Ayer, para reposar, la sobremesa, tal, El Álamo. David Crockett y toda la tropa de aguerridos tejanos y amigos, pegando tiros por doquier contra el ejército de Santana, oye cómo va, ay no, que ese era otro, lo cual que tuve un mal momento de bostezos hasta que big Jack empezó con lo suyo. Al pobre Wayne la gente le tenía tanta manía, un poco más que a Ford. Decían que era un carcamal y un derechón, los adoradores de la nouvelle vague. Hasta que con el tiempo se le ha reconocidoal director irlandes, soy John Ford y hago westerns, que ha sido el mejor. Y su amigo/enemigo Wayne filmó este pedazo de película de héroes y desgraciados, de gloria y de derrota, del Olimpo de los valientes, épica pura, cine del bueno.

Dicen que Ford metió mucha baza, que andaba corto de pasta, que trabajaba en lo que fuese y que no le importaba firmar o no. Que Wayne le humilló contratántole sin papeles para que le salvase el asunto, que era una forma de devolvérsela, porque Ford también debía sde tener un trago, pero no de malta sino de algo más amargo. Las historias chungas que tanto gustan. Pero que no, que parece que no fue eso, que se ayudaron, que volvieron a ser los de antes, que se las gastarían gordas, eso seguro, pero que querere robarle el mçerito al uno y al otro a estas alturas, muy mal, muy mal.
Mientras la veía pensaba en otra gran crónica de la épica de los pobres como el Enrique V de Kenneth Bannagh, cuando la arenga aquella, que la oyes y dices estos tíos sólo puede ganar. Y para rizar el rizo, el Bushido y Millán Astray, que me parece que es aquello que dice que al enemigo hay que dejarle una salida para huir, qué tíos, los siete samurais. John Ford y Kurosawa, toma ya.
Lo cual que ahora si que estoy listo.
He empezado a hacer la Declaración de la Renta.
Que se preparen.