sábado, 22 de noviembre de 2008

El retrato

Como lo de las edades es una vulgaridad, no entraremos en numeritos. Sin duda lo es más por lo que respecta a las damas, pero nadie me negará que si hablamos de caballeros, tampoco procede meterne en esos aspectos tan chabacanos y hasta barriobajeros.
Me quiero referir a la onomástica del Príncipe de Gales, que ha recibido con su habitual elegancia este acontecimiento, no por previsto, menos importante. La verdad es que, siendo consecuente con ese principio, lo de las edades es vulgar, lo propio es no celebrar estas cosillas, pero cuando el hecho da pie a hacerse retratos, a bailar la polca o a saborear delcicias del mar y ricuras de la tierra, pues habrá que tomarse algunas que otra licencia. De todos modos, y en lo que me concierne, no le veo la fgracia en asatear una pobre tarta patra dejar huella del tiempo que anda cada uno recorriendo este valle de lágrimas. Lo más, hacerse un retrato.
Pero un retrato a lo grande.

Hace unas cuantas fechas -esto es historia, no conmemoración- hablando de elefantes y de Umbral, de dandys y Maricahalares concluíamos que nadie lleva mejor el chaqué que el Príncipe Carlos. Que luego la fama se la lleva su difunta esposa o la princesa pedorra que esté publicitando el Hola o la revistilla que toque, pero elegante, lo que se dice elegante, Carlos. Y vuelvo a lo de siempre: a ver quién se arrea el uniforme de los Granaderos Escoceses sin perder la dignidad. Y depilado a la cera. A ver, venga, los valientes.
La Reina le ha regalado un banquete y un concierto o algo así, supongo que la gente cacerías o escopetas, tal vez algún cuadro de las Highlands, yo qué se, lo típico, el primo Juan Carlos una ristra de
chorizos, lo que toque, su señora calcetines, que los inviernos en Palacio han de ser la monda y se habrá dado un trago de Beefeater en recuerdo de su ilustrísima abuela y a los pies del retrato del muy querido Lord Mountbatten. El padre en el bingo, por decirlo así, qué tío, a la vejez, viruelas. Y a la juventud, no se si me explico.


Total que Carlos, el Principe, se ha hecho un retrato con la casaca roja y sentado en una silla en una postura muy divertida a la par que seria. Ya sabéis, serio-frívolo, divertido-aburrido. Y para mi que Carlos, una vez asumido su eterna principesca condición, se nos está relajando. Con los de las agriculturas y arquitecturas bioclimáticas, con los chavales hechos dos fortachones, con una natural tendencia al borracheo que les viene de casta, y la santa haciéndose la permanente y con los bolsos y así, pues é a su bola, con los kilts muy bien planchaditos, leyendo y fumnando en pipa en Balmoral. Que es como si fuese jubilado, epro en sentido inverso: que le tocará ponerse a la cosa en cuanto cunpla la edad. Mira, cosa de los bretones. Con lo que comen, bastante hacen, los pobres.

Y se lo pasa bien. Pues muy bien, oye.

5 comentarios:

Myriam dijo...

Me parto Pinista, no dejas titere con cabeza majo:) muy bien escrito.

a tiza y papel dijo...

No sé con qué elegancia quedarme si con la de Charles o con la de Lord Mountbatten.
De los otros con ninguna.
Espero la descripción de alguno de tus últimos modelos, a ver qué tal.

Luisa dijo...

Para mí que "este chico" nunca será rey,por tanto,que disfrute de sus fiestas,sus disfraces y sus zorros perseguidos a caballo.
Un salu2

Dulcinea dijo...

A mi el heredero británico me parece un tipo tristón y aburrido. No me apetecería tomarme un café con él. Debe de ser un tostón de cuidado.

Y no te digo nada tratar con su mamá. Con esos bolsos y esos modelitos que le prepara su sastre, que seguro que es republicano, a tenor de la imagen que luce la pobre.

Yo me quedo con mi Clooney, qué quereis que os diga.

Nodisparenalpianista dijo...

Juajua, como en Francia, Myriam, lo de dejar al personal sin cabeza...

La cosa está en el porte, Atiza; mira qué postura el tío. SI es que es un crack.

Ni falta que le hace, Luisa, con ser el rey de la elegancia ya tiene bastante. Que eso es mucho mérito para un británico.

Pues qué quieres que te diga, Dulci, que yo tampoco veo al Príncipe Carlos tomando nespresos. Ni rechazando mil veces a la enfermera Hataway, que el cluni ya apuntaba maneras de reinona.