lunes, 27 de febrero de 2012

Los juguetes

Resulta que tenía que salir mañana, pero por si acaso, me he acercado hoy a la tienda de discos. Allí, no se por qué arte de birlibirloque, resulta que consiguen los discos de importación algún día antes y bastante más baratos. Esta caja unos veintitantos euros menos, casi treinta.

Se trata de la versión definitiva 8hasta la próxima) de The Wall, la cumbre de Pink Floyd. Para mi gusto, no es, ni de muy lejos el mejor disco del grupo, pero es unos de sus trabajos más complejos y exquisitos. Y lo venden con pijadas, como pegatinas estampas y una bufanda, que a mi me parece cosa de Abuelo Cebolleta. Otra cosa sería si llevasem tatuajes macarras o ligas de chorizona. Pero estamos a lo que estamos y así somos las momias. Ahora está por aquí guardado. Esperando. Curándose, como si fuese un jamón. Porque la espera es lo mejor. Mirarlo encasado, como si fuese un muslo de pollo en su plasticurri. Hasta que un día digamos "vamos a abrirlo". Oye, toda una fiesta.

Ya contaré. Aquí o en la sala noble.

lunes, 20 de febrero de 2012

El arbolito


El arbolito mide ya medio metro. Pero anda pachucho.
Resulta que el arbolito, que no es un arbolito, lo trajo un día, hace ya la tira de años, laHermanadelPianista cuando era una macetita de setenta pesetas, o doscientas, no se, pero aquí, chiquita, en plan cactus enanito, no se si me explico. La MamádelPianista cuidaba el maceterío con singular fortuna. Crecían las plantas con alegría excepto los potus, que no sabemos por qué, pero que los fulmina. Y mira que el potus es lo más resistente, gitanorro, con perdón, que se cae al suelo y prende, Pues nada, que los dejaba tiesos. En fin.
el arbolito no era arbolito aún, pero crecía con alegría, olé, olé. Hasta que un día hubo que trasplantarlo, en plan bricomán, y nada, que siguió creciendo. Una vez estuvo muy pachucho que le alía una especie de cosa blancuzca a modo de rebabilla, asquerosita y pegajosona que se iba a los brotes más tiernos, anda que no sabía el virus mutante extraterrestre. Total que se quedó medio pelado y ya hacíamos planes con el macetero pero por si acaso, lo dejamos a ver. Y el tío revivió.


Tres bricomanes podando la macetita que les trajo su Tata. Por desgracia al de enmedio se lo comió el arbolito. Carnívoro,a ver si no, con esa bocaza.

Con los años echó dos pedazo de ramas tremendos. Un día me decidí a apañarlo. Con una sierra de marquetería le corté la rama baja y chunfa, le repelé los esquejes que replanté en una jardinerita amplia y fea y le di forma de árbol a la otra rama, pelando todos los brotes hasta unos cincuenta centímetros y a partir de allí las otras ramas a modo de copa. De perdidos al río.
Y resistió.
Y con uno de los esquejes hice una macetilla para llevarme al trabajo, metida en una vieja taza de café reciclada en macetita -mucho tiempo libre, si, lo admito- que arraigó y que nunca llevé al trabajo, no fuese que palmase allí.

Llevamos desde octubre o así con obras en la fachada. Hay que vaciar los balcones, o sea que el bosque para dentro. Como la floresta se había quedado muy perjudicada, le hacemos un plan renove y nos quedamos la palmera, el árbol, la maceta de la taza, o sea, el hijito del árbol y le endoso a la MamádelPianista la jardinera fea con los restos del arbolito bonito.

Yo no se si por la humedad, el calor, el frío, el sustrato o las pijadas del bricomán del azadón, la cosa es que al arbolito se le han ido cayendo todas las hojas. Yo para mi que está triste por no estar en su balcón, por verlo desde detrás del cristal y por el barullo que arman los de la fachada, que son ruidosos y guarrotes, lo normal. La cosa es que se le han ido cayendo las hojitas, todas todas y apenas le rebrotan las nuevas. La Txispi dice que tururuú, que mejor lo tiremos, pero yo le conozco. Le conozco y se que no ha dicho la última palabra. La semana pasada le pude sacar cuando se fueron los paquis de la fachada, día y medio fuera y le rebrotaron algunas hojillas. Pero como van con retraso -para Navidad esto está terminado- ahora trabahan también el fin de semana y no puedo sacarlo. Deben de quedarle seis hojitas, pero yo creo que con ellas se basta y se sobra. Que es un campeón y que va a luchar hasta la extenuación. Le doy poca agua, no sea que le encharque o que le de flato. Mientras, a ver si terminan los de las obras. A mi no me da la gana rendirme, y a él tampoco, así que seguiremos. Porque yo no entrego un bosque así como así.
Y ya está.

domingo, 19 de febrero de 2012

Feliz semana


Estaba buscando algo para pegar pero no acierto y tampoco son horas, que me conozco, luego me lío y estoy tratando de avanzar en un tocho de libro que como me de un poco de sueño me rompe la nariz y las gafas.
Ponía, por poner una estampilla "feliz semana" y me han salido unas cursiladas que tengo pegajosa hasta la pantalla. Ahora me he acordado de un dibujo divertido.
Aquí lo dejo.


Y ya seguiremos otro rato.

miércoles, 15 de febrero de 2012

Las cosas del frío


"En París hace un frío de sabañón y de colegio, un frío antiguo"

Andrés Aberasturi, hace un par de jueves en la COPE.


domingo, 12 de febrero de 2012

Eslogan


Hace un par de días, a propósito del lío de Contador y el filete maloso malo. La que han liado la Col de la Turandot y los Petipuán de nespapillón. Una señora en la radio decía en la radio una buena, dedicada a todos los filles de la grandeur. Soy española, ¿a qué queréis que os gane?

El arrebato patriótico por lo del deporte es una memez, me parece a mi. Pero el defender al compatriota cuando un gabachuá le da morcila contaminada es lo normal. Vamos, que si yo tuviese algo que decir, ni un español al Tur y luego le echábamos un ojo a las audiencias, que les dinerons son le pus merbelleux del món, petits agarróns, monxuxús.

jueves, 9 de febrero de 2012

Felonías



Gallardón, qué desazón, nos tiene desconcertados. Como la cabra tira al monte, pues uno se malicia lo peor, aunque si es el precio que hay que pagar por tener una fiscalía decente, habrá que aguantar.
Gallardón, qué subidón, nos nombra a Torres Dulce, honrado, cinéfilo y decente, que soñaría por estar arrancado de una peli de John Ford, tiene mucho por delante y espero que salga de esta con buen pie, que ya sabemos cómo terminaba el pobre Wayne en sus dos grandes.
Gallardón, qué decepción, no se si se lia por tonto o por listo. Escucho la respuesta a una de las acometidas de la leal oposición. Esa oposición que califica la defensa de la vida como un retroceso, qué cosas nos toca ver en el cuatro reich. Le iban con las zarandajas habituales y el flamante ministro de la cosa le ha contrapuesto el "derecho al aborto" con el "derecho a la maternidad". Esto es como cuando le aceptan a Convergencia y tal lo de las relaciones Cataluña-España, como si fuese entre ámbitos equiparables. Pues el PP de por aquí no para de caer en la trampa del lenguaje. Uno tira entonces de lo de los lapsus de Freud o de lo del lenguage fabrica-mentes de Viktor Klemperer para tratar de explicarse el evento. Pero para mi que es más sencillo: en el fondo les mola.
Pues en esas tenemos a Gallardón, qué felón, olé, que en lugar de decir oiga, usted me habla de supuestos derechos por los que se fulmina (sin posibilidad de remisión) una vida humana y yo le hablo de protección de los más débiles, del primer derecho, el de vivir, aunque sea para terminar diciendo animalada como las que usted proclama desde su asiento. Pero claro, igual salen con lo de que esto confronta y no crea empleo. Puesto a esas, Mariano, jefe, chato, la industria del aborto crea mucho empleo y mueve un pastón, mientras que dar la vida a los desprotegidos es un sucio gasto. Y aquí sólo estamos para salir de la crisis, ¿verdad, majo?

Cualquier día me indigno
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martes, 7 de febrero de 2012

El extintor

Una tarde fuimos Regi (Regi, si, Regi) y Pablo a la Fundación Tàpies.
Resultaba que estaban de vacaciones en Barcelona, cobijados en alguna casa del monte, sus cosas, tal, una cuadrilla de gente por allí, y me llaman, oye Ndap, que estamos cerca, que pasamos y tal. Vale.

Glu, glu, jajaja, unas cervezas en el adusto verano barcelonés tres marujeos sobre los compañeros y no pocas risas, una especie de fesbuc pero en bien, con amigos hablas de amigos que no has visto hace tiempo, total, que todo está inventado para que se haga de oro un tío en camiseta. Digo yo, cambiando de tema, que por qué los multimillonarios de internet van disfrazados de jovencitos que nadie se cree. Cuanto más les veo, menos me fío, pero en fin.

Vale, estamos de cháchara, damos tres paseos, les enseño curiosidades y terminamos cerca de la Fundación Tàpies. Hace años, les cuento, en las cartas al director de La Vanguardia, que es lo más cateto que uno puede echarse a la cara, se formó una buena porque a alguien le dio por escribir que había un pájaro gigante que sobrevolaba de noche la ciudad. Si, en plan Batman en loquileto. Meses estuvieron cruzándose cartas a propósito del asunto, yo lo he visto en la Barceloneta, pues yo en Tres Torres, es un helicóptero, es mi vecino el jipi bullanguero, y así. Cuando cogieron la antigua editorial Muntaner y Simón la reapañaron y la transformaron en Fundación, Tàpies montó una cosa en el tejado que algún vacilón tituló como el nido del misterioso pajarraco.

Como habíamos tenido una profesora de Arte muy tapisiana, por así decirlo, se nos ocurrió ir allí a sufrir un rato. A mi Tàpies me gusta con muchas reservas, le reconozco hrandes hallazgos, sobre todo en cómo usa las texturas y las transforma. Como saca sensaciones del vertedero, Lo que pasa es que a veces, la sensación que sale de un vertedero no es demasiado agradable, pero hete ahí el riesgo.
Lo cual que llegamos, vimos y vencimos. Pasábamos por la salas uf, juar, joer, buf, tela, yepa, así todo el rato. Y de pronto, Pablo, que se nos dispersa. El tío que se va disparado a un rincón y se pone firmes. Se empieza a tocar la barbilla y a decir, "qué impacto, qué impacto". Esto pasa mucho: que los japoneses, cuando uno se para, le rodean y hasta le hacen fotos. Y en medio minuto, los japoneses mirando a Pablo, "qué impacto, qué impacto", que contemplaba absorto un extintor colgado, todo hay que decirlo, muy a trasmano, que aquello llega a arder y a ver quién es el guapo, japonés o no, que lo encuentra.
Pablo, anda, vámonos, que aún los van a sacar de aquí a gorrazos. Es que me ha impactado, decía el tío.

jueves, 2 de febrero de 2012

Cuento de Navidad para una fría tarde



Estaban los tres mendigos donde siempre, en el primer escalón, hablaban en voz alta y se movían con la mísera lentitud del que no termina una borrachera sino con otra. El paquistaní que se les acerca. Era un ejemplar de mucho cuidado, alto, muy alto, fuerte y con bigotón. Y silencioso. Les tiende una serie de bultos. Toma, por vosotros, ten, o algo parecido. Qué pasa tío, gracias hombre, colega, le responden los tres, lentamente, pausados, indolentes, quizá un poco moribundos, como todos, pero más y sin darse cuenta. Eran galletas, latas, dulces, cosas del supermercado. Imaginé que sería lo que estaría a punto de caducar, cajas rotas, imposibles de vender, las latas de tomate con bollos, cosa de los de Bruselas, pero aún apetecibles. Eh, tío, tómate un trago con nosotros, hombre, le alcanzó a decir uno mientras le alargaba el cartón de vino. No, mi no bebe, gracias amigo, le respondió el paqui bigotón. Y se fue de vuelta a la calidez de su súper, el alivio de los desvalidos, según.

Esto, qué cosas, sucede en una especie de pequeño pórtico de la calle de la Virgen. Y aún hay tontos que dicen que los milagros no existen.