Pues va y cierra el Mercadona. Eso, que podría parecer asunto baladí a los lectores menos preocupados por los asuntos de abastos y despensas, cazuelas y sartenes, espátulas y pinchos, hervidos y pochados, un minutico y un credo rápido, tostadito y no quemado, natural y del tiempo, pero a mi, que me gusta disfrutar del placer de la compra y la cocina, me resulta dramático. Luego por la costumbre, que, como se sabe, es cosa que tranquiliza mucho a los ánimos inquietos. Que si la gaseosa que me gusta es esa. Que a ver dónde encuentra uno las salchichas de franfur esas impronunciables, que si los yogures de trozos, la Alhambra especial 1925, el matamoscas que huele a limón y el chorizo de Pamplona marca Kiliki, en fin.
A ver si no están para darles un muerdo sin pestañear,
que es que si os lo digo es por algo
Oye, pues vete al Caprabo. Ya, pero no es lo mismo. Bueno, pero casi, y además igual hasta te sale más barato, ahora que los visires de la cosa quieren subvencionar la butifarra y el patufet. Porque resulta que han decidido, con el consiguiente rebote de todo el sector, que ayudarán a la venta de productos aborígenes, vía subvención a esa cadena se supermercados. Catalanes. ¿Pero no los compró el Eroski de la Cooperativa Mondragón? A ver, ¿ya empezamos con la manía persecutoria carpetovetónica? Ay, cuán diferentes son los hechos diferenciales, jolines, que no hay quien se aclare.
Pero la sustancia es que se me acabó la pasta de dientes verde. De menta, a ver. Si, aquella que accidentalmente solía mangar. Y es que, claro, cuando uno empieza a precipitarse por el risco del crimen, pues hacerlo entre amigos, mejor, dónde va a parar. O sea, robar, pero en sitios de confianza, donde toda la vida, vamos, que esto luego se llena de aficionados y no puede ser, hombre, no puede ser.
Lo cual que el sábado a mediodía echaron el cierre para unas reformas, cosas del aire acondicionado, esa modernez tan perniciosa, las cintas de las cajas y todo así. Bueno, pues que sea para bien, pero que pasen rapiditos estos dos meses, porque las voy a pasar canutas. A mi, lo que me habría gustado es, entre el funeral vikingo y los ritos de purificación cavernícolas, haberle prendido fuego al antiguo Mercadona, para que de sus cenizas surgiese uno con vigores renovados y turrón de chocolate. Y pasta de dientes, que después del dulce ya se sabe, que luego se os cae la piñata y hala, todo el día comiendo purés.
Ay, qué mal lo estoy pasando.

