Y llevo días pensando en negativo a ver si se me ocurren mis cinco odios favoritos, por así decirlo. Joer, qué complicado, porque tampoco es plan ponerse a supurar hiel por las heridas. O sea, que complicado. Rocío, maja, otro día que te acuerdes de mi, me regalas unos versos de Calderón y yo más contento que unas castañuelas, a ver.
Venga, sea, que me comprometí y hay que cumplir. Así que he decidio, ante la inminencia navideña, repartir estopa sobre los topicazos del asunto en si. Y cada cuál que se apunte lo suyo
Cinco cosas que no me gustan de la Navidad
1. Los aguafiestas que dicen que no les gusta la Navidad
Insoportables, efectivamente.
Ahora están por todas partes, porque está de moda que no guste la Navidad. El día que renuncien a las vacaciones o los días de fiesta, que devuelvan al jefe la paga extra, que no se pongan morados de polvorones o que se vayan a dormir a las 9.30 el dia ese que se termina el año, igual les creo un poco. Mientras tanto, que dejen de dar morcilla, tíos pesados.
Luego está el subgrupo de los del Solsticio de Invierno, que tanto escuchar al Trecet se les ha licuado la masa gris y andan intentando convencernos de las bondades de su neopaganismo. Media tarde de estudio y se curarían, pero cuando uno se decide a abrazar la borriquez...
2. El gordo
El gordo de Papá Noel, no el calvo de la Lotería. A mi la lotería me chifla. Ese soniquete torturador es que me encanta. Eso si, con los euros perdimos mucho, y con la diversidad en lo de los niños de San Ildefonso, que ya no sabes si es el sorteo o las fotos del Barcelona cuando van de traje al aeropuerto. Ay que me lío.
El gordo, digo el tío pesado de la campanilla que se pone a repartir caramelos en El Corte Inglés. Que además es un impostor, está flaco y ya ni se pone el cojín porque le da calor. Es un pesado (obviamente), lleva un saco costroso y en mi casa no hay chimenea. Por mi que se vuelva a Holanda o a no se dónde y que nos deje tranquilos ya, tío palizas. Viva los Reyes Magos, que son más generosos, más elegantes y más majos. Buena gente los Reyes Magos.
He de reconocer que el otro día en el PacoCien (que es una tienda de veinte duros, ya me entendéis) me compre una taza con la cara del gordo. Es que la otra era de osos o de alces, no me acuerdo. La verdad es que es muy graciosa y, total, para que me la rompan en el trabajo, pues vale.
3. La gula
Del norte, o sea. Que no la he probado, pero ahí si que no me pillan ni harto de vino. Que ya es una cerdada comer angulas, majos, un plato de gusanitos asquerosos, para que encima pagues gusto y ganas por un sucedáneo chungo y carísimo que encima lo anuncia la antipática de la Sardá, que a mi me cae de un quinto pino y no le veo la gracia ni por casualidad. Qué poca le veré que, en comparación, cuando sale el Cordobés y el hermano de Cayetano me troncho.
A mi en Navidad me gusta comer cosas normales, cocinadas con tiempo, cariño y frío. Y saben a ambrosía y cosas de esas, os lo aseguro. Bueno y los polvorones y los mantecados, que lo pienso y se me nubla la mente. Los barquillos se me pegan en el paladar, así que no.
4. La cena del trabajo
No se, si al menos nos comiésemos al jefe. Con piscina de sal de frutas, claro. Uf, me estoy poniendo malo.
Lo malo de no ir es no ver a los compañeros que se tajan y que intentan ligarse a las camareras del garito. Pero da lo mismo, siempre hay alguien que lo cuenta. Y con los móviles de ahora, hasta te enseñan las fotos.
5. El año nuevo
A ver, con la que está cayendo del ipecé, el euribor y tal, ¿no podíamos ahorrar un poco y tirar con este año un poquito más? que es que lo tiraremos por vicio, porque está nuevo, casi. Que es que somos unos derrochones y luego hala, a romper el cerdito para complrar la gula de la Sardá.
Los pesados que salen la noche del fin de año, esa de Martes y 13, o sea, qué tiempos. Que viene a ser como la de la verbena de San Juan -el solsticio de verano- ¡calla, burro!-, que los que no salen, salen, que los que salen, salen por los mismos sitios, que todos se enfadan porque nadie aparca, que los municipales se ponen ciegos de multar a la tropa, que las chicas se pintan como puertas y casi que no compensa, que los tuneaos y los macarras del bemeube hacen más ruido que nunca y que al día siguiente en el trabajo te miran raro cuando dices, pues en acabando el postre me ha entrado una modorra que me he ido a dormir, ya ves tú. ¿Y tú me miras raro que te intentaste ligar a la camarera coja en la cena del otro día? Vivir para ver. O para beber.
Bueno, pues ya está, cumplido el deber. Ahora, como hay que invitar a hacer lo propio o algo parecido y no quiero dejarme a nadie fuera, os invito a todos, lectores, comentaristas, vascos, vascas, erizos, erizas y demás gente que se cuela por el piano, a que perpertéis vuestras lista o lo que os de la gana. Y en sucesivas entradas, Dios mediante, comentaré cosas de la Navidad, de la Natividad, que es una maravilla y que me encanta jolín.
Y ahora ¡echemos por la borda a los aguafiestas!


