierra.
La señora que decía también llevaba el libro enviento en una propaganda, propaganda de supermercado. La he visto dos o tres veces y en una ocasión hasta pude leer unas líneas, lo que no me aclaró nada. No me acuerdo que decía pere era al go del tipo "entonces Patty decidió seguir caminando por la otra calle", de lo que sólo se puede deducir que la mujer en cuestión vivía en un entorno urbano y o estaba tratando de dar esquinazo a alguien, o era una indecisa de las que no saben qué camino tomar o que se había perdido. También concluirçiamos que no se trataba de Patti Smith, porque entonces hubiese dicho que iría dando tumbos, pero eso tampoco nos conduce a nada definitivo.
Al ver hoy a este otro lector, ato cabos y moscas por el rabo. ¿Se habrán prestado el libro? ¿Se lo habrán copiado? ¿Será que el azote d ela crisis ya no da ni para forros de plasticurri, que manchan menos y dejan ver los títulos' ¿serán libors de los que uno se avergüenza si le ven leerlos? ¿Serán libros de instrucción a la insurgencia, de esos que mejor llevar un poco ocultos? ¿Comprarán en el mismo Carrefur? ¿O en Alcampo? ¿Quedan discos de la EMI a precio de baratija? ¿Por qué la repija de Tous se ha hecho de oro y probablemente el joyero que le hizo el solitario de huevo al señor del gorro y la sarrugas terminaría con una mala pensión y casi cegato de tanto trabajar como el falsificador de "La gran evasión", aquel que daba tanta pena, pobre?


Llevo un libro de Javier Tomeo. Igual tendrá que ver.

martes, 14 de diciembre de 2010

¿Y el libro?

En el andén, mientras esperamos la llegada del metro. Repito, por accidente, la lectura de unas cuantas páginas del libro de Umbral, porque o debí de poner el punto en otro sitio o me han dado el cambiazo. Eso no importa. De hecho, lo primero que pienso es que él ha repetido el mismo argumentillo de antes en unos párrafos. Pero no, lo de los pacos pegando tiros desde las azoteas, donde viven como cigueñas, ya lo leí antes. La guerra en Valladolid, las enfermeras y las madrinas de guerra, los falangistas y las canciones, Lorca y los toreros, el Casino y la prensa, en el fondo, siempre lo mismo. Lo cual, que si te gusta, te apasiona.

Junto a mi se sienta una pareja de mayorzotes. Esto es de chiste, proque ahora la senectud la estamos llevando de fábula y si la salud anda medio bien, pues es que el personal está como toros. En este caso, los dos tienen aspecto de nórdicos, con el entrecano rubio y un tamaño considerable. Esto es que la vejez, con altura, es menos vejez. Los abuelos con aspecto de turistas daneses o suecos o de por ahí, que suelen estar tirillas y que tienden mayormente, no se si será por lo de venirse al Mediterráneo, a ir en manga y calzón corto, con la qguía turística y la cámara de retratar, que están estupendos, oye. Yo, por ser, pues eso, turista abuelo sueco, pero en España o en Italia, ojo.



Así que en esas estaba yo, con lo de Umbral y los dos vecinos de asiento a ver si llegaba o no el metro. Entonces la he oído a ella decir: ¿Y el libro?, ¿te está gustando?. Entonces él le ha contestado "si".

Y ya está.
Luego ha venido el metro y he seguido leyendo.

lunes, 1 de noviembre de 2010

Heredos de los dibujos


Hace un tiempo o lo leí o lo comentaba con alguien. Hoy lo he recordado, a propósito de una entrevista con un fulano que se dedica a algo como alto ejecutivo de una compañía de comunicaciones o cosa parecida. De esa gente que desayuna en La Haya, merienda en Palermo, toma un arroz tres delicias en Pekín y se echa la siesta en México DF. Si es mujer, le
preguntan que cómo concilia la vida familiar con ese batiburrillo de aeropuertos. Me acuerdo de una entrevista con Esperanza Aguirre, a quien le preguntaron algo de ese estilo. Ella, con gélida seriedad le preguntó al botarate del entrevistador si esa misma pregunta se la había hecho al jefe de la oposición de su Parlamento o al presidente del Gobierno. Ay, el pijosexismo. En fin.

A lo que iba, el tipo ese tan ejecutivo y tan viajero, se pone graciosos y dice que da la vuelta al mundo más rápido que Willy Fog, en sólo diez días. Qué tío, qué gracioso, que ocurrente. Si es que hay quien se pone a discurrir y termina en grave riesgo de embolia. Siguiendo con el asunto, sobre el baúl de la Piquer, he oído citarlo refirinedose a lo grande que es, lo que pesa y lo viejo. Del viaje, poco.
Porque, que es lo que o había leído antes, hoy habíamos comentado en plan amiguetes, que el personal se refiere a Willy en lugar de a Phileas. O sea, que el dibujo animado de aquella serie infantil tan bien resuelta se ha zampado al personaje de la novela de Julio Verne. Algo aprecido ocurre con los mosqueperros, los divertidísimos mosqueperros, que han terminado por fagocitar a su referente. Ahora solo falta que vengan tres neomodernos del CCCB y hagan una exposición sobre iconos pop que canibalizan a sus personajes literarios. Oye, que habría colas. Y el ejecutivo, estresado, pobre.
Lo de los libros digitales puede terminar salvando a Phileas, me pareec a mi. O sea, que si he de cascar 20 euros por lo útimo del danbraun de turno en botonicos, igual termino por las obras que estén libres de pago, que tienen más aventura y más enjundia. Es cosa mía, vale, pero es que uno se agarra una lista de los más vendidos y cuesta imaginar si alguno de ellos aguantará dentro de, no se, cinco, diez años.
La isla del tesoro. Me pica la curiosidad. Un destino al que no llegaron ni Phileas, ni Willi, ni el ejecutivo viajero.

jueves, 26 de agosto de 2010

Historias en las madrugadas


Oigo, de madrugada, al bueno de Efrén Cuevas hablar de su reciente libro sobre el documental, editado y presentado en el marco de Documenta Madrid, un festival sobre el asunto. Se titula "El cine doméstico y sus reciclajes contemporáneos", que al parecer es la versión cinematográfica y videográfica de aquellas exposiciones fascinantes de La Casa Encendida sobre las fotos familiares.
Por cosa de los horarios, apenas pillo los últimos diez minutillos de la entrevista. De hecho, no se quién es, pero me suena su reconocible voz. Al final, cuando despiden al invitado, se confirma que es Efrén. Un tío que se llama Efrén es inolvidable, a ver si no. Así que, hoy que me acuerdo, me pongo a buscar y localizo el podcast, que es un palabro asqueroso, feo, para decir grabación. La radio lleva matándose desde los años 30, pero ahí anda, para mayor placer de don Ángel Faus y los fanes, como si dijéramos. Lo cual que con la internet, la radio que se evaporaba, ahora se puede recuperar en cuantoa uno le da el reloj y la gana, que tampoco suele ser fácil. Ya la bomba sería recuperar a don Pollo y todo aquello, ay. Aquí, o sea.


Me acuerdo de un mercadillo en París, todo lleno de moros y de abuelas con carritos, algunos turistas y más de un listillo tratando de sacarle las cosas a los mercachifles. Uno, junto a nosotros, le trata de comprar un montón de botellas de vino, dieciséis, no se, muchas, a un precio prohibitivo, porque se trata de una cosecha estupenda d elos setenta o así. Se hace el tonto, pero se huele que le interesa y mucho. El moro le aprieta y medio quedan en precio, pero llega otro y le dice que nanay, que por ese precio, dos botellas y va que arde, que si las quiere todas ha de pagar mucho más. Se pelean y se frustra la venta. Al poco, llega otro y compra, pero ya no se por cuánto. Menudo rollo para ir al asunto. Junto a uno de esos, hay otro vendedor de esos típicos d elos rastros, que vende una muñeca a la que le falta un ojo, bobinas de hilo sucias, un juego de cama bordado que tiene un siete, máquinas de escribir con letras que fallan -como Dios manda en una máquina de escribir con solera-, cantimploras sucias y hebillas de pantalón, los aficionados del mercadillo saben de lo que estoy hablando. Veo unas cajas de diapositivas. Le echo mano.
Efectivamente, son diapositivas. Saco algunas y me pongo a ver de qué son. Fotos playeras, unas vacaciones familiares en el Benidorm de los franceses, una playa así como de costa normanda, antipática y fría, amable en su suciedad, nostalgia de los baños termales y de la arena que no se despega, dond ese oye el número 2 de beethoven y se descubre a Askenazy; Pauline en la playa conoce a Mr. Hulot, de vacaciones, y juntos cantan viejas tonadas perdidas, el deseo y la timidez, la búsqueda, la añoranza de lo que jamás será, como el árbol aquel que tenía la corteza muerta y parecía una pintura más real que las pinturas de verdad, el suelo adoquinado que brilla tan bello en las fotos oscuras, menuda historia, al final de la escapada, ya digo, como nuestros Benidorms pero seguro que mucho más gris y frío, pero que, con los años, se ha anaranjado, como si el tiempo les hubiese borrado las nubes. Eso es bonito. Los recuerdos anaranjándose. Le pido precio y me pide una burradita asumible. Pero son las fotos de otra gente. Me da un cierto pudor comprar una cosa así de íntima de una familia. Por otra parte, sería una especie de rescate de su memoria, una forma de preservar esas imágenes de la suciedad del mercadillo. No es que el mercadillo esté guarro -que un poco si-, me refiero a la suciedad de la venta de las intimidades, por blanca sque sean. Quiero decir, que las fotos comiendo paella, el 850 y todo aquello no tienen nada de vergonzoso, pero evidentemente no se hicieron para que nadie se ganase la pasta con ello o para que cualquier botarate hiciese chanza a su costa. Pudoroso, pues si. Vale.

Al final no compro, y como suele pasar en estos casos, me arrepiento mucho tiempo, hastas hoy. Muchas veces he pensado en la historia que podría haber escrito a partir de esas estampillas y aún me enrabieto más. La próxima vez, no s eme escapan.

En La Casa Encendida, la primera vez que la visitamos, hay una exposición que se llama Álbum familiar o algo así. Se trata, según leemos de que la Obra Social de CajaMadrid pidió al personal que le enviase fotografías familiares antiguas. La cosa la acotaban desde los origenes d ela fotografía hasta los setenta, o por ahí, me parece recordar. Los contribuyentes explicaban lo que era cada imagen. Este es mi tatarabuelo Matías el día de su primera comuniÓn, o mi tío Manolo haciendo la mili de requeté, las Cruces de Mayo en Granada y los barrios que iban creciendo por Madrid. Las salas de exposición recreaban una casa, de manera que uno iba por los dormitorios, los salones, el comedor y todas las dependencias, viendo las estampas colgadas, en camafeos, marquitos, cada una en un sitio adecuado. Aquello nos encantó a la MamádelPianista y a mi, que íbamos comentándolas y acordándonos de nuestro propio album, fíjate, esa se parece a la de fulanito de tal en la boda de nosequién, y así. Al salir preguntamos a ver si había catálogo d ela cosa, pero nos explicaron que no estaba a la venta, que se habçia hecho, si, pero sólo para las familias que habían aportado sus imágenes, no para el público en general, al pareer, pos cosas de las privacidades o así. Una verdadera lástima, porque en cierta manera, auqellas memorias personales tenían un componente colectivo que lo hacía verdaderamente interesante, la cosa sociológica y tal. En cierta manera, es lo que comenta Efrén en su entrevista, lo de que la película familiar no se termina verdaderamente hasta que se comparte en la proyección, se comenta, se ríe, se lo pasa de fábula el personal viéndola. Cine en positivo, puesto que son temas agradables, bodas, bautizos, veraneos, excursiones, comuniones, cumpleaños, festejos varios, cargados de alegría e ilusión y minados de futura nostalgia. Muy bien. Recomiendo la escucha y los álbumes.
Saludos, Efrén.


viernes, 23 de abril de 2010

El lector


Hoy he visto un lector.
Ya, claro, y más de uno, seguro, dirá alguno. No, no de esos. Digo uno de verdad.

Ha sido en el metro, según salíamos. Del balcón ha salido la tira y media de gente, una rara combinación, desordenadísima entre apresurados y bobalicones. Los que llevan prisa siempre están en el peor sitio para correr. Lo alelados siempre están delante. Cuando uno lleva prisa -o sea, siempre-, hay un boratate a punto para cruzársele en el camino. Es decir entre el punto A, el origen, donde anda uno y el B, a lo que uno va, como si dijéramos, hay una línea imaginaria, mayormente recta. Bien. Pues en mitad se cruza el elemento en cuestión, llámémosle T de tostón, por ejemplo. Y cuando uno trata de rebasarle por la derecha, el tío tuerce en seco, y si lo haces por la izquierda, estornuda por allí, si te acercas, te mira d ereojo como si fueses un maleante y si al fina, cuando le pasas, harto, le dices, joer, pasa o no pases, pero deja sitio, se suele enfadar y te llama de todo.
En esas andaba el persoinal en el andén, los unos al regate en corto, los otros al placaje, tres tibias por la mitad y una ensaladilla de rótulas, que la gente se pone que da miedo.
En estas que un abuelo deja sobre uno de los bancos coridos una bolsa atada con una guita y sobre ella un libro.
Con cuidado, lo ha abierto y ha ajustado el marcapáginas. Un poco despeinado, con un americana de pana gruesa de color beige, una rebeca oscura, me parece, y una camisa granatosa con florecitas. Con esas manazas y el cuidado que tiene manipulando el volumen. Es un libro con cubiertas de un color amarillento oscuro, tostado, o así. Lo lleva forrado. Es de los buenos.

Los libros hay que forrarlos. Hemos de acabar con los perezosos. Hay que forrar los libros para que se mantengan limpios y sin estropearse, jolines, que tampoco es tanto trabajo. Entre los que se te cruzan y los vagos que no forran, menuda tardecita...

Sigo. Trato d ever el título, pero no me da tiempo. Se la colocado el volumen bajo el brazo y con la otra mano, la izquierda coge de la guita la bolsa. Una bolsa un poco cochambrosa. Debe de llevar dentro unacazuela de barro o algo parecido, redondo y con una cierta altura. Cazuelas, vale. Y sigue su camino. En el semáforo se coploca al lado. Trato, de nuevo de verle el título, pero no, tampoco. Aventuro las letras, dos renglones, letras serif, rojas, parece que pone "Const" en el primer renglón y algo que empieza por D debajo. ¿Constitución danesa? Qué cosas. Yo diría que no, pero vaya usted a saber. Junto a los renglones como una especie de blasón con una cruz blanca sobre fondo rojo, que podría recorar vagamente a la bandera danesa. La hipótesis cobra fuerza. Pero en eso caigo ahora, mientras estoy dándole a la tecla. En el momento se me cruza por la mente ir y preguntarle oiga, ben hombre, permítame mi indiscrecció, peor es que me gustaría saber que libro está leyendo. Pero queda en eso, en un cruce como lo de A que tiende a B y topa con T. Y pienso en que lo que más me gusta de San Jorge es la bandera blanca con la cruz en rojo, como la del escudo de Italia de cuando era reino. Y que por aquí también anduvo, de cuando Amadeo.

Cumplo así la petición de nuestra querida María, que me animó a que por lo del día del libro pusiese algo ad hoc. Hoy he visto un lector de verdad, desastrado, desaliñado, zarpas, pero amante de su libro, cuidadoso cuando lo cierra, delicado para protegerlo, protector cuando lo trasladaba. Un verdadero lector. Los antiguos, ya se sabe.

viernes, 12 de marzo de 2010

Delibes


De la hoja, el rojo; de las ratas, el hambre; de las horas, Borja y un cuento; del camino, la valentía; del hereje, la ortodoxia; de las viejas historias, la vieja Castilla; de la mortaja, nada de nada; de la partida, un guión; del cazador, los zarzales; de las voluptuosidades, Joaquín; de la madera, el héroe; del príncipe, la derrota; de Cayo, el castellano viejo; del emigrante, aquel año en Chile y los paseos que jugamos a soñar sentados en el suelo y atrapados en un minuto; de los santos, la inocencia; de Praga, el invierno; del ciprés, el paseo; de la mujer, su retrato; del mundo, su agonía; de las bicicletas, aquella novia y la panzada de quiñometros que se metía entre pecho y espalda; de la prensa, la hebra y de Valladolid, Fernández, Gregorio, ya sabemos.
De su Pacorris, que escribe como mea. Vaya par.

Con su permiso, son mis cosas y mis libros.
Oraciones y lectura para nuestro amigo.

domingo, 21 de febrero de 2010

50+1


El asunto es que hace cincuenta años y uno más que se nos murió Boris Vian. Lo de celebrar las fechas redondas y todo eso. Bueno. Boris Vian es un autor levemente conocido que gusta mucho a todo el mundo, mayormente de oídas. En un mundillo muy determinado, se le cita con mucha profusión, porque es una especie de artista a la page. Creo que se dice así, porque mi gabachuá sólo da para insultar de modo un tanto sicalíptico, del estilo es usted un lápiz y está en el tercer piso. Claro, la gente se queda a cuadros. Epatar es el único fin, y a fe mía que lo logro, yesuileruá. Total, que como les suena que iba dando la murga con una guitarra con lo de la Guerra de Indochina, se lo apropió la famélica legión cuando lo de Irak. Y hala, Vian por un tubo, que entre los culturetas del Babelia no paraban de citarle sin conocerle. Anda que si le hubiesen leído... en fin.
Un día va Boris vian y se muere, que es algo que suele pasar, así que yo toco madera. La leyenda cuenta que palmó según salía de ver una adaptación cinematográfica de Escupiré sobre vuestras tumbas, una novela que firmó con el seudónimo de Vernon Sullivan, en plan negra, tiros, racismo, macizas y negros. Esto ya lo he escrito, me parece. Pero ya que estamos, repito y así queda un poco más holgado. Resulta que Boris Vian padecía una enfermedad cardiovascular congénita que le tenía muy cascadete y que solía pasaportar a los afectados en cuanto estaban lo bastante maduritos. Al parecer si es cierto que murió después de ver la peli, pero fue un día o dos después. Que parece ser que muy buena no era, vale, pero que de ahí a acusarla de asesinar a su creador va un trecho. Más viendo -leyendo- la retranca que solía gastarse Vian. Ni harto de vino me lo creo yo. Una vez, hace unos cuantos años, en la Fnac se sacaron de la manga un minicilo de conferencias y cosas sobre Vian. El plato estrella era la proyección de esa película. Lo demás, cuatro chisgarabís que iban a repetir topicazos que habían leído en el Babelia, o sea. En fin, que suspendieron la película por problema scon la distribuidora o con la Esgae o con no se quién, que nos fuimos de cervezas los borisvianeros que habíamos quedado para el evento y que una medio loca con la que compartía ratos libres me montó un pollo por mensajillo de teléfomno porque decía que la vi y no la saludé. Sólo faltaba un perro que hablase para completar el homenaje-performance. Mucho ojo con los perseguidores.
A Boris Vian se le ha editado de pena por aquí. Incompleto, desordenado y muy mal traducido. Bruguera hizo lo suyo, expirmir todo lo exprimible, pero al menos lo intentaron. De ellos guardo el grueso de su obra. Luego, los modernos de Tusquets, pero mira que son modernos y estupendos, reeditaron con sus portaditas tan estupendas, su papel tan bueno y sus traducciones tan pobres. Creo que no añadieron ni un título a los de Bruguera, pero igual me despisto. Lo cual que algunas editoriales pequeñajas fueron sacando cosas. Hace no mucho, Hiperión ha publicado dos de sus poemarios. El primero lo tituló tan mal que da hganas de no comprárselo a ellos. Le pusieron "No quisiera morir", que resume una cosa que escribiré luego sobre sus dos obras mayores. En una serie de versos bastante jocosos, humor negro, va relatando un serie de cosas que le gustaría hacer antes de morir. El último verso le da un giro total de manera que la cara de tonto sonriente se te convierte, en seis palabras, en rictus serio y pensativo. Ese "morir", en castellano fetén es diñarla, espicharla, palmarla, estirar la pata irse a tocar el arpa, dejar de fumar, yo qué se la de maneras que tenemos para traducir no las palabras sino la idea que expresa el autor. Pues parece que a los de Hiperión no se les terminó de ocurrir una buena. Aunque la fama de ser editorial señera en la cosa de los versos se mantiene. El prestigio de la casa a tomar viento fresco. En fin. Las editoriales pequeñas. Tengo una de sus obras de teatro en gallego, menos da una piedra. Otra, fotocopiada. Ya digo, la piedra. Morcilla para los de Cedro, que es la esgae de los picaletras.
Pues resulta que ahora, Tusquets se ha descolgado con la traducción, esta vez bastante mejor que las anteriores, de la primera novela de Boris Vian. Se titula Trouble dans les andains y aquí le han puesto A tiro limpio. Ni una pregunta porque no se la pertinencia del asunto. Se trata de una novela corta muy desmelenada, que comienza con una fiesta, sigue por un robo, una serie de persecuciones, otra de crímenes tontorrones, un sapo gigante, una cueva, explosivos, un anticuario tuerto o cojo, ya no me acuerdo, y todo así.
Esto, que suena a chusco, lo es.
Pero eso es lo que uno espera de Boris Vian. Dentro de su obra hay una parte muy de ese estilo, febril, divertido descacharrante y con poca cabeza. Es una explosión de palabras raras y de personajes aún más extraños. En ocasiones el hilo argumental tiene algún sentido, en la mayoría. Es un espectáculo en si mismo, y dónde le lleve a uno no tiene ningún sentido. Es el puro placer de disfrutar con sus vertiginosas imágenes. Este texto meha recordado mucho a su segunda novela, "Vercoquin y el plancton", inédita en España, creo, pero si en Sudamérica. Se la compré por el interné a unos argentinos de la Argentina y me llegó en perfecto estado de revista. Media novela es excepcionalmente buena. La otra es un tanto cansina: en cuanto cede a la agitación y se calma la cosa, tiemblan las piernas.
Otra cosa son El otoño en Pekín y La hierba roja, sus obras mayores, que también aparecen en escenarios alocados y delirantes, en el que transcurren historias bastante más complejas y profundas de lo que uno s eimagina y lee a primera vista.
Total que un día hojeando por ahí, leo en el suplemento cultural de los jueves de La Nueva España, magnífico, por cierto, una reseña de este título. Esto fue hará un mes. El viernes compro el libro y me lo zampo en dos viajes. Desde entonces, ando pendiente de alguna reseña o de algún comentario más. Y ni uno. Está pasando completamente desapercibida su publicación, lo que no me entra en la cabeza. Se trata de un texto inédito hasta ahora, fácil de leer y de un autor citable. Pero nadie le está haciendo caso. Pero eso si, periódicamente, los letraheridos que se transmutan en vigorosos columnistas de opinión siguen haciéndoselo venir bien en forma de cita superficial, y periódicamente también unos cuantos montan teatrillos cabarés a propósito de sus canciones y sus anécdotas apócrifas en Sant Germain. Y siguen sin leerlo, los muy jetas. Y Tusquets sin promocionarlo.
Ya se apañarán. Mientras tanto, nosotros disfrutaremos del pianocóctel. Sobre la hierba roja.

martes, 22 de diciembre de 2009

Hace unos días


Se estrena estos días -cuano lo escribí, unos días hace ya, si- , me parece, una adaptación de la novela 1984 a cargo de la compañía de teatro que dirige Tim Robbins. Se estrena en España, quiero decir, que es lo pintoresco del asunto. Bueno, pintoresco hay la mar de cosas, así que, ya que estamos, sablearé un poco a propósito del asunto. Supongo que a estas alturas todo el mundo sabe quién es Tim Robbins, que es el argumento principal para que se hable tanto de esta representación. Se trata de un muchimillonario -tuve hace años, tantos que ni
me acuerdo, un profesor que llamaba muchimillonarios a los que estaban forrados de pasta por todas partes. Megamuchimultimillonarios son sus jefes, ya sabemos- actor estadounidense, muy bueno en lo suyo, solvente director y pancartero pijoprogre en versión transatlántica. Le pasa lo que a todos estos, que están con todo lo guay y contra todo lo chungo, pero si uno se pone a rascarles un poco, se les ve de qué pie cojean a la primera de cambio. O sea, de la misma ganadería de gente que progresa y se enriquece chupando rueda de un sistema -mola llamar "sistema" a la cosa social; véase "el sistema que nos oprime"- que ponene a caer de un burro a la que pueden. Que una cosa es corregir todo lo corregible en aras de la mejora del ser humano y otra meterle palos en la rueda a todo lo que se menea. Esto es como la oenegé Save the children, que ha montado un festejo con la Aido-odia de primera vedette. La seifdechildren que propone carta blanca para matar en cualquier momento del embarazo. Yo, si fuese el de la oenegé me moría de vergüenza y de asco. Pero no soy de la onegé, a Dios gracias.

Qué gran fotógrafo Centelles. Y qué mentirosos lso que suelen reseñar esta foto. Es del año 36 y los que se fríen a tiros son comunistas y Poums o Guardas de asalto, no me acuerdo bien. Facciones del Frente Popular que resolvieron su tripartiteces a tiro limpio frente al Ayuntamiento.

Tim Robbins pontifica sobre todo, porque esa es una ventaja del pijoprogre, poder decir de todo y vetar las voces ajenas. En la cartelería de su adaptación pone cosas tipo que no se qué porcentaje de gente (mucha) está de acuerdo en la videovigilancia en sus respectivos barrios. Y, claro, eso a Tim no le mola. Es lo que tiene vivir entre el apartamento en Manhattan, la dacha en Beberly Hills y los días de asueto en la Toscana o en Venecia, que la videovigilancia no mola. Otra cosa es que en tu esquina more un camello, te líen botellones de jueves a domingo o que un travestón de dos por dos te diga hola guapo ¿tienes un cigarro?. Esas cosas a Tim no creo que le asusten ni le molesten, son problemas de los reaccionarios, que somos unos quisquillosos. Y no llevamos tabaco.
Claro, la pijoprogresia fetén flipará con la contestación comprometida de este artista tan reivindicativo. Cualquier cosa antes de leerse el libro, no sea que se despierte la neurona. Se ha hablado siempre de utopía, de negra premonición a propósito del libro de George Orwell, eso si, inspirada en el comunismo rampantre de su época. Orwell sabía mucho de las artes de las familias comunistas, que no dudaron en eliminar al disidente con métodos muy expeditivos y que él mismo vió a su alrededor. Ahora, hay unos estudiosos que han analizado las referencias de 1984 a los acontecimientos que vivió Orwell en su estancia barcelonesa en la guerra, en los años más duros, cuando en Barcelona iban a tiro limpio por el centro histórico comunistas, los del POUM, socialistas cobardones y los anarquistas a su bola, matando burgueses y curas. Que luego ve las fotos esas de los bombardeos y d elos milicianos parapetados detrás de los caballos muertos cerca de la Plaza de San Jaime y dicen, joer, qué defensa frente al ejército franquista. Y no, de eso no hay ni una foto. Que la mayoría de bombardeos fueron desde Montjuic hacia el casco viejo para liquidar la resistencia del POUM y lo de las trincheras era el tiroteo entre las facciones republicanas -armas p'al pueblo- que resolvían así sus habituales divergencias políticas. Eso entre amigos. Luego el personal salió a la Diagonal a aplaudir a los carlistas de Montserrat que abrían la entrada de los nacionales.
Desde que leí hace ya un buen puñado de años 1984, he sido un defensor a ultranza de esa novela, que sigue siendo un texto de incomodísima vigencia. En la novela se cuenta, por ejemplo, que para evitar una tensión excesiva entre los no miembros del Partido, se les permitía pequeñas transgresiones, algunas críticas políticas, un cierto liberalismo en lo pornográfico y hasta la ingesta clandestina de alcoholes de pésima calidad. Somos la órdiga de la resistencia. Y así seguían tragando.

Pues nada, Tim, tú a lo tuyo, a actuar de modo extraordinario y a vendernos la burra que te interese, que nosotros pagaremos con esa sonrisa de complicidad que tienen los botarates.

sábado, 10 de octubre de 2009

El Tío Calambres

Leo que ha fallecido Luis Aguilé y me da mucha pena, porque me caía muy simpático, porque amaba las corbatas imposibles y porque escribió "La chatunga" que a mi siempre me ha parecido una canción como la copa de un pino, que es recordarla y se me menea la pierna sola.

Alguien se acordará de aquel infame programa que se llamaba "El hotel de las mil y una estrellas". Era un horror, vale, pero simpático. Y hasta salía en las colecciones de cromos de los críos.

Me acuerdo del añorado Peter, uno de los culpables de que me infectase del virus güepero. Peter terminaba prematuramente su enredo con sanfermines, Elvis Presleys, Luises Aguilés y contrafiguras.
Me los veo a los dos, echándose unas risas, qué sitio más bueno para ir a encontrarse.

martes, 29 de septiembre de 2009

La feria de los libros, primera incursión


Ya está aquí otra vez la feria de los libros. Por llamarle algo, que cada año es más cutre. Y eso sin librios electrónicos. Antes, se llenaba el Paseo de Gracia de punta a punta de casetas abigarradas, que casi no s epodía caminar por la calle. Eso en septiembre, que era cuando se vendía el libro viejo y tal. Luego en mayo o junio, o por ahí, cuando los calores tempranos, había una feria de libro nuevo, que uno miraba salivando y se decía, pues cuando estén en la de viejo. Esa fue bien hasta que empezó a ir menos bien, y entonces, puesto si, puesto no, eran de la Enciclopedia Catalana, que es un producto de una editorial muy subvencionada para
mayor gloria del nacionalismo rampante. Sigue en quiebra técnica, pero gozando de la buena salud que suelen tener los cadáveres alimentados con dinero público. Lo de siempre.


Este año hay menos tramos ocupado, menos de la mitad del Paseo pero es que además, en varios espacios se ha abierto hueco entre casetas. El año pasado me explicaron un poco por encima el pastón que pide el Ayuntamiento por metro cuadrado de caseta, los mínimos y los sitios para contratar. Vamos, que es cosa de kamikazes. No me extraña la cara de aburridos y d erabiosos que lucen algunos caseteros.
Voy donde siempre y me han guarado uno de Umbral, una cosa sobre lumis y tal, o sea. Vale, pues muy bien. He de volver, porque me siguen retirando material. Voy pregntando pero nadie tiene nada, si acaso, algunas ninfas y un hijo más de Greta Garbo. Una mujer me dice que claro, que como en Madrid se vende mucho aquí traen poco. Es la lógica condal.
al final de la bajada, como si dijéramos, veo a una mamá con carrito de bebé y a un rubiales que mira sin ver, porque no llega. Cuando se acerca al cochecito, destapa a su hermano y le mira con curiosidad de mayorzote. Este, le dice la mamá. Este es del cuerpo humano, ¿te gusta? Y el rubiales asiente. Cuando alcanzo su altura, es decir, su paso, no su talla, le veo y me suena su cara. Es... miro a su mamá y creo que es ella. Vuelvo a mirarle.
!Es Jan! !Jan, el de la galleta!

Normal que le compren ese libro. Así aprenderá que hay que comer primer plato, segundo y postre para hacerse mayor. Y que no hay que llorar en el cole, jolines.

domingo, 2 de agosto de 2009

Tenderetes


Ahora salgo hacia el Mercado de San Antonio, que es como un rastrillo dominical de libros y cosas.
Luego cuento, pero ya os imagináis, famélica legión, lo de Umbral y así.

miércoles, 8 de julio de 2009

Crueldad literaria

Oigo contar en la radio a Amando de Miguel que hace unos días se metió un panzón d electura tan intenso que se puso malo.
Al parecer andaba leyéndose una biografía del rey Pedro I de Castilla, el Cruel o el Justiciero según dijeron detractores o admiradores, un tocho de más de seiscientas páginas y, según contaba, al rebasar las cuatrocientas le dió un "yuyu" como de modo muy divertido tituló a sus males. A mi me mola más jamacuco, así que a partir d eahora, jamacuco. O telele. Que es como le llamamos a a hipoglucemia en casa. Pero como telele es concreto, pues mejor jamacuco. Vale.


Le preguntan que qué le pasó, y dice que le dio el jamacuco y que fue el médico a verle, pro tranquilizar. La presión, un vahído, yo qué se, pero la cosa es que resultaba divertido cómo lo explicaba, a carcajadas. Claro, una biografía de un rey que transita de la crueldad a la justicia y viceversa, es para que te arrebate. Otro cuenta que a ese mal, al jamacuco literario se le podría llamar bibliolitis y continúan con las risas.
Bueno, pues que se cuide don Amando, que ya se sabe que a veces los libros, y más si son de caballerías, le vuelven a uno tarumba y termina como Caballo, o sea, Loco, pero, por lo que parece, hasta se le puede poner raro el asunto biológico y tampoco es plan, no sea que nos vayan a poner los libros en farmacias y de camino, les metan tres tasas más y un iva mejorado y al alza, jolín. Que solo falta que demos ideas.

miércoles, 3 de junio de 2009

Vian, van 50


Se conmemora, aunque igual algún detractor un poco bruto celebra, el aniversario cincuenta del fallecimiento de Boris Vian. Hace ya un tiempo salía por aquí, a propósito de un libro antiguo, de hecho el primero que leí de este escritor francés. Desde entonces, ha resultado toda una aventura ir completando su obra, porque emn España la tenemos incompleta y muy mal traducida. En descargo hay que decir que nunca ha sido un autor dema
siado popular y que su peculiar lenguaje, lleno de neologismos, juegos de palabras e invenciones estrambóticas hace muy complejo el trasladarlo al castellano. De todos modos y a modo de ejemplo, el penúltimo poemario publicado aquí, No quisiera morir, de la prestigiosa Editorial Hiperión, responde al título de una de sus poesías de tono más bien jocosa y próxima, por tema, al humor negro. Según los que entienden, la palabra "crever" se refiere a la muerte pero en un tono burlesco, algo así como diñarla, palmarla o espicharla. No quisiera palmarla hubiese sonado bien, por ejemplo. Todo así y aún peor.

De un tiempo a esta parte ocurre con Vian como con el mayo del 68, que todo el mundo estaba allí. Menos los que no habíamos nacido y me da que con excepciones. Que para mi que Ismael Serrano era el que le robaba -incautaba para el pueblo, ya nos entendemos- los chupetes a una sobrinica con pecas de Dani el Rojo. Por cierto, hace tioempo que no sabemos dónde anda. Bueno, en realidad no sabemos ni del unio ni del otro. Y lo a gusto que estamos, dicho sea de paso. Vaya.
Eso, que uno le echa medio ojo a la prensa que mola y todo el mundo habla de Vian, que si patafísica que si trompetista de jazz y que si la diñó (yo si que me lo apropio) después de ver una versión cinematográfica de una peli suya. Alguno aventura que igual no le mató de lo mala que era, como cuenta la leyenda, sino que tuvo mucho que ver su deficienca cardíaca congénita. Si es que si no te mueres de sobredosis no eres nadie en el Babelia y alrededores.
Topicazos y más topicazos, Sanit Germain des Pres, jazz y variopintas profesiones, patafísica y lobo-hombre como la canción de La Unión, aquel grupillo que parecía apuntaba muy algo y terminó por reversionarse y teñirse las puntas de rubio platino para disimular las calvas. Una pena.
Lo cual que me pregunto a qué se refieren los plumillas que pontifican que si Vian esto y que si la vida canalla. Me da que conocen muy superficialmente su obra, que se limitan a dos brochazos de su jugoso anecdotario personal, de sus bromas un tanto sangrantes contra Jean Sol Partre, lo d ela trompeta y poco más. Porque casi nunca se refieren a la hondura de La hierba roja, una novelita breve que bascula entre la ciencia ficción surrealista, la prosa poética y una cierta dosis de existencialismo lúdico, como dije hace mucho tiempo. Lo defendí ante Peter, ese Peter, en una práctica de periodismo que me puntuó muy generosamente. Él me dijo que tenía a Vian por un autor menos profundo, más bien frívolo, pero que por lo que contaba en el trabajo, le había despertado un cierto interés, gracias a mi aproximación. Me tomé aquello por un gran cumplido, puesto que había atraido, quizás lateralmente, cierto, pero había conseguido atraer la curiosidad de todo un personaje como Peter. También hablábamos de Pombo, de aquel Pombo del Metro de platino iridiado y del Eterno femenino.
Según parece que era la sustancia de todo esto, la editorial Gallimard, que vendría a ser como los Ferraris de lo editorial en francés, va a editar toda la obra de Vian, como conmemoración en este cincuentenario. Cómo pasa el tiempo, cierto, pero hay que reconocer que también tiene sus cosas buenas.
En París, saliendo de la Abadía de Cluny, ya tarde, dábamos medio paseito buscando un sitio para cenar. Tarde en parisino es a partir de las seis y media o por ahí. Una vez, en un café o bistro o como le lamen ellos, no nos pusieron unos cafés con leche porque ya era muy tarde, no servían cenas y mucho menos sobremesas. LA cosa es que no eran las tres de la mañana. Eran las siete. Y los camareros barriendo el bar. Qué tíos. Lo cual que en una esquina un letrero de lo que parecía una librería. Y en la esquina de enfrente, ese mismo letreto. A mi me sonaba vagamente a librería y, en efecto, lo era. Aquello, la librería Gibert Joseph era un laberinto de escaleras, niveles, recovecos y pasillos fascinante. Muy luminosa, llena de indicadores incomprensibles para mi y de gente, bastante gente. Allí, gracias a la ayuda de la HermanadelPianista, le conseguimos sacar la infomación a un vendedor de dónde estaban las cosas de Vian y si tenían algo en castellano. Mi dispiace signore, nos dijo en francés, pero no, en castellano más bien no. Pero visitamos los anaqueles dedicados a Vian. Y aquello fue deprimente. Deprimente para mi, que en francés sólo se decirle a uno que está loco, que tiene cara de lápiz y que yo soy el rey. Claro, muy lejos tampoco llegaría. Bueno, gracia sa Sinatra también se decir cherchre la femme, que también ayuda al jolgorio. Menos mal. Había en aquellos estantes una buena cantidad de libros, además de todas sus novelas, varias obras de teatro, algunas de las cuales no tenía noticia un poemario o dos y muchos recopilatorios de sus artículos periodísticos y críticas de jazz. Su obra casi al completo, por lo que parecía. Y en una edición de bolsillo, una muy conocida de cubiertas blancas y de precio irrisorio, dos, tres euros por volumen. A mi, que aún se me saltan las lágrimas cuando me acuerdo de las ediciones de Alianza que, por setecientas pelas te regalaban lo mejor de Conrad, de Borges, de Delibes y de Kafka. Y allí, por doscientas, trescientas, lo que quisieras. También preguntamos -yo un poco con traducción simultánea, ya digo, crayon, se fou, la femme, nes pas posible- por un tío que dibuja tebeos que en su día medio publicaron en España sobre un aventurero miope por los Mares del Sur, en plan un poco Conrad. Marie Verité es el que publicaron seriado por aquí. Uno que escribe una historieta que se titula así merece una poca de atención, lo aseguro. Resultaba que Frank le Gall, el autor en cuestión -que ya es nombre de tebeo, ya-, tenía publicados no se, ocho, diez tebeos de ese personaje y, claro, ni uno en castellano, Los ojeé a ver si entendía algo. Si al menos hubiese habido alguna historieta situada en un manicomio femenino para dibujantas a lápiz. Pero eso sería demasiado barroco hasta para un francés.

De allí salí sin libros y algo envidioso, pero en buen plan. También con el propósito renovado de intentar aprender francés para poder leer esas cosas, pero, por suerte, se me pasó la tontería casi de inmediato. Si al menos tuviésemos librerías como aquella.

martes, 28 de abril de 2009

Los cantos de la cigarra

Andan unos vecinos de por aquí dándole al recital poético. Esto es cosa de poetas, gentes de mal vivir, trasnochadores y otras gentes de similar ralea. En fin.
Resultó que este lunes, ayer como si dijéramos, se nos apareción un tipçografo helenista con vocación de náufrago g
aláctico que nos endosó unos cuantos versos de alto octanaje, apesar de cubrirlos con la toga de la timidez. Se te ve de lejos, amigo Macías, que es una trola tan gorda como los wiskies de Dean Martin, que ahora dicen que eran cocacola. Sea como sea, Dino es Dino, Las Vegas aguardan, y sólo por ver cómo habla de las cosas de los griegos, del poema 31 de Safo y de las virtudes del buen tipógrafo, merece la pena ir a escucharle, incluso sin pacharanes Cuervo.


Para los que ya estéis perdidos, sabed que Macías dice cosas así:

Una rima es un péndulo muy serio,
arco iris con billete de ida y vuelta
de tus párpados al centro del misterio.

O sea, que merece la pena echar un vistazo a su garito, darse una vuelta, al estilo d elos tiovivos o de los giradiscos, y volver unas cuántas veces más.
Un placer.