sábado, 7 de julio de 2007

¡Pum!

¡Pum! con retraso.
Desde hace unos años, los encierros que caen en días de labor los escucho por la radio y voy contando lo que ocurre en, como dicen los tontos modernos, "tiempo real" (como si existiese el tiempo irreal), a los compañeros del trabajo por correo eléctronico. Siempre empiezo esos mensajes con el ¡Pum!, por la cosa de adornarse con el sonido ambiente. De ahí que a estas alturas, no me pierda nunca la transmisión de Radio Nacional, aunque lo esté viendo por la tele.
Este año ha entrado a las retransmisiones televisivas la Cuatro, tras la compra en exclusiva de los derechos de imagen en la Plaza de Toros, con lo que mutilado a TVE del remate del encierro.
Con lo que como la una ha metido pasta, la otra ha metido más pasta aún. Así que hemos pasado de la despedida del año pasado de Solanoque nos dedicó un hasta siempre, porque podría ser hasta nunca más -aquél nefasto ERE- a un despliegue de medios tremendo. Ayer, con el Chupinazo, la cosa apuntba bastante mal: la chica que conduce el espacio, alargado hasta la extenuación no para de interrumpir a Javier Solano, que es el que sabe, para decir mememces una detrás de otra. En esa transmisión, el directo es así de sincero y traicionero, la boba felicitó el día de San Fermín a todos. Solano le aclaro, hoy víspera, y le devolvió la fecilictación para vosotros también. Un equipo integrado, si señor.


Cartel de 1881. Soy un antiguo, lo se.

Lo de hoy, terrible. Un encierro lleno de gente y con manchitas oscuras que dicen que eran los toros. Ha empezado ¡¡Pum! con retraso y sobraban al menos 5.000 personas. En estos días sale el bruto que llevo dentro: para encieros así yo pondría quince toros en Santo Domingo, otros quince en el Pasadizo y, no se, unas balas de paja fesquita con bellotitas o algo que les guste a los toros de lidia en mitad. Y a las churris del Peta en cima, para solaz y deleite de los australianos bolinga. Y venga, a ver qué pasa.

Pues eso, un revolcón espectacuular hacia mitad de Santo Domingo, demasiada gente, relativamente lenta y algunas carreras emocionantes y cercanas en el tramo final. Lo de la sirga que cuenta Jonan en lo suyo yo no lo he visto. A ver mañana.

Bueno, otro día más sobre el Güali de verde y sobre RNE. Ahora, bueno luego, Tour.

viernes, 6 de julio de 2007

Hoy no me duele la garganta

Y lo bien que se está. Porque esa es una cosa que siempre pienso en cuanto me empiezan a doler las amígdalas. Con lo bien que estaba yo cuando ni me acordaba de ellas. Pero claro, sólo nos acordamos de Santa Bárbara cuando truena. Ay, cofcof, pupita. Y ya estamos, camino de la pelota de tenis en la garganta. Y yo sin saborear el placer de la ausencia del dolor de garganta.

Tiene su gracia, en cierto modo: el no sentirla es lo que hace sentirla bien, la eliminación de problemas, por así decirlo. Sólo se constata que están ahí cuando están dando morcilla.

Y luego está lo del dolor mayor. Ay, que me duele un dedo . Pues puñetazo en un ojo. ¿A que el dedo ya no te duele? Si pero el ojo.., y ya está el otro con la sierra mecánica buscándote la pierma. Que no, que no, que ya ni lo siento. Un clavo que saca a otro clavo. Valiente chorrada. Lo que saca los clavos son las tenacillas o la cosa así de dos bracitos que tienen los martillos.



Bueno, pues eso, que la garganta bien por invisible. Y que dure, sin saber que sigue ahí.

jueves, 5 de julio de 2007

Botánico (II)













Al entrar al Botánico, como si fuese un atalante, se puede contemplar el tronco de un roble ya reseco, que permanece alli haciendo guardia de los suyos. Pues podrían arrancarlo, si ya está seco no vale para nada, ¿no? Pues si, si vale. Y él también lo sabe.









Me gusta el collar que lleva la niña-estatua del Botánico. Es una cadena y cuelga un corazón. Tendría que decir que es una cursilada, pero me gusta.





El que era, el que será.



Algunas veces me llevo las flores que acabo de fotografiar para secarlas. Aún tengo libros que parecen engordados artificialmente porque contienen las flores y hojas que iba metiendo, envueltas en papel de periódico, servilletas, higiénico, todo a salto de mata.


Y, claro, no puedo terminarme de leer el libro en cuestión.




























Todos miramos, pero no todos vemos lo mismo, me parece a mi. A veces están ahí las cosas, los colores, los italianos que cantan y las ardillas que saludan a las abuelas. Pero como los árboles y las hojas nos parece siempre lo mismo.





Mirando atentamente, uno puede descubrir que las cosas son distintas. Y hasta mejores.






El Botánico, como todos los jardines es colores. En realidad, todo lo que vemos son colores. Los diagramas aquellos de las franjas de color. Luego le pones una peli infrarroja y salen estas coas. Y unas flores son lo que son, colores.




Son bonitos los colores.

miércoles, 4 de julio de 2007

Cosas que vuelan

Vuelta del Mercadona cargado hasta las cejas. Es el día del botellón. Ya se sabe, el calor aprieta y el carro va a punto de estallar con botellas de todo tipo y color. Botellón de apaciguar la sed, no nos confundamos, que las ginebras se compran de una en una en el bodeguero que, bailando va, al ritmo alegre del chachachá, y todo aquello.

El lío de los semáforos. No, ya se lo de los colores, eso sí. Lo que pasa es que como hay media calle que va así como de través hay que dar un poco de vueltita para cruzar, con lo fácil que sería saltárselo del tirón, y que se pare el tráfico, que voy cargado.

Voy empujando el carro, unas bolsas, con los cascos de la música a todo trapo y medio cayéndose, un numerito, y veo un papel que, flopflop, agita el aire. Se cae y se levanta, como un púgil cascadete. ¿Quién no se compadece de un púgil cascadete?

Allá que voy, suelto una bolsa, una berenjena que intenta huir rodando, y ¡chap! papel agarrado. Es una hoja de un cuaderno de espiral, de esas que llevan troquel para poder poner en una carpeta de anillas. Esta un poco sucia pero me puede la curiosidad y leo.



El viento se lleva las palabras

pero a veces puedes atraparlas

Me traen mi yo cinematográfico, uno que se quedó dormido en una sala de asientos con muelles rotos, cuando algún burro decidió elevar a categoría de arte las tarantinadas y sucedáneos aún más apestosos. Si es que al final te obligan a no volver. De un vistazo me quedé con las mayúsculas agitadas, las citas volantes, el tiempo y el sonido. Y lo eché a la bolsa con las berenjenas subversivas. Berenjenas subversivas. Esto ya parece de Tomeo.

Bueno, en la cocina voy colocando cosas: las gaseosas, el vino de mesa, los zumos las 1925 edición clásica, la leche, y luego unas verduritas revolucionarias para montar un buen pisto. Saldrá batallador, lo estoy viendo. Y al fondo de la bolsa ,el papel con vocación de cometa. Por las dos caras recoge citas de cineastas, clasicones de los de verdad. Las leo y recuerdo cuando vi por primera vez algunas de sus obras más reconocidas. Pienso en quién habrá perdido esa hoja. Quien recogería citas de autores antiguos sobre la influencia de la música en el hecho cinematográfico, o sea en la dinámica, el tiempo interno, la creación de sus dimensiones, un poco la metafísica de la cosa. Me gustan. El placer del cine.

Tarkovski: El ritmo cinematográfico está determinado no por la duración de los planos montados sino por la tensión del tiempo que transcurre en ellos. Qué tío.

Me acuerdo de lo que uno contaba una vez sobre la banda sonora: que la vida no tenía, que cuando besó a una chica por primera vez no hubo violines ni nada de todo aquello. Aconsejaba poner un buen disco cuando uno se encontraba en esas lides. Otro día lo cuento.

PD: Dueño de la hoja: te la sigo guardando por si apareces. Creo que se ha hecho amiga de una partitura. Lleva la música incorporada; así de fácil lo tienen algunas.

martes, 3 de julio de 2007

Dos consejos

Se celebraba la fiesta de graduación. Esto es un poco de universidad americana, es verdad. Pero es bonito. Se trata de una fiesta muy para los familiares, papás y tal, que ven al cantamañanas del hijo y a la medioloca de la nena vestidos de tiros largos, recién de peluquería, con toda su docta sabiduría sobre los hombros y unos taconazos de cuidado. Hechos un pincel, allí, recogiendo un título de mentirijillas, porque los del Ministerio tardan un montón y quedaría feo ir a recoger el resgaurdo del pago de la tasa. Lo estoy viendo, allí, una Señorita Rotermeyer, como del Seguro antiguo, dándole al tampón del "RECIBÍ" mientras el engalanado saca los cuartillos para pagarle y tener derecho al papelín. No, mejor un título falsón. Además, a veces aún quedaban exámenes por hacer, así que la fiesta de licenciados era un poco de pega. Pero qué pega más bonita.
Creo recordar, con lo malo que soy yo para las fechas, que fue un 12 de junio. Lo que si recuerdo perfectamente es que hacía un frio de tres pares de pingüinos. Claro, nosotros bien, el traje, la corbata y tal, pero ellas, las chicas, abuelas, mamás, hermanas, amigas y demás fauna, pasando las de Caín, porque se les colaba el frío por los escotes, los muslos y así. El ambiente cálido, si, pero en la calle un fresquito que parecía febrero. Cosas de las estaciones en el Viejo Reyno.

A lo que me quería referir después de este pórtico es a lo que nos dijo un profesor, maestro, colega y amigo. Resulta que se nombra para ese acto a un padrino que recibe a la promoción saliente y hace un discurso para la concurrencia. Al padrino le elige la clase, como es lógico. Lógico hasta cierto punto, porque en el paso del ecuador, cuando se celebra una fiesta que llaman de Imposición de Becas, el delegado de la clase, Iñaki -pero no el del fútbol del otro día-, hizo todo tipo de chanchullos para que saliese elegido como padrino de las Becas un profe en concreto. Una elección merecidísima, pero un poco rastrerilla. Las elecciones es lo que tienen.
Pero para la elección del padrino de la promoción se hizo una votación limpia, limpia. Y hubo un consenso, que dicen los modernos, muy elevado. Ganó un un gran maestro, un excelente peridista, un buen tipo. Y se esperaba de él un discurso brillante. Con esa fina ironía, humor educadísimo, retranca inteligente y quilos y quilos de cariño. Buena gente. Y no defraudó.


Esto pasó en el Poli, el Polideportivo de la Universidad. Sitio poco docto, pero es que había unos problemas de espacio considerables. Si hubiésemos sido de Derecho o de Económicas, así un poco así o sea sabes tal, habríamos llevado a cabo tan hermoso acto en el Teatro Gayarre, con sus moquetas y sus maderas grabadas, estupendo. Pero éramos los que éramos, y eso es imposible de cambiar. Y además el Poli estaba la mar de bonito. O eso recuerdo. Ahora, dicen que hacen alguna de als licenciaturas en el Baluarte. No se si es de muy buen gusto sacarlo del campus, pero es que yo soy un antiguo, la verdad.
estábamos con el padrino. De su discurso recuerdo que contó cosas bonitas, que hizo sentirse muy orgullosos a los familiares y que nos emocionó a todos. Dentro del heteogénero, muy heterogéneo grupo de alumnos -os aseguro a los que no conoceis el percal y teneis algún prejuicio sobre la institución, que mucho más de lo qie podríais imaginar incluo en el más desmelenado de vusetros delirios-, nos hizo coincidir al menos en una cosa: habíamos acertado escogiéndole.


Pero recuerdo con mucha claridad dos consejos profesionales y personales que nos regaló. El primero, lo soltó a media voz, sencillo, sin aspavientos: lleven siempre varias máquinas de escribir encima. y se calla un segundo. Risitas, que bromista, jeje. Pero comociéndole, sabíamos que haía algo más. Yo mismo, sigue sin inmutarse, llevo varias. Miren, miren, dice mientras enseña el bolsillo interior de la americana marrón aquella que todos recordamos tan bien. En el bolsillo lleva varios bolis, tal vez una estilográfica, tal vez un portaminas. Nos cuenta que la materia prima de nustro oficio son las palabras y que ayuda en todos los ámbitos llevar una máquina para ir tomando notas de las cosas que nos asaltan y que merece la pena dejar escritas. El público enfervorizado. Los que le conocemos somos público agradecido, los que le oyen por primera vez se rinden a sus pies.

El otro consejo. No escupir a barlovento. Y explica.






El remero de Ortiz Echagüe (fondo fotográfico en la Unav) seguro que se sabía, al menos, el segundo consejo que nos dieron



Tratándose de términos marineros, pues es lo que hay, porque si aún no nos aclaramos con lo de babor y estribor, a ver cómo se entiende eso. Y el padrino se recrea en la suerte. Y en la sustancia. O sea, el barlovento es el viento que te viene de cara según tú estás en la embarcación. Claro. Evidente. ¿que pasa si escupes a barlovento? Pues que el escupitajo te vuelve a la cara. Es una gorrinada, si, pero es todo un tratado ético me parece a mi. Evidentemente en lo profesional y laboral tiene aplicación inmediata. Perro no come perro, pero en esta nuestra trincherita,tenemos una afición a los hot-dogs que da miedo, la verdad. Y en la vida de verdad, la buena, la que nos gusta, pues más aún, me parece a mi. Primero, la broma del dicho, luego la explicación. La parroquia ensimismada, porque reconoce que sencillo parece explicar bien cosas con tanto sentido. Cuando termina, aplausos, jaleos, un clamor, evidente, menudo primer espada. Total.

Luego nos van llamando. Fulano, plasplasplas, mengano, plasplas plas, así. Nos llaman de cinco en cinco y dos da el ítutlo , bueno, el papelito, no nos pongamos pejigueros, el decano, los vicedecanos y algún otro profe. Hay a quien le da igual quien se lo de, porque bastante tiene con no deslomarse por la escalerica al subir, sonrisa, chaschas, unas fotos, ayayay, que ilusión. Otros queremos que ns lo de alguien en concreto. Es mi caso. Nodisparenalpianista, plaplasplas, y cuatro más. Subimos y guardo medio segundo para ponerme enfrente de Paco. No por mi, creo, peor creo que hemos tenido algun momento un poco tenso últimamente. Le tengo en alta estima. Nos damos la mano y nos decimos algo, no me acuedo,. Un apretón deelos suyos. Paco siempre se sorpendía porque doy la mano fuerte y porque resisto sus apretones de levantador de pedas húngaro. ¿No te duele? me dijo un día, estando yo al borde de que se me saltasen las lágrimas. Pues claro. Pero resisto. Pado daba unos abrazos sonoros y descacharrantes famosos por toda la Foralidad y parte de La Coruña. Un día cuento lo que pasó en un partido de fútbol.
Procuro llevar máquinas de escribir encima. Una o ninguna, esa es la verdad, pero cuando las echo en falta, me acuerdo. También procuro no escupir en general, y menos aún a barlovento. Pero es que hay veces que no se puede hacer otra cosa. No todos somos supercracs como JAVQ. Pero lo intentamos.

PD: ¡Promesa cumplida!!.



lunes, 2 de julio de 2007

Amarillo y naranja

Estábamos en un parque de por aquí, tomando un zumo y una cerveza Sander y yo. Me contaba sus cosas de Holanda, sus planes y los problemas con su inquilino. El cielo estaba oscuro por las esquinas y se iba levantando un aire a rachas entre frío y caliente.
Charlábamos y tomábamos nuestras bebidas en el infame, caro y feo chiringuito de la plaza de la fuente. De pronto ¡plop! una gotita. Y luego otra, otra y otra más. Un chaparroncillo rápido, suave, refrescante. El árbol nos ha resguardad lo bastante como para que ni nos hayamos planteado movernos.


Hace unos pocos años empezaron a plantar un árbol nuevo, que no tengo ni idea de cómo se llama. Tiene unas hojas, relativamente alargadas de un verde muy brillante, intenso, tirando hacia un pelín oscuro. Esos árboles producen una flor amarilla tirando a naranja. Cuando toca, caen a montones y forman un círculo de sombra anaranjada bajo sus copas.


Cuando ha comenzado a gotear, nos ha llovido un mar de flores amarillentas tirando a naranjosas que ha perlado, ploploplop, la mesa, la camiseta y los pelos. El árbol nos protegía de las gotas y nos daba un baño de flores.




El cielo oscurecido, la fuente blanca, las flores naranjillas.

Realismo real. Como la vida misma.

domingo, 1 de julio de 2007

El sueño de la razón


Será mirar por el microscopio (o periscopio) y descubrir, no se, un bacilo, un bichin chiquitín, un gluglucito, una cosica, vaya, que te abra las puertas del Nóbel. O de los campos Strawerry.



Una momia de piraña miope

(medio pariente tel tiburón-lupas, seguro)




Luego os quejareis los bitelmaniacos de que me meto mucho con vosotros.