domingo, 1 de julio de 2007

El sueño de la razón


Será mirar por el microscopio (o periscopio) y descubrir, no se, un bacilo, un bichin chiquitín, un gluglucito, una cosica, vaya, que te abra las puertas del Nóbel. O de los campos Strawerry.



Una momia de piraña miope

(medio pariente tel tiburón-lupas, seguro)




Luego os quejareis los bitelmaniacos de que me meto mucho con vosotros.

sábado, 30 de junio de 2007

Subversivo

Mingote es un subversivo.
Como le pillen es que le pintan de colorines.
Lo menos.

viernes, 29 de junio de 2007

Su cambio (climático), gracias

Esta mañana he cogido una cazadora vaquera. Una finita, azul oscuro, así como de entretiempo. Ay, no se si hacerle una foto y pegarla para que salgais de dudas. Bueno ya veré.
La cosa es que ayer de mañana soplaba un viento un poco fresco y yo a manga corta. Nada extraordinario, pero en la bici se echa de menos una manga. Luego los psicópatas del aire acondicionado del trabajo, empeñados en ver osos polares en julio, que bajan la temperatura lo bastante como para hacer patinaje artístico por los pasillos.
Pues esas tenemos, que estamos a finales de junio y llevamos dos días con aire algo más fresco de lo habitual. Nada más. Pero, yo no se si tenéis alguno cerca o es que sólo me persiguen a mi, ya salen los ecolomemos con lo del cambio climático. Que van al cine y se lo creen todo. Y como el tío ese que es ex-próximo presidente de los EEUU, que dice Carlos Herrera, está dando la murga, pues a tragar.
Que yo me acuerdo desde siempre de los calores sofocantes en verano, de lo primeros fríos que decíamos en otro día y de las tormentas aquellas de fin de verano que terminaban mandando no se cuántos coches al mar porque siempre hay unos cuantos imprudentes que aparcan el buga en el caudal de los torrentes. Pero luego había inviernos suaves, otoños tontos, que los boniatos se les florecían a las castañeras, primaveras escarchadas y veranitos de rebequita y pañuelito bufandón. Pero claro, era lo normal. Lo normal, porque no había salido ningún listillo ganapán con ganas de subvencionarse dándonos la brasa, hirviente brasa del cambio climático. Como nos decía aquel recordado maestro, las pocas cosas que pasa en la histiora pasan muy despacio. ¿Que se nos recalienta el chiringuito? Pues probablemente, no diré que no. Lo que pasa es que esta tontada también la escribiría en su momento un diplodocus en su pecé de piedra. Y antes un trilobites. Y más antes un gusanico de aquellos asquerosos. Y más antes aún si cabe, los de la sopa esa de la vida que tan bien explicaba Carl Sagan pero que, entre nosotros, yo nunca terminé de creerme.





Para mi que lo del cambio climático en realidad es un invento del personal desde que se ha extendido lo del los aires acondiconados. La posibilidad de revertir lo que viene de la natuarleza es tentadora. Poder volar, esas cosas. Ahora es la de fabricar estaciones distintas, morirse de frío en verano y sudar la gota gorda en invierno. ¿Y la primavera y el otoño? quita, quita, que para tontunas no estamos. Oye que si, pensadlo un poco. Acordaos del banco (pero ni insultar), del cine, del trabajo, del restaurante ese tan moderno y hasta del autobús kamikaze.

A ver si no.

jueves, 28 de junio de 2007

Más sobre tiburones

Hablando de tiburones en lo de hace unos días, rescato un tema que se me quedó enganchado en el ancla. Pero oye, hay que reciclar, dicen, así que allá va.

Lo prometido es deuda, así que apartad a los tiernos infantes y adultos atemorizables porque ahí va, la historia del horrible tiburón-lupas.
Su origen se pierde en las aguas del centro del Mediterráneo aunque gracias a su fácil adaptabilidad -incluso comodidad parasitaria según dicen algunos- le lleva a otros hábitats como en el Atlántico Norte, donde primero reproduce su nicho ecológico y finalmente se asocia al propio del lugar donde siempre le recuerdan su procedencia pero dentro de un ambiente en el que se mezcla la admiración, el miedo y por qué no decirlo, la envidia por tener los dientes tan afilados.
Las crías más jóvenes suelen ser agresivas y muy impulsivas, vivaces y muy defensoras de su territorio. Algunos estudiosos han querido leer en los movimientos de la aleta dorsal mensajes como "¿me estás hablando a mi?" ante la presencia de otras especies. También se observan comportamientos impulsivos que les llevan a procesos anoréxicos y bulímicos asociados al daltonismo, visión en blanco y negro e incluso mottas de manchas en su piel y tendencia a darse golpes con otros congéneres. También pueden ser muy peligrosos si te los encuentras en malas calles o en compañía de los suyos.



La terrible sonrisa del tiburón-lupas,

a punto de zamparse una quisquilla dorada.

Con los años se va haciendo más reposado y hasta aburrido, aunque de vez en cuado da muestras de lo que fue con chispazos de su antigua agresividad. A veces recurre a disimular su espíritu acomodaticio con mordiscos provocadores y ruidosos, aunque bastante vacíos de contenido y tediosos al fin, porque sus dientes ya no son lo que fueron. Es una tentación tomárselo demasiado en serio, porque lo único que provoca es el enfado de los parroquianos.
También suele cambiar sus manadas y compañeros de caza, con lo que pierde su antigua efectividad. A veces, cuando se produce el reencuentro ocasional con algún viejo compadre el pavor se extiende por los mares que los contemplan, aunque la cosa suele terminar en agua de borrajas y ha de llevárselos alguna sirena de ambulancia lisérgica. Al final suele terminar recordando batallitas por cualquier casino o inventándose excéntricos viajes en avioneta. Últimamente se le ha visto disfrazado de cazador de tiburones camuflado de tiburón, pero de las finanzas. Un verdadero lío.
De todos modos, nunca os fiéis de su aparente sonrisa, porque a la mínima os arranca las chichas de modo inmisericorde. Ya sabéis: jamás podremos ser uno de los suyos.

miércoles, 27 de junio de 2007

Botánico (I)

Hace unos días hablaba Marta en lo suyo sobre su próximo examen. Se me ocurrió que si tuviese que relajarme por ahí antes de un examen -o después, nunca se sabe- ya tendría bien claro el sitio. Y empecé a juntar palabras...
Durante una temporada viajaba más de lo habitual a Madrid. Iba por cuestiones laborales y me solía quedar no menos de tres días y a veces algún fin de semana y todo. Después de lo laboral me solía quedar suficiente tiempo libre como para callejear, quedar con algú compañero de la carrera, ir a ver sitios y perderme por la FNAC buscando singles raros. Una vez, buscando singles de Bjork o de Tricky o parecidos, o sea, raros, vi de reojillo a una moderna con cara de malas pulgas a mi lado, esperando que le diese hueco para mirar. Para mirar los dicscos, se entiende. Entre los discófilos nos solemos dar espacio para poder buscar tranquilos. Aún recuerdo cuando buscabas vinilos y veías a otro que había comenzado por el otro lado. Fijo que nos cruzamos en la M de Marillion, así que cuando llegabas a la L de Led Zeppelin saltabas hasta la O de Ozzy Osbourne -que liquidabas en un pispás, claro- para dar paso y no molestar. Eso si es que el otro disquero no saltaba hasta la J de Joy Division, porque la K de Kraftwerk se pasaba volando por falta de material. Cuando abrí un poco más de hueco vi a la modernilla, pelo corto y vestir así un poco desorganizado. Esta chica me suena. Claro. Salto al vacío. Era Najwa Nimri, que aún no cantaba pero que tenia cara como de quererle pegar dos gritos a alguien, que ni loco le hubiese dicho yo qué tal reina mora, hace unos calamares.
Así que un día veía discos, otro me iba a la Real Academia de San Fernando, otro quedaba con Ioseba y de vino en vino terminábamos de madrugadísima, otro más deambulaba por los alrededores de la Plaza Mayor y así. Alguna vez llevaba las cámaras y echaba fotos. Lo normal.
Otras veces iba al Botánico.



El jardín Botánico es fascinante. Es chiquito, nada que ver con los gigantescos de otras ciudades europeas. Pero es así, chiquito, bien puesto, muy variado, muy agradable de pasear. A la que has ido tres veces, te lo sabes. Te acuerdas de los árboles más importantes y cuando vuelves a verles te da ganas de decir, ya no estás tan verde, chaval; o el rosa de las flores te queda divino. El Botánico es un sitio que siempre está igual pero que siempre es diferente, porque así son los árboles y las plantas. Siempre los mismos y siempre distintos. Vaya, como las personas también, Pero és a es la cosa. Cambia y permanece. ¿Otra vez aquí? Pues ya ves. ¿Y tú qué tal? Echando cortezas, ¿y tú? Pues ya ves, floreciendo, a mi edad.

A mi me gusta mucho un roble seco que hay allí enmedio. Y la escalerita aquella que ha partido una raíz. Y la estatua de la niña.
Un día me pondré a contar a ver cuántas fotos le he hecho, Han sido tantas.

En el Botánico vives cosas curiosas. Una vez vi a una señora japonesa que pintaba las flores en un cuaderno con acuarelas. Estuvimos hablando un poco y me enseñó unas cuantas que había pintado en aquel rato. Parece tan sencillo pintar cuando ves a alguien pintando. Y allí, con su cuadernito pequeño, tres pinceles y una minúscula cajita de acuarelas, le tuve envidia pero de la buena a aquella señora japonesa que renunciaba a las cámaras de fotos para llevarse el recuerdo de algo tan sencillo y tan bobito como las flores de colorines. Otra vez vi a una ancianita que daba de comer a las ardillas. Las ardillas la conocían y comían de su mano. Supongo que las ardillas contagiarán el paludismo, la fiebre del heno y lo de la mosca tsetsé, pero era como de peli verlas acercarse y cogerle de la mano las migas de pan y las cosas que les daba. En el Botánico había bastantes jubilados. Hay que pagar una entradita, pero para los mayores es gratuito. Supongo que por eso es un jardín traquilo, semivacío, seguro. Un placer para los jubilados un poco contemplativos. Y para las abuelas amigas de las ardillas.

Otra vez vi a unos que iban cantando. Eran dos chicos y una chica, creo que italianos, e iban cantando fragmentos de ópera. Cada cual cantaba lo que le tocaba, los otros respondían y a tramos cantaban los tres juntos. Así iban recorriendo el jardín, cantando a varias voces para ellos mismos, pero cuando pasabas a su lado era como si te envolviese su canción. Al ser pequeño, te los volvías a encontrar o los oías de lejos, tras un seto, una sequoya o donde fuese.
La estatua de la niña está en una especie de glorieta, redondel, no se cómo llamarle, refugio del paseante en donde hay unos bancos y te cubren las hiedras, los cipreses, los abetos azules, unos árboles que hay por allí. Está en sombra y cuando hace calor puedes echarte la tarde allí fresquito ,escuchando las hojas mecerse al aire. O escuchando a los ocasionales italianos dándole a las arias. En una ocasión estaba montando el chiringuito de las fotos. Llevaba dos cámaras y combiné varias películas, los objetivos, el cuaderno para las anotaciones de las tomas, toda la parafernalia. Oí unos pasos. Eran un papá y su chavalín. Ves lo que hace este señor, le preguntó el papi al nene. Y yo buscando al señor. Ay, vale, que era yo. Y le expliqué que estaba haciendo fotos y que intentaría cambiarle el color a las ramas y a las hojas, porque usaba un carrete mágico que podía transformar los colores a mi antojo. El niño estuvo con la boca abierta un rato y vi cómo me observaron mientras hacía mis fotos. Otra vez anduve mareando a una chica que se había sentado a leer allí, con mis cliclic de las fotos y todo aquello. Yo creo que di un poco la murga, pero no me tiró el manual o lo que leyese a la cabeza, así que bien. Agradable.


Hace tiempo que no voy. Que voy con el tiempo justo a ver mil cosas y si me da tiempo, el Botánico. Pero no me da, así que paso cerca, estoy a punto. A punto, a punto, pero al final no entro. Allí, haciendo cola para El Prado, pasando por los tenderetes de los libros y pensando, jolín, tres pasos y estaría dentro. Pero hace tiempo que no. Pero volveré. Claro. Volveré y repetiré las mismas fotos, los mismos pasos, las mismas hojas. Volveré a la rontondilla esa, al descanso del paseante que decía y volveré a hacerle fotos a la niña del mandil que tiene un clavel entre sus manos y que siempre lo mira mientras acaricia sus pétalos del color del bronce de las estatuas.

Me gusta ese sitio. Me gusta hacerle fotos a la niña del Botánico. Un día levantará la vista y descubrirá que seguimos allí.

martes, 26 de junio de 2007

Una copla




Sentaíto en la escalera


esperando el porvenir


pero el porvenir no llega

lunes, 25 de junio de 2007

Recuento

Vamos a ver.
Veo que la cosa playera ha generado un cierto tumulto entre defensores, detractores y algún que otro equilibrista que no se ha querido mojar del todo, cosa que, siendo el tema que es, pues apropiado está. Como las abuelas que mandan al nieto a buscar agua en el cubito de hacer castillos, para refrescarse y porque tienen una cierta cachaza. Bueno, se lo pasan bien, si.
Total, que como esto no es una votación a mano alzada, sinó que os habéis retratado como está mandado, procedo al recuento.


Favorables a la cosa playera (se oye un cierto abucheo al fondo de la sala):
Accentless
Manuel

María
Txispitas
AnónimoLidia





Contrarios a las arenas, olas y pesados playeros (intentos de lanzar arena, restos de tortilla y un tanga leopardo de algún hortera, como si esto fuese aquello de Jesulín, que es que sois unos júligans):
Dulcinea
Pierrot le Fou
Vallecas
Altea

Rocío Arana

Ni fu ni fa, un poquito, pero mucho tampoco, ni carne ni pescado
María (tramposilla, intenta votar dos veces)

A éstos no les entiendo, la verdad...
Layoli (Yo diría que no, pero la ironía... no se)
FuturoBloguero (Si no hay viandas este hombre no se moja ni por casualidad)
Ricardo Montoliu (Yo diría que si, pero la ironía... no se)
A.Matía (Que quiso hacer del tema una cosa racial por lo de los blancos o no se qué cosa)

A ver, pues. En resumen:

Votos emitidos: 14
Votos válidos: No debería aceptar ni uno, pero... sea, sea, 14


Júligans playeros: 5
Gente sensata como el que suscribe: 5
Cobardicas que no se deciden 1
Despistados: 4



Ante este empate hago valer mi voto de calidad de Nodisparenalpianista y voto: NO A LA PLAYA.
Como mi voto vale por 500, esto ya está claro. O sea que se considera ganadora de esta encuesta a la opción tachán tachán...


"Menuda peste playera, castañazo total" por un resultado de 505 a 5.


Y al que no le guste, que impugne.





Ahora ya sólo nos falta vestirnos como tontos para ir a celebrarlo comiéndonos una auténtica paella playera con su sangría calentorra, su arena dentro y con el radiocasete a toda castaña. Ya ver quéin coge luego el coche, que abres la puerta y echa humo, que yo conozco a tres que acabaron en la Unidad de Grandes Quemados por echarse encima de los asientos de escai, haberse frito las nalgas y despues las manos al agarrarse al volante.

Pero que no cunda el pánico. Ahora llega la interpretación de los políticos y termina gobernando el más tonto. O el más golfo. Y el tiburón termina comiéndoselo. Mira, mejor para él.