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domingo, 29 de mayo de 2011

Sorprendente


Oigo a una que da el dato "sorprendente" de que actualmente se abren 83,3 millones de vídeos en el Yutup por hora y todos los boberas dicen ooooh, porque lo que hay que decir es ooohhh.

Si hubiese un tío lo bastante aburrido que se dedicase a contar memeces, no se, podríamos preguntarle cuántos vasos de agua se beben en todo el mundo por hora, cuantos pinchos de tortilla se zampan a la vez en todo el planeta o cuántos libros se leen a la vez en el orbe. Chiquita, que hay doscientos millones de mendrugos que se sientan a la vez para ver el furbo o el Tur, pues tampoco está para tanto, digo yo. Pero hay que pensar medio minutico y eso, pues en fin.
Fin.

viernes, 2 de octubre de 2009

Cómo saber si estás hablando con un botarate camuflado

Es que hay algunos que disimulan bien, que consiguen encandilar a sus víctimas como las cimbreantes cobras danzando frente al pardillo antes de liarse a bocados, con su parafernalia tecnointelectual por delante, su hermosos trajes o su brillante maquillaje, que uno anda despistado o demasiado trabajado de pacharanes -por decir dos circunstancias y no abundar, o sea- para que le salten las alarmas. Sea, que cuando el interlocutor suelta cosas de esas, o es tonto perdido o se lo merece y pronto le adornarán con tan significados laureles.


Implementar
Sinergia
Powerpoint
Soja
Easy listening

iPod
iPhone
Por implementar sinergias y todo eso, me sale este tío. Y claro, no es por faltar al menda, pero pinta de botarate tien, no me digáis que no.

Hay que puntualizar que si uno dice cosas tipo: ¿Soja?, deja de comer chistorra, maja si quieres rebajar chichas o menuda castaña el iPod, tanta pijada y no tiene radio, pues no se coliga su memez de modo inmediato, es más son muestra de brillante sagacidad. Así, las proporciones de idiotez aumentan exponencialmente cuando en un mismo discurso se acumulan esos vocablos. En cuanto me termine el pastelito de soja, me implemento unas músicas easy listenings en el iPod y el en iPhone. Si quieres te lo explico en un powerpoint, que para algo hemos de potenciar nuestras sinergias.

Hay más, claro está. Como briefing, timming y las que suelen terminar en forma de banco naranja donde se pega las chufas Fernando Alonso, qué agonía de tío, pero qué pesado. Hala, cómprate un Ferrari a ver si así ganas y llegas a la hora al briefing con fabada, tío plomo. Propulsión a ped...ales.
Y como veo que gusta tocar balón, bandidos, espero vuestras sangrientas aportaciones.

viernes, 21 de agosto de 2009

Problema matemático


A mi antes me gustaban los acertijos matemáticos. Señal de que tenía demasiado tiempo libre, sin duda. Bueno, a ver qué tal con éste de breve pero contundente enunciado:


¿Qué sucede en una situación constante si N tiende a infinito...?

domingo, 25 de febrero de 2007

El misterio del tiempo perdido (II)

(Continuación)
Mesié Blasier reaccionó con una agilidad felina y danto muestra de su sagaz perspicacia
-Em... yenepás fumer. Que no fumo, vamos.
Tras lo cual giró sobre si mismo y volvió a darse la vuelta para entrar en la desconcertante oficina, provocando el pasmo de Hermógenes, que siguió fumando sin descanso. Una vez dentro y algo mareado por el estruendo de gritos y sollozos de la masa laboral, Mesié Basier alzo su poderosa voz y se presentó como el Delegado para las Emergencias del señor Berasategui. El desconcertante modo de ordenar las frases de Blasier provocó la inquientud entre los letraheridos que pensaron que su bienamado jefe estaba en apuros. Qué incautos.
Poco a poco cundió el silencio y Basier pudo comenzar su trabajo:
-Sevian, sebian, yenecomprenpás todavía, pero con su colaboración y sus denodados esfuerzos, conseguiremos resolver este intrigante caso. A ver, díganme, quién está al frente de la plantación... quiero decir, ¿del oficio?
Se volvió a formar un cierto caos, ya que comenzaron a señalarse los unos a los otros, señalaron hacia las alturas e incluso algunos se volvieron a sentar y se dedicaron a sus asuntos, como si viviesen en una isla de silencio.
Fimalmente la mayoría de brazos terminaron señalando a un risueño joven que hacía gestos simiescos con el consiguiente alborozo de la concurrencia. Es el factótum y lo será mientras nos apetezca, oyó decir a una ya no tan jovencita de dispersa mirada que intentaba coger ocho cigarrillos en cada mano.
Las primeras gotas de sudor perlaron la amplia frente de Blasier. Los nervios a veces le traicionaban y ahora se daba esa circunstancia. Uno de los escasos puntos débiles de Blaiser era el tener que atender a más de cuatro conversaciones simultáneas, con lo que decidió disimuladamente emigrar hacia la isla de los proscritos y pedir ayuda a la Prefectura.
-Mesie le prefecter, ye sui Blasier, ¿comantalebú? -preguntó educadamente- Este caso es más complicado de lo que parece. Necesitaré refuerzos. Enviadme a mi ayudante. Rápido.
(Continuará)

lunes, 12 de febrero de 2007

El misterio del tiempo perdido (I)



Aquella mañana amaneció como todas. Aunque eso fue más tarde. Porque nuestra sórdida historia comenzó antes de que los gallos engolaran sus timbrados y antipáticos cacareos. Pero no nos vayamos por las ramas.

Un grito pavoroso aterrorizó a los humildes oficinistas del gabinete del señor Berasategui. Después, algunos llantos y algún que otro sollozo entrecortado.

Entre las brumas apareció recortada la figura de Mesié Blasier, el elegantísimo detective de origen antillano que con una suave cadencia en el andar se dirigío impávido hacia la pasantía.


-Bonsuar ¿comantalebú? -preguntó educadísimo, como sólo Blasier sabía hacerlo.


Gracias a su eficaz perspicacia pudo contemplar a un atónito oficinista presa de los nervios, tembloroso y con dos cigarrillos, uno en cada mano y un tercero sobre su oreja izquierda. Sin duda, concluyó Mesié Blasier, este flan con patas debió de ser carpintero. Menudo pájaro.


-¡Se ha cometido un crimen! -respondió el nervioso fumador-. Ha desaparecido el tiempo.


-Bientut, para eso estoy yo aquí -repuso contundente Mesié Blasier, para resolver este terrible suceso. Pero dígame, humilde destripaterrones, ¿su nombre es?


-¿Yo? Pues... soy Hermógenes Bart Leví, para servirle a usted ¿Un cigarrito? -respondió mientras le alargaba el paquete de Gitanes.


El sexto sentido de Blasier le alertó. No podía fiarse de aquel tipo. Quién sabe qué siniestras ponzoñas podían contaminar los aparentemente lustrosos cigarrillos. El detective se detuvo un instante para trazar un plan que le sacara de aquel atolladero, mientras seguía escuchando las voces horrorizadas que provenían del buró.


(Continuará)