El otro día me inventé un plato. Bueno, un plato no, lo de dentro. A ver, que ya estaba inventado todo, me refiero a la combinación de ingredientes y la presentación pero sobre todo, la forma de ir haciendo el tonto para promocionarlo. Ahora que uno que se llama como una barca de Colón y el pesado ese del Bulli andan a navajazos porque el uno dice del otro que con tanta cosa rara que le pone le da al personal una gastroenteritis de esas que el bueno de Alez Zuelea llamaba "cagalega". Tanto vapor de ajonjoli y tanta chorrada. Oiga, que tengo hambre. Y po0co dinero, que entre la no gasolina y la no paga por el voto cautivo me veo canino.
Total que te bajas al Navarro y le compras unas chistorras y unos manojos de espárragos de campo, o sease trigueros. Los lavas bien lavados, que suelen llevar tierra y eso si que no. Lo típico, se corta la chistorra al gusto, a mi me gusta en tramitos de cuatro dedos o por ahí, y a la sarten, que vayan soltando grasa. Para mi su mejor punto es con la piel casi tostadita suave pero aún sin desgrasar del todo, porque ya no es corcho para las arterias pero mantene un punto jugoso. Es que hay veces que uno se imagina una tromboflebitis según le ponen las chistorras en el papel encerado. Y ya se sabe, la seguridad es lo primero.
Los esparragos. Pues lo normal, también. Le pegas un tajo a los tallos por la parte más baja, o sea, la menos verde, un poco blanquecina, y a la sartén. Se hacen relativamente rápidos. Yo prefiero echarlos solos, luego a mitad un poco, muy poco aceite y sal, porque si no son muy dulces. Poca sal que la chistorra ya va cargadita. Según se hacen, como suelen ser de distintos grososres, lo mejor sacar los finitos antes y dejar medio minutico los más ceporros. Para mi gusto están espléndidos cuando la piel se tuesta un pelo y aún están algo crudos por dentro, mayormente los gordos.
Y a emplatar que dicen los cursis. Yo oigo emplatar y me bajo al Chatico a comerme un bocata de tortilla y aquí paz y después gloria.
No emplato. Sirvo. Y sigo.
Obsérvese mi profesionalidad, nunca bastante bien ponderada; que me detuve a echarle una estampa al asunto y conseguí no zamparme nada mientras inmortalizaba ese momento.
Es la especialidad bulliesca. O sea, poner los espárragos como tiritas, espigas, palitos, como en un cuadro de Vieira da Silva (Recordadme los de la Brigada Loquileto que robe uno) por un lado, con las gotita que queden del poquín de aceite y el agua que echan, de u vedematizado por el amarillo y puede que con alguna motita oscura del tostado. Al otro lado, las chistorricas a revoltillo, con unas gotas, gotarrones, vale, pero sin pasarse, recordad garantizar el riego de sangre, del rojo anaranjado de su aceitón.
Luego se lleva a la mesa entre aplausos del respetable, porque el olorcillo los tiene en ascuas y se le hinca el diente con alegría, en compañia de unos buenos tarugos de pan y un tintorro de esos de quitarle a uno las penas, que bastante tenemos ya con el día a día.
Y al Bulli, morcilla.