martes, 7 de octubre de 2008

El Merca

Pues va y cierra el Mercadona. Eso, que podría parecer asunto baladí a los lectores menos preocupados por los asuntos de abastos y despensas, cazuelas y sartenes, espátulas y pinchos, hervidos y pochados, un minutico y un credo rápido, tostadito y no quemado, natural y del tiempo, pero a mi, que me gusta disfrutar del placer de la compra y la cocina, me resulta dramático. Luego por la costumbre, que, como se sabe, es cosa que tranquiliza mucho a los ánimos inquietos. Que si la gaseosa que me gusta es esa. Que a ver dónde encuentra uno las salchichas de franfur esas impronunciables, que si los yogures de trozos, la Alhambra especial 1925, el matamoscas que huele a limón y el chorizo de Pamplona marca Kiliki, en fin.


A ver si no están para darles un muerdo sin pestañear,

que es que si os lo digo es por algo

Oye, pues vete al Caprabo. Ya, pero no es lo mismo. Bueno, pero casi, y además igual hasta te sale más barato, ahora que los visires de la cosa quieren subvencionar la butifarra y el patufet. Porque resulta que han decidido, con el consiguiente rebote de todo el sector, que ayudarán a la venta de productos aborígenes, vía subvención a esa cadena se supermercados. Catalanes. ¿Pero no los compró el Eroski de la Cooperativa Mondragón? A ver, ¿ya empezamos con la manía persecutoria carpetovetónica? Ay, cuán diferentes son los hechos diferenciales, jolines, que no hay quien se aclare.

Pero la sustancia es que se me acabó la pasta de dientes verde. De menta, a ver. Si, aquella que accidentalmente solía mangar. Y es que, claro, cuando uno empieza a precipitarse por el risco del crimen, pues hacerlo entre amigos, mejor, dónde va a parar. O sea, robar, pero en sitios de confianza, donde toda la vida, vamos, que esto luego se llena de aficionados y no puede ser, hombre, no puede ser.

Lo cual que el sábado a mediodía echaron el cierre para unas reformas, cosas del aire acondicionado, esa modernez tan perniciosa, las cintas de las cajas y todo así. Bueno, pues que sea para bien, pero que pasen rapiditos estos dos meses, porque las voy a pasar canutas. A mi, lo que me habría gustado es, entre el funeral vikingo y los ritos de purificación cavernícolas, haberle prendido fuego al antiguo Mercadona, para que de sus cenizas surgiese uno con vigores renovados y turrón de chocolate. Y pasta de dientes, que después del dulce ya se sabe, que luego se os cae la piñata y hala, todo el día comiendo purés.

Ay, qué mal lo estoy pasando.

lunes, 6 de octubre de 2008

Sumando




Una abuelita en una silla de ruedas, que empuja un chico indio enorme, tres puertas. Cuando enfilan el lateral, frente a la Virgen de Montserrat, le va echando besos, muac, muac, hasta que pasan de largo. La señora sonríe.

Una señora y una chica les han ido a poner una velita a la Inmaculada y al Sagrado Corazón. Allí de pie, hablaban de sus cosas.

Pues la semana pasada yo no me enteré. Pues había, como todas las semanas, replica el señor gafotas que dirige los cantos. La feligresa, un poco enfadada, le dice que a ella no la avisaron de que había coro. Pues si que había. ¿Y la proxima semana? Pues también. Pues hasta la semana que viene. Pues hasta entonces. Y se ha santiguado al pasar frente al Sagrario. Una sonrisa. Qué buena pelea entre amigos.

El cura nos ha explicado un Evangelio bastante complicado, por la sustancia y por la narración. Y lo hace fácil. El pobre debe estar algo costipado, porque no paraba de echarse mano al pañuelo.

El indio, tamaño armario, lleva puesta una sonrisa de oreja a oreja que, cuando daba la paz, hemos visto todos, mientras se iba tres asientos a darles la mano a las otras abuelillas.

Dos que llegan corriendo, un poco tarde, y que se sientan en el lateral hasta que ven a su mamá. Cuando pueden, se sientan a su lado.

Está el vecino ese que parece que lleve un peluquín, que siempre camina un poco solo, un poco serio un poco triste, pero que allí parece muy satisfecho en su recogimiento.


Está cada uno con lo suyo, en un mar de oscuridad, pero que, sumando sumando, iluminan bastante, como cuando pones muchas velitas pequeñas juntas.

domingo, 5 de octubre de 2008

Sobre las mecánicas, los tiempos, las previsiones y las prisas

Lunes
Resaca de los aviones. Lo que os decía, bien, pero otros años mejor. Ya tengo algunas fotos, así que un día de éstos, pego alguna, a ver qué tal.

Martes
¿Votamos no votamos? Voy a la sustancia más que a la medida. La sustancia es que cuando uno quiere votar, puede hacerlo como le da la gana, no porque su jefe de filas, de centuria, de koljos, de lo que toque, se lo ordena. Eso, que parecería lo normal, es altamente peligroso, a tenor de lo que por fuera se cuece. Los amantes del soviet tiemblan cuando vienen rachas de libertad. La coletilla al tema, coda que le dice Espada es que, días después, renegociado el tema, enmendado después de discutirlo con los opositores, se aprueba el plan. O sea, que el parlamentar funciona cuando se hace con sentido.

Miércoles
Entre Spices y Zeppelins, pues... me quedo con los comentaristas.

Jueves
Tocaba Vienés. Aún hay quien está en que no losigue y tal. Pues dadle a la etiqueta, que ya se puede ir levendo de corrido. Sentido no es que tenga, pero igual un cierto hilo si. Por ahora el ovillo sigue, a ver hasta cuándo. Pero si gusta tanto como a este NDAP al escribirlo y a vosotros al leerlo, pues me temo que seuiré dándole a la tecla.

Viernes
Entre una cosa y otra, he de escribir una cosa circunstancial para salir del paso. Y es que me falló el congelador d las ideas, o más bien, el temporixzador del horno para terminar de cocerlas. Intentaré enmendarme.

Sábado
Iba a robar con el loquileto, peroe s que el queroseno está por las nubes, normal, por otra parte, así que compongo unas cosas mezcladas entre lo musical, lo taurino y las admiraciones. Y ya está.

Domingo
Seguimos con prisas, que se echa el día encima y no hay quien pueda con él. Pues nada, a ver si repego esto y podéis ir dándole al chateo, pero sin exceso, que luego hay que conducirse a buen puerto y no es planque nadie derrape.

Venga, buena semana a todos,que disfrutéis lo que podáis y que os paséis medio minutico por aquí a echar unas risas, hombre.

sábado, 4 de octubre de 2008

Dos cositas y anticipo de alguna más

Hoy iba a robar el cuadro de rigor, que la costumbre es norma y eso da una estabilidad estupenda incluso en los sórdidos meandros del río del crimen en el que uno se ve envuelto a veces. Pero luego se me ocurrió que hoy sábado conmemoraré otro acontecimiento importante, así que dejo aparcado el loquileto y preparo mis mejores galas de jefe vikingo. Ya os contaré, vale.

Hablando de todo un poco, ayer viernes, mientras le dábais candela a lo de mi circunstancial entrada de prisas y ausencias de tiempo, estaba escuchando un disco de pasodobles del Maestro Turillas. Algo espectacular, taurino, sanferminero y vienés. Vienés no del bar ese que tanto nos gusta a Marta y a mi, sino de Viena, Austria, porque el Maestro Turillas se iba del pasodoble al vals con una facilidad de pasmo. Lo interpretaba La Pamplonesa, que pasa por ser una de las mejores bandas de música allende el Reino de Valencia, que son los que saben en estos menesteres.


Tambien ayer, en la caída de la tarde se oye lo de Perera, que entró serio, valiente, antiguo a encontrarse con su destino en forma de seis toros como seis montañas. A Perera le vimos el año pasado en la miniferia de la Merced y nos dejó un gratísimo sabor de boca. Como los que quieren llegar a despuntar, le echó oficio, mucho talento, ganas y valor. Y ayer, con esas cosas, se llevó tres orejas, una cornada que casi le atraviesa y su virilidad maltrecha. Hablaremos mucho de él, si Dios quiere, la fortuna le acompaña y le respeta el oficio.

Y con esto, como diría FutBlo, otro día resuelto. Y bien, creo yo.

viernes, 3 de octubre de 2008

A verlas venir


Hoy, a ver.
Que hoy estoy con la gasolina justa y no me voy a exceder, que no son horas y que hay más historias pendientes, medio enhebradas, casi hechas, en el tintero, según.
Va venga, que es que nos hemos ido de libros, aprovechando los últimos estertores de la feria y si, todo muy productivo, pero tenía pensada una tontería que al final no me ha dado tiempo. Bueno, paciencia y barajar, que dijo algún clásico, que mañana Dios dirá, que el son saldrá lo mismo y que volverá a ser día 3, pero que como es viernes, aquello del paseíllo igual se ha pospuesto. Sonsoles, que no me entendía cuando lo d elas naranjas, igual se puede dar un garbeo y tal vez, con un poco de suerte, buena temperatura y algo más, me entienda.
Bueno, intentaré sustanciar más mañana. Joer, no todos los días podemos estar igual, que luego os acostumbráis y no hay quien os aguante, guapos.

jueves, 2 de octubre de 2008

El rotulador


El rotulador negro, gordo, basto, que calcaba tanto que tenía que poner un diario viejo debajo para no traspasarle y manchar el tapete de la mesa camilla.

¿Qué andas?
Aquí, con cosas.

Porque si le decía, le diría que hombre, qué dices, hombre. Pero se pensará que ando con lo de los módulos o así. Y ya verá luego.
Y ella planchaba, porque tampoco le hacía caso cuando le decía que lo dejase, que descansase, que si no cómo le iba a bajar la inflamación de la pierna. Chico, pero habrá que hacerlo, ¿no te parece? Y si, le parecía, pero dos duros de más o de menos eran un exceso si andaba un poco pocha. Aunque en ralidad eran un lujo. Y lo sabían, claro que si.

Total, a ver, le iba dando vueltas. Para cuando me pregunte, le contesto. Mira, en fiestas no compensa. Para cuatro borrachos que vamos a tener, que la mitad ni pagan y la otra mitad que no va a haber manera de sacarles, como nos ponen esto, no compensa, que ya sabes mejor ni abrimos. Luego todo el mundo a la playa, que va a salir más caro tener la luz encendida que los dos duros que haremos en cafés. Y luego pues ya vemos. Unos días antes abrimos para ir montando las cosas, adecentamos un poco esto, limpito, igual le podemos dar una mano de pintura al techo y volvemos con más ganas que antes. Ya, pero ¿y el alquiler? Pues se aguanta con lo que tenemos y ya recortaremos de alguna parte. Oye, pero es que igual en verano, cuando todos los demás cierren, si estamos, vendrán todos. Pero mujer, si aquí no se queda ni el gato. Sólo cuatro desgraciados como nosotros, que por no gastar, ni respiramos. Y bueno. Y vale. Y probablemente no llegarían a decirse tanto, porque eso ya se lo sabían. Y tan bien se lo sabían que no necesitaban recordarselo cada dos por tres. Porque no era bueno. Seguramente sería mucho más fácil. Echamos el cierre hasta que vuelvan los estudiantes. Pues venga.



Hizo unas grandes letras negras con el lápiz. Las repasó con el rotulador gordo. Luego, con otro rotulador, gris, les pintó a los lados que parecían en relieve. Después guardó cuidadosamente la hoja en el portafolios.
Al día siguiente, cuando se iba, a las seis para ir abriendo, la dijo al despertarla, tienes elcafé recién hecho, pero eso ya lo sabía porque el aroma de su recuerdo le había llegado ya. Te he de enseñar una cosa que hice ayer mientras planchabas ¿Los módulos? No, otra.



Nada más llegar, como siempre, le dio a la cafetera para que se fuese calentando el agua, tiró de la cisterna de los dos retretes y dejó los diarios en la esquina de la barra. Sacó la hoja del portafolios y borró alguno de los restos del lápiz, que siempre le quedaba un poco marrano, cosas de las prisas y de las ganas de seguir haciendo más, que no hay tiempo y el poco que hay, hay que exprimirle. Volvió a meter el letrero de las vacaciones en el portafolios, no sea que le eche un café encima, con lo chulo que me ha quedado.

Al abrirle la botella a aquella chavalita que parecía un poco ida, notó que le salpicaban unas gotas.

El papel.

Y ella le miró desde la cocina, donde las croquetas, como si hubiese adivinado que se le manchaba, se le estropeaba un sueño.

miércoles, 1 de octubre de 2008

Cada cual a lo suyo



Aunque claro, mucho ejemplo no doy, aquí, picoteando todo el día por todas partes y a mi bola, pero voy a intentar explicarme. Que tampoco se si merece la pena, porque en fin, para estar al cabo de la calle, uno se lee el Frankfurter Allgemeine Zeitung y se lo sabe todo de Baviera y de por ahí. O sea, tan inútil como esto. Vale.

Las Spice Girls han ganado el premio Vodafone al mejor retorno en vivo del año 2007-2008 por delante de grupos como The verbe o Led Zeppelin.

Esoe s un titular y lo demás chorradas. O sea, que Vodafone, que es una gente que se dedica a lo de los telefonillos y todo aquello se pone a galardonar a grupos, bandas, corpúsculos musicales o similares que han vuelto de sus cenizas. Llámales resurrectos. Y digo yo, a qué se meterán en esas harinas los del telefonillo si nadie ha sabido aún cómo se quita el contestador sin llamar a las averías. Que eso es negociado de Ordovás, o de Diego Manrique, que opinan y tal y si te mola bien y si no también. Se fundamentan y luego cada cual se compra o se piratea lo que le da la gana. No se, podrían decirnos cuándo contratar que planes de descuento para suavizar el hachazo del facturón y todo aquello. Pero claro, es que destacar a esos tres grupos pues no se.


Ya digo, elegantes, elegantes pues ni los unos ni las otras, pero puestos a sacarle los colores a Charles, pues no hay color. Ni enaguas. Ni desabillés. Ni nada de todo eso, vamos.

De esos de The Verve ni se, así que ni si están compuestos, disueltos o en plan rompecabezas. De Led Zeppelin queda la decepción de su regreso con ese nombre. Desde el fallecimiento de John Bonham, el grupo dejó su actividad y, como mucho, volvieron a tocar a trozos, pero nunca usando el nombre antiguo. Pero un día decidieron echar mano del hijo de Bonham para hacer un refrito y sonar tan bien como siempre. Pero se cargaron el mito.
De las Spice Girls lo mejor fue cuando le sacaron los colores al Príncipe Carlos, con aquellos muslazos y las chichas en simpática alegria. Las de ellas, digo.
O sea que el de los premios igual no era Vodafone sino el Príncipe de Gales, con el chaqué aquel tan elegante que me tiene loco. O uno con los oídos tapados y más bien picantón, como si dijéramos.
De todos modos, y si tenéis que escoger músicas, tirad el telefonillo por la ventana antes de escoger. Y procurad no darle a nadie en la testa.