Está jarreando con alegría. Es una lluvia fina, de esa que te has de fijar cuando miras por la ventana, peor que debajo resulta algo más gruesa que un calabobos, como si dijéramos. Es muy rápida y bastante tupida, lo cual que en seis pasos estás bien calado. Este verano no hems tenido el gotarrón aquel d ela tarde agosteña, que te atiza unas castañas en el cráneo, que menos mal de la melena, que a los calvorotas les ha de dejar hasta morados. Esos gotarrones que apenas refrescan, peor que divierten, sobre todo si vienen aderezados de, como dicen los cursis, aparato eléctrico, o sea, los rayos y truenos que tanto divierten al que divierten y asustan al que asustan. Yo soy d elos divertidos, pero eso es lo de menos.
No suelo ir a por la prensa tan temprano, pero hoy el día es un poco complejo y hay que organizarse. Las tiendas están cerradas, una nena trata de abrir la persiana del Bar Naranja y, poco elegante, nos enseña las calzas a los cuatro viandantes que pasamos arrimados a la pared. De un bar de chinos sale un marrano con rastas que tiene cara de sobredosis de carajillos. En fin. En el cajero saco duros y me equivoco. Jolín.Como al Tonino se le hayan pegado las sábanas... Está el quisocos de Esperanza, que me pilla un poco más cerca y que ya estaba abierto, pero, puestos, me cae mejor Tonino, asñi que por media patada más, que se lleve él el duro, que no es mucho, pero que es el secreto del capitalismo: yo me gasto mi jornal donde me da la gana, y no tengo que dar cuentas a nadie. Luego está Hacienda y el minsitrín del ramo, así que cada vez me desengaña más la política.
Tonino tiene el garito abierto. él vive en la misma escalera donde tiene el quiosco, que está en los bajos, así que lo tiene fácil para llegar al trabajo. ¿Qué, Tonino, muy remojado? Siempre nos gastamos bromas. A media mañana se reúnen allí los calvos. Mi hermana dice que son trillizos, pero creo que no.Lo que pasa es que es, con perdón como lo de los perros y sus dueños, que a fuerza de verse, se parecen. Los calvos, qué morena tiene la pelota los tíos, fuman y hablan del fútbol en la puerta del quiosco. Tonino sale y también mete baza. Cuando les veo, paso por medio, cojo el Abecé Cultural con todo lo demás y le digo que a ver cuándo pone un grifo de cerveza, que se iba a forrar. Él se cree que se lo digo en broma, pero creo que sería un gran negocio. Una caña rapidita, echas la quiniela o la primi o esas cosas, que no se, comentas sobre a ese del Español que le han partido la pierna -creo que los calvorotas son pericos-, recoges tu prensa y adiós, muy buenas. Oye, hay negocio.

Joé, Tonino, ¿no podías poner el Abecé más abajo?, le digo mientras saco el que parece en mejor estado. Porque yo escojo el diario en cuestión: el menos arrugado, más limpio, con mejor presencia. Cuando lo dejo en el mostrador entra un señor de gafas oscuras, pequeño y regordete, que dobla el diario, creo que es La Gaceta y le prepara los dos euros. Como yo ando mirando una peli que dan por un eurillo más, el señor le dice Antonio, lo mío. Cada cuál le llama como le da la gana y él contesta. Su hermana le llama Antoñito y simula enfadarse si no le dices hola la primera. Le encanta chafardear disimuladamente cuando tooma café con als amigas. Entoces te acercas y le dices ¿qué pasa?, ¿ya no saludas tú o qué? y se pega un susto y te ríes. Ya ves con qué cosas nos entretenemos. Son dos euros raros. De esos de Eslovenia o de por ahí, con un dibujo irreconocible. Me gusta recoger los euros raros. Y luego los portugueses. Y algunos alemanes, los de flores y el italiano del Coliseo. Esos, me los suelo gradar y miento como un bellaco diciendo, no llevo suelto, cámbieme los cinuenta eurazos, mientras escondo los dos finlandeses. Podría pedirles a dos o tres tenderos que me los guardasen, peor me gusta que me toquen, que me caigan por casualidad, que sea cosa del azar y, ya lo he dicho, del capitalismo asqueroso en el que tan bien vivimos. Lo dicho, con qué cosas nos entretenemos.
Pago, le pido una bolsa, por no mojárseme el Abecé Cultural y la peli, que al final me he comprado, Historias de la radio, por más señas, ya se sabe lo de mi pasión radiofónica y me ha dado una bolsa del súper del Navarro, donde lo he metido todo. Tonino recicla las bolsas, muy bien, así que no se qué hará cuando los ecologilipijos consigan proscribir las bolsas de plástico de lso súperes. Qué dolor de gente.
Venga, Tonino, que no te mojes y que vaya bien. Hala, nen, hasta luego. Y me he vuelto pegadito a la pared para mojarme menos, dispuesto a darme un desayuno de lujo, café con leche, tostada, un tomate y el Abecé Cultural. Esto no se paga ni con euros raros.
5 comentarios:
Qué bien cuentas las cosas y qué teclado más cutre tienes Pianista.
Con la estampilla que nos has pegado no te habrás herniado, ¿verdad? ;)
La palabra jarretea, una joya.
Mi madre también colecciona las monedas raras.
- Mamá, te birlo unos céntimos para el parking, que no tengo suelto, ¿vale?
- Vaaale... ¡Oye, espera! Que tengo ahí uno de esos, no te lo lleves.
Lo de "uno de esos" es como el "peor" del Pianista: la marca de fábrica.
¡Es brooooma, ¿eeeeeh?! Que luego me coges las cosas por donde queman. (¿O es deformación profesinal?)
Oye, una pregunta al público: ¿A vosotros os pide SIEMPRE la contraseña 2 veces cuando hacéis un comentario? Es que a mí me tiene ya mosqueada.
Pues no, a mí no me la pide dos veces pero en cambio no me deja votar dos veces en la encuesta; eso cuando el Pianista cuelga encuesta, claro. Ejem.
De colecciones raras podríamos hablar un rato largo. Yo tengo una de móviles que antiguos que ya no funcionan. Hum... podría montar un mercadillo ambulante y estafar al personal.
A mí me pasa como al pianista. Los domingos encuentro lo que quiero si está el quiosco abierto.
A mí no me pide nada. Se debe fiar de mí y de ti no, Altea. Así es, hija.
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