lunes, 17 de marzo de 2008

Marta, María, Lazaro

Seis días antes de la Pascua, fue Jesús a Betania, donde vivía Lázaro, a quien había resucitado de entre los muertos. Allí le ofrecieron una cena;




Marta servía, y Lázaro era uno de los que estaban con él a la mesa.

María tomó una libra de perfume de nardo, auténtico y costoso, le ungió a Jesús los pies y se los enjugó con su cabellera.

*Cartagena

5 comentarios:

Dulcinea dijo...

No hay palabras. Me imagino la escena, la cena, el murmullo de la conversación. Siempre me ha intrigado lo cotidiano de Jesús, los pequeños gestos. Buena entrada y buena foto, Pianista.

María dijo...

y lo bien que se estaría en esa casa!!!

¿soy la primera o no has moderado? si soy la primera tendré algun premio no????? jajajaja

Nodisparenalpianista dijo...

Es uno de los pasajes y de los paisajes más hermosos del Evangelio, Dulci. Marta, María y Lázaro, un hogar amigo, después de tanto tiempo. Salvando als distancias y sin que parezca (porque no lo es( una falta de respeto, me recuerda al hogar añorado por John Ford, el de las películas.

Y tanto, María. Pienso en lo bien que la pintaron los grandes, Caravaggio, tal. Te daré el premio a la segunda, vale.

a tiza y papel dijo...

Vaya reparto! Marta se ocupa de las cosas de Dios y María con un poquillo de Alzehimer como yo tantas veces, va y se olvida del Dios de las cosas...
En nada, pianista, comenta algo de Dimas anda! (es que a ti te saldrá mas bonito...)

Nodisparenalpianista dijo...

En realidad yo creo que las dos, los tres se acordaban de su buen amigo. Coincidirás conmigo quee s de las historias más hermosas. Diré de Dimas, pero fuera del ciclo, o no se, ya veré. Pobre Dimas. Y qué suertudo, también.