miércoles, 3 de junio de 2009

Vian, van 50


Se conmemora, aunque igual algún detractor un poco bruto celebra, el aniversario cincuenta del fallecimiento de Boris Vian. Hace ya un tiempo salía por aquí, a propósito de un libro antiguo, de hecho el primero que leí de este escritor francés. Desde entonces, ha resultado toda una aventura ir completando su obra, porque emn España la tenemos incompleta y muy mal traducida. En descargo hay que decir que nunca ha sido un autor dema
siado popular y que su peculiar lenguaje, lleno de neologismos, juegos de palabras e invenciones estrambóticas hace muy complejo el trasladarlo al castellano. De todos modos y a modo de ejemplo, el penúltimo poemario publicado aquí, No quisiera morir, de la prestigiosa Editorial Hiperión, responde al título de una de sus poesías de tono más bien jocosa y próxima, por tema, al humor negro. Según los que entienden, la palabra "crever" se refiere a la muerte pero en un tono burlesco, algo así como diñarla, palmarla o espicharla. No quisiera palmarla hubiese sonado bien, por ejemplo. Todo así y aún peor.

De un tiempo a esta parte ocurre con Vian como con el mayo del 68, que todo el mundo estaba allí. Menos los que no habíamos nacido y me da que con excepciones. Que para mi que Ismael Serrano era el que le robaba -incautaba para el pueblo, ya nos entendemos- los chupetes a una sobrinica con pecas de Dani el Rojo. Por cierto, hace tioempo que no sabemos dónde anda. Bueno, en realidad no sabemos ni del unio ni del otro. Y lo a gusto que estamos, dicho sea de paso. Vaya.
Eso, que uno le echa medio ojo a la prensa que mola y todo el mundo habla de Vian, que si patafísica que si trompetista de jazz y que si la diñó (yo si que me lo apropio) después de ver una versión cinematográfica de una peli suya. Alguno aventura que igual no le mató de lo mala que era, como cuenta la leyenda, sino que tuvo mucho que ver su deficienca cardíaca congénita. Si es que si no te mueres de sobredosis no eres nadie en el Babelia y alrededores.
Topicazos y más topicazos, Sanit Germain des Pres, jazz y variopintas profesiones, patafísica y lobo-hombre como la canción de La Unión, aquel grupillo que parecía apuntaba muy algo y terminó por reversionarse y teñirse las puntas de rubio platino para disimular las calvas. Una pena.
Lo cual que me pregunto a qué se refieren los plumillas que pontifican que si Vian esto y que si la vida canalla. Me da que conocen muy superficialmente su obra, que se limitan a dos brochazos de su jugoso anecdotario personal, de sus bromas un tanto sangrantes contra Jean Sol Partre, lo d ela trompeta y poco más. Porque casi nunca se refieren a la hondura de La hierba roja, una novelita breve que bascula entre la ciencia ficción surrealista, la prosa poética y una cierta dosis de existencialismo lúdico, como dije hace mucho tiempo. Lo defendí ante Peter, ese Peter, en una práctica de periodismo que me puntuó muy generosamente. Él me dijo que tenía a Vian por un autor menos profundo, más bien frívolo, pero que por lo que contaba en el trabajo, le había despertado un cierto interés, gracias a mi aproximación. Me tomé aquello por un gran cumplido, puesto que había atraido, quizás lateralmente, cierto, pero había conseguido atraer la curiosidad de todo un personaje como Peter. También hablábamos de Pombo, de aquel Pombo del Metro de platino iridiado y del Eterno femenino.
Según parece que era la sustancia de todo esto, la editorial Gallimard, que vendría a ser como los Ferraris de lo editorial en francés, va a editar toda la obra de Vian, como conmemoración en este cincuentenario. Cómo pasa el tiempo, cierto, pero hay que reconocer que también tiene sus cosas buenas.
En París, saliendo de la Abadía de Cluny, ya tarde, dábamos medio paseito buscando un sitio para cenar. Tarde en parisino es a partir de las seis y media o por ahí. Una vez, en un café o bistro o como le lamen ellos, no nos pusieron unos cafés con leche porque ya era muy tarde, no servían cenas y mucho menos sobremesas. LA cosa es que no eran las tres de la mañana. Eran las siete. Y los camareros barriendo el bar. Qué tíos. Lo cual que en una esquina un letrero de lo que parecía una librería. Y en la esquina de enfrente, ese mismo letreto. A mi me sonaba vagamente a librería y, en efecto, lo era. Aquello, la librería Gibert Joseph era un laberinto de escaleras, niveles, recovecos y pasillos fascinante. Muy luminosa, llena de indicadores incomprensibles para mi y de gente, bastante gente. Allí, gracias a la ayuda de la HermanadelPianista, le conseguimos sacar la infomación a un vendedor de dónde estaban las cosas de Vian y si tenían algo en castellano. Mi dispiace signore, nos dijo en francés, pero no, en castellano más bien no. Pero visitamos los anaqueles dedicados a Vian. Y aquello fue deprimente. Deprimente para mi, que en francés sólo se decirle a uno que está loco, que tiene cara de lápiz y que yo soy el rey. Claro, muy lejos tampoco llegaría. Bueno, gracia sa Sinatra también se decir cherchre la femme, que también ayuda al jolgorio. Menos mal. Había en aquellos estantes una buena cantidad de libros, además de todas sus novelas, varias obras de teatro, algunas de las cuales no tenía noticia un poemario o dos y muchos recopilatorios de sus artículos periodísticos y críticas de jazz. Su obra casi al completo, por lo que parecía. Y en una edición de bolsillo, una muy conocida de cubiertas blancas y de precio irrisorio, dos, tres euros por volumen. A mi, que aún se me saltan las lágrimas cuando me acuerdo de las ediciones de Alianza que, por setecientas pelas te regalaban lo mejor de Conrad, de Borges, de Delibes y de Kafka. Y allí, por doscientas, trescientas, lo que quisieras. También preguntamos -yo un poco con traducción simultánea, ya digo, crayon, se fou, la femme, nes pas posible- por un tío que dibuja tebeos que en su día medio publicaron en España sobre un aventurero miope por los Mares del Sur, en plan un poco Conrad. Marie Verité es el que publicaron seriado por aquí. Uno que escribe una historieta que se titula así merece una poca de atención, lo aseguro. Resultaba que Frank le Gall, el autor en cuestión -que ya es nombre de tebeo, ya-, tenía publicados no se, ocho, diez tebeos de ese personaje y, claro, ni uno en castellano, Los ojeé a ver si entendía algo. Si al menos hubiese habido alguna historieta situada en un manicomio femenino para dibujantas a lápiz. Pero eso sería demasiado barroco hasta para un francés.

De allí salí sin libros y algo envidioso, pero en buen plan. También con el propósito renovado de intentar aprender francés para poder leer esas cosas, pero, por suerte, se me pasó la tontería casi de inmediato. Si al menos tuviésemos librerías como aquella.

7 comentarios:

dinamita dijo...

Hola
Hace unos meses fui a la presentación de Chango cantando a voris bian, un verdadero snob Andy Chango. El espectáculo mezcla
Cabaret - jazz y recoge bien el humor y el cinismo de Vian.
Que magnifica versión de "No quisiera morir" ,románticamente patafisico. (Recomendable)
un cordial saludo.

Dulcinea dijo...

Pues yo no he leído nada de Boris Vian, pero me propongo remediarlo pronto.

Dulcinea dijo...

Pues yo no he leído nada de Boris Vian, pero me propongo remediarlo pronto.

dinamita dijo...

Un error patafisico que corrijo
Boris Vian

y no la mutacion v-b, ironías.

Néstor Aparicio dijo...

Oye, que paso por aquí por tercera vez y me quedo una vez más de piedra con Boris Vian... Vamos, que no sé qué decir (quizá porque no puedo decir nada, ja, ja, ja...).

Nodisparenalpianista dijo...

Hola. En otro rato me extiendo, que ya sabéis cómo voy.
Leed a Vian vale, si.

Dulcinea dijo...

No, sabemos como vas. ¿Por qué no nos cuentas a qué dedicas tu tiempo libre? ;))))

Y ya de camino,

ENTRADA NUEVA YA,
ENTRADA NUEVA YA
ENTRADA NUEVA YA,
ENTRADA NUEVA YA
ENTRADA NUEVA YA,