Las manos que a veces acarician los sueños.
Las manos siguen ahí.

Se supone que si no tienes un sitio por aquí, no eres nadie. Una vez superada la fiebre de los dominios, cualquiera tiene su rincon el forma de güeploc. Menuda tontada, pero ya que estamos, algo haremos, ¿no?
Las manos que a veces acarician los sueños.

Cartel de 1881. Soy un antiguo, lo se.
Pues eso, un revolcón espectacuular hacia mitad de Santo Domingo, demasiada gente, relativamente lenta y algunas carreras emocionantes y cercanas en el tramo final. Lo de la sirga que cuenta Jonan en lo suyo yo no lo he visto. A ver mañana.
Bueno, otro día más sobre el Güali de verde y sobre RNE. Ahora, bueno luego, Tour.




El viento se lleva las palabras
pero a veces puedes atraparlas
Me traen mi yo cinematográfico, uno que se quedó dormido en una sala de asientos con muelles rotos, cuando algún burro decidió elevar a categoría de arte las tarantinadas y sucedáneos aún más apestosos. Si es que al final te obligan a no volver. De un vistazo me quedé con las mayúsculas agitadas, las citas volantes, el tiempo y el sonido. Y lo eché a la bolsa con las berenjenas subversivas. Berenjenas subversivas. Esto ya parece de Tomeo.Bueno, en la cocina voy colocando cosas: las gaseosas, el vino de mesa, los zumos las 1925 edición clásica, la leche, y luego unas verduritas revolucionarias para montar un buen pisto. Saldrá batallador, lo estoy viendo. Y al fondo de la bolsa ,el papel con vocación de cometa. Por las dos caras recoge citas de cineastas, clasicones de los de verdad. Las leo y recuerdo cuando vi por primera vez algunas de sus obras más reconocidas. Pienso en quién habrá perdido esa hoja. Quien recogería citas de autores antiguos sobre la influencia de la música en el hecho cinematográfico, o sea en la dinámica, el tiempo interno, la creación de sus dimensiones, un poco la metafísica de la cosa. Me gustan. El placer del cine.
Tarkovski: El ritmo cinematográfico está determinado no por la duración de los planos montados sino por la tensión del tiempo que transcurre en ellos. Qué tío.
Me acuerdo de lo que uno contaba una vez sobre la banda sonora: que la vida no tenía, que cuando besó a una chica por primera vez no hubo violines ni nada de todo aquello. Aconsejaba poner un buen disco cuando uno se encontraba en esas lides. Otro día lo cuento.
PD: Dueño de la hoja: te la sigo guardando por si apareces. Creo que se ha hecho amiga de una partitura. Lleva la música incorporada; así de fácil lo tienen algunas.

Tratándose de términos marineros, pues es lo que hay, porque si aún no nos aclaramos con lo de babor y estribor, a ver cómo se entiende eso. Y el padrino se recrea en la suerte. Y en la sustancia. O sea, el barlovento es el viento que te viene de cara según tú estás en la embarcación. Claro. Evidente. ¿que pasa si escupes a barlovento? Pues que el escupitajo te vuelve a la cara. Es una gorrinada, si, pero es todo un tratado ético me parece a mi. Evidentemente en lo profesional y laboral tiene aplicación inmediata. Perro no come perro, pero en esta nuestra trincherita,tenemos una afición a los hot-dogs que da miedo, la verdad. Y en la vida de verdad, la buena, la que nos gusta, pues más aún, me parece a mi. Primero, la broma del dicho, luego la explicación. La parroquia ensimismada, porque reconoce que sencillo parece explicar bien cosas con tanto sentido. Cuando termina, aplausos, jaleos, un clamor, evidente, menudo primer espada. Total.
Luego nos van llamando. Fulano, plasplasplas, mengano, plasplas plas, así. Nos llaman de cinco en cinco y dos da el ítutlo , bueno, el papelito, no nos pongamos pejigueros, el decano, los vicedecanos y algún otro profe. Hay a quien le da igual quien se lo de, porque bastante tiene con no deslomarse por la escalerica al subir, sonrisa, chaschas, unas fotos, ayayay, que ilusión. Otros queremos que ns lo de alguien en concreto. Es mi caso. Nodisparenalpianista, plaplasplas, y cuatro más. Subimos y guardo medio segundo para ponerme enfrente de Paco. No por mi, creo, peor creo que hemos tenido algun momento un poco tenso últimamente. Le tengo en alta estima. Nos damos la mano y nos decimos algo, no me acuedo,. Un apretón deelos suyos. Paco siempre se sorpendía porque doy la mano fuerte y porque resisto sus apretones de levantador de pedas húngaro. ¿No te duele? me dijo un día, estando yo al borde de que se me saltasen las lágrimas. Pues claro. Pero resisto. Pado daba unos abrazos sonoros y descacharrantes famosos por toda la Foralidad y parte de La Coruña. Un día cuento lo que pasó en un partido de fútbol.