Hace unos días vi en la calle, en una esquina soleada, mañana fría
convaleciente de la gripe gris ay, por fin sale el sol, al vagabundo aquel que me recuerda a Roger Hogdson. Hace mucho que no le veía. No
me daba tiempo a invitarle ni a un triste café, porque iba yo
cargado y apresurado, peste de la vida moderna.Ahora ya no deambulo por su barrio, pero sigo pensando en él.
En la radio, en Discópolis echan una serie sobre rock sinfónico y progresivo, por pasión del locutor y aclamación de los oyentes. Propone a ver qué pone, si Mars Volta, que son actuales, raros y fascinantes o si Supertramp, buenos, comerciales y un poco antiguos. Hace lo normal, poner los dos. Roger Hogdson, el de verdad dejó el grupo no por las desavenencias habituales de las estrellas del rock, sino porque a su chaval le iba mal en el cole y decidió tomarse una pausa en el rock para enderezar al bigardo. Mars Volta son alucinantes.
Otro día me paro y le endoso un bocata que no se lo salta un torero.



