
Montamos un cuerpo expedicionario de tres voluntarios para ir a buscar unas cervezas para beber y pasar así la sofocante hora y media de calor que se nos venía encima. Aquello fue una batalla campal, para comprar unos vasos de plástico de litro de cerveza a 10 euros. ¿Cuantos vasos? Uno. Uno diez, dos, veinte, tres treinta, cuatro cuarenta. Lógica pura, sed a raudales, pasta por un tubo,las dos nenas que ponen los vasoa agobiadas, lo nomal. ¿Qué, cuántos? Pues tres para beber allí y uno que nos trincamos ahora, y dicho y hecho. Para cuando salíamos de allí a la carrera -dentro de un orden y procurando no darnos un baño de cerveza- ya empezaba a sonar la introducción en cuadrafónido de Dark side of the Moon.

Y como en lo anterior, vayamos por partes, porque no seria honesto decir según qué sin avisar: a mi DSOTM no me gusta. Y listo. Mucha obra maestra del sinfónico, mucho antes y después del rock serio, yo que sé, se ha dicho de todo de ese disco, pero a mi me gusta más el WYWH, el Animals, el directo de Ummagumma, el Piper, claro, medio Meddle -si, Echoes- o, posiblemente por encima de rodos, el directo en Pompeya. Siempre he dicho del DSOTM que me encanta como empieza y como termina, pero la parte central me cansa mucho. Y en directo todo fue igual, pero mucho, muchísmo mejor.
En un momento, cuando se acometía la parte final del disco, nos miramos dos de los porteadores cerveceros y nos sorprendimos porque ya se acababa. Y es que llevaban ya con casi treinta minutos del DSOTM y aún estábamos alucinando o alunizando, no se seguro. Ya había sonado Time y Breathe, sin duda lo mejor, el karaoke de Money, la negra -nada de negrita, que luego me critican los diminutivos: qué pedazo de mujer, oye- pegando gritos como una loca, que vale, que si, que menudo chorro de voz oiga, pero que nos va a dejar a todos teniente, y la ñoñez pringosilla de Us and them que dejaba paso otra vez al talento en las sublimes Any colour you like y en la preciosidad que es Eclipse, en mi opinión una de las que mejor equilibra en el repertorio floydiano texto y música, con aquello de que todo bajo el Sol está en armonía, pero la Luna lo eclipsó.
Bueno, tremendo. A estas alturas del Telediario, ya me se lo de la pantalla circular, lo de las películas que proyectaban cuando lo tocaban en directo, lo del sonido cuadrafónico, todo eso. Pero es que verlo, aunque sea en forma de sucedáneo pinkfloydiano es una maravilla. Ya digo, sigue siendo un disco que me gusta sólo a medias, pero verlo, oirlo y vivirlo en directo es una buena jugada de la suerte, así que gracias.

Tras el estallido de aplausos, ya sabéis, público agradecido, convencido de entrada y todo eso, llega la tercera parte del concierto, que son los bises propiamente. El bis es media hora larga dedicada al The Wall.
