jueves, 31 de enero de 2008

Lavandería

Los martes llegaba la furgoneta de la lavandería. Los manteles, los trapos, las servilletas y los mandiles. Eso podría hacerlo en casa, hombre, y nos ahorrábamos unas pesetas.


Prefiero, pensaba, pero no decía, gastarme esas pesetas para que disfrutes medio minuto más, con los pies encima de la mesa, mirando disimuladamente por la ventana, antes de quedarte un poco dormida, media cabezada veloz, antes de volver al tajo.

Cuando vio la tinta derramada, sacó el rollo de papel para no estropear tan tontamente el trapo que tan bien plegado llevaba, como siempre, en el hombro.

miércoles, 30 de enero de 2008

Son


Bueno, supongo que es normal que me haya quedado un cierto mal sabor de boca. Me hacía gracia batir un récord de comentarios, lo mismo que lo de los votos de la encuesta, no se. Lo mismo que el intentar actualizar todos los días. Pero no así.

Ya sabéis los fieles, que sois todos, creo, que me gustan los temas que nos hacen pasar un buen rato. Recuerdos, cuadros robados, historias de un café, qué se yo, unas risas ciclistas y bricopijas. Y también temas serios, de los gordos. Claro, es normal que no todos pensemos igual. Uno es más de Tiziano, yo de Tintoretto, la una es de Meninas yo del Atardecer en la Villa Médicis, aquél flipa con los bugas, a mi me sigue volviendo loco mi bici, y entre Scarlett Johnson y una mujer fatal de los cincuenta, me quedo con Lauren Bacal, con Gene Tierney o con Ava en Forajidos, claro. Ava en Forajidos.


Los temas serios son otros. Y esos no se piensan, son.



Bueno, pronto volveremos con más diversión. Y con algún cuadro debajo del brazo.

martes, 29 de enero de 2008

Apostilla a la entrada de hoy (que me gustaría que leyéseis)

Resulta que hay por Madrid unos voluntarios que se han dedicado a escarbar por los contenedores que hay alrededor de varios centros de exterminio (llamar clínica a esos sitios es como lo de las “enfermerías” en los campos de concentración: humor vomitivo).
Resulta que se han encontrado de todo.
Resulta que si los trocitos de ser humano tras el aborto, el puré que queda después, los cuerpos carbonizados, según, tienen consideración de “resto humano”, como una pierna amputada, pongamos por caso, la ley obliga a que o se incineren o se entierren.
Resulta que si se consideran residuo clínico, se pueden tirar al cubo de la basura -pero no al de reciclaje, que en eso si que somos guays-.
Resulta que ahora nos paramos a pensar cinco minutos.

Vale, y seguimos.
Más de 101.000 enterramientos o incineraciones cuestan una pasta. Tirar más de 101.000 cosas al cubo de la basura llevan un tiempo, pero oye, ni un duro. Para el negocio que es el aborto para los propietarios de los centros de liquidación –por cierto, quien se pregunte si B. Soria tiene intereses económicos en alguna de esas cadenas de establecimientos donde se cometen abortos puede buscar la respuesta- es una considerable reducción de gastos pasar de la inhumación de los cadáveres a tirarlos a un vertedero. O usarlos en la industria cosmética, como ocurre el más de un país “civilizado de nuestro entorno.

Un brindis por Amilia

Amilia fue el bebé más pequeño del mundo.
Bueno, aclarémonos, que eso suena muy raro. Amilia nació prematura en Miami. Sólo con veintidós semanas. Veintidós es como se escribe 22, para los memos que se les hace un mundo escribir los numeritos con letritas, un mal muy extendido en la canallesca. Hoy tengo leña para todos, así que los sensibles mejor que se vayan sentando no les de un telele.



Estamos.



Amilia fue el bebé más prematuro que, documentación en mano, sobrevivió tras su salida del vientre materno. Al parecer, cuando nació medía sólo veinticinco centímetros (25, digo), o sea, poco más de uno por semana desde su concepción. Y ya ves, a base de cuidados, toneladas de cariño y simpatía, avances médico en positivo y esas cosas, esta criatura creció lozana y estupenda, sin secuelas ni nada. Oye, la alegría de su casa.



Ahora, el sin par ministro de la cosa, un vulgar matarife que quiere que le respeten como científico, o sea, ahora que vamos camino de los disfraces, un Mengele cobardón y de cuarta fila, propone a la peor basura de su partido que los niños asesinados en abortos con menos de veinticinco semanas (25, insisto) no sean tratados como "restos humanos" sino como basura convencional. El tío ese distingue poco, pero me explico su confusión: tanto verse en el espejo y tanto dorarle la píldora (por si hay niños no he escrito lo que me ha venido a la mente) al sátrapa de su jefe, ya no es capaz de distinguir la basura de las personas.






Alguno de los que no se aclaran con los números igual dicen "aivá, Amilia es como un boli". Pues no. No es como un boli. Es como yo, como mi primo el del loquileto, como Marino Lejarreta, como el que está leyendo esto. Lo que pasa es que es peque, ígúrate en comparación con un boli. Y antes, aún más peque, era lo mismo. O a ver quién llevana un día una Parker, una Montblanc, un bic y se le ha convertido en Claudia Sheaffer. Basta ya de tomarnos por imbéciles, joer. Un poco de respeto a la inteligencia y un poco de humanidad.

Bueno, a ver, si alguien me convence de que Amilia no es un ser humano, que lo intente. Si alguien defiende que es lícito matar a Amilia, que Dios tenga piedad de nosotros.

Pincho la foto de Amilia de este sitio. Por si alguien se atreve a saber más. A riesgo de ver cuán ruines somos.

lunes, 28 de enero de 2008

El corazón de las mecánicas

Porque una vez le dije a un amigo, muy aficionado al Motor 16, que aquél coche tenía los ojos tristes. Y un tiempo, varias revistas, las cosas, la vida, me dijo que desde entonces le miraba los ojos a los coches.



La moto.

La moto mamá que mira, entre orgullosa, protectora, disimulada y atenta, a su moto hijita.

Y si te comes toda la gasolina de 98 octanos, de mayor serás una rugiente Harley o una elegante Triumph.

Vale, mami. Mola

Y así echaban la tarde las dos, allí.

domingo, 27 de enero de 2008

Sobre los números de comentarios, los artistas perdidos y la hermandad de los floydianos

Lunes
Altea atina, como es costumbre en un detalle. Sin decir nada consigo la tira de comentarios. De hecho y pendiente d elo de hoy, el récord de la semana. Ahora está, creo, en 19 comentarios. Me deja un tanto perplejo pensar por qué unas entradas generan más comentarios que otras. entiendo que a veces ocurra cuando se tocan temas políticos de esos que nos ponen como motos. Curioso, al menos.

Martes
Recupero la idea perdida y descubro que tiene ménos éxitoque el simple relato de que la perdí. Tenemos que forma una red de floydianso para votar cuál es el mejor disco, cuál el peor, ela mejor lista de cianciones para interpretar en directo y cosas así. Fiebre por Hornby.

Miércoles

El gran Marino Lejarreta. No me extraña que ahora nos den un poco más igual las bicis. Si hasta un guapete gana el Tur.

Jueves
El amigo poeta, tipógrafo, agrecado y Floydiano JMMacías, con el que tenemos una gira por Las Vegas pendiente, me cita en lo suyo a propósito de la reivindicación de Pink Floyd. Cuelga una gran canción. Que nadie se la pierda, sugerencia de mi piano.

Viernes
Sigue la historia que nunca anoté del bar donde la gente está y nos descubre sus peripecias. A Marta le gusta mucho. tendré que vigilarla mucho, no sea que me termine plagiando. La compro a base de tapas, pero si se me rebela, le tendreé que regalar una camisa feísima. Tan feísima que asusta. O sea que ¡cuidadito, Marta!

Sábado
Un robo a la semana no está mal, tampoco. Dentro de un orden. La peripecia artística y vital de Juan Van der Hamen es tan fascinante que resulta inexplicable lo poco conocida que es. Supongo que es, en cierto modo, algo parecido a lo de mi también admirado Antonio Moro: enormes talentos eclipsados por su circunstancia o por la proximidad con las grandes figuras. Me resultan maravillosos. Y segurio que si son ellos los robados, no caerán menos años de cárcel. Topletrado, cuando actualices, nos asesoras. Oye, y a veces hay que hacer cosas extraordinarias.
Me gusta este cuadro también.



Domingo
Es tarde y voy justo. Buena semana a todos.

sábado, 26 de enero de 2008

La despensa

Hoy robaremos otro cuadro.

Luego le buscaremos una pared adecuada.

Luego un buen asiento para estar delante de él cómodamente admirándolo.


Después de un rato igual nos preguntaremos si merece la pena el hecho y el riesgo.




En cuanto suene el ¡pipip! del horno, saldremos corriendo para comprobar si los pimientos, las berenenas, los tomates, las patatas, las cebollas están ya asadas. Aunque, en cierto modo, ya estemos satisfechos.