Se inventó a ese autor estadounidense para escribir tres novelitas de serie negra llena de personajes un poco fuera de la sociedad y sobre unas historias bastante sórdidas y hasta cierto punto estrafalarias, bastante en la línea de sus obras más surreales, como La espuma de los días o El arrancacorazones, por decir dos. Él se presentó como simple traductor para evitar problemas legales por si se consideraban obras para mayores de 18. Imagínate, con lo que corre ahora por ahí. En fin.
La leyenda cuenta que la peli es tan mala que, al salir del preestreno, al pobre Vian le dio un jamacuco y se fue, de inmediato -pasión musical, sin duda- a tocar el arpa sin mayores trámites. RIP. En realidad, Vian padecía una malformación o defectillo o algo muy malo en el corazón y le pasó lo que suele pasar en estos casos: que o te lo arreglan o palmas a los cuarenta y pico. Pérfida casualidad lo de la peli. Pero, dado el personaje que era, le hubiese pasado donde fuese, seguro que habría para construir una leyenda.
Un segundo que miro.
Vale.
Pues si, ya me lo había bajado. Qué memoria la mía. Bueno, mira, con la cosa ha salido lo de hoy. Pues bien.
6 comentarios:
Pues sí, pérfida casualidad. PEro ahora se cuenta la historia. Y hasta quizá le dejara peso de conciencia a quien fuera que la desguazó.
De lo poco quese cuenta sobre él. Un enorme desconocido. Por suerte. Anota La hierba roja.
Me lo anoto yo también, porque no lo conocía. Veré qué pillo por ahí y ya te contaré.
Anota La hierba roja, Néstor. Tal vez no os guste, pero bien masticado, apasiona.
No he leído nada de Borin Vian, y parece que me estoy perdiendo algo bueno.
¡Qué maravilla Boris Vian!!! El ingeniero Wolf, Lazuli y Jean-Sol Partre aplauden tu entrada, Pianista.
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