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Ay, ay, cómo tengo el garito, que le van a salir telarañas.
Bueno, pues a ver si lo adecento un poco y le cambio las pilas.
Hala, a por la escoba.
Resulta, qué tonteria, que preguntan en el Cifras y letras del Jordi Hurtado, uf, lo que me cuesta a mi acordarme de que en realidad se llama Saber y ganar, que digo a mis adláteres, ¿viste ayer a Jero o a SuperJavieeeerrr en el Cifras y Letras? y en lugar de pensar que me he dado un mal golpe en la testa, me entienden.
Digo, que preguntaban anteayer o ayer, no se, sobre bichos de por aquí. Y preguntaban por el jaquetón ¿El abrigo de un gangoso? Pues no, el jaquetón es el tiburón blanco del Mediterráneo. ¡Uyuyuyuy!!!!!
Toma ya, que no lo digo yo, lo dice la azafata del Cifras y letras del Jordi Hurtado. Que por hay pruebas de que lo de los tiburones sólo en el Caribe es una milonga de mucho cuidado. Que va la muy bestia y dice que tranquilo, que no nos asustemos, que los jaquetones (condemor, es que no puedo evitarlo), sólo atacan a los bañistas una vez cada siete años. Y, claro, empiezo a echar cuentas: ¿cuánto hace que fui a la playa? ¿Siete años? Me palpo los muslos y vuelvo a respirar tranquilo. ¿Alguien conoce a un surfista barcelonés? Imposible, ¿verdad? Pues porque se los comen los jaretones, sin lugar a dudas.
Total, que me digo, esto hay que difundirlo, porque igual entre mi silenciosa legión de lectores igual hay algún desaprensivo que anda pensando irse a remojar los pinreles a Palamós o a Benidorm o a la Barceloneta, qué se yo. A Zahara de los Atunes creo que no, porque eso es de pijoprogre mayormente y me temo que por aquí de eso más bien poco o si, y qué me importará a mi, dicho sea de paso, ay que me lío.
Lo cual que busco la cosa gráfica y me topo con una serie de imágenes que me ponen la gallardía en las amígdalas, por así decirlo. Así que os arreo esta estampa:

Olé con Jaquetón.
Resulta que ese pedazo de Victorino que con tan noble entusiasmo enfila al caballo y al que tan bien apunta el picador fue "Jaquetón" el primer astado de la ganadería que recibió el premio del mejor de la Feria de San Isidro, en 1975, como se explica aquí, que es de donde viene la foto y el dato. Por supuesto, le dieron la vuelta al ruedo.
Yo, entre toros y tiburones, prefiero toros. Que no veo al hombre rana con montera, ni al pulpo del picador submarino con pies de pato. Lo que aprendemos con Jordi Hurtado.
Resulta que tenía que salir mañana, pero por si acaso, me he acercado hoy a la tienda de discos. Allí, no se por qué arte de birlibirloque, resulta que consiguen los discos de importación algún día antes y bastante más baratos. Esta caja unos veintitantos euros menos, casi treinta.
Se trata de la versión definitiva 8hasta la próxima) de The Wall, la cumbre de Pink Floyd. Para mi gusto, no es, ni de muy lejos el mejor disco del grupo, pero es unos de sus trabajos más complejos y exquisitos. Y lo venden con pijadas, como pegatinas estampas y una bufanda, que a mi me parece cosa de Abuelo Cebolleta. Otra cosa sería si llevasem tatuajes macarras o ligas de chorizona. Pero estamos a lo que estamos y así somos las momias. Ahora está por aquí guardado. Esperando. Curándose, como si fuese un jamón. Porque la espera es lo mejor. Mirarlo encasado, como si fuese un muslo de pollo en su plasticurri. Hasta que un día digamos "vamos a abrirlo". Oye, toda una fiesta.

Ya contaré. Aquí o en la sala noble.
El arbolito mide ya medio metro. Pero anda pachucho.
Resulta que el arbolito, que no es un arbolito, lo trajo un día, hace ya la tira de años, laHermanadelPianista cuando era una macetita de setenta pesetas, o doscientas, no se, pero aquí, chiquita, en plan cactus enanito, no se si me explico. La MamádelPianista cuidaba el maceterío con singular fortuna. Crecían las plantas con alegría excepto los potus, que no sabemos por qué, pero que los fulmina. Y mira que el potus es lo más resistente, gitanorro, con perdón, que se cae al suelo y prende, Pues nada, que los dejaba tiesos. En fin.
el arbolito no era arbolito aún, pero crecía con alegría, olé, olé. Hasta que un día hubo que trasplantarlo, en plan bricomán, y nada, que siguió creciendo. Una vez estuvo muy pachucho que le alía una especie de cosa blancuzca a modo de rebabilla, asquerosita y pegajosona que se iba a los brotes más tiernos, anda que no sabía el virus mutante extraterrestre. Total que se quedó medio pelado y ya hacíamos planes con el macetero pero por si acaso, lo dejamos a ver. Y el tío revivió.
Tres bricomanes podando la macetita que les trajo su Tata. Por desgracia al de enmedio se lo comió el arbolito. Carnívoro,a ver si no, con esa bocaza.
Con los años echó dos pedazo de ramas tremendos. Un día me decidí a apañarlo. Con una sierra de marquetería le corté la rama baja y chunfa, le repelé los esquejes que replanté en una jardinerita amplia y fea y le di forma de árbol a la otra rama, pelando todos los brotes hasta unos cincuenta centímetros y a partir de allí las otras ramas a modo de copa. De perdidos al río.
Y resistió.
Y con uno de los esquejes hice una macetilla para llevarme al trabajo, metida en una vieja taza de café reciclada en macetita -mucho tiempo libre, si, lo admito- que arraigó y que nunca llevé al trabajo, no fuese que palmase allí.
Llevamos desde octubre o así con obras en la fachada. Hay que vaciar los balcones, o sea que el bosque para dentro. Como la floresta se había quedado muy perjudicada, le hacemos un plan renove y nos quedamos la palmera, el árbol, la maceta de la taza, o sea, el hijito del árbol y le endoso a la MamádelPianista la jardinera fea con los restos del arbolito bonito.
Yo no se si por la humedad, el calor, el frío, el sustrato o las pijadas del bricomán del azadón, la cosa es que al arbolito se le han ido cayendo todas las hojas. Yo para mi que está triste por no estar en su balcón, por verlo desde detrás del cristal y por el barullo que arman los de la fachada, que son ruidosos y guarrotes, lo normal. La cosa es que se le han ido cayendo las hojitas, todas todas y apenas le rebrotan las nuevas. La Txispi dice que tururuú, que mejor lo tiremos, pero yo le conozco. Le conozco y se que no ha dicho la última palabra. La semana pasada le pude sacar cuando se fueron los paquis de la fachada, día y medio fuera y le rebrotaron algunas hojillas. Pero como van con retraso -para Navidad esto está terminado- ahora trabahan también el fin de semana y no puedo sacarlo. Deben de quedarle seis hojitas, pero yo creo que con ellas se basta y se sobra. Que es un campeón y que va a luchar hasta la extenuación. Le doy poca agua, no sea que le encharque o que le de flato. Mientras, a ver si terminan los de las obras. A mi no me da la gana rendirme, y a él tampoco, así que seguiremos. Porque yo no entrego un bosque así como así.
Y ya está.
Estaba buscando algo para pegar pero no acierto y tampoco son horas, que me conozco, luego me lío y estoy tratando de avanzar en un tocho de libro que como me de un poco de sueño me rompe la nariz y las gafas.
Ponía, por poner una estampilla "feliz semana" y me han salido unas cursiladas que tengo pegajosa hasta la pantalla. Ahora me he acordado de un dibujo divertido.
Aquí lo dejo.
Y ya seguiremos otro rato.

"En París hace un frío de sabañón y de colegio, un frío antiguo"
Andrés Aberasturi, hace un par de jueves en la COPE.