
Supongo que, como todo el mundo yo había visto cuadros suyos. Poco más o menos, que si la mujer mazas aquella con el peto de trabajo, o la niñita negra escoltada por cuatro del FBI para protegerla de los ataques de los segregacionistas, o la asamblea obrera con el señor aquel de pie hablando.
Tuve una asignatura que se llamaba Cultura de la Imagen. En ella se trabajaba sobre eso, lo que las imágenes llevan diciéndonos desde hace tiempo. El profesor, ilustre periodista, amable e interesante crítico cinematográfico y navarro de pro, le dedicaba la cuestión a lo que hasta entonces o se había tocado tangencialmente o directamente nunca se había estudiado en las aulas. Por una parte la fotografía y por otro la ilustración y el tebeo. Y nos explicaba el sentido periodístico de unas y otras imágenes, su uso expresivo, ilustrador, narrativo, poético, todo.
Entre el humor costumbrista de Will Eisner, el febril Little Nemo de Winsor McCay, los escorzos imposibles del Tarzán de Harold Foster o los grandes parques de Ansel Adams, nos habló de Rockwell, de sus trabajos como ilustrador en la prensa y su obra, a medio camino entre la pintura formal y académica y la caricatura. Urabayen lo explicaba con su natural postura entre el torrente de saber y la tormenta de la emoción. Ponía diapositivas para ilustrar sus comentarios y aquello terminaba siendo un espectáculo de arte.
Una vez me regalaron un libro de Rockwell y aún sigo fascinado por sus cariñosos, inteligentes, hermosos, divertidos dibujos. De su arte lo que más me sorprende son dos dos cosas: el tono, un poco al estilo de Hopper y su capacidad narrativa. En sus dibujos hay escrita una historia. En ésta, El fugitivo, hay detalles que me siguen pareciendo igual de soprendentes que el primer día: las posturas del fugitivo y su perseguidor, el cruce de miradas, el corte de pelo, el detalle del hatillo, el camarero entre curioso y condescendiente, los calcetines, uno a una altura y el otro a otra, señal inequívoca de que su propietario es un caminante aventurero.
Me gusta Rockwell. Otro día pondré más.




