Así se cumplió lo que había sido anunciado por el profeta Jeremías:
En Ramá se oyó una voz, hubo lágrimas y gemidos:
es Raquel, que llora a sus hijos y no quiere que la consuelen, porque ya no existen.

Dulci pide llamas en el FestivaldeBelenes.
Se supone que si no tienes un sitio por aquí, no eres nadie. Una vez superada la fiebre de los dominios, cualquiera tiene su rincon el forma de güeploc. Menuda tontada, pero ya que estamos, algo haremos, ¿no?


En fin, que Yago dice que pedirá, de mayor un perro lazarillo, que vendría a ser como pedir unos ojos, que es cosa muy seria. Luego dice que le encantan los perros, suena el jingle o así y el remate ¿Y los gatos?, le pregunta el tío. ¡Los odio!, reponde con enérgica simpatía el bueno de Yago. Los gatos son odiosos, por mucho que dijesen lo contrario los Freak Brothers, qué tiempos. A mi, los gatos también me dan mucha rabia. Viva Yago y los perros lazarillo. Y Don Juan de Austria, otra vez.
Escuchado en lo de Carlos Herrera, que ya anda de vacaciones -cuando lo escribí, hace ya casi medio año, jolín con el congelador-, donde hablan sobre las colas. Una chica habla de las del autobús de Madrid, que nadie respeta, como casi la de todos los autobuses de España y una que si, la de la Iglesia de la Santa Cruz, o algo así, los miércoles, para ver a San Judas, de gran tradición popular y que, según la señora merece la pena hacer. Dice un contertulio "pero San Judas (sic) no era malo?" y contesta el otro "o, que se refiere al buen ladrón". Olé Carlos, nivelón el de tus colaboradores. La oyente como puede, aclara, San Judas Tadeo, y la presentadora recuerda que se trata de un santo muy milagroso.