Mostrando entradas con la etiqueta La música de nuestra vida. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta La música de nuestra vida. Mostrar todas las entradas

martes, 8 de julio de 2014

El río interminable

Veinte años no es nada. Ese es el tiempo que habrá pasado desde la publicación del último disco de estudio de Pink Floyd que, Dios mediante, será el penúltimo a partir del mes de octubre.

En su interesante y divertido libro sobre la la historia del grupo, el batería Nick Mason explicó que en las sesiones de grabación de The Division Bell tocaron mucho, mucho, entre otras cosas varias jams sessions inspirados por las entonces muy de moda sesiones de música ambiental con aires tecnos y progresivos. Mason te toma en el libro el asunto con su sorna habitual. La cuestión es que parte de esas tomas fueron usadas en los conciertos, como interludios instrumentales.
Tiempo después, Gilmour se mostró interesado por ese tipo de música instrumental, tal vez mucho más próxima a su idea de la composición de lo que se podría imaginar. Gilmour nunca ha sido un buen letrista y sus aportaciones al grupo siempre se refirieron a la parte instrumental.  De hecho, en varios de sus últimos trabajos Gilmour ha publicado varias brillantísimas jams tocadas en diferentes sesiones, libre de la atadura de tener que componer un éxito musical,  algo que, personalmente entiendo como una forma de entender la música como "progresiva", es decir, evolutiva, y llegado el momento actual, completamente libre de textos, estribillos y, como es el caso de una jam, de principios y finales. Es decir, el puro placer de interpretar el instrumento. En su colaboración con The Orb se percibe eso exactamente: un colchón sonoro ambiental sobre el que Gilmour desgarra una colección de guitarreos fantásticos. Pero no es un disco Floyd, dirán algunos. O si, decimos otros.



Llevo leídas hoy unas cuantas noticias a propósito del asunto y me admira la profunda ignorancia que en algún caso bordea el insulto, como en el texto que publica Elmundo.es-, con la que se ha tratado la información. Que no hay que ser una enciclopedia en todo, pero tampoco es tan difícil preguntar a uno que sabe cuando se ignora de lo que se escribe. En fin.

Hay una muy buena pista de por dónde pueden ir los tiros en la grabación en directo de la gira de ese disco que dio lugar al disco Pulse. En la versión en cassete hay una canción oculta al final de la segunda cinta que se tituló Soundscape que se empleó como fondo sonoro en el concierto durante algunas proyecciones en la pantalla redonda gigante. Es más que probable que parte de esas grabaciones se empleasen para elaborar ese Soundscape y no sería extraño que ahora hayan formado parte del nuevo proyecto.

La sustancia es que se ha recuperado el material de esas sesiones y se ha mejorado con algunos textos cantados, con lo que se ha conformado el que será The endless river, el último trabajo de Gilmour, Mason y Wright. A la espera de que algún día se publique el material sobre el que trabajaba Wright poco antes de fallecer o de las nuevas ediciones en solitario de Gilmour y Waters en solitario que se auguraban para la próxima primavera, tendemos un disco de Pink Floyd todo lo nuevo que puede ser. Que es mucho más que la colección de inéditos piratas y rarezas con las que hemos ido despachando los floydianos en estos últimos veinte años.

Esto no acabará aquí.

lunes, 11 de febrero de 2013

El Papa

Dice la HermanadelPianista que en Benedicto XVI ve a un abuelo. Un abuelete majo, tan majo que casi es como de dibujo animado. A mi me fascina su serena inteligencia. A mi, en la discusión, me gusta el argumento duro, la imagen fuerte, el castañazo, o sea. Y me encanta del Papa que es pausado y efectivo en su argumentario. Y lo bien que se explica, siendo el teólogo más brillante desde vaya usted a saber cuánto.

Uno de sus rasgos más notables del Papa es su tierno humor. A mi, lo del tricornio me ha parecido una se sus mejores imágenes. Y la de la tormenta en la JMJ de Madrid.  Atrás, ni para tomar impulso.


En su anuncio en latín de la renuncia (he oído que algún cardenal alucinaba porque no le entendía, ay, al Logse ha llegado hasta a la Curia) ha dado una clase de catequesis, un minitratato teológico de aúpa. Nos ha dicho que ha orado y ha reflexionado sobre lo que tenía que hacer. Ha puesto en en la balanza la libertad y la responsabilidad. Ha obrado y ahora rinde cuentas ante su rebaño.
Yo es que sigo alucinando.

Como he dicho en Fenmadrid, lo que me sabe mal es que la misa en la que por sin podremos llamarle santo a San Juan Pablo II no la presidirá él, su amigo. Jo, es que vaya par, un alemán y un polaco. Hay que dar gracias por la suerte que tenemos.

lunes, 19 de marzo de 2012

De vez en cuando...

De vez en cuando me reconcilio con Radio 3. Ya no es lo que era, ay, qué antiguos somos, pero a veces aún nos da algún alegrón a los diplodocus del asunto.
Resulta que estaba dale que dale con la toledana de pulirse moromuzas liquidando unas lechugas y tal y me acerco a cambiar el dial, que los lunes echan una tertulia del furbo que es un tostón de cuidado en lugar de las entrevistas de los otros días en
la Cope patufeta, que de eso también hay. Ñaca, paso un par de emisoras y me quedo con otro tostón de uno que va dado una agenda cultural que me da sueño. Gracias a mi tantas veces contrastada habilidad con el acero, el sopor no termina en dedo seccionado, pero se me cierran los ojos y tampoco es plan. Aivá, igual en Radio 3 pillo Discópolis...
Y lo pillo.Para mutantes, La Patrulla X


Viva Discópolis, que es, con Disco Grande, de lo poco que queda de aquella prejubilación ruinosa que terminó con tíos enormes como mi admirado Ordovás y a cambio nos colocó, entre otras jóvenes promesas Paco Clavel. El discopolero es un floydiano de tomo y lomo que a propósito de la reedición dela discografía de los Floyd y de las cajas Immersion ha hecho varios especiales sobe el asunto. Y resulta que pillo, el último ratico del programa, un fragmento del The Wall en directo que han recuperado en la última de las ediciones. Termino las lechugas cantando y diciendo puangpuang cuando los solos de guitarra y los vecinos no vienen, así que bien, creo. O les asusto, no se. Pausa, José Miguel López despide el programa y deja un último tramo del disco, Fenomenal. Mañana lo recuperaré de la güep y daré buena cuenta.
A ver que echan ahora. Son las ocho y va a comenzar Colmenarejo las noticias, que me gusta mucho su informativo, siempre despanzurrado por los plastas de las pelotas. Del furbo, digo. Pero, toledana en la mano, no corro a cambiar. Termina Discópolis y sin solución de continuidad arranca lo siguiente. Battiato. Es un programa de estos nuevos, en plan cómo mola, tía Lola, de unos que van a pinchar sus canciones. Son Niños Mutantes, unos modernuquis de hace unas cuantas temporadas, que arrancan con Summer in a solitary beach, de mi admiradísimo Battiato. ¿qué hará ese hombre ahora? se pregunta mucha gente. Pues además de trabajar en su cuarta peli, creo, y de acabar una gira rocanrolera, acaba de estrenar una ópera en dos actos y no se descarta disco y gira. Y algo en la tele. Viva Battiato. Voy escribiendo esto y van poniendo canciones. Me gusta la de los Surfin Bichos, y ahora una del muermo de Leonard Cohen, que, con mesura, me conmueve justo antes de arrancarme el primer ronquido.

Lo cual que me reconcilio con Radio 3, me sale una ensalada de fábula, canto, bailo y perpetro este asunto. Ya puestos, en la sala noble pondré algo. Y ya está bien por hoy.

lunes, 27 de febrero de 2012

Los juguetes

Resulta que tenía que salir mañana, pero por si acaso, me he acercado hoy a la tienda de discos. Allí, no se por qué arte de birlibirloque, resulta que consiguen los discos de importación algún día antes y bastante más baratos. Esta caja unos veintitantos euros menos, casi treinta.

Se trata de la versión definitiva 8hasta la próxima) de The Wall, la cumbre de Pink Floyd. Para mi gusto, no es, ni de muy lejos el mejor disco del grupo, pero es unos de sus trabajos más complejos y exquisitos. Y lo venden con pijadas, como pegatinas estampas y una bufanda, que a mi me parece cosa de Abuelo Cebolleta. Otra cosa sería si llevasem tatuajes macarras o ligas de chorizona. Pero estamos a lo que estamos y así somos las momias. Ahora está por aquí guardado. Esperando. Curándose, como si fuese un jamón. Porque la espera es lo mejor. Mirarlo encasado, como si fuese un muslo de pollo en su plasticurri. Hasta que un día digamos "vamos a abrirlo". Oye, toda una fiesta.

Ya contaré. Aquí o en la sala noble.

miércoles, 19 de octubre de 2011

Me quedo de piedra


Oigo en la radio, a primera hora la noticia musical del día, por así decir. En el informativo de la Cope, antes de que empiece Buruaga hay un locutor, Enrique Campo, que apuesta por una fórmula interesantísima. Se trata, de 6 a 7, del resumen informativo habitual y el avance de temas para la jornada, el tiempo, repaso a las cabeceras, con una simpática ojeada a las regionales, con aire de magacine que resulta muy efectivo para lanzar a los oyentes madrugadores hacia el informativo potente. Me gusta.
Entre sus secciones, a eso de las 6.25 suelen poner una cancioncilla para ilustrar una supuesta noticia musical. Suele ser alguna chorrada de las habituales cantante-pedorras cuyas mayores habilidades musicales se sitúan, geográficamente hablando en los muslos, por no perder del todo la elegancia.
John Squire, además, pinta. Esto ya lo he comentado por aquí. Pero es que es muy bueno, el tío.

Hoy, sin embargo, en lugar de la tontuna, oigo una canción de los Stone Roses. Quince años de la separación del grupo. Hombre, una cosa es magacine y otra tener una noticia tres lustros en el frigo. Pero no, hay noticia. Los Stone Roses se reúnen para una gira. Y cuenta el asunto.

Hace unos días fallece la madre de Mani, el bajista del grupo. Al funeral acuden los otros tres Stone Roses para acompañar en el trance a su antiguo comilitón. Como suele pasar en estos asuntos cardiaco-musicales, en la ruptura hubo tensiones y hasta alguna antipatía, cosas de celos y chorradas discogáficas. Las dos estrellas del grupo, el cantante y el guitarra, eran demasiado para aguantarse.

La cosa es que, los sentimientos a flor de piel y tal, la charla, el canapé, una copa en memoria de la madre, que en Gloria esté, un abrazo, tu prima sigue igual de maciza, yo qué se, a uno de los antiguos jóvenes tarambanas, veintitantos años después, le da por decir ¿y si nos volvemos a juntar? Yo es que me lo imagino. El cruce de miradas. Si Squire dice que bueno, yo digo que vale. Si Brown dice que vale, yo digo que venga. El pobre Mani, triste pero alegre, porque las despedidas son tristes pero la cordialidad es alegre. el batería -hubo dos, así que no se cuál sería de ellos- haciendo de batería, chisposo e insustancial.
Venga, ¿va?, pues va.
Y allá va. Ni se fechas, ni sitios ni nada, peor apuesto a que será a lo grande, a que habrá material nuevo y a que, a poco que pueda, estaré allí para volver a disfrutar de su arrolladora música. Un torbellino musical a cargo de unos fantásticos músicos que, cuando se alargan, se rockean y se sinfonizan son lo mejor que uno puede escuchar.
Ya veremos, si Dios quiere.
En la sala noble pego algo, para ilustrar.

martes, 17 de mayo de 2011

La aparición


Pues finalmente ocurrió lo que todo el mundo esperaba, pero nadie podía asegurar. Según parece, la semana pasada, en uno de los conciertos de Roger Waters de la gira The Wallen el O2 de Londres, que es un garito enorme, cuando comenzó a sonar Confortably numb, en lo alto de la pared, en lugar de Doyle Bramhall, que es quien suele darle a la guitarra en es apieza, apareció el mismísimo David Gilmour. Según parece, los seis conciertos londinenses se firmarán para posterormente incluirlo en un deubedé que sonará a lo mismo de siempre, y que compraremos pountualmente como buenos floyds que somos. De todos modos, no estaría de más, que ya que se metió toda la gira entre pecho y espalda, se incluya también el Comfortably numb tocado por el pobre Bramhall. Bueno, en todo caso nos libramos del cursi de Snowy White, que con ese nombre, pues eso, vaya.
Por lo que dicen, al final, en la única versión renovada del concierto, al final del concierto, cuando Waters toca la trompeta, también apareció Nick Mason para tocar la pandereta. Suena a chusco, lo se, pero es que así fue la cosa. Así, así.

No he hecho aún la crónica del concierto -ni la crítica del Dark side, si, JMMacías- pero es que no sabía muy bien cómo abordarla. Espectacular, grandiosa y cara, si. Musicalmente pobre, teniendo en cuenta que no aportaba nada nuevo. La voz de Waters, absolutamente increíble, considerando lo fatal que está desde hace ya unos cuantos años. Pero había que estar.

Igual es lo que falta para unirse en una gira de despedida. Y eso sería colosal. Pero a falta de Wright y Waters, que se llamasen GMW, por ejemplo. Y sanseacabó.

viernes, 4 de febrero de 2011

El falso simpático

Quique González, un cantante al que me estoy aficionando moderadamente -no en vano me gusta el disco que más raro le ha salido, por lo que dice el personal- contesta a una entrevista de El Periódico de Cataluña, a propósito de su actuación en un ciclo de música. Se trata de un festival titulado BarnaSants, donde suelen invitar a los llamados cantautores y que como su propio nombre indica, se celebra en el barrio de Sants. González actúa en el Palacio de la Música que está en el barrio de la Ciudad Vieja. Cosas de la esquizofrenia barcelonesa.
Como lo importante de artista es agradar a su público, al musical y al lector de El Periódico, aprovecha que el Pisuerga pasa por Minessota, patria chica de los Zimmerman de toda la vida, dice González:


-«Dylan, candidato al Nobel de literatura». ¿Le chirría? -Hombre, si le he perdonado que tocara delante del Papa, pues que opte al Nobel me parece muy bien. Soy megafan, y cualquier cosa buena que le pase a Bob no la voy a discutir.

Albricias, que ya puede dormir tranquilo Dylan, porque González ya le ha perdonado. Lo que yo decía, el simpático imbécil. Ahora ya le pueden dar el Nobel, jolines.

martes, 11 de enero de 2011

Regalo de Reyes

Rescato, cosas de las tecnologías el Duendeando de hace unos sábados. O del domingo, no se. La cosa es que cambié la emisora cuando iba a buscar una cerveza o un café o algo y escucho que están entrevistando a los Delinqüentes y a Tomasito, que es garantía de buena música y mejor pachanga. Resulta que internet está terminado con la tele, con la prensa y hasta con la radio. Pero, al menos, en lo de la radio, yo le saco un jugo estupendo, porque me puedo ir bajando programas que me interesan y me los pongo cuando me apetece o cuando el rato se presta.
Soy así, ahora, mientras pergeño estas cuatro letras están con el lerelereleré, el tacatá, olé mujé, tracatrá, liando una de antología. Me hace gracia el garito que han montado en Jerez.

Se llama Tío Zapa, porque allí al personal le llaman tío o tito y Zapa por Frank Zappa. Y que una bodega les regala una caja de vino por concierto, ozú, imahinate cuando en un fin de zemana tenemo tre concierto, que son sei botella por caha, la papa que noh agarramo, compare.
Ahora sacan disco y andarán de conciertos liándola buena, con ese cruce que hacen entre Hendrix y el Capullo de Jerez -el Capu-, y Dylan y Remedios Amaya, Silvio y hasta Violent Femmes, que es que son para dar de comer aparte. En cuanto encuentre algo, lo pincho. Bueno, ahora en la Sala Noble.

martes, 1 de junio de 2010

La crisis del ladrillo

En la prensa se recoge el anuncio de la nueva gira de Roger Waters. Nuevo y Waters cada vez es más antagónico, pero en fin. Esta vez, desempolva, treinta años después, el The Wall para hacerlo girar por treinta sitios del planeta. En esta ocasión, Waters visitará por primera vez Madrid y repetirá por tercera en Barcelona. Qué tío, tres veces y ni un disco nuevo, apenas cuatro cancioncillas de medio pelo.


Y es que por resucitar, ni siquiera es la primera vez que le quita la naftalina. Waters ya montó un Wall en Berlín, al año o por ahí de la caída del muro, con estrellas invitadas como Cindy Lauper o los Scorpions. Y Van Morrison y la delgada que no es Patti Smith, pero que a mi siempre me la recuerda. Un segundico que busco y preciso el dato, en plan Frankfurter Allgemeine Zeitung. De aquello rodó un deubedé que me parece que era por lo de la retransmisión de la tele. Entre las cosas chuscas, que en un momento se escachufló el sonido y tuvieron que tirar de la grabación del ensayo del día anterior y quedó muy bien. Esos alemanes, que son la monda. La imagen de Waters con raibanes de guardia civil bajando de un helicóptero para ni cantar ni tocar el bajo probablemente fue la cumbre de aquel macroesperpento. En lo musical, la ya mencionada Lauper, disfrazada de colegiala lagartona, ay, mejoró con mucho la Another brick in the wall, 2ª parte, yan gastadita, ya. Lo mismo que la histérica de Sinnead O'Connor, vaya plasta de tía, pero qué bien canta,
que mejoró stensiblemente la cansina Mother. Dicen que tuvo un asunto con Peter Gabriel. No me extraña que se nos quedase calvorota el tío, qué agonía, jolines. También brilló Brian Adams, que hacía recordar su época de Bruce Springsteen en bueno, con la versión inédita de What shall we do now. Se trata de un alargamiento muy guitarrero y cantado a pleno pulmón de Empty spaces, eufórico, por así decirlo, que pega muy bien en ese tramo del disco, despules de dos espacios reflexivos y líricos. Para más detalles, en la sala noble. En la carperta original del disco aparecían las letras, pero la prisa al terminar de editarlo hizo que se cortara ese trozo de canción. Waters, descontento con el resultado final de The Wall, vió el cielo abierto con el proyecto de la película, en el que quería meter el supuesto tercer disco que debía haber completado los dos originales. Por eso lo de The final cut: un juego de palabras en el que se iba a incluir las canciones extras de la peli más algunas de las que luego formarían el The final cut editado en el 84. Aquello si que hubiese sido un disco colosal.
Jerry Hall, ya lo tengo. Joer, otra perla, tela marinera.
Porque para mi, The Wall es un buen disco con momentos tostones y, desgraciadamente demasiado sobrevalorado. Encima, muy castigado por los singles, agotadores. Y, en buena medida, la espoleta de la ruptura del grupo. O sea, que cariño, relativo.
Pero como menos da una piedra, pues habrá que aprovechar. Waters no se atreve a lanzarse en algo propio, en sacarnos de gira su ya vetusto Amused to death que tanto gustaba a nuestro añorado Peter, y sigue viviendo de la vieja gloria, ahora aún más cuando ya ni puede cantar el pobre. Para vender la burra sigue con la matraca de los muros mentales y se pone en plan progre de salón. Lo de Bush y Blair, pedo y pedo, Irak, caca y Afganistán, más caca. Hasta se ha descolgado que todo fue una trola, que Reagan y Thatcher no hicieron casi nada para que cayese el muro de Berlín. Bueno, es que cuando se pone político está aún peor que cuando intenta cantar Wish you were here. Topicazo tras topicazo, palestino bueno, judío chungo, hasta la chorrada final. Qué cansinos, los tontoprogres. Pero en fin, que algo ha de decir para que parezca que es algo más que una diversión para seguir haciendo dineritos, como si eso fuese algo malo: usted trabaja y yo le pago. Usted es rico y yo me divierto. Ay, la mala conciencia del rojerío multimillonario. en resumen, que la crisis creativa -y vocal- de Waters se resuelve a base de ladrillo. Y sin especulaciones. Oye, que apunten los ministerios de la cosa, a ver si espabilan.
De toda esta tontería, lo mejor que podría pasar es que Gilmour se picase y dijese, pues ahora vuelvo a retomar la vida en gira que estaba haciendo con el pobre Rick Wright, y como por España no he ido, ahora doy allí doce conciertos. Pero para mi que Gilmour o tuvo alguna mala experiencia en Ibiza y prefiere no volver, o que nos tiene entre ceja y ceja por alguna cosa de las idems. Bueno, y yo qué se. Peter decía que qué había hecho Gilmour en todo este tiempo. Y no hubo tiempo para replicarle, pero, lo mismo que a mi cada vez me gusta más el Amused to death, ahora él me dará la razón con Gilmour, el verdadero depositario de la esencia floydiana, desde Barret hasta los mejores años previos al Dark side of the Moon. Para estas diatribas, si no existiesen, tendríamos que inventarlos, a ver si no.
De todos modos, apuntamos en la agenda y por ahí nos veremos, legiones floydianas.
Ladrillos para todos. Pero no en la cabeza, ojo.

miércoles, 10 de febrero de 2010

La vigencia de los clásicos


La vigencia de los clásicos, aquí expresada por partida doble. O triple. Porque Peter Gabriel lo es desde que tiene veinte años -porque aún recordamos su soberbia etapa en Genesis cuando tenía veinte y cómo se largó de allí a los veintipocos porque se le había quedado pequeño. Más, porque tirar de repertorio ajeno es encumbrarles. Y más aún, porque uno es como es, o sea.

Después de su mejor disco -ya sabéis, a este NDAP vuesto se le derraman las opiniones por las costuras- Up, de hace ya no se cuántos años, esperábamos los aficionados a ver si despertaba de su letargo Peter Gabriel y nos hacía algo que mantuviese el nivel. Yo sigo en lo mío: aquel disco estaba muy influido por la música de grupos como Massive Attack, que publicaron y giraron a la vez. Tuve la suerte de verles en esa gira, al uno y a los otros. El uno estuvo bien, los otros colosales. Pero los discos, que es de lo que tecleo, inconmensurables ambos dos.
Hasta ahora.

Resulta que se publica por ahí que Gabriel va a hacer un disco de versiones ¿Versiones? Pues si. A mi me encantan las versiones cuando aportan algo. Cuando son distintas, personales, variadas, nuevas, refrescadas. Que dicen que va a versionar con una orquesta. Y sin teclas. Ni guitarreo. Ni baterías. Menos mal, no habrá ni rastro de Phil Collins. Dicen que una reunión de Genesis (los primeros) no tendria precio. En fin.


Localizo el disco. Tedi, tío jeta, no sufras. En cuanto salga me lo compraré. Y te llevarás tu mordida, chorizo. Me lo cargo en el emepetrés y le pego una oída, un tanto temeroso, a ver qué pasa.
Y vaya lo que pasa. Lo que pasa es que Gabrie ha bordado un trabajo magnífico.

Arranca con
Heroes de David Bowie, que queda arreglado con unos aires minimalistas más cercanos a Steve Reich que al glam. No en vano en ese discazo de Bowie metió la mano Brian Eno, uno de los referentes en la música de aeropuertos, que tan emparentada está con el minimalismo, la música repetitiva y todo eso.
En
The boy in the bubble uno no sabe si está con Peter Gabriel o con los Soulsavers -un grupazo que recomiendo muy fervorosamente- y su desmenuzante contundencia soul, godspel, clásico método para entristecer al oyente.
Entre música incidental de peli de paisajes y un poco de Björk navegando entre volcanes, unos violines no cortan el mar sino vuelan en
Mirrorball, cuyo oleaje le permite a Peter Gabriel llegar con su voz a esos tonos altos y gritos tan característicos de su estilo. No es lo que más me gusta, pero resulta una buena transición.
En
Flume, navega, se deja mecer, se arrulla, se lleva, se encuentra el Gabriel tranquilo, reposado, baladista, si se puede llamar así, con un recitado que casi termina en oración, apenas acompañado por un piano que arropa la atmósfera sobre la que se desliza su voz. Es extraordinaria delicadeza.
En
Listening wind, las líneas de cuerda le tejen una red sobre la que el declamado, cantado se va desarrollando con creciente intensidad. en la línea de los crescendos de Arvo Part,
Convencional, con todos los respetos, es el tratamiento de
The power of the heart. Ese es, en cierto sentido, el estilo de Peter Gabriel cuando acomete sus canciones lentas, un poco en la línea del So, aquel disco tan hermoso casi siempre y a ratos un pelín excesivo. Esta canción encajaría perfectamente en él, en la parte hermosa. Me encanta que lo normal me parezca, en ocasiones, extraordinario. Eso es la sencillez, supongo. Añado una soflama un tanto incendiaria: esta canción sería perfecta para el Raphael post transplante, de ese que se sube al piano y canta sin micro, que susurra y grita "es la fuersa del coorasón" y que le deja a uno clavado en la butaca.
My body is a cage. Uno arranca con ese título y todo lo demás ha de ser desmesurado, sobrecogedor y bello. Ritmo lento, tono oscuro, apagado, marcado por un piano que suena a losa que impide volar a la voz, rebelándose en cuanto ve una brecha. Ese cling, cling que va remachando los barrotes de la celda. Uno que gusta de relacionar las cosas se acuerda de Birdy, aquella buena peli sobre un buen texto y que dió lugar a una fantástica banda sonora del reciclaje que, en mi opinión, llevaba al Gabriel post Génesis a su transformación en el artista eléctico y sinfónico de trabajos posteriores. Es la pieza mejor orquestada, con unos crecimientos que parecen torbellinos, violines voladores y caídas en picado. Es de lo mejor que le he oído nunca.
I think it's going to rain today preludia lluvia. Viene a ser como las brisas esas de las tardes anaranjadas de septiembre, suaves, calientes y grisáceas. Con dos copas más y la voz rota sería Tom Waits cantándole a las chicas de mala vida y muslos sospechosos en Mineapolis o sus alrededores.
La tormenta. La artillería de las trompetas rompe con
Apres moi. A mi me suena a Jeckyll y Hide, a cabareteo francés, a Sting cuando lo de la ópera de tres peniques, a aullido y a lamento de las oscuras calles de Jack el Destripador en Montmartre, el licor caliente y algo que se nos viene encima. Descriptivo, dramático, Poe y los sombríos cementerios, moho y miedo sobre los adoquines, no se si me explico. Creo que lo consigue mejor la orquesta, Sasha, Natacha.
Dudé sobre
Philadelpia. No en vano Peter Gabriel prestó o compuso algo para aquella película. Pero no, nada de autocitarse. O si. Se mantiene un cierto aire de canción de musical, muy descriptiva y narrativa al mismo tiempo. Es un lamento, un sollozo un tanto demasiado evidente para mi gusto. Como el musical, en suma, sin espacio para la insinuación.
Despedida y cierre, fundido a negro.
Street spirit cierra este disco de versiones que, en mi opinión, supera, con creces la mera adaptación al repertorio del artista que las interpreta. Esta misma canción es ejemplo de cómo ha sido Peter Gabriel capaz de llevarse ese repertorio a un estilo personal y cambiante.

No le detecto, por ejemplo, el tono de su último disco de estudio, el soberbio Up, una síntesis de rock atmosférico y nuevas tendencias, tal vez recogidas de su fructífera relacion con Massive Attack, que abren una vía para el desarrollo del sinfónico-progresivo con lo más interesante de la electrónica -pienso, por ejemplo en cómo Porcupine Tree están avanzando en ese terreno- que convertían a Up en revolución del género. Aquí Gabriel ha tirado de orquesta clásica y de, más que arreglos, reinstrumentación de los temas originales, para recrear todo el acompañamiento sonoro para su voz, que por cierto, lejos de parecer cascada, como en sus últimos directos, suena fantástica.
Ya se sabe lo que pasa en los laboratorios, pero todo sea por mejorar su trabajo. Para esas labores, leo que ha tirado de un viejo vaquero que anduvo por The Durutti Column -altísimamente recomendable-, un venerable grupo alrededor del sin par Vini Reilly y de Bob Ezrin, amigo de los Floyd de cuando The Wall y que participó muy activamente en su resurrección post Waters. O sea, oficio y calidad a espuertas.
Total, que atentos a vuestars pantallas, que sale pronto y que merece muchísimo la pena escucharlo. Que disfrutéis todo lo que os permita ese rascado de espalda.

PD: en una güep del vecindario (pinchad, jolines, que si no nos ayudamos ya me diréis que hacemos), leo que se prepara un disco con versiones hechas por los versionados en este disco sobre temas de Peter Gabriel. Me uno a la petición de Digggin' in the dirt, cantada por Young o por quien sea. Qué canción, qué enorme. Uf.

martes, 2 de febrero de 2010

Ni pies ni cabeza

La marca Converse, que no es un animador de la conversación sino una cosa de alpargatas de esas que van bien para el baloncesto, pero mal para los charcos, ha lanzado unos diseños relativos a varios grupos musicales. A falta de discos, esa es la última novedad, creo relativa a los Floyd. No se, no me convence, pero es lo que hay. En fin.
Me diréisque es una chorrada gastarse un exceso de euricos para ponerte lo de tu grupo de cabecera en los pies, que es que es hasta v
erte memo redactándolo. Pero hay gente pa tó, y, en algunos casos, parece lo más lógico calzarse esas zapatillas.
Cuándo, me preguntaréis. Pues a ver.


¿Las mejores zapatillas para hacer el burro?
Las Animals, de Pink Floyd
¿Las mejores para buscar a quien echas de menos, en pleno ataque de cursilería?
Las Wish you were here, de Pink Floyd
¿Las mejores para astronautras frustrados por un mal día en el test psicotécnico?
Las Dark side of the Moon, de Pink Floyd.

jueves, 17 de diciembre de 2009

Dónde estás, hermano

Reivindicar a Supertramp a estas alturas no se yo el recorrido que tendrá. Desde que ando con el emepetrés, he hecho lo que casi todos, andar recuperando audiciones antiguas a la vez que procuro descubrir cosas actualísimas. Un poco de todo, como si dijéramos. Claro, entre esas reuoperaciones, el París, de Supertramp, ya digo. Que no todo va a ser Simian Mobile Disco o los Soulsavers. Cosas.

Pero no era del París, su gran discazo, del que iba a letrear, sino de Brother where you bound? paseando por ahí, he visto que les etiquetan como progresivos, que es un cajón de sastre donde meter a todo aquel que tocaba bien y hacía alguna canción larga en los setenta. Las etiquetas, que a veces lían más que aclaran.
Ese disco lo graban tras la salida del grupo de uno de los dos colíderes, Roger Hogdson. Supertramp era un grupo raro. Tenía dos jefes y el más conocido era un saxofonista con cara de teleñeco. Vestían un poco así, entre jipilongo y esquizofrénico cogiendo ropa en el Corte Inglés a oscuras, pero de la sexta planta donde el batiburrillo de los saldos, como si dijéramos, con lentejuelas y pañuelos de flecos mayormente. Y melenas por todas partes. Luego cantaban en falsete y aquello resultaba muy pintoresco, claro. Es releerlo y asustarme.



Total, que por aquel entonces, siendo un grupo de gran éxito y de mucho predicamento entre los hermanos mayores de cada cuál, va Roger Hogdson y decide emprender su carrera en solitario. Ríos de tinta y puñaladas en el hígado, porque se lleva sus canciones, el grupo que resiste y se tiran los platos a la cabeza, en plan Sofía Loren de cuando le tiraba la vajilla a Mastroianni, qué tiempos, Bibiana. Aquello coincidió, poco más o menos, con la pelea aún más encarnizada del otro Roger, o sea Waters en su intento de mangancia a Pink Floyd. Dos rupturas casi a la vez en dos de los grupos más escuchados por, ya digo, los tetes y tatas grandones. Luego estaba Led Zeppelin y en plan más bestia Black Sabbath, pero para las audiencias medias, esos fueron, posiblemente, los más enormes. También daba morcilla Alan Parsons Project, pero es que me da hasta vergüenza recordarlo. Menudo castañón. Ni una palabra más. Bueno, una: uf.

Ahora, hace un mes o por ahí, leí que en realidad nunca hubo ruptura traumática en Supertramp -lo que relaja el paso del tiempo- que todo se debió a lainminente paternidad de Hogdson, que entendía incompatible con el ajetreo de la banda y que mejor hacía mutis por el foro y le daba a su guitarra en plan más relajado. Vamos, que para no tener bronca en casa con la parienta jipilonga, pues a comportarse, pues muy bien, oye. Bueno, pues será por eso, pero entonces la daga toledana brilló como nunca.
Hogdson, nada más irse, hizo un buen disco muy al estilo de su banda, bien, o sea. Luego algunos más hasta que se puso a recuperar el repertorio de Supertramp en plan acústico o así, piano y poco más. Bien, es agradable.

Pero estaba -hay que ver cómo me alargo- con el disco, el de Supertramp. Ahora, ya he comentado, dice Hogdson que no, que nada de peleas ni malas caras, que les dijo a sus compañeros que se piraba, no hombre, quédate, como el amiguete que para en la segunda cerveza y dice que se retira, venga una más, bueno va, y hala, ocho cubatas y a bailar con una farola mulata, pero el que no, en plan íntegro, que lo que sea por el nene. O por la bronca de la jipilonga.
Se esperaba con expectación lo que pudiesen hacer los que quedaban sin la mitad creativa del grupo, lo de siempre. Y salieron con un album maduro, serio, que en ese sentido superaba con creces sus anteriores trabajos. Ahí si que se escucha un disco de tipo progresivo, que camina desde un pop elegante y muy bien interpretado hacia los meandros de un rock con desarrollos largos, cambiantes, juegos de ritmo, virtuosismo y muchos colores vocales. Una gran producción que crea unas bases sonoras llenas de efectos y ambientes, donde se acomoda de modo muy brillante la música que sigue siendo Supertramp -pienso, por ejemplo en la primera canción, Canonball- con un toque más elaborado, tal vez menos jovial, pero mucho más adulto, pro así decirlo. El título sin duda se pregunta por Hogdson, dónde estará, ahora que el grupo se decide por darle un giro a su estilo y por avanzar por ese nuevo río rock. Según avanza el disco, No in between, también se mete uno más en la cosa conceptual, en las cancione sun poco más largas, mejor elaboradas, con distinos movimientos, esa soberbia, majestuosa entrada en Better days, todo un torrente desbordado de sonido y efectos que, sin renunciar a la marca de la casa, se acerca a lo de los dinosaurios del rock.
En este disco, y aunque no aparece reseñado entre los instrumentistas, David Gilmour hizo los solos de guitarra. Gilmour, con la herida recién abierta de los Floyd, en mitad de pleitos por el nombre del grupo, sin norte creativo tras la salida de Waters, no dudó en meterse a echarles una mano a los huérfanos Supertramp. Por ahí, más o menos, Waters hacía lo propio en aquel disco-película de Paul McCartney, el que poco después tocaría en The Cavern una serie de rocks de toda la vida con una minibanda de lujo: el propio Gilmour a la guitarra y uno de los Stray Cats me parece. Fue en mitad del pozo creativo de Gilmour, que parecía subsanar su escasez como autor con un resurgir como intérprete, con los Who en directo o con su amigo Pete Townsead en s gira particular.

Pero lo mejor, el aire ese largo, progresico, sinfónico y, creo que por primera vez en Supertramp un tanto triste, apagado, melancólicoy con una cierta amargura, como las naranja cuandosalen muy requetebenas, que pasan del ulce al amargo y del fresco al ácido si soluciones de continuidad. Una maravilla. Me gustan las naranjas.
Sobre dieciséis minutos dura la pieza central del disco, Brother where you bound?, una canción que arranca con Winston Churchill, con la Internacional y que se desarrolla, por un diálogo voz saxofón, unas martilleantes baterías, un ahogado chillido brother, brother! y un rítmico rocanroleo acelerado que le arranca las piernas hasta al bailarín más amodorrado. Y así, subiendo y bajando se suceden los movimientos que le llevan a uno hasta la cosa sinfónica, que, la verdad, sigo sin saber del todo lo que es, pero que me suena a esto.
Termina el asunto con una canción un poco floja, que resulta más bien al barrer la sala de conciertos de los cachuetes que a una explosión operística de las que muere hasta el apuntador. Nada, bien está terminar así, porque sirve para realzar aún más la pieza anterior.
Bueno, no se, igual hay más cosas para contar, pero en realidad lo que hay que hacer es ponerse y escucharlo. O sea, que a buscar. Y si no aparece, se lo presto a quen me lo pida, jolines, faltaría más.


jueves, 29 de octubre de 2009

El nuevo maxi

Apresurado, escucho el otro día, por primera vez, mientras ando reciclando botellas primero y comprando más en el mercadona, el anticipo del nuevo disco de Massive Attack. Aún no me lo he podido comprar, Teddy, porque aquí no llega, que las disqueras están cerrando por todas partes, salvo la Fnac, con sus triangulos y todo, que a mi siempre me dio muy mala espina, ya sabemos, ¿verdad?
Fatal, entre que lo oigo cogiendo cartones de leche, chorizo pamplonica que es de Gerona, los yogures y unas Alhambra 1925, yo qué se, lo oigo fatal y no me gusta nada.
Qué horror. Y la portada, con dos calaveras, muy fea.

Al día siguiente lo vuelvo a oir con más calma. Calma laboral, como si dijéramos. Y me empieza a gustar. Mucho.
A estas alturas ya lo he oído un puñado d evecez. Es una maravilla. Me gusta mucho. Para mi gusto, algo inferior a sus dos anteriores discos (quitando la banda sonora, o sea) pero son remezclas y tal. Las versiones definitivas prometen lo mejor.
De las cuatro canciones, Psyche. Es de lo mejor que nunca he escuchado.
El disco lleva dos años de retraso, lo menos. Pero merece la pena, seguro.
Y aquí, esperando el parte del tiempo.

miércoles, 2 de septiembre de 2009

Vera

Se conmemora el septuagésimo aniversario del "casus belli" que desencadenó la Segunda Guerra Mundial. Tal y como extraordinariamiente bien explica Hermann Tertsch, definir en qué momento estalla es conflicto es, en si mismo un trabajo un tanto conflictivo. Lo que, sin lugara dudas se recuerda ahora es el hecho de la invasión alemana de la antigua Polonia prusiana, el corredor de Danzig, los restos germanos que debían unirse a la Gran Alemania. Luego está que el Ejército Rojo, a las dos semanas terminó la fechoría invadiendo y masacrando la Polonia Oriental, pero esa historia no se nos suele explicar, proque ya se sabe lo que se sabe.

A ver, si pongo lincs a veces es porque igual ilustran o se refieren a lo dicho. El que pego en lo de hoy lo recomiendo especialmente. No le sobra ni una coma y si hubiese sensatez, debería estudiarse enl as escuelas. Sensatez y un par de argumentos muy bien puestos. Y en el yutup podéis pegarle una oidita al Vera de The Wall, a ver si os mola.

Leo que a propósito de esta efemérides, el personal británico está recuprando las viejas canciones de Vera Lynn, que ahora calza 92 añazos hecha una campeona y contentísima por el rejuvenecimiento de sus canciones. Vera Lynn era una cantante melódica muy famosa por aquellos años, porque, en cierta manera, le puso banda sonora alos compungidos británicos mientras les llovian V2 por todas partes.
Los sinfónicos, que no tocamos su palo directamente, la conocemos por esa preciosa canción de The Wall, de nuestros amados Floyds, que se llama Vera. Ahora os la podría pegar en yutup, pero mejor os la buscáis y así vais catando otras cosas que vayáis encontrando por el camino. Ahora podríamos preguntarle a Vera Lynn si alguien de por aquí recuerda a los Floyd, qué fue de ellos y si nos los volveremos a encontrar.

Y Gilmour en directo en Gdansk.
Los círculos.

miércoles, 26 de agosto de 2009

De Jackson

Esto lo estaba martilleando el día de autos, o sea, por matar el rato, con perdón. Y y oye, es que no le cambio ni media coma ni todas las torpezas.


Siempre me acuerdo de Pedro cuando lo del topicazo. Él bramaba educadamente "topicazo, topicazo" si uno en las prácticas, escribía y leía cosas tipo serpiente multicolor, encuentro en la cumbre de los dos mandatarios, desplome de la bolsa, príncipe de las letras, estrella maldita y así.


Va Michael Jackson y se nos muere cuando entramos en la ducha. Oye, y allí, debajo del grifo, mientras uno tararaea Billie Jean, va escribiendo su crónica particular. Y como entretenimiento, va adivinando lo que dirán los papeles. Porque dirán lo mismo de siempre y del mismo modo que siempre. Sólo una hora después del duchazo, Billie Jean, le comienzo a echar el ojo al asunto. Y allí está lo de siempre: el padre repartiendo tortas a los Five, la nariz menguante, Elvis y Lisa Marie, lo de los críos, los diez millones o cien, yo que sé, de Thriller vendidos y la cam
a que le hizo a Paul MCartney, que, al parecer le odia con todas las fuerzas que se le permite sin que se le salten los puntos del último liftin.

El auténtico paso lunar sería este, digo yo. Y aquí, enlazando temas, como si dijéramos.

En todos los medios escritos clonan sus informaciones: portada con su imagen, a poder ser saludando, como diciendo adiós. Muere ye rey del pop. Hay que colocar lo de "rey del pop" al precio que sea. Referencias a Elvis y a Marylin -¿estarán los tres viviendo en el lado oscuro de la Luna, en el casino ese que ha montado Jesús Gil, con James Dean de aparcacoches?-, lo de los juicios, lo de su obsesión por los niños, el padre maltratador. Las fotos de un fan lloroso, a la espera del numerito que se inauguró a lo grande cuando lo de Lady Di -si, esa chica delgaducha que toma piñas coladas en la mesa del fondo del garito de Gil, ¿no sabíais?- a la espera de que alguna colgada de no se qué sitio raro aparezca tal que así, colgada, digo, por no haber superado la pérdida de su ídolo.
Las informaciones basculan peligrosamente entre en sensacionalismo y el aburrimiento de lo que ya se conoce. Leemos lo que ya sabemos proque hemos leído mil veces, cambiamos la etiqueta según toque -drogadicto, innovador, atrevido, casquivano, triste, jovial, antipático, visionario, próximo- y, a poco ojo que uno tenga, lo puede prever en cuanto se sabe la identidad del finado. ¿Quién ha dicho algo distinto de lo "otrodoxo" sobre el recientemente fallecido Antonio Vega, por ejemplo?
Se me ocurren cosas, como que preparaba sus cincuenta conciertos seguidos en Londres, con un pundonor y una profesionalidad encomiable. Que ha sido el gran artista negro de la historia, el primero que ha sido número uno de verdad. Que probablemente los ha habido mucho mejores, pero nadie llegó más alto y más rápido que él. Y la caída, igual de veloz e intensa. Que en una de sus enésimas recopilaciones, cuyos temas votaban los fans de cada país, de modo que cada edición respondía a lo que en cada país se elegía, se dio la circunstacia de que la española es la única que no recoge Billie Jean, algo a mi modo de entender inexplicable. O que Fred Astaire reconoció el paso Moonwalk como algo inédito en el mundo del baile. Un hombre perseguido por una vida un tanto basurera, asqueroso y rodeado de asquerosos que le procuraron sacar los hígados, pero estamos en aquello de siempre, mejor no concer sobre nuestros admirados artistas, ¿o es que Picasso era un santo?
Me quedo con dos buenas reflexiones como balance, complementarias y radiofónicas. Van. Carlos Herrera, en resumen, destaca su talento y su vida excéntica. Era un chalao, dice, pero con mucho talento. Jiménez Losantos dice que lo suyo se veía venir y resume en un sic transit eso de que la fortuna, la fama, el éxito, el triunfo están y también pasan.

Pues eso. A estas alturas, esto lo añado, siguenaplazando la fecha de su entierro. Joer, ni descansar en paz le dejan al tío.

jueves, 23 de julio de 2009

Se busca momia

Cuando, mayormente en las películas cion abuelita y casa en Alabama o Pasadena o por ahí, se pierde el gato alguien dice "se ha subido a un árbol". Pues llamemos a los bomberos. El otro día uno que vençia de sacarse un café chuchurrío d ela máquina le dice al otro, oyie, que Paul McCartney se ha subido a la cornisa. Pues llamemos a Indiana Jones. ¿Indiana Jones? Si, joer, para que rescate a la momia.
Yo es que no le veo para estos trotes, por mucho que se ponga corsé debajo d ela blusita esa rosa, para estar más tieso. ¿Cómo le habrán subido ahí? Con polea me da que no, helicçoptero tampoco, que no cabe, así que sólo queda la posibilidad de la grúa. Y oye, suena a chusco que te suban en grçua, como si fureses mudanza de erasmus italianos perpetuos, de esos que estudiar, estudiar, lo más que estudian es cómo sabar de quicio al vecindario. Y las ragazzas, que es otra historia, en la que mejor no entramos, que hay niños.
Jo, a ver si no parece un teleñeco con pelucón farmatineado. Y la blusica es que tiene delito...
McCartney inauguraba con esta cosa rara, lo de encaramarse a la cornisa no para arrancar la flor y cortejar a la churri, sino para comenzar la gira mundial o no se qué que empieza ahora. Y me pregunto si no sería mejor que, con los achaques y la pastilla de las siete, no sería mejor que se fuese de inserso o de crucero, que tiene parné, o a Benalmádena, que ssi le da un repente, puede irse al Tívoli como la Pantoja a tocarle la bandurria al personal pero relajadamente, como si dijéramos. Caro, claro, liberal como soy loprimero es respetar que haga lo que le de la gana, dentro d eun orden, pero es que ahi está el quid: por qué tiene que darnos la matraca a los no matracables. Que es que se me acelera el puso cada vez que le veo con la melena crepada y embadurnada del farmatín ese granate, que tiene una pinta de vaciapistas de sala de baile con orquetsa demodé, que echa para atrás, que yo le veo y no puedo parar de imaginármelo en el Mira quién baila. O quién renquea, según. Que me parece que su mujer, la coja, o sea, ya fue a eso en la versión inglesa. Ojo, no es política incorrecta, es que de esa chica, la coja, digo, sólo sabemos eso. Bueno, eso y que le sacó hasta el tuétano. Pero a ver, listos, quién es capad de decirme como se llamaba esa tipa. Estela McCartey, meeeec, respuesta incorrecta. Linda Evans, meeeec, respuesta incorrecta. Linda Evangelista, porque ella lo vale, meeeec, respuesta incorrecta. Esa, la... la... la coja. Dingdingding, respuesta correcta. Pues eso, que yo también le comprendo, que ha de hacer caja para pagarle la pasta que la otra se llevó caliente y la legión de nostálgivcos está siempre ahí. Que recordaban la actuación aquella de los Beatles en el tejado. Qué tíos.
Una vez un amigo me pasa pirateado lo de esa actuació. Eran ocho canciones, que para un concierto tampoco sería herniarse,a ver si no, que Metallica de las tres horas no baja y Raphael a la que empieza, si se emociona, qué sabe nadie cuándo termina. Él es aquél, sin duda. Vale, eso, ocho canciones o por ahí de las que cuatro son distintas tomas de Get back, una de, a mi modo de ver no muy biteliano, mejores canciones. La verdad es que la tocaron muy bien, pero claro, llamar a ese ensayo en un tejado con el público de mentirijillas, que eran los gandules que medraban por los estudios, oye sube parriba que tocan los jipis y que invitan a café y bollos, y hala, todos a sacar la barriga de penas, y el cameraman, que sonriáis cuando os filme y todos con el bigote de Colacao y la Yoko dando la murga, que si, nena, que si, que ya le saco el lado bueno a tu Yoni, como la vida misma. Siempre he opinado eso, de las grandes bandas, las histçoricas, los Beatñles no tienen repertorio en directo. Por cosas de la vida, parece ser que se trabajaban poco el directo. Sin embargo, los directos de la BBC, en sus estudios de radio, o sea, en plan concierto chiquito, son muy notables. Eso si que es una radio pública, joer.
En cambio Mc Cartney si que se ha prodigado bastante en directo y, según dicen, con una calidad muy elevada. Tengo pro ahí el back in the USA, una cosa de su antepenúltima gira que suena verdaderamente bien, y con algo interesante: una parte del disco casi lo toca solo, sin necesidad de esconderse tras una gran banda. Justo es lo justo y se le reconoce el mérito al abuelete. Luego está el directo aquel de Japón o Bangla Desh o no se dónde de Harrison, que era el bueno. Excelente, pero me acuerdo menos, ya digo, poco biteliano que es uno. No se si McCartney habrá dicho algo de Michael, porque le tenía algo atravesado, la envidia que es muy mala, pero habría estado muy feo, a ver si no, a moro muerto, lanzada en el costado.
Mira, total, en resumen, que le vaya bien la gira, pero que alguel le lleve a la peluquería y le hagan reflejos o mechas o algo, que la dignidad es inversamente proporcional al farmatin.
Bueno, pues nada, aquí, echando el rato y dando palique a ver si llega Indiana y nos rescata a la momia.

jueves, 18 de junio de 2009

Para falsos, los amigos

La amistad es lo que es. Lo malo es que la amistad sea mala. Aquí trataremos de amigos falsos, que no tienen nada de bueno.
Como Miguel Ríos ya va a hacer diez años que sigue teniendo sesenta o cincuenta y cinco o no se cuántos, que al pobre se le ha ido acartonando cada vez más la cara según le han ido repujando el pellejo, que hay sillas de montar toledanas menos trabajada, unos compañeros de profesión le van a agasajar con un disco en el que interpretan algunas de las canciones que ha llevado en su repertorio. Bueno, bien.
En un alarde de originalidad propio del estrellamen mencionado, titulan el disco Bienvenido o algo así. Será bienvenido al Club de Jubilados, una especie de aparta, carcamal, que aquí no hay cama pa tanta gente. Según c
ómo, yo me mosqueaba. Entre los que cantan lo de Vuelvo a Granada, El blues del autobús, Santa Lucía y el Rocanrol bumerán -tela también- están los de siempre. Pero qué tíos más pesados. Que si uno del Canto del loco -uf con el nombrecito-, que si el Pereza de Leiva -¿o era al revés?-, los cursis de Amaral -logopedas del mundo, a mi es que me sale Aramal sin poder evitarlo, para una vez que no es errata-, Quique Gonzálz e Iván Ferreiro -que son como compañeros de puputre de los que se sientan al fondo y lían bullanga con lo de los bics y el arroz-, y Loquillo y Bunbury, por darle un poco de lustre al tema.


Miguel Ríos haciendo air guitar, todo un maestro del género. Aquí, en plan elegante, porque lo suyo era cuando lo de las mallas aquellas a rayas, no se si a alguien más le persigue la pesadilla.

A mi, este tipo de discos, toda una tradición anglosajona que lleva un tiempo haciéndose por aquí también, me suena a lo mismo de siempre. Los artistas que versionean son siempre los mismos y suelen ser igual de aburridos y sosos cuandfo replican a los homenajeados. También es cierto que en ocasiones aparecen buenas adaptaciones, o bien porque el intérprete lleva a su terreno el repertorio del homenajeado -me acuerdo de una muy buena pieza de Aute retocada por Rosendo- o porque el versioneador, por así llamarle, se lía la manta a la cabeza -había una de Sabina, tal vez en ese mismo disco dedicado a Aute, u otro similar que resultaba muy interesante tambien- e improvisa algo completamente nuevo.
Aún no ha salido, creo, aunque igual ya rueda por ahí, ya nos entendemos, pero me temo, por la nómina de homenajeadores, que la cosa será como un karaoke de lujo en el bar del congreso de las juventudes sociatas, que a esytas antiguallas les sienta fatal que les recordemos cuando les contrataban los sindicatos verticales o así.
La caterva que le homenajea dice de Miguel Ríos que fue el introdctor del rock en castellano, pero se olvida de Enrique Guzmán, o que fue el primero que dignificó la profesión en directo, pero no recuerdan que fue Raphael la primera estrella que se negaba a actuar si en los pueblicos le metían en un camerino sin retrete. Miguel Ríos ha sido uno de los grandes animadores de la música moderna en español, pero no nos olvidemos de los demás, que también han hecho lo suyo.
En lugar de ese disco de mal llamado tributo -ahí está la sustancia de lo del falso amigo- uno le hubiese homenajeado publicando los extraordinarios dúos en vivo y en directo que hizo con lo más granado del rock y el pop español en aquel programa de dinosaurios que se llamó Qué noche la de aquel año. Imaginadlo: Miguel Ríos con Radio Futura, con los Pekenikes, con Enrique Guzmán, con la Orquesa Mondragón, con Los Salvajes -uy, esos no me acuerdo seguro si fueron- o con Siniestro total Obús y Barón Rojo. Hasta con Mecano, cuando aún les quedaba algo del primer disco. Esto suena a Abuelete cebolleta, pero entre esas momias y las Orejas de Van gogh y de los locos, pues no hay color.
Lo dicho: que perpetren el disco como les de la gana, pero que le llamen por su nombre: Tributo a Miguel Ríos es pagarle un impuesto, y como no se refieran al impuesto antirrevolucionario de la Esgae, pues es que no. Llamémosle "homenaje" y dejémonos de calcos cutres del inglés, que es que somos más de pueblo que las amapolas.

domingo, 10 de mayo de 2009

Bowie y Berlín

Resulta que no, que no saca disco. Que David Bowie no saca disco.
Ocuió hace dos semanas o tal vez menos, que saltó la noticia, penalti en Las Gaunas, que David Bowie se había metido en un estudio de Berlín para grabar un nuevo disco. Al parecer, la liebre saltó cuando Bowie escribió
en Tuiter o Tuister o Feisbuc o en un sitio de esos algo del estilo"En Berlín hace un frío que pela y estoy grabando un nuevo disco. Imán sigue aciza, lo d esiempre. Hala, nos vemos". A ver, entrecomillo pero me lo he inventado, periodismo-verdad, como lo del Gunther Wallraff pintarrajeado para hacerse pasar por turco. La vida misma, o sea.
eso un día. Al siguente, artículos en la pre
nsa, que si Ziggy Stardust, que si Imán, claro, que si glam que si viene, que si va. Bueno, pues a ver qué hace. El rumor era que estaba bastante retirado, un tanto achacoso y con pogas ganas de juerga, Duque Blanco, quién te ha visto y quién te ve. Oye, si e spara bien, pues hale, a por Berlín. Igual en Berlín, icho sea d epaso, en lugar de morirse de frío se estaban achicharrando, cosas del cambio climático ese que a mi me parece un poco trolerillo, pero es lo mismo, ya ves tú.
Y anteayer, por decir un día, cuentan que no, que David Bowie sigue a lo suyo, que no se que es, pongamos que jugar al críquet, yo qué s
e, jugar a las cartas o hacer calceta, qué me importará a mi, pero que de discos, que eso si que nos incumbe, nada de nada. Resulta que un falso Bowie, un impostor que se había inventado su perfil en Tuiter o eso de antes, se descolgó de la parra y nos metió una bola como el Kilimanjaro -un monte nevado en Áfirca que no lo deshiela Ava Gardner, anda ya- con lo de que estaba en el estudio dándole a la bandurria.
Vaye, pues nos quedamos sin disco de Bowie, aunque la verdad es que en la linea que iba últimamente no se sabe si es mejor o peor.

Bowie, reconodico admirador de nuestro amado Syd Barret, ha participado en algunos conciertos con David Gilmour como estrella invitada. El último que se vio o se oyó fue el homenaje que le dedicó a Barret cantando Arnold Layne, su primer éxito. Bowie aparecía bastante mazacote, con lo delgadito y dandi que ha sido siempre, cascado de voz e incluso un tanto paralizado, con lo danzarín y pizpireta que siempre ha sido, por así decirlo. Que lo de Imán uno se lo sigue sin explicar. así, los rumores sobre su mala salud y sobre unos problemas cardíacos o similares cobraban carta de realidad.

¿De qué hablará Bowie con el resto de jubilatas cuando salgana Kengsinton Park o donde sea a jugar a la petanca?
De la mili me da que no...


Cuenta Bowie que a sus catorce años (o tal vez alguno más, que es lo habitual en las folclóricas lo de quitarse décadas) vio a Syd Barret actuar en directo y quedó tan fascinado que fue el empujoncito final que necesitaba para dedicarse a lo de la música. Las camisas de chorreras, las luces de colores, las variaciones interminables, la improvisación, las lentejuelas, las drogas, la pintura, todo Barret, en suma, como un prototipo del glam pero sin las payasadas, como un Bowie sin Jagger y sin Factory, sin vocación por la pasarela, por decirlo de alguna manera.
Bueno, pues seguiremos esperando, o no, y mientras, ojo con los tuiters y similares, que somos cándidos, pero no tanto, jolines.

lunes, 16 de febrero de 2009

Minutos musicales

Bueno, eso en la sala noble, pero hoy no, que esto va a pedales y si me lío a yutupear no arrancan a la de tres. Mientras peleo con la conexión ando escarbando en deubedeses que tengo por aquí grabados sobre cosas pinkfloydianas.
Hace unos días pensaba que me apetecía escribir sobre los discos y las circunstancias. No se, igual los floydianos podríais decir la vuestra y tal. Todo porque la semana pasada me compré un disco. Albricias.

Se trata de la versión ampliada de la banda sonora de Zabriskie Point, una película de Antonioni cuya banda sonora tenía que escribir Pink Floyd. Según cuentan ellos, estuvieron no se, tres meses en Roma, en un hotelazo de once estrellas y la yema del otro, trasnochando hasta las mil, levantándose por las tardes,comiendo como nunca, escribiendo música que le presentaban al cineasta y que él escuchaba con cara de aburrido. Luego les decía bueno, no está mal, intentando disimular que no sabía que hacer con todo aquello. Y ellos pues al piano bar, a tajarse sin piedad y hasta mañana buenas noches. Y así tres meses o uno, o no se cuánto. Total, que al final Antonioni se quedó con la migajas, sólo aprovechó una canción que era una versión retocada de Careful with taht axe, Eugene, luego una canción country un tanto insoportable y dos cosillas más. Según parece Gilmour sigue sin entender por qué les hizo grabar eso, cuando al final tiró de los Grateful dead y otros jipilongos para rellenar el resto de la música y que, sin duda, habrían interpretado mucho mejor esa cancioncilla.

Pero como las cintas perduran -salvo que sean del GAL o de los festejos en hoteles cubanos o rumanos, que buenos duros nos cuesta el CESID-, con los años, han ido saliendo en plan piratón, unos cuantos cortes de esa frustrada banda sonora. De todos ellos destaca un blues arrastrado muy en la línea del primer Barret admirador de Pink Anderson y Floyd Council, de cuando hacían versiones de rithm'n blues, un par de cortes más y una serie de tomas para una escena de amor un tanto calenturienta, no en vano Zabriskie point es un sitio en el desierto de por ahí, que interpreto al piano y poco más Rick Wright. Como estos no escribían media nota que no aprovechasen después, en esas piezas se puede reconocer no poca de la aportación de Wright al Dark side of the Moon, un disco que, ya lo digo, a mi sempre me ha parecido un tanto sobrevalorado.
Un día me pongo y comienzo a rescatar de esos deubedeses las canciones perdidas de Zabriskie Point, las versiones inconclusas, las que recogía Omayad, probablemnte el pirata más oficial de los Floyd, que anda que no he buscado por aquí y allende nuestras fronteras y que recoge piezas de esa peli y alguna toma en directo de la misma época, para fabicarme un disco que sea lahistoria de esa banda sonora que nunca terminó de ser. Y si a alguien le interesa, pues hablamos
Y con todo esto el sábado pasaba.
Pero la conexión no funcionó, así que, como ya no eran horas, pues para el lunes. Y bi también.

lunes, 2 de febrero de 2009

Flores par Franco


El nuevo disco de Franco Battiato trae cola
Por una parte, cuando voy a buscarlo a una de las pocas tiendas de dicso que quedan por aquí, me cuentan el lío que tienen con la importación. Sony, la disquera, como dicen los americanos, no lo lleva entre sus novedades para España. El importador, un holandés, puede traerlo, pero el tendero me dice que me incrementará mucho el precio y que le sabe mal que cuando llegue, los 16 euros que figuran en pantalla se conviertan en unos 30, lo que suelen costar los discos importados en general y los de Battiato en particular. Hablamos de crisis y de choriceos varios. Al día siguiente en la edición local del Expansión se recoge la noticia de que Discos Castelló suspende pagos. Olé.


Por otra
Esta es la tercera entrega de las flores. De los Fleurs. Editó hace unos cuantos años, en 1999, Fleurs 3, un disco de versiones de muy amplio espectro, todo gente influyente en su carrera. Excepcionalmente bueno y misterioso, por lo del 3 sin 1 ni 2. Unos años después publicó Fleurs, así, sin número, bastante más flojito, muy basado en autores italianos y que, con respecto al nivel del anterior pues resultó un tanto decepcionante, la verdad. Y el otro día, como ya consigné, escucho en Siglo XXI que se edita el Fleurs 2, que cierra ese ciclo, si es que no sigue por el 4. O por el 14, vaya usted a saber. Luego lo de antes, lo busco en tienda y a la vez en internet para poder escucharlo. la impaciencia, ya se sabe. Decepción en la tienda.

El disco
Propiamente. Se trata de una muy variopinta recopilación de canciones cuyo hilo conductor es que a Battiato le gustan. En esta ocasión cuenta con colaboradores que cantan a duo algunos de los temas. Lo mejor del disco es que, mucho más que en las otras dos ocasiones, Franco Battiato ha llevado a su propio terreno, a su estilo tanto de cantar como en los arreglos y tonos, las canciones que interpreta. En ese sentido las introduce completamente en su propio repertorio. De hecho, algunas de ellas ya las interpretada en la última gira que le trajo por aquí.
Me gusta especialmente el final del disco, las dos últimas canciones. Pero me sobrecoge un poco.

El adiós
La penúltima canción se titula La musica si muore, o sea, que se muere. Es un dueto con el fenomenal Juri Camisasca, compañero de correrías musicales en grupos setenteros y con quien ha intercambiado canciones, giras, grabaciones, duetos, de todo. Camisasca, poco conocido, fantástico cantante, puso voy a uno de los personajes en la ópera de Battiato titulada Gigamesh. En esta canción los dos le dan un repaso a sus memorias musicales desde Woodstock a los Stones para concluir que esto se muere.
La última canción es una pieza nostálgica que se titula El adiós y que le remite uno a los trenes de Tozeur, a las chicas bonitas de los pueblos semiabandonados, la arena, el calor, las amas que las protegen, las rodillas peladas de jugar en el monte y los primeros rubores. Una despedida, si. La nostalgia ya no es lo que era.

Final
Igual esto es una despedida. Esto es lo que fue, la música se muere, y echamos la persiana al garito, el adiós.

Y ahí nos quedamos. Repitiendo viejos discos. Dejándonos maravillar por los viejos discos. Pueden apsar dos cosas: que acierte, y mal, o que Battiato nos sorprenda con un nuevo disco flojo, como il vuoto o con una obra maestra, como Dieci stratagemmi, o el directo al cuore. Sea como sea, buscadlo y disfrutad.