jueves, 4 de septiembre de 2008

Lamparones


Eso tenía que ser cosa del almacenaje, pensaba. Porque no es normal. Con las cervezas no pasa, pero con algunas fantas si. Y con bastantes cocacolas. Por eso siempre tenía la precaución de pasarle un trapo antes de saltarles la chapa. Luego no hay quien quite las manchas de los trapos, le recriminaba con un tono de broma. Si es que ya te digo, que mejor lo mandábamos al tinte y a vivir, mujer, que no paramos. Si, hombre, si quisiera arruinarme en el tinte montaba yo la tintorería. A veces para distraerse de tanta cuenta y de tanto apuro, de tanto sueño sobre la barra y entre las tapas, del suegro y el ábaco, de las albóndigas y de si reformar o no, se ponía a figurarse qué hubiese sido de él si le hubiera dado bien al balón. O de haberse hecho astronauta ¿Astronauta? Si es que eres como un crío. O de haber sido crío siempre. Incluso de haber montado una tintorería. ¿Una tintorería? Con no echarte lamparones habría habido bastante, mi vida. Y no se veía, no.

Algunas chapas de la cocacola traían algo de herrumbre, como si hubiesen estado a la intemperie tiempo. A la intemperie allí, porque llovía, porque no había forma de estarse tres horas por la calle sin que te pegase un chaparrón. Pues a mi me gusta. Pues eres un majadero. Y entonces le pasaba el trapito a la chapa, no fuese que el cliente en cuestión se encontrase con el naranjoso del metal. A veces lo limpiaba con tanto brío que al levantar la chapa se le hacía espuma del gas y terminaba por derramarla. Usted perdone, pero el cliente en cuestión ni sabía de qué iba porque esos menesteres acontecían sobre la venera, por debajo de la barra, fuera del alcance de la visión. Así que sacaba otra y vuelta a empezar. He de ir con cuidado, que con tanta reforma, no se puede echar a perder ni un duro, y se guardaba la cocacola accidentada para bebérsela cuando necesitaba refresco.
La chica ni se percató de que al abrirla se le había ido un poco. De hecho, casi ni él se dio cuenta, porque estuvo más pendiente de que no se le manchase el cartel que había terminado de escribir sólo un rato antes y que ahora estaba levemente salpicado del negruzco y del color tierra que hace la espuma de la cocacola. Con lo que me había costado decidirlo, pensó y no cayó en cambiarle la bebida a la chica aquella que estaba como ida, pensativa, un poco a sus cosas, como él mismo, como todos en suma. Aquí está, le dijo al servírsela. Ella le echó una ráfaga y se volvió a distraer en lo suyo. Luego le cuento, en cuanto cerremos la cocina. Pero si no, pues no. Total, habrá que hacerlo nuevo.

13 comentarios:

Néstor Aparicio dijo...

Jo, pues que pareces ruso, de lo íntimo que escribes. He pasado de puntillas, como si leyera algo que no debía ver.

María dijo...

me gustan tus historias de bar. No se si las tildaría de intimistas, como dice néstor, pero con este estilo tuyo tuyo, consigues meterme en la historia. Me gusta, oye.

Myriam dijo...

Muy bueno pianista, muy bueno.

Dulcinea dijo...

Pianista, guay.

Nodisparenalpianista dijo...

Bueno, Néstor, mira que me han llamado cosas, pero ruso por intimista... Vale, mola.

¿Pero ruso o no ruso, María? Hoy sin premio.

Gracias Myriam. Estoy en racha.

Chachi, Dulci.

María dijo...

¿ruso? no... yo lo entiendo bien.... juajuajua (¿¿¿que me pasa para decir estas tonterias????? será el examen?)

Myriam dijo...

Ja ja Maria.

Pianista, con lo amable y buena persona que soy contigo y me llamas Jipi piojosa ende luego. ja ja

Ángel dijo...

Eres el mejor de la red, con diferencia

Nodisparenalpianista dijo...

Venga, María, a zamparte ese examen como si fuese una ensaladilla ruda.

Juajua, Myriam, y llámale amigo al que te echó la foto!!!

Eo, Ángel qué alegría verte. Pero no exageres tanto, hombre!!!!!

Marta dijo...

Eso, Dulci: el Pianista es guay.
Ya sabes, estaba extrañando otro capítulo de la historia. Y siempre me pasa lo mismo: que lo leo, me encanta, lo releo, me encanta más y... no tardes tanto en el próximo, porfa...

Nodisparenalpianista dijo...

Marta, es que ellos también descansaban. Jaja, temía que no vinieses!!!

Marta dijo...

No faltaría ¡ni loca! ;)

a tiza y papel dijo...
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