sábado, 17 de marzo de 2007

viernes, 16 de marzo de 2007

Es lo que es


Navarra es Navarra

jueves, 15 de marzo de 2007

Soy un carcamal


Si, lo reconozco. A veces las cosas vienen así y así hay que aceptarlas. La cuestón comienza hace tres días, con un dolor intenso en la espalda. En lugar de ir remitiendo, que era lo que yo esperaba, una mala postura, un tironcillo, un peso mal cogido, yo que se, que se pasaría en dos tardes de descanso. Pero de eso nada. Total, que al tercer día decido ir al médico. Claro, un problema de salud y al médico, si es que no aprendemos; qué sabrán ellos sobre nosotros mismos, pero ya veis, pesados, reiterativos, medio tontos.
Y allá que me voy. Y después de interrogarme, de retorcerme una pierna, de apretarme en los riñones, de estirarme los brazos, de hacerme doblar como una alfombra persa o una persiana de Persia o de cualquier otro sitio, me dice...
-Lumbalgia.
Los médicos ahora se adornan en la forma como si lo suyo fuese toreo de salón con agujas hipodérmicas. Pero se les ve el fonendo a la primera de cambio. La aspirina siempre será aspirina, por mucho que se saquen de la manga lo del acetil salicílico. Los genéricos son al medicamento lo que la grequeria al bando municipal: un entretenimiento hermoso, inútil y barato. Pero con lo otro te multan.
Pero se creen que así suena bonito. Lo que hay que oir. Lumbalgia es, en resumen, como decir ataque de lumbago, que casi suena a ataque de gota.
Y eso es como decir señor de la postguerra con rebeca de color marrón cachumbo y bufanda hasta ppara dormir, que vive en una pensión, que tiene cara de Saza y que roba los huevos a la señora cascarrabias que regenta la pensión para bebérselos por el agujerito hecho con el alfiler de la corbata porque pobres y humildes si, pero elegantes también. Que igual no era Saza y era López Vázquez, pero que al fin y al cabo, da lo mismo, porque el hambre sería parecida. De paseos por la Cuesta de Moyano, de señoritas de echarpe y de caballeros endomingados que llevan por dentro fajas para protegerse los riñones de los severos fríos otoñanes madrileños o de la primera primavera que tanta gripe mala suelen traer. Fajas contra los lumbagos.
Lo dicho, que soy un carcamal. Y ahora, con la pata chula, renqueando, al estilo de Lord Byron, sólo me falta el bastón con la empuñadura de plata y el mastín a los pies, aunque a mi lo que me gusta de verdad son las ligas de Madame Bovary.
Al menos hay que reconocer que la palabra es bonita. Hace unos meses, o semanas, no se, en un periodiquillo cutre, se les ocurrió hacer una lista de palabras hermosas. Y ganó madre, con amor en segundo lugar y paz o buen rollo o algo así después. Qué tíos más cursis, por favor. O sea que lo de madre es estupendo (hola mamá) y lo de amor, pues bueno, tiene buena fama, y sobre lo del la paz, pues tengamos la fiesta con ella, pero la verdad es que son palabras sosazas y cursilonas. Otra cosa fue lo que hizo uno en
su blog, mucho más hermoso y ocurrente. Yo ahora votaría por salvoconducto, por bigudíes, por antifonario, por clavicémbalo, por zarcillos y, por supuesto, por lumbago, aunque me duela hasta reconocerlo. Pero la primera, carcamal, sin duda.

miércoles, 14 de marzo de 2007

Mi Sadar tiene el agua limpia

Antes uno se iba a la ribera del río y si estaba un poco seco, veia salir el manillar de una bicicleta, una bota con tachuelas -dónde habría ido a parar la otra- o en plan novela negra, el peroné de un sicario ejecutado por un quítame allá esos negocios sucios entre bandas rivales. Pero desde que la cosa va viento en popa, lo más se ve en los ríos son cartones de leche flotando y demás suciedades.

Ayer en lo de Peter, se comentaba lo del depósito fluvial de lecturas imposibles, que no está nada mal, y se ilustraba con una foto del Sadar. Tiene su gracia.
Por lo del furbo a la gente le suena lo del Sadar. Cuando preguntan "y eso qué es" y dices un río, se suelen quedar con esa copla. Claro, la cosa es si un día ven ese arroyuelo con nombre de estadio de furbo que o piensan que les has tomado el pelo o que los pamploneses poniendo nombres no tienen precio. Buscando, buscando encontré esta foto que le hice al puente de los peregrinos con el agua mayormente cristalina. Creo que Peter aún no había sumergido a Auster en él.
Un año yo vivía en Barañain. Ese es un municipio que está pegado a Pamplona, en el que los pisos de estudiante suelen salir algo mejor de precio. Total que fue un año que tuvimos clase de tardes, un horror. En invierno al salir era de noche, hacía un frío de un par de pingüinos y el caminico del río se convertía en toda una aventura. Por un lado, la carreterilla pegada a los árboles y al otro, el terraplén que daba al río. Por mitad, una fila de estudiantes iluminados por los faros antinieblas, con medio pie en el atropello y el otro en el río. Yo creo que nadie tenia miedo a caerse al agua, sólo a morirse de frío por el posible remojón o de vergüenza por la tontería. No se de nadie que le pasara. Sólo unos cuantos años después, uno que cayó en sanfermines con el coche, que quedó atrapado y que se ahogó en su escaso cauce. Terrible.
Pero estábamos en el paseo.
Solíamos ir juntos Ramón, un compañero de clase, la novia de su primo y sus amigas, unas chicas medio locas que estudiaban Psicología y que tenian sus clases junto a las nuestras. Solíamos ir y volver juntos por el camino de la Venta de Andrés con su tremenda cuesta por detás del Hospital. Allí había una tiendecita de prensa y golosinas en la que en los alrededores de la Navidad vendían polvorones. Y allí que me iba a comprar un saquito que nos íbamos zampando por el camino. Otro día os cuento cuando Inma me decía que si todos en Barcelona llevaban el pelo largo o cuando me pidieron perdón por felicitarme el día del cumpleaños.

También me acuerdo de las historias que explicaba Don Carlos Soria a propósito de los cerezos rojos o negros, o almendros, no se. Bueno, igual no me acuerdo tanto, pero es que los detalles tienden a disiparse como la neblina del riachuelo a la que el sol decide levantarse. Explicaba que se lo había regalado un japonés en uno de sus múltiples viajes. Por su conocimiento y su afición a la botáncia se encargaba de los diseños vegetales del Campus y había colocado esos preciosos árboles de hojas casi negras en varios puntos estratégicos.
Así, cuando venía a verte algún amigo de allende el Viejo Reyno te decía "oye, si esto parece una universidad americana de las pelis". Lo malo es que de estudiante sobraba verde y faltaba tocho: los de periodismo, estudiantes sin tierra. Hasta que levantaron aquella cosa blanca tan bonita y sin percheros, que también tiene tela.
Bueno, pues lo dicho, en el Campus había no se, doce mil especies vegetales y bichos por un tubo.
Ahora me he dispersado un poco con esta subtrama, pero igual un día la retomo. Igual lo he hecho para compensar el recuerdo del frío, los polvorones y las risotadas con las tardes soleadas viendo irse deslizanso las sombras sobre la hierba.


martes, 13 de marzo de 2007

La biblioteca de los ángeles

De mi pasión por la película Cielo sobre Berlín ya he dado buena cuenta en estas güeps. Desde que la vi por primera vez la he buscado y he pedido que me la busquen en varias ocasiones. Al final terminé por comprarla cuando se editó en deubedé, pero la cosa no se quedó en eso: me hice con el libro de Peter Handke del que usó algunas ideas para su guión coescrito con Wenders, y conseguí la fascinante banda sonora, tanto por sus temas originales como por la recopilación de canciones que aparecen interpretadas en la misma película.
Pese a la circunstancia cambiante de la ciudad, visitar Berlín tenía como uno de sus muchos atractivos el ver los sitios donde fue filmada la película. Y de todos ellos, destaca la biblioteca donde se reúnen los ángeles.
Se trata de la Biblioteca Central de Berlín, diseñada por el arquitecto Hans Sharoun, un renombrado profesional judío al que le fue encargado el proyecto de reconstrucción urbanísrtica de Berlín, alrededor del año 1946. Sus obras se encuentran por toda Alemania, pero sobresalen las que realizó en la zona del Kulturforum de Berlín en donde se destaca el edificio de la Filarmónica berlinesa.
En el ciclo que organicé en la biblioteca de mi barrio (Núria, Marta: gracias) sobre Cine y bibliotecas, esta fue una de las películas que se trató. Pusimos algunos fragmentos y a la concurrencia parece que le gustó bastante. De hecho, la cosa fue que se quedaron con ganas de más, de verla entera. La verdad que eso habría sido lo ideal, pero ya se sabe que el tiempo es breve, sobre todo cuando se pasa a gusto.
Anduve buscando, antes de salir, información sobre la biblioteca en cuestión, pero lo que encontraba era bastante confuso, puesto que en algunas referencias aparecía como Biblioteca Estatal y en otras como Biblioteca Hans Sharoun. La cosa es que tiene esos dos nombres, es decir, la Biblioteca Estatal esta en el edificio de la Biblioteca Hans Sharoun. Dichosos nombrecitos.
Finalmente, una vez localizada intentamos visitarla, pero por cosa de unos congresos y seminarios, el paso estaba limitado a los estudiantes en cuestión y los miembros con carné de dicha biblioteca. Y claro, ni lo uno ni lo otro. Vuelvan a final de octubre. Ya, qué más quisiera yo.
Al final, a base de lloriquearle un poco a los de la puerta, venimos de Españafíjese usted qué lejos, viva Wenders, la ilusión de mi vida, tal, nos dejaron pasar. Fue un episodio divertido, porque uno de los bibliotecarios hacía de poli duro y la otra de poli maja. En realidad se lo tomaron de un modo muy simpático. Ella le decía, -un suponer- anda, si total son fans de la peli, y el otro que hacía gestos como de que con él ni iba la cosa y que ni nos miraba si nos dejaba pasar o no. Majos los dos. Y pasamos.
Qué sensación.
Berlín es un lugar silencioso. Hay ruidos, claro, como en todas partes, pero la gente habla bajo, procura no berrear y uno se contagia de ese ambiente rápidamente. Sólo gritamos los españoles, los italianos y algunos estadounidenses. Los más simpáticos, claro. Pero se agradece la serenidad, sobre todo en el transporte público, en los museos y en otros lugares de interés para el viajero.
Pues si en el metro el silencio es ejemplar, en la biblioteca es sobrecogedor. Estaba llena de gente, con sus libros, sus portátiles, sus apuntes, sus cosas. Los amable sporteros me dijeron que no, que no, cuando les pregunté si podía hacer alguna foto, without flash, of course. Que no, listo, que no. Bastante había hecho con el cuele, así que mejor no insistir. Pero claro, la tentación era demasiado fuerte como para no sucumbir.
No era plan montar el numerito de la cámara, los tres objetivos, el ruido de la peli al pasar. Ni con permiso hubiese hecho las foto, porque me parecía demasiado follonero hacerlo en aquel lugar. Pero la camarita de video es muy chiquita, no hace ruido y se podía disimular con facilidad. Así que conseguí grabar unos minutillos en aquel sitio tan increíble.



Me hubiese gustado hacerme una foto en la misma postura que Bruno Ganz en el descansillo de la escalera, pero no pudo ser. A cambio recordé como la subía renqueante y agrarrándose a la barandilla el actor aquel viejecito que se interpreta a si mismo al recordar los horrores que ha vivido en su viaje por la tierra y por su amada Alemania. Y allí estaba entonces, junto a aquella misma barandilla, recordando la Odisea, recordando la Polonia judía, soñando el sillón de tela viejo en mitad del páramo que fue Potsdamer Platz y tratando de imaginar cómo debía ser la ciuad del muro. Soñando ángeles, claro.
Buena arquitectura, su clave está en el espacio interior que se ha creado, paraíso y disfrute de los lectores. Hay un montón de espacios diferenciados, a distintos niveles, que permite parcelar temáticamente o como al gestor de turno interese, las áreas de trabajo. Se combinan las estanterías, fijas y móviles, con mesas de estudio de grupo e individuales, tipo cabina. Desde algunos extremos de las, por llamarle así, subsalas, se puede contemplar como si fuese desde un balcón, los niveles inferiores y superiores. Ya os digo, un deleite para los sentidos.
Al salir, cuando les damos las gracias a los que han dejado colarnos, el poli malo me cuenta que es la mayor biblioteca de Alemania y que tiene en depósito doce millones de libros o por ahí, en distintas sedes y circulando por otras bibliotecas.


También me acorde de la imagen del niño aquel de las gafotas y con signos evidentes de deficiencia mental que es el único capaz de percibir la presencia de los ángeles cerca de si. Como la vida misma, digo yo.


PD: Hay dos lincs, habéis visto, de interés. Me hubiese gustado ponerlos en castellano, peor no ha sido posible. La Biblioteca Estatal alemana tiene una versión inglesa para mejor comprensión de los no germanoparlantes. La Diputación de Barcelona sólo informa en catalán porque es muy suya. Qué cosas, ¿no?

lunes, 12 de marzo de 2007

Sarajevo es el recuerdo. Camino del exilio


Los asaltantes, después de arrasar con la cocina, han abierto la segunda parte de su ofensiva: los baños. La batalla ha sido muy dura y les ha costado avanzar cada metro cuadrado de baldosas. Pero al final, las acometidas de las divisiones moldavas, han conseguido derribar las posiciones estratégicas para el abastecimiento de agua. La guerra se complicaba y la situación empezaba a oler un poco mal.
La provisión de alimentos estaba garantizada porque conseguimos avanzar nuestas líneas hasta el frigorífico, que fue defendido como el último baluarte que garantizaría nuesta supervivencia. Al abrigo de la luna, en la trinchera más inhóspita se planea el contraataque que nos de la victoria final. El primer paso es el reabastecimiento de armas y la búsqueda de alianzas en potencias extranjeras. La Operación Grifo.

Por explicarlo breve, y por no darle demasiadas cartas al enemigo, se trata de una maniobra envolvente extramuros de la ciudad para recargar municiones y contraatacar en un momento de descuido. Se operó sobre silos del norte y se buscó la colaboración de tropas nórdicas asi como la de los vecinos y hasta las fuerzas esotéricas: Ikea y Leroy y Merlín.

Se todo ello hemos aprovisionado grifos, muebles de baño, escobillas y mantas, tornillos y demás cacharrreria, pero, oh, maldición, graves noticias del frente sarajevita: Las tropas rumano-moldavas han destruido la ducha.

Tras esa mala noticia hay que replanetar toda la campaña. La tienda de campaña. O sea, que a buscar un puente donde encontrar cobijo y un arroyo de agua fresca para recomponer la situación. Pero antes de salir, hemos minado Sarajevo para prepara la contraofensiva.

Un nuevo aliado dotado de poderosas armas de última generación se nos unirá en los próximos días. La victoria está cerca, pero el retrete no hay quien lo encuentre.

PD: Nos hemos conseguido enlazar a una red de comunicaciones clandestina. Intentaremos mantenernos mientras nos sea posible, pero no se sabe lo que resistirá. Hasta la victoria final, inasequibles al desaliento

domingo, 11 de marzo de 2007

Las tres preguntas


Se desearía que esto no terminara sonando ni a Pablo Coelho, ni a Claudio Coello, ni a nada similar, que cada uno aprenda lo que pueda si lo considera menester. Oí a Pancracio Celdrán -fantástica criatura-, explicar esta historia.

Andaba Sócrates en sus cosas cuando le abordó un conocido por la calle. O la estrada, el foro, o doquiera que fuese en la antigua Atenas, que es lo de menos.

-Bienamado Sócrates, le comenta el otro, tengo algo que contarte sobre fulanito de tal, que vas a alucinar.

Sócrates que interrumpe el arranque marujístico y le advierte de que antes de comenzar, le desea hacer tres preguntas.

El amigo atónito que accede y Sócrates le pregunta:

-¿Estás seguro de que lo que me vas a explicar es cierto, que es verdad lo que sea que me vayas a contar de ese fulano?

-Bueno, a ciencia cierta no, pero bueno, es lo que andan diciendo, vamos, que será, digo yo.

-O sea - replica Sócrates-, que a sabiendas de que no estas seguro de la veracidad de lo que vas a explicarme sobre una persona, ibas a hacerlo. Déjame que te haga mi segunda pregunta. ¿Es bueno eso que vas a contarme de una persona y que ni siquiera sabes que sea cierto?

-La verdad es que bueno no es, ciertamente, pero es lo que se dice por ahí -responde el cada vez más acorralado conciudadano.

-Entonces me estás a punto de explicar una cosa sobre alguien que no sabes si es verdad y que además sabes que no es bueno para esa persona. Pero permíteme que te interrogue por tercera vez.

-Sea, pues así lo acordamos.

-Bien. Si no he comprendido mal. quieres explicarme algo sobre alguien, que no sabes si es verdad y que crees que no es bueno para esa persona. ¿Puedes decirme si al menos el que yo sepa eso será bueno para mi?

-Pues... ciertamente no, no mejora especialmente el conocer lo que te iba a explicar, si...

-Querido vecino -termina Sócrates- entonces, si querías explicarme algo sobre alguien, pese a no estar seguro de su certidumbre, pese a saber que le va aperjudicar y pese a saber que no me beneficiará a mi el conocerlo, te pido que te abstengas de hacerlo puesto que no será bueno para nadie.

Qué tiempos en los que los futbolistas daban tanto juego. Bueno y ahora cerramos y nos vamos a ver la tele, que dan zumo de tomate.