viernes, 28 de marzo de 2008

El tranvía (II): abajo

Recapitulándolo todo.
Recapitulando el tema.
Recapitulando lo último.

Y ahora, al tema.
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Entró a comprar tabaco y se sintió a gusto.

Por un segundo, tal vez por primera vez ese día, descubrió un lugar acogedor. En mitad de unos desconocidos, con una máquina de tabaco y dejando atrás un día que ya agonizaba tras las esquinas. Pues peor para él.

Iba a sacar su cajetilla, echarla al bolso y salir escopeteada, porque tras un día entero fuera, tenía ganas de quitarse los zapatos y poder quedarse cómoda medio dormida en el sofá, fumando, esperando.

Pero se sintió a gusto.



Una pepsi, pidió cuando estuvo sentada en el taburete, recordando cómo de cría siempre pedía pepsi para llevar la contraria a todo el mundo que bebía cocacola. Un incipiente rasgo de esnobismo que tenía ya casi olvidado.

Tendrá que se cocac...

Vale.



Jugueteaba con la cajetilla. Bebía sorbos muy cortos. Se dejó mirar por el chico del pelo corto que tenía extendidos los papeles en la mesa, que, al instante dejó de prestarla atención. También le pareció ver cómo bisbiseaba mientras le daba vueltas a la estilográfica.

Se acordó de algo y sacó la agenda.

14 de marzo. Y leyó.

Y leyó.

Y siguió leyendo sin entender nada.

Y leyó.

Y uno, de aspecto un tanto extraño la interrumpió. Y para cuando se quiso dar cuenta era demasiado tarde: el brillo de su mirada ya era sólo un recuerdo fugaz.

jueves, 27 de marzo de 2008

Ahora toca trabajar

Esa fue una de las últimas afirmaciones públicas, en la radio, en su Espuela, de Alejo García. Del gran Alejo García. El otro día va y se nos muere, sin casi ni decirlo, como ni queriendo protagonizar su propia muerte. No me extraña ese afán por huir de la parca, a ver si no, pero ya veis por dónde voy, lo de la modestia y tal.





¿Qué quién era Alejo García? Uno de la radio. Uno que hacía, supo hacer buena radio, de encantar en el medio, de informar, opinar y dar valor a las opiniones. De su dirección nació la primera tertulia radiofónica española, y eso ya es bastante mérito como para que se le tenga entre los grandes grandes. Recuerdo en mi ya lejana infancia, cuando al pobre le metieron el papelón de cubrir la baja de Luis del Olmo, el sobrevalorado Luis del Olmo, en Radio Nacional, cuando éste se fue a la COPE. Qué cosas, con lo que ha rajado luego Luis. Ay, que mal vasallo, pero eso es otra película. Cuando Olmo huyó a la COPE con armas y bagajes intentó llevarse el nombre del programa que realizaba, pero, isiendo estrella, aún no brillaba tanto como para poderse llevar el título. Así, rebautizó a la cosa como "De costa a costa" pero mantuvo los jingles y sintonías. El marrón en RNE se lo endosaron al pobre Alejo García, que tenía el duro compromiso de sustituir a la estrella con un nuevo "Protagonistas". Creo que Alejo hizo lo que pudo, pero que aquello fue un cierto Waterloo para él. Yo aún no sabía.


Años después, no se cómo, oí en Radio España o en Radio Miramar, ya no se, por primera vez una tertulia que echaban a las doce, mala hora, de tres periodistas capitaneados por Alejo. Era tremendo. Tres contestatarios que destripaban la actualidad y que, entre líneas, no dudaban en colar las morcillas sobre lo que uno, otro o el de más allá les había medio dicho confidencialmente. Aquello agudizaba el ingenio hasta para un jovencito tarugón como yo. Recuerdo como si fuese hoy con qué precisión milimétrica explicaron al minuto la caída en desgracia de Carlos Garaikoetxea, cuando la mitad de la peña ni sabía escribir su nombre y la escisión que estuvo a punto de hacer de Padre Arzallus el último jelkide del PNV. Qué tíos, lo que sabían. Por cierto, ¿aún queda gente que no sabe que Garaikoetxea es navarro de Navarra? Cosas.

A Alejo García ahora le recuerdan unos botarates por la chorrada de lo de la legalización del PC. Le he oído explicarlo más de una vez la cosa y lo divertido es que lo cuenta, porque la tontada era eso, tontada del todo.

Alejo García era aquel de los oyentes, de aquella Radio Nacional de cuando Julio César Iglesias y sus debates de verdad y de ideas, y sobre todo fue aquel de la combativa Espuela, que cambiaba de cadena según resultaba demasiado incómoda, francotiradores de la verdad que a veces pica oír. Su prematura ausencia de los micros era la esperanza de que volviese.

Cuando las municipales, Carlos Herrera le entrevistó un día porque se presentaba a algo de su pueblo en una cosa de independientes, pero eso era lo de menos.

Cuando hace pocos meses le entrevistaban los actuales de la Espuela, se le veía en plena forma, convaleciente de un cáncer fatídico, animado, malagueño, vital, triunfante pese a todo. Entre muchas cosas interesantísimas que explicó, como su lucha y su aparente victoria contra el linfoma que terminaría matándole, habló de política, de que ahora era feliz en su retiro, de las cosas de la prensa, de los recuerdos, de todo un poco. Encomió a sus compañeros a seguir dando estopa con un brioso "ahora toca trabajar" y consiguió que reverdeciésemos laureles sus por entonces insultantemente jóvenes oyentes y hoy jóvenes veteranos del transistor. Entonces, dijeron, hay que traer más a Alejo, que la gente está encantada. La esperanza de que volviese a calzar sus espuelas para picar bien hondo a su aire, serio, simpático, inteligente, con sorna, preciso y riguroso.

El otro día me llama la Hermanadelpianista y, como sabe que tengo la conexión fatal, me dice que si se, que Alejo va y se nos ha muerto. Pues muy mal, hombre, muy mal. Como te admiramos te lo perdonamos, pero que no vuelva a pasar más. Y seguiremos trabajando, claro.

miércoles, 26 de marzo de 2008

Descubierto

Preferiría no hacerlo, le dijo con su habitual cara seria, tranquila y hasta agradable.

El sargento Gutiérrez, el famoso Gutiérrez chusquero, se quedó de una pieza. Comenzó a ponerse colorado y se sintió paralizado por unos segundos casi eternos. Recluta, le comenzó a decir muy bajito y subiendo la voz hasta el bramido, agarre la pala y comience a cavar el hoyo conde refugiarse antes de que ataquen los aviones y los acorazados comiencen a soltar pepinos sobre su cabeza. Aunque igual sería mejor que se quedase de pie a ver si espabilaba de un cebollazo. Se acordó del pollo, allí, con su traje de camuflaje, bueno, uniforme de trabajo. Él se entendía.




Preferiría no hacerlo, le dijo al payés para el que trabajaba a temporadas, recogiendo cerezas, limpiando lo de los caballos y partiendo leña en invierno.

Pues tú verás, le dijo aquel hombre de camisa de cuadros azules y manos como raquetas de tenis, pero si quieres comer, o le cortas el pescuezo al pollo o te lo comes con plumas. Mientras le veía ahí derecho, con su cara de pollo -claro- y de malas pulgas de mucho cuidado y como previendo la de arañazos que se llevaría con los espolones pensó en lo que daría en ese momento por una buena ensalada.




Preferiría no hacerlo, le dijo al pequeño matoncillo pelirrojo y con gafas de culo de vaso.

Pues ya sabes la que te espera, dijo el pelirrojo, al que se le escapaban las eses entre los dientes que tenía batiéndose en retirada, festival del Ratoncito Pérez incluido. Sopesó el capazo de tortas que el había prometido el pelirrojo y el que le iba a dar su amigo, el grandullón bienintencionado pero un tanto pusilánime que terminaba siendo siempre la voz de su amo, esto es, el pelirrojo rompepiernas. A sus ocho años, piernas rotas pocas, pero voluntad tenía a carretadas. Sopesó eso o hacer lo que pedía, espachurrar de un certero pisotón al pobre caracol, que a pesar de lo buien cebado que tenía a base de lechugas y hojas de berza, había terminado último la carrera.



Habría apostado que no lo haría. Desde el suelo vió alejarse, ufano al sargento Gutiérrez, por el trabajo bien hecho, que era como llamaba él a darse de barrigazos mientras los aviones invisibles y los bombazos mudos caían en el pradillo al que llamaba teatro de operaciones.

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El pollo que no comió, los caracoles que no aplastó, las historias que escribía en aquel libro de contabilidad que no era un libro de contabilidad pero que aún nadie había descubierto.

Preferiría que no lo hiciesen.

martes, 25 de marzo de 2008

Lo de los chinos

Menuda la que tiene liada. Me refiero a lo de los aretes. Aretes suena bonito. ¿Dónde me he dejado los aretes? También esclavas, que suena a pendientes de ultramar de cuando Cuba y tal, de tocados en el pelo de von vivant tipo lords Byrones de salón y mulatonas tremendas de aretes, esclavas, o sea, en las orejas claro. Los modernos se ponen grapas por todas partes. Además se duchan poco. Unos guarros.

Volvemos.

Los aretes olímpicos, que son cosas que les molan a los de las zapatillas deportivas, los tenis que le llaman por ahí, los de las teles y cuatro zumbados que persisten en comprar, por un Potosí, unas entradas para ver la cosa que por la tele se ve mejor, con repeticiones, cervezas en el frigo y anuncios para cuando las cervezas son historia, no se si me explico.

Pues están con lo del Tíbet, denunciando y tal que nada de olimpiada, que estos chinos son unos brutos.

Y yo no salgo de mi asombro. Porque los chinos son los mismos. Los mismos de antes, me refiero. O sea, los de la dictadura marxista pseudoleninista, democracia popular le llaman. Los mimso de la revolución cultural que terminó por ser comunismo salvaje más capitalismo salvaje. Los del hijo único, mayormente varón, porque las nenas cotizan mal. Los de las mafias que secuestran mujeres en la costa, lo de Shangai y así, para vender a los campesinos, muy hombretones pero bastante solos porque no hay nenas. La misma que encarcela a los obispos católicos y que se inventa una Iglesia Católica Nacional, para acallar a una de las pocas voces que los critica desde dentro. La misma del Tíbet, que fue invadido y sojuzgado hace la tira, bastante antes de que los pijoprogresrojoguays nos empezasen a dar la murga con la cosa. Porque a mi me parece campaña, sucia rastreta y miserable que ahora, todos los "concienciados" se llenen la boca de dalais lamas y demás y que callasen como piedras (por no decir lo otro), cuando el miserable gobierno chino le cobra a la familia la bala con la que descerraga los sesos a sus condenados a muerte. Bueno, eso si no tienen pactado el trasplante de córnea, que estos son así, lo aprovechan todo. Como en los restaurantes.

¿Arreglará algo que no se celebren los juegos olímpicos en ese país si nada cambia? Entonces, ¿no habría que hacer fuerza en alguna otra dirección?

De un gobierno que comercia, so pretexto de las adopciones, con las niñas que les sobra, sólo se puede esperar lo peor. De los cobardones que no han reaccionado hasta ahora, se desea que, con esa inyección de moral, espabilen y pidan justicia siempre, por todo y en todas partes. Y si no, que se callen y dejen de molestar, jolines.

lunes, 24 de marzo de 2008

Sin miedo

De pronto, Jesús les salió al encuentro y les dijo:

- «Alegraos.» Ellas se acercaron, se postraron ante él y le abrazaron los pies.
Jesús les dijo:

- «No tengáis miedo: id a comunicar a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me verán.»

domingo, 23 de marzo de 2008

Los que siguen




Entonces


entró también el otro discípulo,


el que había llegado primero al sepulcro;


vio y creyó.

sábado, 22 de marzo de 2008

Las mujeres

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El primer día de la semana, de madrugada, las mujeres fueron al sepulcro llevando las aromas que hablan preparado. Encontraron corrida la piedra del sepulcro. Y, entrando, no encontraron el cuerpo del Señor Jesús.

Mientras estaban desconcertadas por esto, se les presentaron dos hombres con vestidos refulgentes. Ellas, despavoridas, miraban al suelo, y ellos les dijeron:

- « ¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive?