lunes, 4 de junio de 2007

Cántate algo

Mientras escribo esto (aunque podía haber sido cualquier otra cosa) me bajaba un disco en directo de Rush del año 78, que ya ha llovido y algo se nos ha mojado el piano desde entonces.
Si es que os interesa, más vale que espabileis porque en esta página mantienen las canciones para bajar libremente sólo unas pocas semanas y da bastante rabia llegar y ver que habrías podido conseguir algo interesante si hubieses espabilado un poquito.

La música estupenda, aunque el vestuario

manifiestamente mejorable, la verdad,

pero es que en 1974 qué quieres...

domingo, 3 de junio de 2007

Se os ve de lejos...

¿Gente seria?

¿Gente formal?

¿Gente bronceada?

¿A quién queréis engañar?


¡Pero si a la primera de cambio

os brota ese cuerpo jotero que lleváis dentro!


¡No pienso dejaros un elefante cerca


ni aunque contratéis a la bricopija para decorarlo!

(Yo digo que la de enmedio del pichi naranja-amarillo es Björk. Y daltónica)




sábado, 2 de junio de 2007

Mientras me la aprendo...

De estos me medio acuerdo, pero aún no me los se todos.



Mientras tanto, felicidades 98 veces.

Noventa y ocho.

Tela marinera.

viernes, 1 de junio de 2007

Desmentido

La cosa es esta.

Se ha difundido un rumor malicioso (Teddy, que te veo el plumón) sobre a qué voy a dedicar el tiempo libre en mi futuro imnediato. Y he de negarlo -no, no no- tres veces o más-no, no, no, no- para que quede todo claro.



Un mal día lo tiene cualquiera, pero es que yo no me veo, la verdad...
















No son ciertos los rumores y maledicencias de algunos raperos locos que corren por ahí (Si, Pierrot le Fou, va por ti) niego haberme enrolado como trasunto de richarcleiderman en un crucero de esos del Nilo que da gastroenteritis al personal.

¿Os sabéis aquella de Alex Zulle? Va el tío en el Giro de Lombardía o en no se dónde y le meten una minutda de campeonato. Atención, moto dos, minuto y resultado. ¿Qué le pasa, qué le pasa? Que está malo. Y un avezado reportero que le entrevista al terminar la etapa, crujido, doloritos y tal.
Alex, cuéntanos, ha sido pájara, gastroenteritis o qué. ¿Comorl? pregunta en espandeustchis... ¿es cierto que habéis pillado gastroenteritis en el equipo? ¿Algún alimento en mal estado? No, no, suelta el bueno de Alex, cagalega, tengo cagalega. Juasjuas, aún me duele la tripa de las risas que me pegué al oirle.

Estábamos.

Que no, que no, que sigo aquí al pie del cañon y del teclado, con mi legión de elefantes y mi barco cargado de cargos y sobrecargos inútiles, como todo lo hermoso.

Alex, si estás ahí manifiéstate, pero come arroz, que para lo tuyo va fenomenal.

jueves, 31 de mayo de 2007

El dandy


Mi admirado Umbral ha encontrado como imagen del dandismo actual a Jaime de Marichalar. Del dandismo de siempre están Villena disfrazado de Wilde de pueblo y gafas de colorinajos defendiendo a su Wilde de toda la vida. Si lo dice Umbral, pues será que si, y es que además de que Marichalar viste como le da la gana y le queda bien, el tipo sabe llevarlo, incluso después de su arrechucho aquel. Y algo hay que tener.

Yo soy más del Prícipe Carlos que me cae muy bien, porque parece buen tío, metepatas y tal, pero voluntarioso en sus rectificaciones. Y con esas orejas, que te quede un traje bien, pues difícil. Que según que te pasas por el cuello, un pullover que dicen ellos, las orejas así te hacen ventosa y ahí te quedas, al borde de la asfixia mientras te ve ponerte azul un tío de esos del gorro raro de los del cambio de guardia. Pero ahí le tienes que a las bodas se arrea el chaqué ese que tiene de pata de gallo que a mi me tiene loco. Qué tío, ni principeses de dos metros ni moros de la morería con las cintillas esas de borroka en la cabeza, el que mejor queda siempre es el Principe de Gales. Y el kilt de cuando se va a echar la tarde a Balomoral mientras los granaderos de no se dónde le tocan la gaita. Si la Beefeater ya sabía, ya.


Pero a ver, antes de que esto se convierta en el Telvagüep, vámonos a por la sustancia. Los elefantes.















Como dijo Aníbal, un elefante a tiempo es una victoria





Un elefante se balanceaba en una tela de araña.
Y como veía que no se rompía
fue a buscar a otro elefante (que no rima, pero bueno)


Dos elefantes se balanceaban en una tela de araña.
Y como veían que no se rompía
fueron a buscar a otro elefante.

Y así hasta que o te quedas sin saliva o hasta que alguien sensato te amenaza con un capón si no te callas. A mi me gusta mucho esa canción. Será porque es una de las pocas canciones infantiles que me se, pero eso es lo mismo. En serio que me acuerdo de cantarla en el patio del cole en los eternos recreos de después de comer, todos los niños como locos, dos con un brazo roto y algún que otro descalabrado, mientras hacíamos el ganso, contábamos chistes como el de los cuatro elefantes en el seiscientos y así.

Otrosí. Una vez en una especie de tontotest de esos de broma me dicen: escoge un animal por su elegancia. Y yo: el elefante. Aún resuenan las carcajadas en el pozo de mi memoria. Y mis argumentos. Oye, pues si, esa parsimonia, esa tranqulidad de movimientos, ese saber estar, esa paz interior transmitida en la dulzura de sus movimientos, yo qué se. Claro la peña que si las panteras (que son leopardos negros con manchas, dime a mi si eso es elegante, como si el susodicho Príncipe de Gales se pone una camisa de palmero de Lola Flores a topazos pero antes la mete en un bote de titanlux), que delfines, que al fin y al cabo huelen a besugo, o águilas, que las más las menos, todas terminan perdiendo pluma. Pues no, me quedo con el elefante, que además suele vestir de gris, muy Antonio Miró de sus mejores tiempos. La bufanda del elefante es la trompa, el fular del dandi, que para llevarlo hay que ser un poco valiente. Y oye, si Johnny Weismuller los cogía como si fuesen los taxis de la jungla, pues por algo sería también.

Hay gente que sabe distinguir entre elefantes africanos y asiáticos porque le mira las orejas. Qué cosas de mirar en la majestuosidad del paquidermo. Yo que como mucho me fijo en las chinitas de los trenes. Pero no es lo de hoy.

Si yo tuviese que elegir ser bicho, pediría el comodín de la llamada. Pero he de afirmar que tras mi existencia parvulera como pez y canario (Teddy, arrieros somos...), he de decir que siempre me hubiese gustado ser elefante. Elefante elegante.
PD: espero esa pancarta...

miércoles, 30 de mayo de 2007

Teddy tras mi sombra

Abro la cosa, intento piratear una señal, ¡pumba! al suelo, otra vez, engancho una, tiro, cometo por aquí tonteo por allá, otra vez pumba, así echando el rato.
Bueno, va, que no son horas, que ya he trasplantado el geranio ese que se llevaba el viento, el tuper de mañana ya está encarrilado y sigo con la carga de la musiquita en el cacharrín ese tan moderno. Voy a darle al piano.
¡Horror! Después de muchas caídas, le doy a la dirección y... ¿dónde están mis güeps?
Como el letrero luminoso que anuncia un cine y que comentaba un poeta checo, veo ante mi las palabras mágicas "Copia de seguridad" mientras naufraga el navegador camino del buen puerto, puesto que abajo pone "listo" (gracias, majo), en el casillero de la dirección figura la de la cosa pero en la pantalla sólo un tapiz amarillento naranjoso, esto es, el color corporativo del saloon. Bueno, llamarle "color corporativo" es mucho, lo se, pero es que al final todo se pega, menos la hermosura. En realidad era un color suavecico para relajar la vista y que contrastaba con las letras, bien gordas, para miopes y vistacansados en general, jolín, que ya que venís y leéis, al menos ponéroslo fácil.

Pues eso. El vacío naranjoso. La página en blanco. La guep naranjilla
O sea, ¿que a estas alturas ciento y pico colgadas después se me cruje el invento? Me iban pasando las cositas como en diapositivas mientras pensaba en qué hacer, si reiniciar la maquinorra, buscarme otra o cortarme la coleta.
Que no cunda el pánico, he pensado. Con la pata de palo y el garfio afilado me he decidido a darle su merecido al saboteador. Sin duda es mi archienemigo Teddy Krueger, el Bautista Canario, que es como nombre de garrulo de los de la lucha libre, esos que van en pijama de colorines y que antes echaban en la tele. Las privadas, otro tema. No debí darle pistas, no debí añadir a mi perfil la foto de mi sombra. El muy ladino es astuto y sabe cómo ponerme las cosas difíciles.



¡A que te toco las teclas, ladrón!


Total, que me pongo en otra maquinorra y la cosa anda. Uf, alivio. se apagó el neón de la "Copia de seguridad" -Santa Bárbara, dejó de tronar- y me he puesto a darle a eso.
Teddy, te he calado. Voy a defender el piano a torta limpia. A sol y a sombra. Así que ojito.

martes, 29 de mayo de 2007

La vaca

Una vaca anda por ahí que unos australianos o neocelandeses dicen que dará leche descremada. Es que la cosa es tan idiota que hasta se me descolocan las palabras.

Yo me acuerdo, supongo que como todos los niños cuando veíamos las vacas, que las mirabas y decías, la blanca dará leche, la blanca y negra, café con leche. Jaja, que humorada, ya ves tú. A mi las vacas me gustan. Y los elefantes, pero esa es otra película.

Las vacas son majas, así quietas a su aire, pastando, tal, tranquilas. Tú vas por el prau, cuidando de no pisar los monumentos y de pronto una vaca. Rubia, gris, blanca, lo que sea. Dicen que los pastores les ponen nombre a las vacas. Pues claro jolín, ni que fuesen ovejas. Dónde va a a parar una oveja ahí, con lo tontas que son, con una vaca.




Uno no sabe de la profundidad del reino animal hasta que le mira los ojos a una vaca. No me quiero poner estupendo, pero entre una vaca que te mira y Van Gogh que también te mira, no se quién sostiene más tiempo la mirada. Van Gogh tiene más cara de mala uva, esa es la verdad. Una vaca te mira con cara de vaca. Te mira como si fueses su ternera. Al fin y al cabo, también nos alimentamos con su leche. Una vaca te suele mirar tranquila, si tú no haces el imbécil delante. Te mira como preguntándote ¿y ahora qué?. ¿Qué de qué?. Pues que si me harás entrecot o me atarás una cuerda al cuello para que los niños me lleven a comer el mejor pasto para que os de la mejor leche. Y claro, a poco corazón que tengas, aunque seamos barro de cocer, pues eso te marca.

Yo le hago fotos a las vacas. Cuando me las encuentro, se entiende. Me gustan las vacas, creo que ya lo he dicho. Y me gustan los toros, la verdad, como a las vacas, pero distinto, no se si me explico.

Los australianos se aburren la mar, o los neocelandeses, que para el caso, casi igual. O sea que le han dado cosas raras a una pobre vaca, que se llama Marge, para que de la leche desnatada. Oiga, no le toque las ubres a la pobre vaca, déjela en paz y si usted quiere beber chorradas cómprese una guarrería de soja de las de Belén Rueda y deje a la vaca en paz, hombre, ya. Supongo que ser australiano o neocelandés es un tostón y que se entretienene con estas memeces. Una vez en la tele echaban unos documentales de bichos y cosas raras de Nueva Zelanda. Unos gusanos de palmo, llenos de pelos por todas partes. Aquellos bosques llenos de monos perezosos o de no se qué otro primate igual de feo y de tonto. Para rematar la jugada los maoríes pegando voces como unas locas. Y el mar infestado de tiburones, que no nos lo dicen , pero que cada año hay merienda de surfistas, a ver si no. ¿Qué haces, con ese panorama?


Lo cual que a ver, tú estás allí, aburrido pero aburrido de verdad, contando los saltos que pega un canguro y un día dices: pues voy a producir leche desnatada directamente y de esta me forro, que los de la Danone me la compran toda para hacer bífidus y otras cochinadas en latín macarrónico.

Doble o nada que el burro ese jamás miró a los ojos a una vaca. Y menos que les haya hablado. Porque si a una vaca le hablas, te mira. Te escucha. Y estoy casi seguro de que nos entiende.